martes, 24 de agosto de 2010

Industrias líticas y comportamiento: Aportaciones desde el Abric Romaní

ResearchBlogging.orgLa lítica, esa gran desconocida

Este post será denso y complejo, como corresponde a la revisión de un estudio sobre las industrias en piedra. Esa clase de trabajos son muy especializados y precisos, y están dotados de  un lenguaje propio y códigos interpretativos que no suelen estar al alcance de profanos.

A pesar de esos contras, creo el estudio de la industria lítica es esencial en la construcción del conocimiento sobre las sociedades neandertales y sobre la Prehistoria en general.

Por eso, me parece que vale la pena hacer un esfuerzo, tanto para explicar como para entender ese tipo de trabajos. Y, por la misma razón, trataré de utilizar un lenguaje accesible y, a la vez, no perder los matices que requiere el tema. No obstante, para el que necesite algo de contexto, recomiendo echar un vistazo a estos posts que realicé hace un tiempo, sobre las industrias de piedra de los neandertales.    

Los buenos trabajos son los que merece la pena criticar

El trabajo que voy a revisar a continuación es un artículo de reciente publicación (2008) realizado por Manuel Vaquero. Trata sobre la industria lítica del nivel L de Abric Romaní (Capellades, Barcelona). En sí mismo, es un buen ejemplo de síntesis sobre la industria en piedra de un determinado conjunto arqueológico. Pero además de explicar la lítica en sí, reflexiona sobre cómo se construye el conocimiento arqueológico, a partir de las evidencias (en este caso, de sílex y otras rocas talladas). Es ese segundo aspecto, en realidad, lo que hace a este trabajo realmente interesante, por la validez  y pertinencia de dicha reflexión.

 Ocupación neandertal en Abric Romaní nivel N (Vallverdú et al. 2010)

Insisto en este punto, porque, después de ofrecer una revisión del artículo, criticaré algunos aspectos que me parecen mejorables, o que quizás no se han terminado de enfocar de la mejor forma posible. Pero, a pesar de ello, no querria dar la impresión de que éste es un estudio poco o mal trabajado. Al contrario, es de lo mejor que he podido leer en bastante tiempo.

Entrando en materia...

El trabajo de Vaquero, publicado en el Journal of Archaeological Science, realiza una reflexión interesante, sobre cómo actuamos los arqueólogos y prehistoriadores para construir nuestros modelos del pasado. Para ello, el autor analiza determinados aspectos de la industria lítica del nivel L de Abric Romaní.

Vaquero plantea una cuestión general como punto de partida: En arqueología han cobrado gran importancia los -así llamados- patrones de comportamiento humano. Se refiere, más o menos, al conjunto de actividades realizadas por las personas (en nuestro caso, por los cazadores-recolectores del Pleistoceno), y también a las decisiones que llevan implícitas esas acciones.

Esos patrones de comportamiento son importantes, según explica Vaquero (y como también sabrán los lectores habituales de este blog) porque permiten hacer inferencias sobre la complejidad y la variabilidad de las actividades humanas. Y esas características, complejidad y variabilidad, son muy buscadas en el registro de los homínidos llamados "arcaicos"(como los neandertales). Son, por tanto, un foco de interés de la investigación actual.

El problema, según Vaquero, es que el modelo usado para analizar esos patrones, en la arqueología prehistórica, se basa en niveles o estratos arqueológicos. Y, según explica, esos estratos son casi siempre palimpsestos geo-arqueológicos: Son sucesiones de diferentes eventos, que se han ido sumando a lo largo de siglos o milenios mientras se formaban los estratos por acumulación de sedimento (tierra). Y esos eventos "humanos", en general, no se pueden individualizar en el conjunto sedimentario.

Entonces, si se acepta que aquellos eventos individuales (que no se distinguen en los estratos) son los únicos que permiten reconstruir el comportamiento humano, la conclusión debe ser, según explica el autor, que los niveles arqueológicos no son una unidad válida en el análisis de dicho comportamiento.

"Romper con la tiranía de la estratigrafía"

Insistamos un poco en este punto: Los estratos son acumulaciones naturales en las que se superponen eventos de origen humano. Los eventos reflejan acciones concretas, pero eso es irrelevante, porque no se pueden abordar de forma individual. Además, los estatos y niveles suelen corresponder a escalas de tiempo amplias (siglos o milenios) y bastante imprecisas. Por eso Vaquero defiende la necesidad de:
  1. Romper con la idea de que un nivel o estrato es una unidad que se puede tratar como un "conjunto homogéneo", que representa un comportamiento humano "medio" para los eventos contenidos en el estrato.
  2. Buscar elementos alternativos que permitan abordar el comportamiento humano. 
En el texto del artículo, Vaquero defiende esta postura hablando de "romper con la tiranía de la estratigrafía".

Agrupaciones espaciales, nivel L (Vaquero, 2008)

Para demostrar la validad de su crítica, propone el caso de estudio de las industrias de piedra tallada (sobre todo en sílex) del nivel L de Abric Romaní. Gracias a las características excepcionales de ese yacimiento  neandertal, se han podido individualizar en el nivel L cuatro eventos, a partir de otras tantas acumulaciones de material. Al estudiar esos eventos, Vaquero encuentra que el resultado es muy diferente si se estudian las acumulaciones por separado o si, por otro lado, se analiza el conjunto del material, sin tener en cuenta su distribución espacial.

 Dirección en las relaciones entre agrupaciones (Vaquero, 2008)

De este modo, encuentra varias diferencias decisivas: en uno de los eventos hay una aportación de abundante materia prima, que se talla en el sitio, y que en otro momento posterior (otro evento) se reaprovechará en otro lugar. En otras acumulaciones, sin embargo, sólo hay una aportación de instrumentos ya fabricados y lascas de formatos determinados, sin que haya evidencias de que fueran talladas allí. Según explica el autor, todas esas cuestiones quedarían desdibujadas en un estudio general de toda la industria lítica del nivel L. Y, por tanto, concluye que el estrato arqueológico no es una unidad válidad para el análisis.

Y ahora, los "peros"   

El trabajo de Vaquero es fantástico, pero voy a tratar de explicar porqué pienso que tiene algunas (muy pocas) "pequeñas trampas". Y, por otro lado, creo que algunas de sus afirmaciones más generales precisarían de cierta matización.

En cuanto a las "pequeñas trampas", un hecho me llama la atención. Por una parte, al analizar las acumulaciones individuales o eventos, Vaquero utiliza toda la información disponible: los remontajes (piezas líticas que encajan entre sí porque vienen de la misma secuencia de talla), el análisis de las materias primas, las coordenadas espaciales.

Todas esas informaciones se utilizan en un marco dinámico de interpretación, junto con la información tecnológica (sobre las fases o etapas de la talla de la piedra), y forman un conjunto coherente, que tiene en cuenta cómo interactúan todos esos aspectos. De ese modo, gracias a la calidad y resolución del registro, y también a un análisis adecuado y bastante completo, se obtiene una información valiosa y "de grano fino".

Sin embargo, cuando el autor considera el análisis de todo el nivel L, no tiene en cuenta que aquellos mismos aspectos pueden y deben ser estudiados en un análisis del conjunto: origen de la materia prima, remontados, etc. Quiero decir que, aún cuando no se dispusiera de información espacial precisa (discriminando eventos individuales), el resto de la información sí estaría disponible, y -aunque no fuera tan completa- seguiría aportando elementos relevantes de análisis. Y creo que esos elementos no serían, necesariamente, equívocos.

También puede que... falten algunas cosas

La otra "pequeña trampa" que encuentro es que Vaquero pasa de puntillas por cuestiones elementales: la industria lítica, en realidad, tiene un objetivo específico: sirve para proveer de un utillaje concreto al grupo. En otras palabras, los seres humanos tallan la piedra  para fabricar herramientas. Y esas herramientas son usadas en distintas tareas cotidianas.

Los útiles responden a unos objetivos funcionales, unos condicionamientos técnicos y, probablemente, unas tradiciones culturales (que pueden tener mayor o menor importancia). Por lo tanto, el apartado de la configuración del utillaje (por ejemplo, mediante el retoque), su mantenimiento, y su uso, son muy importantes para entender el comportamiento humano del pasado.

