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jueves, 6 de julio de 2017

Más "Out of África-s" y más mestizaje en las poblaciones neandertales

Aprovecho que estoy poniéndome al día con el tema de la genética neandertal, para dedicar algo de tiempo al blog y tratar de explicar el complicado pero apasionante estado de la cuestión.

Imagen: Johnny Sampson, NYT

Estamos en un bardal, pero en un bardal fascinante.

En efecto, en la última década hemos pasado de modelos filogenéticos simplistas que explicaban todo con unos pocos razonamientos evolutivos y recurriendo a expansiones globales de las especies, a una situación en la que, gracias a un gigantesco salto en la tecnología del ADN antiguo, por así decirlo nos hemos "caído del guindo". El desarrollo en las técnicas para recuperar ADN de fósiles del Pleistoceno medio, y para estudiarlo, ha empezado a dar unos frutos increíbles (esto es, increíbles hace diez años) y nos va abriendo diminutas pero fascinantes ventanas a un pasado remoto en términos de la evolución de la humanidad.

El caso denisovano, eso tipos huidizos de las montañas Altai

Esta especie o población humana del Pleistoceno medio es uno de los casos más interesantes que tenemos en la actualidad. Es algo inaudito porque es una especie de la que se conoce bastante en términos de su ADN sin apenas tener información de cómo eran físicamente. Esto se debe a que los huesos estudiados para extraer el ADN son fragmentos o huesos diminutos (como el hueso de un meñique) de individuos de los que apenas se sabe nada desde la antropología física tradicional. Sin embargo, a través del estudio de su ADN (Krause et al., 2010; Sawyer et al., 2015) se ha podido saber que estos humanos descienden en último término de la misma rama común que los neandertales de Eurasia, y están por tanto más emparentados con ellos que con los llamados humanos modernos o humanos anatómicamente modernos, que descienden de poblaciones salidas de África hace mucho menos tiempo. Es decir que provienen de una población ancestral común que empieza a separarse hace más de 700.000 años.

El conundrum de Atapuerca: los ADNs que no casaban

Otro caso interesantísimo es el de los estudios del ADN de los fósiles de la sima de los Huesos en Atapuerca, donde los estudios de dos clases de material genético de los mismos fósiles nos han ofrecido historias evolutivas distintas. Una, la del ADN nuclear, que acerca el parentesco de los Homo heidelbergensis a los neandertales "clásicos" de época posterior (Meyer et al., 2016); y otra, la del ADN mitocondrial (Meyer et al., 2014), que por el contrario los emparenta con las poblaciones denisovanas. Paralelamente a esta cuestión, también se constató que el ADN mitocondrial de los neandertales "clásicos" se agrupaba mejor con el de los humanos modernos y se separaba del grupo denisovano.
 
Todo esto, aunque parezca extraño, es perfectamente posible porque el ADN mitocondrial se transmite por vía exclusivamente materna, mientras que el nuclear se recombina en la reproducción, de forma que pueden reflejar linajes relativamente distintos en los mismos individuos.
 
Otra salida de África más (por lo menos)

Aun así, es necesario explicar esa discrepancia, y para ello se han formulado varias posibilidades e hipótesis. De ellas, la que cada vez parece más solida y aceptada es la que propone un contacto genético entre poblaciones africanas y los antepasados de los neandertales clásicos, en algun momento entre hace 500.000 y 250.000 años. La cosa no es sencilla de entender, ni de explicar, pero allá vamos: sobre un sustrato genético mitocondrial que sería muy similar al denisovano, ese contacto habría aportado a los neandertales antiguos una nueva línea, que después se convertiría en la base mitocondrial de los neandertales "clásicos". Así, cuando los especialistas miran a las secuencias mitocondriales neandertales "clásicas" y las usan como referencia, están contemplando, en parte, una herencia transmitida por intercambios genéticos con poblaciones africanas. Los heidelbergensis de Atapuerca, sin embargo, serían anteriores a ese contacto y mantienen la línea mitocondrial ancestral, de tipo denisovano. Todo esto permite explicar porqué su ADN nuclear sí se agrupa con el de los neandertales posteriores, pero el mitocondrial no lo hace.

Más madera... err.. estudios.

Fig. 1 en Posth et. al 2017

Un trabajo muy reciente (Posth et al., 2017) confirma parcialmente estas ideas, a través de modelos estadísticos y aportando una nueva secuencia mitocondrial de un neandertal cuya antiguedad se estima en unos 130.000 años. En ese estudio se propone que la introgresión de genes africanos en la línea neandertal tuvo lugar en algún momento entre, aproximadamente, 400.000 BP y 250.000 BP. Por tanto estamos hablando de otra salida de África más, que se suma a las que ya se conocían o se consideraban hipotéticamente (unas cuantas: Homo habilis, Homo ergaster/erectus, humanos anatómicamente modernos...).

