Gracias a los
comentarios de este blog, y a las discusiones en las que participo en otros foros y bitácoras, he podido darme cuenta de que -en general- el público desconoce
cómo funciona una excavación arqueológica de investigación.
Me refiero a conocer cómo es el detalle,
el día a día... cómo se organiza el trabajo, se llevan a cabo las tareas, y se controla el proceso de excavación, para producir finalmente resultados científicos.
Por esa razón voy a intentar explicar, de forma
coloquial y no muy "cientifista", cómo son las "
tripas" de una excavación arqueológica de investigación.
También abordo el tema porque (pienso que) es importante: Permite satisfacer la curiosidad de los aficionados a la arqueología, y, sobre todo, nos ayuda, como
ciudadanos, a mantener una
postura crítica, informada, sobre el producto final: el
conocimiento científico sobre las sociedades del pasado. Por eso creo que vale la pena tratar de explicar cómo funciona la investigación científica, vista desde dentro.
En el caso de las
sociedades prehistóricas, como los
Neandertales, el conocimiento arqueológico es casi el único (junto con los datos
paleoantropológicos) que tenemos sobre sus
modos de vida y sus
realizaciones culturales. Por eso es tan importante comprender cómo se construyen los modelos y las explicaciones científicas. Y, para ello,
el primer paso es entender cómo funciona una excavación arqueológica.
Vista general de los trabajos de excavación,
yacimiento de Axlor (Dima, Bizkaia)
Me voy a referir por cierto a las
excavaciones arqueológicas de investigación en paises occidentales, que tienen en general un modelo similar.
Otros tipos de excavación, como las de
urgencia o salvamento, o las
misiones arqueológicas en paises del
llamado Tercer Mundo o en naciones "en vías de desarrollo", tienen modelos de organización
muy distintos que, por razones de economía de espacio, no puedo abordar aquí.
Pensamiento y cerebro: proyecto científico y director
Si imaginamos la excavación arqueológica a partir de la metáfora clásica del cuerpo humano, podemos decir que el
director o directores representan el
cerebro de la misma. Y el
proyecto científico de investigación se puede entender como el objetivo intelectual o
pensamiento de ese "cerebro".
De hecho, toda excavación arqueológica de investigación
empieza como un proyecto científico particular, que aborda un tema de investigación sobre un aspecto
específico del pasado.
Lo que trato de decir es que no se decide excavar un yacimiento arqueológico simplemente "porque está ahí", o porque tiene "buenas perspectivas"... así en abstracto. Al contrario, los yacimientos se excavan con unos
objetivos concretos, para conocer determinados aspectos de las
sociedades humanas del pasado.
En terminos académicos, se suele decir que
se aborda una problemática: una cuestión de investigación que se puede
resolver, o ayudar a resolver, gracias al
conocimiento que se obtendrá de la excavación del yacimiento.
Esos objetivos de investigación y esa
problemática, se derivan de los
intereses académicos y científicos del
director o directores de la excavación, y se concretan en un proyecto científico. Para llevar a cabo ese proyecto, dichas personas deben buscar una financiación. Volveré más adelante a la cuestión
económica.
Los directores de excavaciones arqueológicas, en España, deben ser
licenciados en una carrera universitaria
adecuada al tipo concreto de excavación. Por ejemplo, un historiador se considera apropiado para un yacimiento medieval, y un paleontólogo, para una excavación del Pleistoceno inferior o medio. En general, además de tener uno o varios títulos universitarios, los directores suelen ser
especialistas que se dedican a
investigar sobre el pasado en un campo concreto. Es habitual que sean catedráticos o profesores de Universidad, o bien científicos de organismos públicos de investigación (como el
Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en el caso español).
De ese modo, una excavación que tenga lugar, por ejemplo, en una cueva con niveles del
Paleolítico medio será dirigida, casi siempre, por un catedrático o profesor de
Prehistoria. Y los trabajos en un yacimiento de época
romana es probable que sean dirigidos por un investigador especializado en la época clásica.
No es raro que haya
un único director de la excavación, pero también es habitual que la dirección sea
compartida. A menudo
varios especialistas en un periodo (por ejemplo, el final del Musteriense) o en una cuestión histórica (p.e. las últimas sociedades neandertales)
se alían para dirigir una excavación arqueológica.