Esos aspectos se pueden estudiar en las muestras arqueológicas, y de hecho son una parte importante de los analisis líticos. En concreto, el uso se estudia a partir de los estigmas y desgastes microscópicos, mediante la traceología, que puede llegar a discriminar sobre que tipo de materia se trabajó: Hueso, madera, piel seca o fresca, materia vegetal blanda, etc... y la dirección e intensidad de los trabajos.

En cuanto a la configuración y mantenimiento se pueden estudiar mediante análisis tipológicos y tecnológicos. En el caso de los objetos retocados, por ejemplo, se puede analizar cómo se han configurado, o cómo se ha procedido a su reavivado y/o reciclado (mantenimiento). Esos procesos podrían ser también, hasta cierto punto, el tipo de eventos individuales a los que Vaquero se refiere en su trabajo. Y en el caso de las huellas de uso (traceológicas) sobre las herramientas, ese carácter de "eventos" individuales (uso del útil, sobre un tipo de materia concreta) también puede ser bastante claro.

Lo que quiero decir es que el trabajo de Vaquero no analiza determinados aspectos del nivel L, ni tampoco aplica los mismos análisis realizados en cada agrupación al conjunto de todo nivel. Por esas omisiones, no se puede juzgar si su conclusión final (que el estudio del conjunto del nivel desdibuja la información de cada evento) es tan inequívoca cómo se presenta en el artículo.      

Resumiendo (o intentándolo)...

Como valoración final, creo que es muy cierto que un nivel o estrato arqueológico no tiene una gran validez, por si mismo, como unidad real de análisis del comportamiento humano.  Pero esa afirmación es también matizable. En primer lugar, la estratigrafía sí es una herramienta indispensable para excavar, analizar y reconstruir la secuencia de procesos y acontecimientos que llevaron a la formación de un depósito, incluso si se trata de yacimientos excepcionales como Abric Romaní.

Además, es verdad que el estrato no puede ser la única unidad de análisis ni puede igualarse con una ocupación humana. Pero, aunque el trabajo de Vaquero da por hecho que la práctica habitual en la disciplina es considerar a los estratos sedimentarios como ocupaciones o unidades coherentes, de forma acrítica, eso no es realmente cierto.

La mayor parte de los arqueólogos saben (sabemos) lo que son y no son los estratos. Una prueba inequívoca de este hecho es que el grueso de las técnicas analíticas que utiliza Vaquero fueron desarrolladas por investigadores que buscaban, entre otros objetivos, superar esas limitaciones del estrato. Los remontajes, los análisis de cadenas operativas, el análisis espacial y de distribución, etc.... todos responden a la percepción de dichas limitaciones. Además, como explicaba arriba, se han desarrollado otras técnicas, que podrían ser relevantes para este mismo trabajo, pero no se hace referencia a ellas: análisis funcional o traceológico, análisis de la configuración y mantenimiento del utillaje, etc.

El nivel arqueológico no es la unidad ideal, desde luego, pero sí es un punto de partida y una unidad de referencia. En especial, en yacimientos que no reúnan las excepcionales características sedimentarias de Abric Romani. Los problemas de definición temporal deben ser abordados de manera dinámica y amplia, y es obvio que no son sencillos. Pero, dicho esto, no simpatizo con la idea de "librarse de la tiranía de la estratigrafía", porque el estrato es un excelente elemento de partida -que, por supuesto, no puede convertirse -de manera acrítica- en el objetivo final del proceso.  

...y cerrando el tema

Eso me lleva al elemento final de esta reflexión: Echo a faltar en este trabajo algo que, en mi opinión, le hubiera añadido todavía más interés. Me refiero a un esfuerzo adicional por utilizar la evidencia de Abric Romaní, con sus especiales circunstancias de conservación, y su gran detalle diacrónico, para fortalecer la inferencia en yacimientos menos excepcionales.

Es decir, que se usen los datos de Capellades para valorar y juzgar, comparativamente, qué técnicas y qué análisis son más valiosos a la hora de interpretar correctamente el registro, cuando no tienes distribuciones espaciales tan claras de material in situ, ni otros elementos de detalle sedimentario.

Referencia

Vaquero, M. (2008). The history of stones: behavioural inferences and temporal resolution of an archaeological assemblage from the Middle Palaeolithic Journal of Archaeological Science, 35 (12), 3178-3185 DOI: 10.1016/j.jas.2008.07.006

lunes, 16 de agosto de 2010

Cromañones no, gracias.

ResearchBlogging.org
Declaración de intenciones (No, este no será un post breve)

El término cromañón, o Cro-Magnon, se usa a menudo en divulgación y todavía aparece en algunos artículos científicos. Se suele recurrir a él para referirse a las poblaciones humanas que llegaron a Europa en algún momento de los inicios del Paleolítico superior, y que sustituyeron a las poblaciones neandertales.

En este post voy a recorrer la historia del término cromañón  y trataré de explicar porqué es preferible abandonarlo, en favor de otros como Humanos Anatómicamente Modernos (HAM). Es cierto que dichos términos, que pueden sustituir a "cromañon", suelen ser menos conocidos y más complejos. Pero también creo que son más apropiados y veraces, dado el estado actual de nuestro conocimiento científico del pasado.

Cráneo masculino de Cro-Magnon (dibujo científico de 1884)

El origen del término

Cro-Magnon es un topónimo, un nombre de lugar. Es una palabra de origen occitano, sobre cuyo significado exacto los linguistas no se ponen muy de acuerdo. Como topónimo, se refiere a un abrigo rocoso en Les-Eyzies-de-Tayac (Dordoña), una zona muy rica en yacimientos prehistóricos.

En ese abrigo de Cro-Magnon se encontraron en 1868, de forma más o menos fortuita (obreros limpiando un derrumbe) varios esqueletos humanos que parecían tener gran antiguedad. Los restos antropológicos fueron estudiados por las autoridades intelectuales de la época, junto con los materiales arqueológicos y paleontológicos recogidos a su alrededor (huesos de animales y herramientas de piedra). Louis Lartet se encargó de estudiar dichos materiales, y los adjudicó "grosso modo" a "L'epoque de Aurignac", es decir al Auriñaciense.

Zona de Les-Eyzes-de-Tayac donde se encuentra el abrigo de Cro-Magnon

De este modo, los fósiles de Cro-Magnon quedaron ligados, a partir de su unión con la industria Auriñaciense, a lo que se estaba definiendo como el inicio del Paleolítico superior. Es reseñable que ese inicio, más tarde, se identificaría con la llegada de los hombres "modernos" a Europa (en contraposición a humanos "arcaicos", como el Neandertal).


De manera paralela al estudio de L. Lartet, otro notable investigador, Paul Broca analizaba los restos humanos de Cro-Magnon. Broca describió los restos humanos en base a sus cráneos: con algunos rasgos arcaicos, como su robustez general, pero muy modernos en conjunto (forma de la calota, ausencia de prognatismo...). Dada la antiguedad y la cultura material con la que se asociaba, el tipo humano de Cro-Magnon pasó a ser considerado el ancestro de las poblaciones humanas modernas. Y también se instaló como el "tipo primigenio" según el cual debían medirse y clasificarse los fósiles humanos más recientes.

Antropología y racismo

La antropología y etnología de la época, que hoy reconocemos como racista e imbuida del espíritu de superioridad del Imperialismo europeo, no tardó en incluir el tipo Cro-Magnon en sus clasificaciones.

La taxonomía que dominaba en la época dividía a los humanos en varios tipos raciales como caucasoide, mongoloide, negroide... y estas razas se caracterizaban por rasgos físicos y psicológicos distintivos. De hecho unas eran consideradas intelectualmente superiores a las otras.

En 1874, a partir de los trabajos iniciales de Broca, otros dos investigadores (Hamy y Armand de Quatrefages) definieron una variedad racial humana prehistórica basada en Cro-Magnon. La situaron en la línea de los caucasoides, y por tanto antepasados de los europeos actuales. Otros fósiles humanos, descubiertos en la misma época, se asociaron a otras razas humanas distintas: Así, los restos de Grimaldi se consideraron negroides, y los de Chancelade mongoloides, etc.

De este modo, la raza Cro-Magnon se posicionó como la antepasada de la raza caucasoide, es decir, los europeos blancos. Se planteó que era, además, la población "moderna" primigenia del continente.

Enter the Neandertal

En la segunda mitad del S. XIX e inicios del S. XX también se fraguan los primeros modelos explicativos para los Neandertales. A lo largo de las décadas entre 1870 y 1910 se van a contraponer el Hombre de Cro-Magnon y el Hombre de Neandertal. Al principio se los vé como dos razas humanas, que discurren el paralelo.