También los neandertales recientes se mezclaron, una vez más, con los humanos modernos... ¡la locura!

A este panorama de mezclas, mestizajes e intercambios genéticos del Pleistoceno medio, tenemos que añadir algo que hemos empezado a saber desde hace un par de años (Fu et al. , 2015): que los primeros humanos anatómicamente modernos en llegar a Europa hace unos 40.000 años también se cruzaron con los neandertales europeos. En concreto, al menos un individuo encontrado en la cueva de Pestera cu Oase, en Rumanía, tenía ascendencia neandertal: uno de sus antepasados, de entre 4 y 8 generaciones atrás, perteneció a esa población humana.
 
En conclusión

A nivel de paradigma general, está claro que debemos abandonar aquellas ideas del siglo pasado, y comienzos de este, que afirmaban que era imposible la interfertilidad y el intercambio genético entre poblaciones de distintos humanos del pasado (neandertales, modernos, denisovanos, etc.). El mestizaje no sólo sucedió, sino que era la norma antes que la excepción. Eso si, teniendo en cuenta que eran poblaciones muy pequeñas en términos globales, que ocupaban enormes extensiones de territorio con densidades demográficas ínfimas, y que estaban relativamente aisladas, por la geografía, unas de otras.

Referencias


Meyer et al. (2014): A mitochondrial genome sequence of a hominin from Sima de los Huesos. Nature letter. Nature, 505.
 
Fu et al. (2015): An early modern human from Romania with a recent Neanderthal ancestor. Nature letter. Nature, 542.
 





sábado, 22 de noviembre de 2014

Somos un poco Neandertales... y los laboratorios te pueden decir cuánto (más o menos)

Pero empecemos por el principio. 

En los últimos días, varias conversaciones con distintas personas, tanto cara a cara como por twitter, me han hecho darme cuenta de una cosa en la que no había reparado.

Me refiero a la "distancia" que puede haber entre lo que los estudios científicos recientes han corroborado, y lo que el público en general sigue pensando. O, a veces, pueden estar leyendo en libros, artículos y páginas web que han quedado desactualizadas.

En concreto, hablo de las cosas que ahora sabemos con seguridad sobre la genética Neandertal y también la moderna. Y me refiero tanto a los llamados "humanos anatómicamente modernos" (HAM) como a las poblaciones modernas en el sentido de "contemporáneas".

Cuestiones bien establecidas

Lo que debe quedar claro, porque son hechos basales y firmemente establecidos, a día de hoy:
  • Hubo un intercambio genético de las poblaciones de HAM que salieron de África hace varias decenas de miles de años, y las poblaciones neandertales que en ese momento poblaban Eurasia (la fecha exacta aún se puede discutir, y habrá que afinarla). 
  • Ese intercambio genético ha sido detectado y probado al analizar y comparar genomas neandertales, genómas de HAM antiguos (p.e. Paleolíticos, Mesolíticos o Neolíticos), genomas de otros humanos "arcaicos" (denisovanas, H. Heidelbergensis) y también un enorme número de genomas actuales
  • Ese intercambio genético hace que todos los humanos "no africanos" tengan una tasa relativamente grande de "ancestry" o "herencia compartida" neandertal. Ese dato es una forma de medir la herencia que viene del genoma de las poblaciones neandertales del Pleistoceno eurasiático. Por el contrario los humanos africanos tienen tasas ínfimas o inexistentes de esa categoría.
Un clásico ya de las representaciones de Neandertales, el "Clooney" del Museo de Neandertal (Mettmann). Imagen: Museo de Neandertal

Se puede afirmar con seguridad que cientos, tal vez miles de científicos en todo el mundo han intentado falsar esa hipótesis del intercambio genético, desde decenas de laboratorios y unidades de investigación. Y el consenso es que, a día de hoy, la herencia neandertal es una realidad científicamente probada.

Es la mejor explicación de los datos en términos de conocimiento científico, con gran diferencia. Es decir, que en estos momentos, los grandes trabajos que hacen avanzar nuestro conocimiento sobre la paleogenética del ser humano dan por válida la existencia de un intercambio genético entre neandertales y HAM. No sólo la dan por buena, sino que se basan en ella para avanzar en sus investigaciones.

Para quien quiera más datos sobre este tema, simplemente recordaré algunos posts que he escrito en este mismo blog, como el de "Atapuerca, Denisova, Neandertales y ADN de 400.000 años... casi nada!", o las entradas III y IV de la serie "¿Qué nos hace humanos? ¿Y a los Neandertales?"