Otro modelo es el de
co-dirección especializada: Puede haber un director arqueólogo, otro paleontólogo de vertebrados y otro paleoantropólogo, y
cada uno de ellos se dedica a coordinar un tipo de estudios: el arqueólogo los de cultura material, el paleontólogo de vertebrados, los de fauna fósil; y el paleoantropólogo, los restos humanos. Esto es típico de los grandes proyectos de investigación y excavación, de alcance internacional y con financiación importante (el caso español más conocido sería el conjunto de yacimientos de
Atapuerca).
Por último, es frecuente que en un yacimiento haya estratos o depósitos de
varias épocas, y por eso a veces hay
varios directores especializados en
periodos distintos (Paleolítico, Neolítico, Edades de los Metales, etc...).
Una última cosa que conviene saber sobre los directores de excavaciones de investigación es que, habitualmente,
no cobran ningún dinero por ese trabajo. Sus
beneficios son
de tipo académico y de prestigio personal, además de la realización que supone dedicarse a la investigación. Pero rara vez (casi nunca) hay beneficios económicos asociados al esfuerzo invertido.
Además, dado que casi todas las excavaciones arqueológicas se realizan en
verano (para aprovechar el buen tiempo y la disponibilidad de
voluntarios), es típico que los directores dediquen una parte o todas sus vacaciones y/o tiempo libre y de permiso, a dirigir la propia excavación.
El sistema nervioso: Los especialistas técnicos y los estudiantes de investigación
Por debajo del director (en responsabilidad y conocimientos), suele haber un
conjunto variado de personas que podríamos comparar con el
sistema nervioso del cuerpo humano: son los que
hacen funcionar todo lo demás, y -por así decirlo- actúan como "interfaz" entre el "cerebro" y el "resto del cuerpo". Este sistema nervioso se puede dividir,
grosso modo, en dos grupos diferentes.
Por un lado, están los
especialistas técnicos. Son
profesionales, vinculados o no con la arqueología, que controlan distintos aspectos específicos, o bien de la
investigación, o bien del
desarrollo de los trabajos en la excavación. Son indispensables para que todo funcione correctamente, y su labor permite que la información y el material recogidos puedan ser de utilidad científica.
En este grupo, entrarían
topógrafos, geólogos, fotógrafos, y también
técnicos de laboratorio de campo,
especialistas en informática, etc. Muchos de estos especialistas técnicos se integran en el trabajo
diario de la excavación, pero otros pueden acudir sólo algunas jornadas, bien al comienzo o al final de cada campaña, para realizar sus labores de modo
intensivo.
Por otro lado, están los
estudiantes de investigación. Son personas que están realizando sus
estudios avanzados (Master, Tesis Doctoral...) sobre un tema relacionado con el proyecto de excavación, y generalmente ofrecen su
trabajo voluntario, a cambio de participar en los réditos científicos del mismo. Eso les permite aprender la profesión y enriquecer su
curriculum investigador.
De forma
ocasional, además, esos estudiantes de investigación
pueden recibir alguna compensación económica, en general no muy abundante, por el trabajo realizado. Su nivel de formación les permite tener un papel
intermedio, entre los directores y los
excavadores voluntarios, que son la verdadera base del trabajo diario de excavación.
Cuerpo y alma: Los excavadores voluntarios
Cerrando la socorrida metáfora del cuerpo humano, tenemos al grueso de los
excavadores voluntarios, que son el cuerpo y el alma de una excavación arqueológica de investigación.
Son el cuerpo, porque sólo
gracias a su dedicación y trabajo diario (que puede llegar a ser bastante duro),
se llevan a cabo los proyectos de investigación y las excavaciones arqueológicas. Y es gracias a eso que se puede, en último término, avanzar en el conocimiento del pasado.
Y digo que son el alma porque, como en casi todas las actividades, los trabajadores
en la base son los que
imprimen un determinado estilo, una idiosincrasia y unos rasgos distintivos a cada excavación arqueológica.
Trabajadores voluntarios delimitando un nivel arqueológico,
yacimiento de Axlor (Dima, Bizkaia)
En España (y en Europa en general), los excavadores voluntarios son, en su mayor parte,
estudiantes de carreras universitarias, relacionadas de algún modo con el tema que se está estudiando en ese yacimiento. Así, pueden ser estudiantes de
historia, restauración, geología, biología, antropología, etc.
Además de ese grupo mayoritario, que suele ser bastante joven, hay otros colectivos de personas que se acercan a las excavaciones arqueológicas y trabajan como voluntarios.