Pero, a partir del descubrimiento y el (desafortunado) estudio del viejo de la Chapelle-aux-Saints, el Neandertal se caracterizó como una criatura subhumana y simiesca. Al privar al Neandertal de la condición humana, se dejó el camino expedito para el Cro-Magnon, como ancestro ideal de los europeos.

Mucho después, a partir de ese concepto de cromañón = hombre "moderno", y una vez superadas las clasificaciones racistas del S. XIX, se terminará por proponer al Cro-Magnon como ancestro de los humanos modernos de todo el mundo. Esa propuesta estuvo relacionada con el modelo de "Fuera de África" y con los modelos de sustitución biológica/cultural para el inicio del Paleolítico superior en Europa.
  

Explicándolo de manera muy simple, la cosa iría más o menos así: Los primeros humanos modernos en llegar a Europa fueron los de Cro-Magnon, o cromañones. Representan a una población llegada de África, acompañada de una nueva tecnología y cultura material, que es el Auriñaciense. Esa cultura material incluye todas las novedades técnicas y estéticas que antes no se daban en Europa... que no se daban, porque quedaban fuera de las capacidades de humanos "arcaicos" como los Neandertales.

De esta forma, se identifica al tipo de Cro-Magnon con una especie humana, dotada de amplias capacidades mentales, una cultura material superior, y una gran fuerza expansiva. Según ese modelo, los "cromañones", de manera natural y por su intrínseca superioridad biológica, extinguieron al Hombre de Neandertal, al colonizar Europa.
 
Por desgracia, ese poderoso constructo de la investigación está básicamente hueco. Hoy sabemos que no tiene una buena base en la evidencia y que, como gran marco conceptual, no se sostiene.

Poniendo en su sitio a los cromañones

Ya desde 1872, Cartailhac cuestionaba que los esqueletos de Cro-Magnon fueran realmente Auriñacienses. Ese investigador razonaba, con bastante lógica, lo siguiente: dado que las fosas mortuorias estaban excavadas en los estratos Auriñacienses, lo lógico es suponer que los enterramientos fueron, como poco, algo más recientes que dicho Auriñaciense.  Es decir, que primero debió depositarse el nivel Auriñaciense, para que tenga sentido que excavasen en él, para enterrar a los muertos en algún momento posterior.

El tema, no obstante, quedó bastante olvidado hasta los años sesenta del S. XX, cuando se empieza a cuestionar de manera sistemática la antiguedad de los restos de Cro-Magnon. Finalmente, en 2002, Henry-Gambier demostró que los esqueletos de Cro-Magnon tenían una antiguedad máxima de 28.000 años, datando materiales que estaban directamente asociados a uno de los cráneos. Esa fecha sitúa a los fósiles humanos en momentos muy posteriores al inicio del Paleolítico superior (que tuvo lugar hacia 40-38.000 antes del presente), y los asocia al periodo Gravetiense antiguo.

De forma paralela, el desarrollo de la investigación paleoantropológica en Europa ha encontrado un hecho significativo: todos los restos humanos que muestran una estructura general "moderna" en el esqueleto craneal son más recientes de unos 35.000 años antes del presente. Es decir, son posteriores en 4 o 5 mil años a los inicios del Paleolítico superior europeo; y son también posteriores, en unos 3 o 4 mil años, al primer Auriñaciense.

Frente a estos hechos bien contrastados, nos encontramos que algunos autores siguen hablando de los "cromañones"  como los colonizadores de Europa, llegados con el Auriñaciense. Y, en algunos casos, el Auriñaciense se sigue identificando, erróneamente, con el inicio del Paleolítico superior. Esas afirmaciones no se corresponden con el registro, por que en toda Eurasia abundan culturas de Paleolítico superior anteriores al Auriñaciense (como hemos visto en este blog, aquí y aquí) .

En el estado actual de las investigaciones existen pocas certezas, pero trataré de ceñirme a las hipótesis mejor asentadas en las evidencias arqueológicas y paleoantropológicas: Existe un cierto consenso sobre el origen africano de las poblaciones que antes se llamaban "cromañones".

Esas poblaciones salieron de África en un momento relativamente reciente y colonizaron el viejo mundo en unas pocas decenas de miles de años. Pero su llegada a Europa, cuando aparecen en el registro fósil, ha resultado ser bastante reciente. Esa llegada es muy posterior a las evidencias que se están encontrando en el sureste de Asia y en Australia, donde parece que los humanos modernos están presentes desde hace más de 50.000 años.

Por último, parece claro que la idea de una revolución cognitiva, basada en las novedades técnicas y estéticas del Paleolítico superior, no puede asociarse a un re-emplazamiento de Neandertales por esas poblaciones modernas, ya que el inicio del Paleolítico superior, es sistemáticamente anterior a la presencia de fósiles humanos "cromañones".

Entonces ¿por qué decimos no a los cromañones?

Comenzaba este post afirmando que debemos prescindir del uso del término "Cro-Magnon", en el debate científico, y pienso que la lectura del mismo deja claras mis razones para hacer esa propuesta. No obstante, a continuación pongo un breve esquema de dichos argumentos:
  1. Es un termino arraigado en la antropología racista del siglo XIX que conlleva una serie de prejuicios sobre las capacidades relativas de las poblaciones humanas.
  2. El avance de las investigaciones ha demostrado que los fósiles tipo, utilizados para describir a la población "cromañón" no se corresponden ni con la antiguedad ni con la cultura material con la que se asociaron en un principio.
  3. El armazon conceptual (y modelo de explicación de cambio histórico) en el que se situaba a los cromañones es un muerto en vida, sólo sostenido por las insoslayables inercias académicas, que a menudo retrasan la renovación del conocimiento basado en evidencias.
Alternativas al Cro-Magnon

Sé que no existen alternativas simplistas al término cromañón, que satisfagan a todos, pero yo abogo por utilizar el binomio "hombre modernos" vs. "neandertales", entrecomillados según sea necesario en el contexto, para hablar en general -en textos divulgativos- de los procesos demográficos a gran escala que tuvieron lugar en el Pleistoceno superior.

Y, si se quiere ser más preciso, desde una perspectiva paleoantropológica, creo que es apropiado hablar de "humanos anatómicamente modernos", abreviado "HAM".

Además, para los que acepten que somos una especie diferente del Neandertal, no debe existir ningún problema en usar el término taxomónico de Homo sapiens para referirse a los susodichos "cromañones".

Referencias

Broca, P. (1868): "Sur les crânes et les ossements des Eyzies", Bulletins de la Société d’Anthropologie de Paris 3 : 350-392.

Broca, P. (1868): "Description sommaire des restes humains découverts dans les grottes de Cro-Magnon près de Les Eyzies", Annales de Sciences naturelles, Zoologie et Paléontologie 10 : 145-155.

Cartailhac, E. (1872): "Note sur la grotte sépulcrale d’Aurignac", Matériaux pour l’Histoire primitive et naturelle de l’homme 3 : 207-214.

Lartet , E. (1868): "Remarques sur la faune de Cro-Magnon, d’après les débris osseux découverts soit dans la sépulture humaine, soit dans les restes de foyers placés à proximité", Annales des Sciences naturelles, Zoologie et Paléontologie 10 : 156-160.

Henry-Gambier, D. (2002). "Les fossiles de Cro-Magnon (Les Eyzies-de-Tayac, Dordogne). Nouvelles données sur leur position chronologique et leur attribution culturelle" Bulletins et mémoires de la Société d’Anthropologie de Paris, 14 (1-2), 89-112

jueves, 29 de julio de 2010

Dieta Neandertal: Reflexiones y... ¡Tortugas!

ResearchBlogging.orgReflexiones...

La dieta de los Neandertales ha sido el foco de atención de numerosos estudios científicos, en especial en los que se refiere al final del Paleolítico medio y comienzos del Paleolítico superior.

En muchos de esos trabajos, a menudo se ha partido de una posición previa, que presupone la inferioridad del Hombre de Neandertal respecto a los Humanos Anatómicamente Modernos. Con ese a priori, las diferencias en la dieta entre Neandertales y "modernos" se interpretan como reflejo de una diferencia cualitativa, entre unas estrategias de subsistencia superiores (modernas) y otras inferiores (neandertales).