Y por supuesto toda la serie dedicada al Genoma Neandertal, cuyas cinco entradas podéis encontrar en la barra lateral de la derecha del blog, bajo "Series de Posts".

Vamos, al lío... lo de los laboratorios

Pero en efecto, el título de este post hablaba de laboratorios que pueden darnos una medición de nuestra herencia compartida neandertal, a título individual, y a través del estudio de nuestro ADN.

De esos laboratorios, los dos más conocidos y también los más citados por científicos, divulgadores y periodistas científicos son estos:

  1. 23andMe, en concreto su perfil "Ancestry": En este caso es una gran empresa dedicada a todo tipo de estudios genéticos personalizados (desde médicos a pruebas de parternidad), que podríamos llamar "low cost" o de bajo coste. Tienen ese perfil concreto que, a cambio de una cantidad asequible de dinero, te da un perfil de tu herencia genética, no sólo neandertal sino de muchos ámbitos y aspectos más. 
  2. La unidad que gestiona el proyecto de National Geographic "The Genographic Project": En este caso, es algo más caro, aunque no mucho más. Y tiene la ventaja o desventaja (según tus preferencias y convicciones) de que además de pagar un servicio, estás participando desinteresadamente en un gran proyecto de mapeado "geno-geográfico" de las poblaciones actuales y pasadas.

En todo caso, si alguien está interesado en estos servicios, que desde luego son curiosos e interesantes, recomiendo encarecidamente LEER DETALLADAMENTE TODAS LAS CONDICIONES. Al fin y al cabo no existe información "más personal" que nuestro propio genoma.  

Como -lógicamente- la mayoría estamos algo perdidos en estos temas, en la página que enlazo a continuación podéis encontrar una interesante comparativa entre distintos servicios comerciales de perfiles genéticos, incluidos los dos de arriba:

Comparativa de ISOGG de Pruebas de ADN autosómico.

Por último, comentar que hay que ser realistas con estos laboratorios: Lo que no podemos esperar es que la información vaya a estar mismo nivel de precisión, detalle y actualización que la del último estudio publicado en Nature o Science. Hay que entender que son iniciativas comerciales que siempre irán por detrás de los estudios más punteros.  

Y para acabar, un poco de bibliografía

Meyer, M. et al. (2013). A mitochondrial genome sequence of a hominin from Sima de los Huesos, Nature 505 (7483).

Green, R. E.,  et al. (2010). A Draft Sequence of the Neandertal Genome, Science 328 (5979).

Fu, Q.  et al. (2014). Genome sequence of a 45,000-year-old modern human from western Siberia, Nature 514 (7523).

lunes, 21 de julio de 2014

El complejo de superioridad del hombre moderno

ResearchBlogging.org

Introducción

No cabe duda que la visión científica sobre los Neandertales ha cambiado mucho en los últimos años, de la mano de nuevos estudios y descubrimientos, pero también gracias a la crítica y revisión de los viejos modelos basados en sus -supuestas- incapacidades.

La imagen de los Neandertales que ofrecen los estudios arqueológicos ha cambiado mucho 
(imagen: M. Cutrona. Quando Neandertal aveva le penne, National Geographic), y no parecen 
especialmente "incapaces", pero no siempre fue así. 

Cada día resulta más obvio que aquellas desventajas presentadas como "explicación auto-evidente" de la extinción neandertal, cuando se comparaba al Homo neandertalensis con los Humanos Anatómicamente Modernos (HAM), eran en realidad notorias exageraciones.     

Un buen ejemplo de esa voluntad de revisar aquellos modelos (que, sinceramente, eran cuando menos bastante simplistas)  lo tenemos en un excelente trabajo de revisión crítica de Paola Villa y Will Roebroecks, con el título:

Neandertal Demise: An Archaeological Analisys of the Modern Human Superiority Complex

Que traducido vendría a ser: Desaparición Neandertal: Un análisis arqueológico del complejo de superioridad del hombre moderno. 

Este trabajo viene a terminar de poner las cosas en su sitio, con una síntesis amplia y concienzuda.

Síntesis

El trabajo está organizado a partir de la enumeración de una serie de hipótesis que se han planteado, históricamente, para explicar la desaparición de las poblaciones neandertales. En concreto, las hipótesis que se basan en una superioridad de los HAM ("modern humans" en el artículo).

Cada hipótesis hace referencia a una supuesta ventaja manifiesta del los HAM: Lenguaje y simbolismo, métodos de caza y dieta, uso organizado del espacio, capacidad de innovación, capacidad de organización social, capacidades cognitivas reflejadas en la tecnología, etc. Los autores del trabajo revisan cada una de las hipótesis a la vista del estado actual de conocimiento sobre aquellas sociedades, con gran detalle y con importantes reflexiones que no repetiré aquí (aunque recomiendo la lectura del artículo original).