Esas otras personas se definen por una gran
afición a la arqueología y al estudio del pasado. Los casos concretos pueden ser de lo más variado: yo he encontrado a
profesores de instituto, de educación infantil, artistas (por ejemplo, pintores o escritores), monitores de aire libre, constructores, canteros, y hasta un trabajador de bodegas vinícolas... aunque debo reconocer que éste era licenciado en historia y su afición le venía de lejos.
En el tajo: El día a día de la excavación
Las excavaciones arqueológicas, como he mencionado antes, tienen lugar casi siempre durante los meses de
verano. Es el momento en que todos los implicados disponen de tiempo para dedicarse a la campaña, y además es importante
que no llueva, sobre todo en los yacimientos al aire libre. El tiempo de campaña es variable, y depende de muchos factores: el dinero disponible, la planificación a largo plazo (en varios años), lo ambicioso de cada proyecto, etc.
Cada campaña veraniega dura de
un mínimo de dos semanas hasta
un máximo de tres meses, aunque hay excepciones puntuales, tanto por arriba como por debajo de esos plazos.
El trabajo durante la excavación suele dividirse en dos partes: El
trabajo en el yacimiento y el
procesado de los materiales y la tierra extraída en el
laboratorio de campo.
En el yacimiento
no sólo se excava, en el sentido de extraer tierra y objetos. Una porción fundamental del trabajo, que ocupa buena parte del tiempo, es la de
documentar con el mayor detalle posible todo lo que se hace, y así
dejar constancia del contexto de todos los materiales encontrados.
La jornada diaria transcurre entre (1)
excavar el sedimento, y (2)
anotar cosas: medir y registrar la posición de los objetos encontrados, describir el tipo de sedimento (tierra), describir rocas y cantos, y otros contenidos (raices, minerales...) que se van extrayendo, y llevar un
control muy cuidadoso de cada zona del yacimiento, y de lo que sucede en todas ellas.
Excavación de Axlor (Musteriense) en 2008. Las chinchetas
de colores señalan la posición de objetos para coordenar
(midiendo su posición en el espacio con una estación de topografía)
Dependiendo de las necesidades de trabajo, y de lo duro de las condiciones (exposición al sol y a los elementos, postura, trabajo físico extenuante o no...),
la jornada de trabajo dura entre 6 y 9 horas, con paradas para descansar, beber agua, tomar almuerzos y "tentempiés", ir al W.C. o fumar un cigarrillo.
Tomando un "tentempie" fuera del perímetro
de protección del yacimiento (la verja).
Todas esas actividades (fumar, beber, comer, etc) se deben hacer
siempre fuera del yacimiento, ya que, además de que pueden ensuciar (restos de comida, colillas...) y dar
mala imagen, los restos orgánicos podrían
afectar a las muestras tomadas para dataciones u otros fines.
Las
herramientas de excavación, y el ritmo de extracción, dependen del
tipo de estrato o depósito, y de su
riqueza en materiales. Por ejemplo, en grandes superficies al aire libre, que tengan paquetes estériles (sin material arqueológico) de varios metros de espesor, separando capas fértiles, se pueden usar
máquinas de obra en
"lo esteril": palas excavadoras o mini-excavadoras, contratadas para ahorrar tiempo y esfuerzo. Sin embargo, dentro de una cueva, tareas similares deberán realizarse, por lo general, con
picos y palas.
En los
niveles fértiles, se cambia -como es lógico- la estrategia, pero no el criterio general:
La
herramienta sigue dependiendo de lo
rico que sea el estrato
en materiales arqueológicos: Un nivel con poca densidad de hallazgos podrá ser excavado usando un paletín de mano o cuchillos romos grandes, pero otro con miles de objetos en cada capa de un centímetro, requirirá de
cuchillos muy finos, espátulas de madera, y pequeños cepillos y brochas.
Este depósito de Axlor, tan rico en materiales,
está pidiendo a gritos el máximo cuidado
y un material de excavación muy-muy fino.
El
laboratorio de campo es una instalación donde
se procesan los objetos encontrados y el sedimento recogido en la excavación. Este laboratorio puede ser algo tan sencillo como un lavadero y secadero, con cribas metálicas para procesar el sedimento, o puede incluir
otros elementos segun sea necesario: mesas con lupas y bandejas con separadores para seleccionar y clasificar los hallazgos de menor tamaño, ordenadores para completar la documentación y control de los materiales, impresoras para hacer etiquetas y hojas de registro, cajas de distintos tamaños para guardar los hallazgos procesados, etc.