De esta forma, a través de lo que L. R. Binford llamaría "argumentos acomodaticios posthoc", se generan profecías autocumplidas que colocan a los Neandertales en el clásico "no-win scenario".

Explicado en palabras más sencillas sería más o menos así:  Se da por supuesto que los neandertales son inferiores. Después se detecta, por ejemplo, que parece que las gentes neandertales no recurrían a la caza o recolección de pequeños animales (como los lepóridos -conejos y liebres-, los moluscos o los quelonios -tortugas).

Y es entonces cuando se afirma: "la caza o recolección de pequeños animales es un factor muy importante dentro las capacidades de los Humanos Anatómicamente Modernos, y pudo llevar a la extinción de los neandertales, que no cazaban o recolectaban esos animales."

El problema es que no se va más allá en la reflexión, no se examina qué puede haber de cierto en esas afirmaciones. Sobre todo, no se genera un modelo sobre cómo pudo pasar aquello; es decir, cuáles son los mecanismos que explicarían la supuesta ventaja o desventaja, y cómo se pueden contrastar en el registro arqueológico de las sociedades de cazadores-recolectores del Pleistoceno.

Se asume que los neandertales eran víctimas de sus limitaciones. Su falta de capacidad de innovar, planificar, trabajar en grupo, establecer lazos sociales eficaces, etc., ya justifica per se que las estrategias de los humanos "modernos" sean más eficaces.

Este tipo de elaboración ha sido relativamente común en nuestras disciplinas (me refiero a la arqueología prehistórica y la paleoantropología) y debe ser abordada de manera crítica, desde al menos dos perspectivas.

Por una parte, se debe partir del análisis de los argumentos y razonamientos que subyacen a las propuestas, de manera que no se admita como presuntamente válida cualquier hipótesis, por mal construida, ilógica, o carente de una mínima base en el registro que resulte.

Esto es de gran importancia, dada la enorme inflación de causas de la desaparición neandertal que han llegado a las páginas de las publicaciones científicas.

Se ha defendido la extinción neandertal porque no supieron gestionar el frío, el calor o los cambios bruscos del clima, porque no articularon sistemas comerciales, por limitaciones en el ritmo de reproducción derivadas de la mortalidad infantil, por sus incapacidades linguísticas, por encefalopatía espongiforme (¡el mal de las vacas locas!), por supervolcanes, por enfermedades virales, por una tecnología deficiente (con decenas de sub-variantes), por una gestión ineficaz del territorio, por una baja movilidad y una estrategia residencial de subsistencia, por una hiperespecialización en la caza de grandes manadas de herbívoros de pradera periglaciar (incompatible por cierto con una baja movilidad o estrategias residenciales), por una supuesta falta de capacidad simbólica -como reflejo de una falta de etnicidad o de redes de intercambio de información-, por considerarlo un gran carnívoro más, como la hiena, que desaparece con el advenimiento del "hombre moderno", y también por la menor capacidad, frente al H. sapiens, para cazar o recolectar animales pequeños de todo tipo.

Por otra parte, algunas formulaciones no sólo adolecen de una inconsistencia en sus planteamientos elementales, sino que además ignoran la realidad del registro arqueológico del Paleolítico medio, que representa la cultura material de las poblaciones neandertales.

A menudo esto se explica por el desconocimiento involuntario de las evidencias, y por ello es necesario promocionar el desarrollo de estudios específicos y de trabajos de síntesis. Pero sobre todo, hay que insisitir en la publicación de resultados con el máximo impacto posible, de manera que los hechos arqueológicos participen de manera efectiva en un debate en el que la hiperabundancia de hipótesis oscurece el panorama.

...y ¡Tortugas!

También se ha dado el caso de determinadas evidencias, que no recibieron en principio mucha atención, pero se han ido analizando y situando en su contexto a lo largo de los años, y sólo recientemente la comunidad científica se ha dado cuenta de su importancia. Entre ese tipo de evidencias podemos situar a los restos fósiles de tortugas en yacimientos neandertales. Se trata de un animal que, al parecer, tuvo una cierta importancia en la dieta de esas poblaciones, al menos en zonas de clima mediterráneo.

 Testudo hermanni o tortuga mediterránea

En efecto, la importancia de los quelonios no ha descubierta hasta hace relativamente poco. Los estudios de Costamagno y Laroulandie (y otros) en Francia, y los de Stiner (y otros) en el Mediterráneo oriental y en Italia, han ido mostrando, desde los años noventa, la presencia de tortugas en yacimientos neandertales del Paleolítico medio.

Hoy nos vamos a centrar en los trabajos llevados a cabo en la Península Ibérica, y en particular en dos estudios publicados en el Journal of Archaeological Science en los últimos años. Estos trabajos son importantes por varias razones que resumiré al final del post.

En 2008, R. Blasco publicó un trabajo sobre el consumo humano de tortugas en el nivel IV de la Cueva de Bolomor, en Valencia (España).

Es un estudio bien cimentado, que parte de la documentación de los restos de tortuga en un nivel de ocupación neandertal de Bolomor, de más de 130.000 años de antiguedad, y con industrias musterienses. La autora estudia esos restos desde la tafonomía y la zooarqueología.

Una vez documentados los restos, se estudian las marcas que dejaron los filos de útiles de piedra (raspados y estrías) y los estigmas que quedan de los impactos (con útiles masivos) para romper la "coraza" de las tortugas. En cuanto a las estrías y raspados, aparecen en el caparazón superior y el plastrón (placa ventral), y también en los huesos de las extremidades, de forma que se documenta como se desarticulaban y descarnaban estos animales, para comerlos. Los impactos masivos aparecen tanto en el caparazón como en el plastrón, por lo que parece que había varias formas de partir la coraza.

 Marcas hechas por útiles líticos (Blasco, 2008)

También se detectan partes del caparazón con huellas de haber sido expuestas al fuego. Esas huellas están sobre todo en la parte experior del caparazón superior, lo que se interpreta como que -en general- las tortugas se cocían "panza arriba". Esa forma de preparar las tortugas se ha documentado etnográficamente entre varios pueblos cazadores-recolectores. Otras huellas de exposición a las llamas (menos numerosas) se interpretan como producto de que algunos restos de caparazón fueron arrojados al fuego.

 Alteraciones por fuego (Blasco, 2008)

Por último, un aspecto que me ha parecido de gran interés es el estudio de marcas de dientes humanos. Estas marcas se detectan sobre los huesos de las extremidades de las tortugas. Algunos de los ejemplos presentados son muy claros, y se aprecian los negativos de la impresión de un diente típicamente humano. Otras huellas, en concreto las fracturas "con lengueta", que son típicas del consumo de pequeños huesos, no muestran estigmas directos de los dientes. Este segundo tipo de huellas no es tan diagnóstico, pero en el conjunto -junto a los otros estigmas- creo que pueden considerarse representativas de la acción humana.

Huellas de mordeduras humanas (Blasco, 2008)

En resumen, este trabajo aporta una información muy completa sobre modo en que las poblaciones neandertales consumían las tortugas, al menos en ese lugar (Bolomor, Valencia) y esa cronología (más de 130.000 años). Es muy interesante valorar el uso del fuego, de forma más o menos sistemática, y el aprovechamiento completo de los animales, con la fractura del caparazón, el desarticulado y el descarnado. También llama la atención la similitud de los modos de consumo de estos animales, entre los neandertales de hace 130 milenios, y las comunidades de cazadores-recolectores actuales o subactuales.

El trabajo de Bolomor es exhaustivo, y se parte de la evidencia material sin asumir grandes aprioris. Pero no trata de ofrecer una imagen general más allá de ese yacimiento. Un avance en ese sentido, el de buscar un enfoque más amplio que permita avanzar desde las evidencias a los modelos más generales, lo encontramos en otro trabajo de 2009.

Me refiero al artículo de J. A. Morales Pérez y A. Sanchís Serra sobre el registro fósil del género Testudo en la Península Ibérica. Este estudio es menos exhaustivo en el análisis de los restos, y con algo menos de atención al detalle tafonómico, pero por otra parte presenta una recopilación de referencias y menciones de la presencia de tortugas en el mediterráneo occidental del Pleistoceno, y en especial en Iberia.  Así, aporta la visión de conjunto y ofrece datos muy relevantes.