El resultado general de la revisión es este: O bien el registro arqueológico no muestra diferencias significativas entre las poblaciones neandertales y las de HAM del mismo periodo, o bien las evidencias que se han utilizado en realidad no sirven para inferir si existe o no la supuesta cualidad investigada (creatividad, capacidad cognitiva, lenguaje complejo, etc.).

Por lo referido a la desaparición de las poblaciones neandertales, los autores plantean procesos históricos, basados en diferencias entre sociedades y formas de organización, y tamaños poblacionales, y no en cualidades innatas o incapacidades cognitivas. También señalan la posibilidad de procesos de asimilación (reflejados parcialmente en la genética) de una parte de esas poblaciones, por los HAM.  

Algunos detalles significativos

Hay algunas cosas interesantes, y detalles que es interesante extraer y comentar específicamente, y que serán de interés para los lectores un poco más especializados en este tema en concreto:
  • El trabajo incluye una extensa información suplementaria de la que se pueden extraer referencias con las que estar leyendo sobre este tema las próximas dos décadas ...o comenzar una Tesis Doctoral.
  • Los autores no han incluido en su análisis las llamadas "industrias transicionales" por ser de compleja interpretación. Y porque puede ponerse en duda, en algunos casos, la población creadora de ese registro. No obstante ofrecen interesantes notas que recomiendo leer. Por ejemplo, revisan (y consideran sólida) la asociación de Chatelperroniense y Neandertales.
  • También insisten en la idea de que no hay ninguna forma de trazar una línea directa entre las evidencias de Sudáfrica de 90-70 Ka BP (Blombo's Cave, etc.) y las poblaciones HAM que saldrían (probablemente en más de una pulsación, si no en un flujo constante) de África para expandirse por Eurasia. Y esto podría asociarse a otro hecho: que el registro africano posterior carece de buena parte de los elementos aparecidos en Blombo's y otras cuevas del extremo sur de África, durante los siguientes 30 -40 mil años.
  • Otro tema interesante es que, se mire como se mire, algunas realizaciones neandertales son técnicamente muy complejas. En concreto, al revisar una hipótesis que proponía que los Neandertales solo podían realizar enmangues "simples" (porque hacerlos más elaborados requiere de "razonamiento abstracto"), muestran como precisamente gentes neandertales fabricaban brea de abedul mediante una combustión controlada y (semi)anaerobia de su corteza. Para luego usarla como pegamento en sus enmangues. ¡No está mal para no tener "razonamiento abstracto"!
  • Por último, un punto de crítica para Villa y Roebroeks, y es que creo que se equivocan en la valoración de la evidencia de Cueva Morín y el Castillo. Los autores citan estos sitios como lugares en los que hay una producción estandarizada de laminillas en contexto Musteriense, y esto no es así. Es cierto que algunas publicaciones (i. e. Maillo 2007) defienden ese hecho, pero la talla es en realidad muy limitada, poco estandarizada y con una concepción técnica muy específica. De hecho, no se parece a la típica talla de laminillas del Paleolítico superior inicial.
Balance

En conjunto, un excelente trabajo, muy completo, que no es especialmente novedoso (muchos veníamos diciendo esas cosas desde hace años) pero han tenido la virtud y el acierto de ponerlo todo junto, ordenado, bien argumentado... y en el momento adecuado.

Referencia de Research Blogging

Villa, P., & Roebroeks, W. (2014). Neandertal Demise: An Archaeological Analysis of the Modern Human Superiority Complex PLoS ONE, 9 (4) DOI: 10.1371/journal.pone.0096424

lunes, 23 de junio de 2014

La Guerre du Feu: Roudier inmerso en la última de una larga saga de adaptaciones

    
Enmanuel Roudier y la Guerre du Feu

A Enmanuel Roudier ya lo conocemos por su magnífico trabajo en el cómic Neandertal, una historia de aventuras, exploración y lucha de clanes, con reminiscencias de las tragedias de Shakespeare. Hace tiempo escribí un post en este blog, reseñando la versión en castellano del comic, publicado por la editorial Norma.  

En estos momentos, Roudier está trabajando en la adaptación al cómic de una de las grandes obras de ficción sobre la Prehistoria, la novela La Guerre du Feu, escrita por J.-H. Rosny aîné. Enmanuel ya ha publicado dos tomos de ese trabajo (Dans la Nuit des Âges y Sur les Rives du Grand Fleuve) y está ultimando la edición del tercero.



