jueves, 13 de diciembre de 2012

Inspiración


Toc se agachó junto al t'lan imass y examinó los objetos terminados.
- De acuerdo- dijo tras examinarlos unos momentos-. Estoy empezando a entenderlo. Estos son para trabajar el astil y las plumas ¿si?
Tool asintió.
- El antílope nos proporcionará la materia prima. Necesitamos tripa para las cuerdas. Cuero para el carcaj y las correas. 
- ¿Y qué hay de la que tiene forma de media luna?
- Hay que pulir los juncos duros para hacer los astiles.
- Ah, sí, ya veo. ¿No vamos a necesitar cola, brea o algo así?
- En un mundo ideal, sí. Pero puesto que estamos en una llanura sin árboles, tendremos que conformarnos con lo que tenemos. Ataremos las plumas con tripa. 
- Haces que la elaboración de flechas parezca muy fácil, Tool, pero algo me dice que no lo es tanto. 
- Unas piedras son arena, otras son agua. Las herramientas afiladas se pueden hacer con las piedras que son agua. Las herramientas para aplastar se hacen con las piedras que son arena, pero solo con las duras.
- Y yo pensando que una piedra era una piedra.
- En nuestro idioma poseemos muchos nombres para las piedras. Nombres que nos hablan de su naturaleza, nombres que describen su función, nombres para lo que les ha pasado y les pasará, nombres para el espíritu que reside en su interior, nombres...
- ¡De acuerdo, de acuerdo! Entiendo. ¿Porqué no hablamos de otra cosa?
- ¿Por ejemplo?

Memorias del hielo, Steven Erikson


Es increíble la cantidad de conceptos de arqueología paleolítica, y de antropología de cazadores-recolectores, que se pueden entrever en este sencillo diálogo. Ha sido una verdadera sorpresa encontrarlo en una novela de la llamada "nueva fantasía oscura". Y cuando descubres que el autor estudió arqueología y antropología, y trabajó 18 años cómo arqueólogo de campo, ya no resulta tan chocante.