 Mapa tomado de Morales Pérez y Sanchís Serra, 2009

De esos datos, algunos son de tipo paleontológico, y no nos interesan mucho para la dieta de los Neandertales. Pero otros se refieren precisamente a la subsistencia, y son de gran interés: El estudio concluye que (aunque faltan estudios tafonómicos), la presencia de tortuga en los yacimientos del Pleistoceno superior de la Europa mediterránea se explica, de forma casi exclusiva, por la aportación por parte de los humanos. Es decir, para su consumo.

Por otro lado,  se aborda el tema de la desaparición de la especie Testudo hermanni en el Mediterráneo occidental, que coincide con el paso del Paleolítico medio al superior. A partir de la distribución de las evidencias en el tiempo y en el espacio, y comparando con otros periodos anteriores, los autores plantean que la desaparición de las tortugas tiene que ver con causas climáticas, y no con un cambio en las estrategias de consumo humano.

Y son importantes porque...

Los trabajos citados son importantes, en el tema de la subsistencia y dieta neandertal, porque la presencia de T. hermanni, en yacimientos del Paleolítico medio mediterráneo, es muy amplia y abundante. Y el consumo de estos animales parece estar plenamente integrado en la dieta neandertal desde tiempos bastante antiguos.

Junto con otras evidencias, como el consumo de lepóridos (conejos y liebres), pequeñas aves, peces y mariscos, estos trabajos hacen poco probable la hipótesis de que un mayor o más eficaz consumo de pequeños animales, por parte de los Humanos Anatómicamente Modernos, pudiera ser la causa de la extinción neandertal.

Referencias 

Blasco, R. (2008). Human consumption of tortoises at Level IV of Bolomor Cave (Valencia, Spain) Journal of Archaeological Science, 35 (10), 2839-2848 DOI: 10.1016/j.jas.2008.05.013

Morales Pérez, J., & Serra, A. (2009). The Quaternary fossil record of the genus Testudo in the Iberian Peninsula. Archaeological implications and diachronic distribution in the western Mediterranean Journal of Archaeological Science, 36 (5), 1152-1162 DOI: 10.1016/j.jas.2008.12.019

jueves, 22 de julio de 2010

Neandertales en la Cultura Popular: Java, el fiel ayudante Neandertal

En la Italia de la segunda mitad del S. XX se produjo un fenómeno singular en la cultura popular: el surgimiento y popularización de los fumetti (it.). Un "fumetto" es lo mismo que un cómic o tebeo, pero el término tiene ciertas connotaciones. Se trata de historietas populares, de  producción barata (por lo general en papel fino e impresos en blanco y negro), y con tiradas importantes. Un posible paralelo -lejano- a estos tebeos baratos y populares serían las historietas españolas de El Capitán Trueno o El Jabato, sólo que en Italia han perdurado hasta nuestros días.

En uno de esos "fumetti" encontramos a nuestro protagonista de hoy, Java el Neandertal. Se trata de un personaje secundario en una longeva serie de tebeos, que recoge las aventuras de Martin Mystère.


Martin Mystère es un heroe Pulp, directamente inspirado en Allan Quatermain (sí, el de Las Minas del Rey Salomón), y adaptado al siglo XX. En sus historias hay varios personajes secundarios recurrentes, pero el más importante es Java, una especie de ayudante personal, escudero fiel y guardaespaldas forzudo. Es decir, un perfecto estereotipo de la literatura Pulp.

Martin Mystère encuentra a Java en una aventura temprana (1978), en una ciudad perdida de Mongolia, habitada por Neandertales. En los fumetti, Java comienza siendo un personaje más bien animalístico (persigue a los enemigos de Mystere usando un excepcional sentido del olfato) pero pronto se le dota de rasgos más humanos, y se convierte en un secundario habitual con poca importancia en la trama.


El nombre del neandertal,  Java, está inspirado en otro ámbito de la paleoantropología: En la Isla de Java es donde se hallaron los restos originales de Homo erectus, antes conocido como Pithecanthropus erectus u "Hombre de Java". En un tebeo aparece su carnet de identidad, donde se le identifica como "J. Java", de nacionalidad estadounidense, nacido en Ulan Bator, Mongolia.

En cuanto a sus rasgos físicos, Java es un tipo más bajo que Mystère, con un torso ancho como un barril, piernas cortas y brazos largos, una musculatura de luchador y un rostro amplio y corto. Le suelen dibujar con nariz grande y chata, arcos supraciliares bien marcados y mandíbula poderosa, aunque terminada en una barbilla picuda muy poco neandertal.


Su rol es, como decíamos antes, muy estereotípico, el clásico ayudante del personaje principal, que aporta fuerza bruta, alivio cómico, y ocasionales destellos de astucia para resolver algún caso complicado. Habla de modo peculiar pero en los tebeos no da la impresión de falta de inteligencia, sino de un modo de articular distinto. Java también tiene una afinidad natural (instinto) para detectar los fenómenos paranormales que investiga Mystère.


Martin Mystère ha sido convertido recientemente en una serie de animación para televisión. Es esa iteración, Java no ha salido muy bien parado. Se ha convertido en el alivio cómico principal de la serie, cargando sobre sus grandes y pacientes hombros con todos los prejuicios sobre el Hombre de Neandertal: Incapacidades linguísticas, falta de higiene personal, tendencia a resolver los problemas usando la fuerza bruta y un terror innato a la tecnología.

miércoles, 21 de julio de 2010

Galerías Neandertales

Hoy traigo un post extra-breve, para informaros de que he creado varias galerías con imágenes de Neandertales recopiladas de la red.  Podeis encontrarlas en la página de este blog en Facebook, aquí.

Como se puede ver al comparar las galerías, la visión del Neandertal es claramente androcéntrica. En ese sentido, agradecería cualquier información adicional sobre imágenes de mujeres neandertales, para completar la galería femenina.

Editado (21/07/10): He actualizado las galerías con nuevas imágenes, sobre todo de mujeres neandertales. Muchas gracias a Maria Lluïsa de NeanderFollia

lunes, 19 de julio de 2010

El final del Paleolítico medio y las industrias LRJ en Inglaterra y Bélgica

ResearchBlogging.org
Gran Bretaña nunca ha sido un territorio rico en yacimientos neandertales, y las excavaciones arqueológicas que han abordado su estudio han sido más bien escasas. Sin embargo, de un tiempo a esta parte las noticias de prensa nos traen cada vez más informaciones sobre nuevos hallazgos en las islas británicas. Dentro esa creciente ola de trabajos sobre los neandertales ingleses, hay varias líneas o hipótesis de investigación que -en mi opinión- van a ser importantes en los próximos años. En especial, respecto a la arqueología de las sociedades neandertales.

En este post voy a tratar una de esas líneas de investigación, que se centra en el OIS 3 (entre hace 60.000 y 30.000 años, más o menos). Se considera que esa etapa coincide con el final del Paleolítico medio y el inicio del Paleolítico superior

Inglaterra tiene la peculiaridad de haber estado casi deshabitada durante buena parte del último ciclo glaciar (entre hace 160.000 y 60.000 años). Digo casi, porque hasta hace poco se pensaba que no había habido presencia humana, pero un reciente descubrimiento en Kent (del que hablaré en otro post) sugiere que hubo al menos cierta presencia neandertal hace 140.000 años.

De las industrias Musterienses en Gran Bretaña...

Pero, volviendo la tema de esta nota, lo que nos interesa es que a partir de hace 60.000 años en Inglaterra aparecen industrias Musterienses, asociadas al Hombre de Neandertal. Esas industrias se han descrito en general como MTA (Musteriense de Tradición Achelense), una industria que hemos descrito aquí. Los yacimientos MTA británicos han dado bifaces (hachas bifaciales) típicos de esa cultura arqueológica, tallados en sílex de buena calidad. Y junto con eso, aparece una tecnología de talla de lascas, aun poco conocida (insuficientemente estudiada). Esas industrias de lascas tienen componentes Levallois en algunos sitios, pero en otros se detectan sistemas de talla más sencillos.

La propuesta tradicional, como puede leerse en el trabajo de A. Graf (2002)  es que hubo una presencia -limitada- de Neandertales durante el OIS 4 y el OIS 3, que nunca llegó a ser muy permanente, y que desapareció al llegar los "Humanos Anatómicamente Modernos", al inicio del Paleolítico superior.