En todo caso, se trata de una excelente obra que, una vez terminada, esperemos pueda ser publicada en castellano, como lo fue Neandertal.

Aprovechando el trabajo de Roudier, me ha parecido interesante volver la vista atrás y hacer un pequeño recorrido por la obra original y las adaptaciones que la novela ha tenido a lo largo de los años.

En su contexto

La novela original fue escrita, como decía, por  J.-H. Rosny aîné, el mayor de dos hermanos escritores de cuentos, novelas y obras de divulgación científica. Lo hizo en una fecha tan temprana como 1911. Por poner un poco de contexto, recordemos que el "Viejo Neandertal" de Chapelle-aux-Saints fue descubierto en 1908; y que entre finales del S. XIX y principios del XX se ponen las bases del estudio del Paleolítico: La fecha de 1902, con E. Cartahilhac admitiendo la autenticidad de las pinturas de Altamira y por tanto del arte rupestre en su conjunto, es bastante ilustrativa del ambiente de la época.

La obra y sus adaptaciones

La Guerre du Feu es una obra novelesca, de tono épico, que al mismo tiempo trata de reflejar los conocimientos y las ideas científicas del momento, sobre la Prehistoria. La obra trata de una épica búsqueda del fuego, punteada por luchas entres grupos y clanes. El fuego se presenta como un bien indispensable que los protagonistas de la historia saben utilizar y conservar, pero no encender. Por supuesto, hoy muchas de las cosas que afirma o sugiere en sus páginas han quedado superadas por el desarrollo de las investigaciones. La falta de control del fuego en la Prehistoria (y sobre todo, el no saber cómo encenderlo) es una de ellas.

Esto es algo que también sucede en las adaptaciones: aunque intentan actualizar la visión original, no pueden sino estar limitadas por los conocimientos de su propia época, y también por su deseo de ser fieles a la obra original.

La primera adaptación es realmente temprana, una película cinematográfica de 1914 (1915 según otras fuentes) del parisino Georges Denola. Es un corto de unos 20 minutos de cine mudo en blanco y negro.

En los años cincuenta apareció la primera, y más bien discreta, adaptación en cómic de la novela. Se trató de una historieta de cómic, casi más bien una serie de tiras dispuestas en páginas completas. Fue obra del autor español (afincado en Francia y Bélgica a lo largo de parte su vida) Jose Ramón Larraz.



Finalmente, en los años 80 del siglo XX llegó la adaptación al cine que daría a conocer esta obra en todo el mundo. Me refiero por supuesto a la película de Jean-Jacques Annaud con el mismo título que la novela. En España se tradujo como En Busca del Fuego, siendo más fiel al original la traducción hispanoamericana: La Guerra del Fuego. Los anglosajones la llamaron al estilo español (o al revés): Quest for fire. 

En la película, algunos de los personajes son reminiscentes de los Neandertales europeos, o incluso de otros homínidos más antiguos, mientras que otros se basan en las ideas de ese momento sobre los Humanos Anatómicamente Modernos.



La película es un fantástico espectáculo visual, con una estructura muy sólida y en general una gran obra del séptimo arte. Ganó un Oscar al mejor maquillaje, y es un clásico del cine de la Prehistoria, por derecho propio.

No por ello debemos asumir que, pasados los años, se la pueda considerar una obra de gran realismo o precisión científica. En ese sentido, hoy en día es recomendable verla más bien como una ficción ambientada en el Paleolítico.

martes, 23 de julio de 2013

Un nuevo objeto de adorno personal en el Musteriense italiano

ResearchBlogging.org
Unas breve introducción...

La presencia de comportamiento simbólico entre los neandertales ya no es una gran novedad. Tampoco es algo que sea particularmente discutido hoy en día, excepto por los investigadores más refractarios a la evidencia.

A la ya tradicional evidencia de sepulturas y lugares de enterramiento, y de la cultura material del Chatelperroniense y el Uluzziense (Neandertales del Paleolítico superior inicial) se han ido sumando, en los últimos años, evidencias Musterienses del uso de conchas marinas, lápices de pigmentos minerales y disoluciones de los mismos, y plumas y garras de ave.

La última novedad nos llega de la cueva de Fumane, en el norte de Italia, un excepcional yacimiento de Paleolítico medio y superior, que está ofreciendo importantes descubrimientos y resultados de investigación, sobre la cultura y los modos de vida de las sociedades neandertales.

Lo que presentan los investigadores, en esta ocasión, es una concha marina de origen fósil, recogida a cierta distancia (seguramente más de 100 Km), teñida con ocre rojo, probablemente suspendida de un cordón durante bastante tiempo (y por tanto usada a modo de adorno corporal) y finalmente abandonada en la cueva, quizás cuando se rompió.