El laboratorio puede estar en una
institución de investigación, como la universidad, si se da la circunstancia afortunada de que esté situada
cerca del yacimiento.También es habitual colocar el laboratorio de campo en la
residencia contratada para alojar a los excavadores, o en un
local específico alquilado para tal fin.
¡A gastar la pasta del contribuyente!... Logística y subvenciones.
Con todo lo que hemos visto, no debería de extrañar que una excavación arqueológica cueste
bastante dinero. En ese sentido, y según mi experiencia, las excavaciones son "entidades" en las que
se optimiza al máximo la inversión realizada: los administradores de las mismas (que por lo general son los mismos directores) se las arreglan para estirar al máximo los fondos disponibles, y logran hacer
auténticas maravillas con lo -poco- que tienen.
En cuanto al origen del dinero, en su mayor parte es
inversión pública: son subvenciones a proyectos, concedidas por las distintas administraciones (desde la Unión Europea hasta los ayuntamientos locales) en convocatorias oficiales. Esas convocatorias son, en general,
públicas y competitivas: Es decir, se trata de concursos en los que hay una cantidad de dinero máxima para repartir, que se divide entre los mejores proyectos, a criterio del poder público en cuestión (gobierno autonómico, estatal, etc).
Las excavaciones se hacen, por tanto, con dinero público. Este dato es importante y conviene que sea conocido, porque significa que
los directores son responsables de que sus proyectos
reviertan en interés de la sociedad (en forma de conocimiento general, divulgación de resultados y desarrollo local) y
no se queden en el ámbito de la erudición académica, o sirvan tan sólo para apuntalar su
currículum científico personal.
En mucha menor medida, algunos proyectos reciben también financiación
privada. Esta puede ser
de fundaciones o de empresas, con las que se pueden firmar convenios. Por ejemplo, es un dato conocido que las intervenciones en Atapuerca reciben financiación de una marca de calzado y ropa de aventura, así como de una importante marca de cerveza.
Pasemos ahora a ver en que se gasta todo este dinero: hay dos grandes capítulos que se llevan casi todo el presupuesto,
Personal y Equipamiento Científico. El capítulo de
personal, a pesar de que casi todo el mundo trabaja de manera voluntaria y no cobra salario, sigue siendo muy importante. Incluye la
manutención y alojamiento de todos los participantes durante la campaña de excavación,
seguros de los excavadores, y los
sueldos o minutas de los especialistas técnicos.
El
equipamiento científico es un apartado mucho más variado, y de importancia creciente. La incorporación de las
tecnologías de la información y la comunicación ha mejorado de forma notable nuestro trabajo como arqueólogos, pero también ha encarecido una barbaridad todo el proceso: Hoy en día, la compra o alquiler de
aparatos de GPS, estaciones digitales de topografía, ordenadores de sobremesa y portátiles, PDAs, cámaras de fotografía digital, medidores de distancia láser, impresoras y escáneres, etc, suponen un
gasto cada vez mayor en las excavaciones arqueológicas. Y a eso hay que sumar el equipamiento técnico específico del laboratorio de campo:
macroscopios, utensilios de restauracion, cubetas de ultrasonidos, reactivos, consumibles...
Imagen general del yacimiento de Axlor en 2008.
En el centro de la imagen, una estación de topografía.
Por último, un apartado que suele tener cierta importancia es el de los
análisis externos: Me refiero a las muestras que se envían a laboratorios para obtener, por ejemplo,
dataciones absolutas, análisis de composición mineral, o
estudios de isótopos estables.
Y preguntar que para eso estamos
Termino por fín este post, que ha alcanzado una considerable longitud. Sé que se
quedan muchísimas cosas en el tintero, y que se podrían escribir libros enteros sobre cómo funciona una única excavación arqueológica... y no digamos ya todas ellas en su conjunto.
Por eso
me pongo a vuestra disposición, para que inquiráis sobre cualquier duda, aclaración, tema que os interese o curiosidad que tengáis sobre las excavaciones arqueológicas de investigación. En la medida de lo posible, y desde mi experiencia en el tema, trataré de responder a dichas cuestiones.
Créditos de las imágenes: Las fotografías que ilustran este post forman parte de las diversas Memorias de Excavación del yacimiento de Axlor, confeccionadas entre 2000 y 2008. Han sido publicadas, como tales, en el anuario de Arqueología del Gobierno Vasco Arkeoikuska.