...al Paleolítico superior inicial del Norte de Europa

Esto nos lleva a los primeras industrias del Paleolítico superior británico, que forman parte del complejo LRJ (Lincombian-Ranisian-Jerzmanowician). Este complejo de industrias líticas del norte de Europa ha pasado por revisiones recientes, y merece que nos extendamos un poco en su comprensión.

El LRJ se caracteriza por una tecnología de la piedra basada en la talla de láminas. Su "tipo" característico es una punta u hoja apuntada, con adelgazamientos basales y, a menudo, retoque bifacial. Se ha propuesto que se trata de puntas usadas en la caza, y la abundancia de fracturas de impacto y reacondicionamientos de las piezas sugiere que la hipótesis tiene cierta base.

LRJ en Europa, según Semal et al. (2009)

En cuanto a su extensión geográfica, los yacimientos que han dado estas industrias están en Polonia, Bélgica, Alemania e Inglaterra. Están situados más o menos en la misma latitud. Quedan así alineados en el norte de Europa, pero sin llegar a las costas del mar Báltico.

Punta de tipo LRJ de Beedings 
(tomado de Pope, 2009; Dibujo de H. Martingel)

La cronología precisa del LRJ es difícil de concretar, pero hay un consenso en situarlo después de 40.000 años BP y antes de llegar a 34-32.000 años BP. Es a partir de h. 32.000 BP cuando empiezan a aparecer yacimientos Auriñacienses en esas latitudes. En los pocos sitios donde el LRJ aparece en secuencias estratigráficas, se sitúa entre niveles Musterienses y Auriñacienses. Las dataciones que se han obtenido para sitios con LRJ se concentran h. 38-36.000 BP.

Los tipos de yacimientos en cada país son distintos. En Polonia y Alemania se han excavado pocos sitios, pero hay niveles arqueológicos con estratigrafías bien definidas y cierta densidad de útiles. En Bélgica, hay una gran colección de materiales del LRJ en Spy (una cueva con numerosos restos humanos neandertales). De hecho la de Spy es la mayor colección del LRJ en cuanto a número de piezas, pero por desgracia no fueron recogidas con metodología arqueológica y carecen de contexto. En Inglaterra, por último, hay numerosos hallazgos y sitios, pero siempre son yacimientos con escasa estratigrafía o sin ella (lo que da muy poca información de contexto).    

Neandertales, "modernos" y culturas materiales

La mención a Spy nos lleva a otro aspecto importante del LRJ, que ha recibido cierta atención de los investigadores. Esta cultura arqueológica, descrita como "transicional" y datada con anterioridad al Auriñaciense, se ha convertido en un buen candidato para ser una industria de Paleolítico superior asociada a los últimos neandertales. Es decir, con un papel similar al Chatelperroniense y Uluzziense del centro-sur de Europa y (quizás) a las industrias laminares de Europa centro-oriental (Szeletiense, Bachokiriense...).

Otra hipótesis alternativa es que el LRJ sea una cultura material de Paleolítico superior asociada a una presencia temprana de "Humanos Anatómicamente Modernos" en el Norte de Europa. Sin embargo, no se conocen fósiles "modernos" de tanta antiguedad en la región.

La forma de testar dichas hipótesis (¿Es el LRJ una industria neandertal o "sapiens"?) sería hallar una ocupación con restos humanos (o bien neandertales o bien de humanos "modernos") que tuviera asociada la industria LRJ. Y a poder ser, que además los restos humanos provengan de enterramientos intencionales.

La cueva de Spy, en Bélgica, sería el lugar perfecto, si no hubiera sido excavada y vaciada hace más de 100 años, sin ningún control estratigráfico.

Afortunadamente, a pesar de esa situación, el desarrollo de los métodos de datación ha permitido soslayar en parte el problema. Al avanzar el método del Carbono 14, se necesita cada vez menos cantidad de materia para conseguir una datación. De ese modo, ha sido posible tomar pequeñas muestras directamente de los esqueletos neandertales  (Semal et al., 2009). Esas dataciones sitúan al menos dos de los neandertales (Spy I y II) en una antiguedad de unos 36.000 años (BP).        

Si hacemos recapitulación del tema, la situación actual es la siguiente: se ha probado la presencia neandertal en Bélgica hace 36.000 años (BP). Y, aunque no se puede asociar directamente la cultura RLJ a esos neandertales, todos los yacimientos del norte de Europa (incluída Inglaterra) de esa antiguedad tienen industrias de tipo RLJ, de láminas y puntas. En cuanto al Musteriense, los yacimientos más recientes en esas zonas tienen una antiguedad mínima de 38.000 años (y la mayoría son más antiguos de 40.000 BP). Y en lo referido al Auriñaciense, esa cultura material se extiende por la región sólo a partir de 32.000 BP, en sus versiones "evolucionadas".

Back to England

El cierre del post nos lleva de nuevo a Inglaterra: En un reciente trabajo, el arqueólogo Mathew Pope (2009) da cuenta de sus investigaciones en Beedings (Sussex). Allí, Pope y otros han redescubierto un yacimiento de RLJ, que fue excavado originalmente a comienzos del S. XX, y que se daba por perdido desde la década de 1930. En el artículo hay tres datos interesantes para la cuestión de los Neandertales y esa industria de tipo Paleolítico superior.

Excavación en Beedings (tomado de Pope, 2009)

En primer lugar, por debajo de las industrias RLJ de Beedings, aparecen materiales del Paleolítico medio, de tipo MTA (la cultura arqueológica neandertal a la que aludía al principio del post). Aunque eso no significa que tengan que ser obra de la misma población, si que apunta a una continuidad en las estrategias de gestión del territorio y en la situación de las ocupaciones.

En segundo lugar, la posibilidad de estudiar ambos momentos en un contexto geológico y estratigráfico  complejo, pero a la vez muy bien conocido y estudiado en esa zona. Me refiero a  ciertas fisuras geológicas en el lecho rocoso, que quedan rellenadas por materiales loésicos y forman "bolsas" fósiles, en las que aparecen los restos de las ocupaciones humanas.

Fisuras con rellenos pleistocenos en Kent (Pope, 2009).

Y en tercer lugar, está el hecho de que esos contextos (las susodichas "bolsas" loésicas) están ampliamente distribuidos por toda la región de las tierras bajas inglesas. Gracias a esto, según Pope (2009) podríamos estar en el comienzo de una nueva fase de descubrimientos, que aporten mucha más información. Y en lo que se refiere al OIS 3 en Inglaterra, esos descubrimientos podrían servir para contrastar la hipótesis de que las industrias RLJ son parte de la cultura material de los neandertales del norte de Europa.

Referencias

Matthew Pope (2009). Early Upper Palaeolithic archaeology at Beedings, West Sussex: new contexts for Pleistocene archaeology Archaeology International (11), 33-36

Patrick Semal, Hélène Rougier, Isabelle Crevecoeur, Cécile Jungels, Damien Flas, Anne Hauzeur, Bruno Maureille, Mietje Germonpré, Hervé Bocherens, Stéphane Pirson, Laurence Cammaert, Nora De Clerck, Anne Hambucken, Thomas Higham, Michel Toussaint, J (2009). New Data on the Late Neandertals: Direct Dating of the Belgian Spy Fossils American Journal of Physical Anthropology, 138 (4), 421-428 : http://dx.doi.org/10.1002/ajpa.20954

viernes, 16 de julio de 2010

Releyendo a Binford: Huesos contra piedras, o cómo reconstruir las sociedades del pasado

Lewis R. Binford es sin duda uno de los arqueólogos más influyentes del siglo XX. En los años 70 y 80, fue un puntal de la Nueva Arqueología o Arqueología Procesual, y desde entonces ha mantenido una gran actividad científica. En 2001 publicó una obra "enciclopédica", Constructing Frames of Reference, que -en cierto modo- recoge la labor de toda una vida.

Binford es sin duda un autor polémico con una envidiable capacidad de analisis crítico. Se puede estar más o menos de acuerdo con sus plantemientos de teoría y metódo, pero en mi opinión hay algo indiscutible: cuando Binford analiza la práctica arqueológica y los modos en que construimos el conocimiento, tiene una capacidad impresionante para ver fallas en los razonamientos, asunciones "a priori", y lugares comunes de la disciplina.

Mis lecturas de teoría arqueológica me han devuelto estos días a las páginas de un libro clásico del Binford, su primera obra editada en castellano.

Me refiero a En busca del pasado (In Pursuit of the Past. Decoding the Archaeological Record).