El trabajo, firmado por Marco Peresani, Marian Vanhaeren, Ermanno Quaggiotto, Alain Queffelec y Francesco d’Errico, ha sido publicado recientemente en PLOS one, y puede consultarse libremente aquí.


.... y vamos con el contenido.

Al decir que la concha marina es de origen fósil, lo que se quiere decir es que viene de un depósito geológico, y por tanto no es la concha de un molusco contemporáneo de los Neandertales, que fuera recogido en el mar. Al contrario, esta concha fue recogida en un afloramiento rocoso fosilífero, y tiene un origen muy anterior a la época del Musteriense.

Esto es interesante porque en las cercanías de Fumane no hay ningún afloramiento fosilífero de la antigüedad adecuada como para que puedan encontrarse fósiles de esa especie  (Aspa marginata). Eso implica que la concha no sólo fue aportada al yacimiento, sino que provenía de cierta distancia. Basándose en los datos geológicos y los afloramientos de fósiles conocidos en la región, los autores calculan que este ejemplar debió ser recogido al menos a unos 100 Km. de distancia.

El ejemplar de Aspa marginata fósil está fragmentado, conservándose sólo una  parte. No obstante, ese fragmento ha permitido, gracias a distintos estudios y análisis, reconstruir buena parte del recorrido de la concha como "objeto cultural" de una persona o personas.

El objeto presenta un leve lustre o pulido junto con una serie importante de estrías, paralelas entre sí, y agrupadas en zonas concretas, que se corresponden con la zona por donde un cordón de suspensión rozaría con la concha, en caso de que fuera portada como objeto de adorno personal. Además, tiene restos de pigmento rojo en la cara exterior (y sólo en la exterior) que cuando fueron analizados, resultaron ser, hematita pura, del tipo terroso que se usa como pigmento y que los arqueólogos solemos denominar "ocre". Es decir, pruebas bastante concluyentes de que se trata de un objeto de adorno relativamente elaborado. 


Algo sobre el contexto

La concha proviene de la parte central de la secuencia musteriense, de Paleolítico medio, de la cueva de Fumane. En concreto de la unidad estratigráfica A9, que tiene tanto por encima como por debajo niveles arqueológicos musterienses, junto con otras unidades estratigráficas estériles, que separan y sellan niveles. En la zona donde se encontró la concha no hay evidencias de ningún tipo de remoción, perturbación o modificación estratigráfica (crioturbación, madrigueras de animales, redeposición, etc).

La tecnología lítica asociada a la unidad A9 es lo que se conoce como un Musteriense con talla discoide, con producción de lascas espesas de perfil triangular, con o sin dorso, puntas pseudo-Levallois, y algunas otras lascas de morfología cuadrangular. El utillaje retocado no es muy abundante y si bastante típico: raederas, puntas y denticulados.

En el conjunto de los niveles musterienses, la fauna cazada por los Neandertales es bastante variada, aunque con predominio de cérvidos (Cervus sp., Megaloceros giganteus -creo que este está incorrectamente denominado en el artículo) y animales de roquedo, algo más pequeños (cabra, rebeco y corzo).

En los niveles musterienses más recientes (A6-A5) se documentan actividades relativamente poco comunes, o poco conocidas aún para los yacimientos neandertales: aprovechamiento de aves para la obtención de plumas, y carnicería de osos y zorros, quizás en relación a la obtención de sus pieles.


Hipótesis alternativas = descartadas

Al leer el texto del artículo, resulta claro que los autores son plenamente conscientes de la importancia de la evidencia que aportan, y la necesidad de hacer una (auto)crítica a su propuesta, y de construir su aportación a partir de la contrastación de hipótesis, y la consideración de hipótesis alternativas.

En lo que se refiere a la naturaleza antrópica y simbólica del objeto, creo que no hay mucho que decir (aunque los autores dedican bastante esfuerzo a valorar otras  hipótesis alternativas). Pero para mí está claro, por las evidencias y datos aportados, que se trata de un objeto decorado y simbólico; y es muy probable que se usara, precisamente, tal y como sugieren los autores.

Otra cosa pudiera parecer, en principio, la atribución del colgante a las gentes neandertales. En general, esta atribución está bastante clara, y en cualquier otro contexto no se pondría en duda.

Pero (¿por prejuicios?) en los yacimientos neandertales siempre "se le da muchas más vueltas" a estas cosas. Por tanto, se podría llegar a pensar que, de alguna forma, la concha es una "intrusión", y proviene en realidad de otro contexto o cultura. En concreto, de alguno relacionado con los primeros Humanos Anatómicamente Modernos (HAM) en llegar a Europa, o con los del Paleolítico superior inicial (PSI). 