Es una obra muy recomendable, indispensable para todo estudiante que tenga interés en la práctica de la Arqueología, y una lectura bastante accesible para el público no especializado. Pero más allá de la recomendación bibliográfica, quería tratar una cuestión concreta: Me refiero a la plena vigencia que tienen hoy muchos de los consejos y reflexiones de Binford, para la práctica de la arqueología y la construcción del conocimiento sobre el pasado. Hoy trataré sólo un tema, una breve pincelada que me parece interesante para el estudio de las sociedades neandertales.

En el primer capítulo del libro, al reflexionar sobre qué sabemos realmente del comportamiento de los homínidos de hace dos millones de años, Binford nos dice:

"...es extremadamente importante poseer algún tipo de información acerca de los rasgos fundamentales de la conducta de nuestros antepasados más antiguos. Tenemos sus huesos, naturalmente, es decir, los fósiles de los hombres más remotos, algunos de ellos con una antiguedad que oscila entre 3 y 6 millones de años. Pero ¿cuando empezó el comportamiento típico, el único significativo para usted y para mi, como miembros que somos de la misma especie? La respuesta es simplemente que no lo sabemos. Conocemos cuando se produjeron los cambios en la capacidad craneana, en el tamaño de nuestro cuerpo y en la forma de nuestra pelvis; sin embargo todavía ignoramos en qué momento el hombre empezó a usar el lenguaje, cuándo empezó a vivir en pequeñas familias monógamas o a compartir el alimento entre adultos..."

Este simple párrafo me ha llamado poderosamente la atención. En primer lugar porque,en buena medida, 27 años después de ser escrito, nuestras lagunas siguen siendo enormes en esos temas: Lenguaje, organización grupal, relaciones sociales, etc. Y en segundo lugar, me ha traido a la mente una anécdota que no me resisto a contar:

Hará unos cuatro o cinco años, en una campaña de excavación en el yacimiento de Axlor (Dima, Bizkaia), coincidí en una cena con Laurence Bourguignon, arqueóloga y prehistoriadora francesa, y Asier Gómez Olivencia, paleontólogo y paleoantropólogo español.

Entre ambos investigadores hubo una discusión, iniciada por Laurence, sobre el siguiente tema: qué nos dicen los huesos humanos del ser humano, insistiendo ella en que "apenas nada".  Esta idea se completaba con otra: Frente a los restos anatómicos, los restos arqueologicos de la cultura material tienen un enorme potencial para reconstruir el comportamiento. Y ese hecho es, a menudo, ignorado por los paleontólogos y paleoantropólogos. 

La diferencia de edad y condición (siendo Laurence algo mayor, doctora e investigadora establecida, además de una visitante invitada al yacimiento, y Asier solo un doctorando, parte del equipo de excavación) hicieron la discusión un tanto asimétrica y unidireccional. Debo decir que, pese a todo, Asier soportó la diatriba de Laurence con gran presencia de ánimo y la discusión termino en términos perfectamente amistosos.

Pero más allá de la anéctoda (en la que Asier no tuvo la oportunidad de ofrecer otro punto de vista), la discusión enlaza plenamente con la cita de Binford, y se refiere a una cuestión importante: La participación de la arqueología en los modelos para explicar el pasado remoto de la humanidad. Dicha cuestión ha condicionado, desde los inicios de la investigación en Prehistoria, las explicaciones del pasado. Y, lo que nos interesa más, ha sesgado los modelos propuestos para las sociedades neandertales.

A pesar de lo convincente que puede resultar Laurence, yo creo que los huesos humanos sí son informativos, de muchísismos aspectos relevantes para la investigación del pasado. En determinados temas, pueden ofrecer además información sobre el comportamiento cultural de los seres humanos (paleopatologías, dieta...).

Pero, por otro lado, sigue habiendo dos argumentos de peso a su favor, en el debate::

En primer lugar, es obvio que la arqueología está plenamente capacitada para abordar las cuestiones relacionadas con el comportamiento, las actividades reales y efectivas que las sociedades humanas del pasado llevaron a cabo. Eso no significa que dichas actividades sean obvias por sí, evidentes en el registro (a menudo no es así, y es necesaria una importante labor de análisis e interpretación).

Y en segundo lugar, es inegable que, desde M. Boule hasta la actualidad, las observaciones hechas (con mayor o menor fortuna) sobre los restos anatómicos han primado frente a las evidencias arqueológicas. De esa manera, la contribución de unas y otras observaciones a los modelos sobre las sociedades del pasado han sido profundamente asimétricas.

En el caso de los homínidos africanos, se puede argumentar que el modelo "africano" de investigación paleoantropológica ha condicionado la ausencia de la arqueología (escasas excavaciones, de extensión limitada; y poca atención en los proyectos de investigación hacia el material cultural, frente a los restos osteológicos humanos).

Hadar, Etiopía

Pero ese modelo no es aplicable a las sociedades neandertales europeas. En este caso, las excavaciones han sido sistemáticas, amplias, y -en general- siempre se llevaron a cabo con la tecnología y  medios más modernos disponibles en cada momento. Y, sin embargo, nos encontramos con una situación contradictoria: A pesar de ese despliege, de los grandes proyectos de investigación como el Programa Cuaternarista, o los trabajos del propio Binford, la  arqueología no ha aportado una parte sustancial de la explicación, que sea equivalente al esfuerzo realizado y refleje los resultados obtenidos en las excavaciones.

O, dicho de otro modo, buena parte de esa información ha sido sistemáticamente ignorada, en determinados ámbitos intelectuales, frente a la información paleoantropológica (osteológica o de otro tipo). De ese modo, se han construido toda una serie de modelos para las sociedades neandertales, a lo largo del siglo XX. Y dichos modelos, con demasiada frecuencia, no han tenido en cuenta el conocimiento que la arqueología aportaba, en esos mismos años, sobre los neandertales.

Yo no me siento capaz de juzgar quién es el culpable de esa situación, o siquiera si existen dichos culpables. No sabría decir si los arqueólogos y prehistoriadores no han sabido encajar sus datos con los grandes modelos explicativos; o si estos han sido ignorados por la paleoantropología y los estudios de evolución humana.

Tampoco puedo asegurar que se trate (o no) de una cuestión académico-nacional,  aunque el grueso de los yacimientos neandertales son de la Europa continental (y sobre todo de Francia), mientras que casi todos los grandes modelos explicativos han sido formulados en el ámbito anglosajón (EE.UU. y GB).

Como digo, no tengo respuestas a esas preguntas, pero sí puedo decir que existe un gran sesgo, en cuanto al peso de la información arqueológica en la reconstrucción del pasado prehistórico. Y creo que es algo en lo que debemos insistir en el futuro, para corregirlo.

En ese sentido, es justo señalar que se han dado pasos importantes desde comienzos de los años 90: En África, se aprecian cambios importantes en los modelos de investigación, junto con la generalización de excavaciones, cada vez con mejor metodología arqueológica. Y en cuanto a los Neandertales, hay una creciente presencia del registro arqueológico y de su interpretación, en los modelos para explicar sus sociedades, así como una mayor reflexión sobre el modo de construir el conocimiento del pasado.

miércoles, 14 de julio de 2010

La Folie, Campamento Neandertal

ResearchBlogging.org

En 2009 dediqué un post a la organización de los campamentos neandertales. En un comentario para dicha nota, Joseba Rios me recomendaba la página web del INRAP sobre el yacimiento de La Folie.

Pude comprobar entonces que ese sitio arqueológico constituye un documento excepcional sobre el hábitat al aire libre de los Neandertales.

Desde aquel día, he buscado el momento para preparar una nota más extensa, en la que pudiera presentar, desde un punto de vista crítico y científico, la información disponible sobre dicho yacimiento. Por fin, he conseguido arañar algo de tiempo al reloj y cumplir ese objetivo que ahora os presento.
 
Una intervención de "urgencia"

La Folie es un yacimiento descubierto y excavado en el marco de lo que suele llamarse "arqueología preventiva". Es decir, intervenciones "de urgencia", motivadas por la construcción de edificios, carreteras y otras obras públicas o privadas. En Francia, estas excavaciones están reguladas y controladas por instituciones públicas a nivel estatal. Y a menudo dan lugar a estudios científicos destacados, como en el caso que nos ocupa.

Los resultados de las excavaciones y los análisis posteriores fueron publicados en la revista Paléo, en sendos artículos de 2002 y 2006, cuyas referencias aparecen al final de este post.