La cronología, viéndola con "grano muy grueso" (a la escala continental, euroasiática en general, y en términos de decenas de miles de años) podría sugerir que existe alguna pequeña posibilidad de que se trate de un objeto de unos primerísimos HAM. Y, por otra parte, en la cueva de Fumane hay ocupaciones del Paleolitico superior inicial (Uluzziense y Proto-Auriñaciense), lo que podría sugerir algún tipo de percolación o transposición de materiales más modernos. Ahora bien, ninguna de estas posibilidades tiene mucho sentido para este caso.

En la cuestión de unos hipotéticos primeros HAM "seminales":
  • La unidad A9 es una unidad típicamente musteriense. La industria lítica es coherente y estructurada, sin un sólo objeto fuera de contexto, o que recuerde de alguna forma a algún hipotético conjunto material de HAM tempranos. Esa industria se relaciona, además, con las que tiene por encima y por debajo, lo que apunta a que son las mismas sociedades, y grupos, en evolución, los que las crearon. 
  • La cronología absoluta de Fumane y de toda la región del Norte de Italia, unida a la ausencia de restos humanos y los propios conjuntos arqueológicos, no sugieren una presencia HAM hasta muchos miles de años más tarde. Esto es cierto también para la mayor parte de Europa.  
  • El colgante, de hecho, es coherente con los últimos descubrimientos e investigaciones sobre la presencia de elementos de adorno personal, y otros objetos simbólicos, en las sociedades neandertales. Y en particular, entre las del final del Paleolítico medio. 
  • Y, paralelamente, salvo en un único caso de unos 20.000 años después, la concha de Aspa marginata fósil no se usa como adorno (o cualquier otro tipo de utilización) ni en el conjunto del Paleolítico superior, ni en los posibles antecedentes orientales de las primeras culturas HAM de Europa.
Y sobre la posibilidad de una percolación o trasposición de materiales del PSI:
  • La excavación fue cuidadosa y controlada, con cada metro cuadrado dividido en subsectores de 33 cm de lado, coordenando en tres dimensiones (X-Y-Z) la mayor parte de los hallazgos, y recogiendo toda la tierra para el cribado posterior, conservando lógicamente su atribución estratigráfica. 
  • Hay que valorar también el hecho de que la unidad A9 no está ni cerca de ningún nivel de Paleolítico superior. De hecho hay varios niveles musterienses, y otros estériles, entre la unidad A9 y el Paleolítico superior de Fumane. En términos de distancia en vertical, hoy en día los estratos de PSI están a entre 46 y 68 cm. de la unidad A9, en la que se halló la concha. 
  • En el Uluzziense de Fumane (cultura del PSI asociada a Neandertales, y muy relacionada con el Musteriense final de la región) no hay colgantes en conchas de moluscos. Y en el Proto-Auriñaciense los colgantes no tienen nada que ver con el encontrado en el Musteriense: son recogidos en la costa, es decir no son fósiles, y además de los 80 casos ninguno es una Aspa marginata. Si se añaden los niveles Auriñacienses posteriores, de las más de 800 conchas, ninguna es tampoco una Aspa marginata. 
  • No hay ningún otro objeto que pueda ser adscrito al PSI de Fumane, en la unidad A9. Un caso relevante son las laminitas Dufour, objetos líticos minúsculos que podrían percolarse con facilidad si se dieran procesos de turbación de la estratigrafía. Esas laminitas son enormemente numerosas en el Proto-Auriñaciense de la cueva, pero ninguna se localizó en la unidad A9.

Recapitulación, reflexiones y ¿crítica?

Recapitulación

En conclusión, este trabajo nos informa de un nuevo objeto de adorno personal en un contexto de neandertales, en el Paleolítico medio. De este modo, la evidencia se suma a las otras que se vienen acumulando de un tiempo a esta parte para las poblaciones neandertales. Tanto para las últimas, del Paleolítico superior, como para el Paleolítico medio. 

Estas evidencias prueban, dejando poco lugar a dudas, la capacidad simbólica y la complejidad de la mente neandertal. 

Reflexiones

Yendo un poco más allá del artículo en sí, podemos hacer algunas reflexiones de carácter general. Si comparamos la presencia de esos objetos del Musteriense (o del Paleolítico medio en general) con lo que sucede en el Paleolítico superior, está claro que, a pesar de que los objetos simbólicos existen en ambos ámbitos, el registro sugiere algunas diferencias

En el Paleolítico superior el conjunto de las evidencias, su estructuración, estandarización y abundancia, sugieren que los adornos personales y, en general, las expresiones materiales de simbolismo cumplían una función que:
  • O bien es diferente a la que cumplen en el Paleolítico medio.
  • O bien es similar, pero mucho más reglada e "intensificada"
Partimos de la base de que estos grupos de cazadores-recolectores, Neandertales o HAM, no se dedicaban al "arte por el arte", sino que sus expresiones simbólicas cumplieron unas determinadas funciones sociales (y por tanto con ramificaciones económicas, ideológicas, de cohesión social, etc.).