Un hábitat efímero bajo el cielo de Potiers

La Folie (Poitiers) es un yacimiento al aire libre. Estaba formado por una serie de materiales y estructuras que se corresponden, según los autores, a un único momento de ocupación, de caracter temporal y breve.  Esa ocupación se ha preservado, de manera excepcional, gracias a que los materiales arqueológicos quedaron cubiertos -en muy poco tiempo- por una capa de varios metros de sedimentos arcillosos, debido a una inundación fluvial. 

Por debajo de dichos sedimentos, los arqueólogos hallaron los restos "in situ" de un campamento neandertal al aire libre. Esa ocupación se organiza en torno a una serie de bloques de piedra caliza, de cierto tamaño, situados en forma de círculo amplio, de unos diez metros de diámetro. Varios de esos bloques estaban calzados entre sí (una roca apoyada en la otra); y en un caso concreto, se detectó durante la excavación la presencia de un agujero de poste, alineado con el círculo de bloques. 

Agujeros de poste y paravientos

El agujero de poste fue reconocido durante la excavación dado que la tierra de su interior era diferente del resto del terreno. Se hizo un análisis micromorfológico del sedimento del interior del agujero de poste y resultó que estaba saturado de restos de células vegetales, como cabría esperar de la descomposición de la madera del poste. Además, las paredes del agujero delimitaban la presencia de los restos vegetales (apenas presentes en la tierra circundante).

La interpretación de estas evidencias es que los bloques eran cuñas para sujetar postes de madera, que además iban encajados en agujeros en el suelo. Dichos postes sostenían una estructura circular que, según los autores, no es probable que fuera una cabaña (por las dimensiones totales de la estructura, y por la ausencia de postes centrales). En su lugar, se trataba de un paravientos de pieles o de materiales vegetales.

La existencia de algún tipo de barrera entre "fuera" y "dentro" del círculo también se deduce de la agrupación de los materiales arqueológicos en su interior. Eso señala, necesariamente, a la presencia de algúna separación, que limita la distribución espacial de las evidencias.


Espacio organizado

Aunque la división dentro-fuera es interesante, lo más imporante de La Folie es la organización interna del espacio de hábitat. Los análisis de la distribución espacial de los restos, y otros estudios (remontajes líticos, análisis funcional, micromorfologia del suelo...) han permitido aislar y estudiar, con un gran nivel de detalle, qué actividades se llevaron a cabo en el yacimiento.

En cuanto a la fabricación de los útiles de piedra, se ha hallado una zona bien delimitada donde se practicó la talla de sílex y de algunas calizas. Esto se ha deducido de la distribución espacial de los restos, y también porque las distintas piezas remontan entre sí, en más del 60% de los casos (de las lascas mayores de 2 cm.). Las materias primas (rocas) usadas para la talla fueron recogidas de depósitos cercanos, a menos de un centenar de metros de distancia. 

Talla in situ vs. planificación a larga distancia

Esa talla in situ tuvo como resultado una serie de útiles, retocados o no, que se utilizaron en otra zona del yacimiento, en la cual se concentran las lascas con huellas de uso. Esas huellas de uso han sido analizadas al microscopio, mediante análisis traceológicos. Los resultados de dicho estudio nos informan de la realización de actividades variadas con los útiles: trabajos sobre madera, sobre materia vegetal flexible, y sobre piel animal.

La planificación a medio/largo plazo también queda demostrada en la Folie (junto con la talla in situ de materias primas locales para actividades inmediatas). Por una parte, del conjunto de los productos de talla, se observa que falta una serie de lascas Levallois predeterminadas. Dichas lascas fueron transportadas por los ocupantes del campamento cuando se marcharon. Por otro lado, se documenta la introducción de algunos útiles de sílex de Grand-Pressigny, que proviene de un mínimo de 40 km. de distancia, y que quedaron abandonados en el campamento.

¿Fauna y cocina?

Un dato llamativo tiene que ver con la ausencia de macro-fauna en todo el yacimiento. No hay prácticamente restos de hueso, pero sí que se han encontrado restos microscópicos de la presencia de materias animales. Esas trazas aparecieron en el hogar excavado en La Folie, una estructura definida por grandes bloques de caliza y con tierra enrojecida por el fuego (rubefactada). Los restos orgánicos se descubrieron en un análisis micromorfológico, que encontró pequeños fragmentos de hueso. También se hallaron retazos de las estructuras microscópicas de origen orgánico, conservadas gracias a la substitución de los elementos biológicos por otros (calcita y minerales transportados por el agua). La evidencia nos dice, por tanto, que se cocinaron al fuego -al menos- algunas partes de animales. Pero con tan pocos datos, en esa cuestión no podemos ir más lejos.    

El análisis micromorfológico también halló en el hogar componentes carbonosos, que son residuos probables de la combustión de la madera por el fuego.

Áreas de descanso y lechos de hojas

Además de las áreas más densamente ocupadas por restos arqueológicos, los investigadores encontraron otras más bien despejadas, dentro del área definida por el paravientos. De esas zonas algunas se han considerado de paso y acceso, pero un área concreta se postula como la zona de descanso, donde estuvieron los lechos de plantas de los Neandertales. Esa zona se caracteriza por la presencia de restos vegetales producto de la descomposición de plantas, en capas horizontales. Esos restos se presentan en la excavación en forma de manchas oscuras bien visibles. Como dato adicional, dichas manchas se concentran en aquella zona concreta, y no aparecen en el resto de la ocupación.


Datación y cronología 

El yacimiento de La Folie fue datado por termoluminiscencia en h. 57.700+/-2400 años. Eso lo sitúa en el estadio isotópico 4 (OIS4). En un principio, antes de obtener la datación, se pensó que podría ser más antiguo (OIS 5a) pero la datación ha rejuvenecido un poco el yacimiento. En lineas generales, podemos decir que se sitúa en la parte final del Musteriense europeo, pero no en sus últimos tramos (h. 44.000 años) 

Balance

En mi opinión, la intervención en La Folie y la investigación posterior es un ejemplo de un trabajo bien hecho. Además de la excavación metódica y cuidadosa, se aplican toda una serie de técnicas de análisis (traceología, micromorfología, análisis de la tecnología lítica, análisis espacial, datación absoluta...) que permiten obtener una información de gran resolución sobre las actividades del pasado.

En este caso concreto llama especialmente la atención el cuidado puesto en integrar todos esos datos (que vienen de ramas científicas muy diferentes) en un todo comprensible. Los autores consiguen convertir la "masa de datos" en una explicación global, coherente, de como se formó el yacimiento y de cuáles fueron las actividades humanas allí realizadas. Y eso no es tan habitual como sería deseable. 

En cuanto a la reconstrucción de las sociedades del pasado, y en concreto de las sociedades neandertales, escapa al alcance de esta nota. Explicar en que medida La Folie nos ayuda a caracterizar los modos de vida neandertales merecería un post propio, un capítulo entero de un libro o un artículo científico. Por ello, simplemento esbozaré un breve concepto: La organización del espacio y de las actividades que se hace evidente en La Folie no es muy diferente del que encontramos tanto al final del Paleolítico superior como entre algunos cazadores-recolectores actuales y sub-actuales.

Referencias: 

Bourguignon, L., Sellami, F., Deloze, V., Sellier-Segard, N., Beyries, S., Emery-Barbier, A. (2002): "L'habitat moustérien de «la folie » (Poitiers, Vienne): Synthèse des premiers résultats". Paléo, nº 14. pp 29-48.

Bourguignon, L., Vieillevigne, E., Guibert, P., Bechtel, F., Beyries, S.,  Emery-Barbier, A.,  Deloze, V., Lahaye, C., Sellami, F. Sellier-Segard, N. (2006):  "Compléments d’informations chronologiques sur le campement moustérien de tradition acheuléenne du gisement de La Folie (Poitiers, Vienne)". Paléo, nº 18. pp 37-44.

Research Blogging Citation Code: Bourguignon, L., Vieillevigne, E., Guibert, P., Bechtel, F., Beyries, S., Emery-Barbier, A., Deloze, V., Lahaye, C., Sellami, F. Sellier-Segard, N. (2006). Compléments d’informations chronologiques sur le campement moustérien de tradition acheuléenne du gisement de La Folie (Poitiers, Vienne) Paléo (18), 37-44