Eso supone que la organización social ha cambiado en algún aspecto sustancial. El alcance y la naturaleza de esos cambios -o novedades- queda fuera de las pretensiones de este comentario, pero quizás se puedan apuntar algunas hipótesis puramente especulativas:
  • Complejidad + desigualdades sociales, por acumulación de excedentes/prestigio. 
  • Surgimiento o cambio en la importancia de determinadas unidades sociales (¿clan? ¿tribu? ¿etnia?), que "exigen" de elementos de representación material para afianzar su nueva relevancia social.
  • Presión demográfica con competición por recursos en un ambiente de inestabilidad ambiental al largo plazo, que hace necesarios elementos materiales de auto-identificación y también de control simbólico del territorio y/o los recursos.
  • Alguna combinación de las anteriores.
También es interesante señalar que esos cambios no tienen porqué ser lineales-progresivos, señalar un "avance" o paso adelante en una historia única e irreversible de la humanidad. De hecho, es posible que esos cambios no fueran irreversibles en términos de la historia de las sociedades humanas, ya que las expresiones simbólicas materiales que conocemos del Paleolítico superior prácticamente desaparecen en muchas regiones, en el final del Pleistoceno y los inicios del Holoceno. Y, por otra parte, en tiempos mucho más recientes (hasta en el siglo pasado) se han conocido -etnográficamente- sociedades de cazadores-recolectores que prácticamente no tenían elementos materiales simbólicos. 


Y... ¿crítica?

Para terminar, y volviendo al artículo de PLOS one, me gustaría aportar algunos elementos de crítica como suelo hacer en estos casos... pero la verdad es que no encuentro nada con lo que estar en claro desacuerdo, o que me parezca manifiestamente mejorable. Me gusta prácticamente todo: la presentación del sitio, la metodología de excavación, la descripción del objeto en cuestión, las analíticas realizadas y como están explicadas, y las reflexiones y evaluación de posibles hipótesis alternativas. 

Sólo descendiendo a aspectos muy técnicos y de detalle, quizás podría señalar alguna cosa: En concreto, hubiera preferido una presentación más clara y "expresiva" de la posición de los estigmas tafonómicos y de uso presentes la concha (figuras 5 y 6). Usando quizás algunas imágenes de aumentos intermedios, añadiendo algunas posiciones menos convencionales para la Aspa marginata, y usando flechas y recuadros para situar con mayor precisión las imágenes a grandes aumentos. 


Referencia de Research Blogging

Peresani M, Vanhaeren M, Quaggiotto E, Queffelec A, & d'Errico F (2013). An ochered fossil marine shell from the mousterian of fumane cave, Italy. PloS one, 8 (7) PMID: 23874677

Referencias adicionales

Peresani M, Fiore I, Gala M, Romandini M, & Tagliacozzo A (2011). Late Neandertals and the intentional removal of feathers as evidenced from bird bone taphonomy at Fumane Cave 44 ky B.P., Italy. PNAS 108 (10).

Soressi M. & d'Errico F (2007). Pigments, gravures, parures: Les comportements symboliques controversés des Néandertaliens. En Les Néandertaliens. Biologie et cultures.

Vitagliano S, Bruno M (2012). Late and final mousterian setting in the Fossellone Cave (Latium, Italy): Patterns of settlement, micro-environmental factors and evidence of coloured material in a transitional context. Quaternary International 259 (9). 

domingo, 30 de junio de 2013

Comprendiendo el Lenguaje Neandertal

ResearchBlogging.org

Introducción al post

En esta entrada os traigo la revisión de un artículo científico en proceso de publicación, que ya ha pasado la revisión por pares -es decir, ha sido aceptado definitivamente. Se trata del estudio titulado: On the antiquity of language: the reinterpretation of Neandertal linguistic capacities and its consequences, por Dan Dediu y Stephen C. Levinson.

El paper en cuestión trata sobre el lenguaje neandertal. Y, más en general, sobre el origen y trayectoria evolutiva e histórica del lenguaje, entre los distintos seres humanos (todo el género Homo).

En mi opinión, es un trabajo con grandes aciertos, que se venía haciendo muy necesario. Un soplo de aire fresco en comparación con algún otro estudio que hemos revisado aquí. Tiene la suficiente extensión y detalle para abordar la revisión de la mayor parte de las problemáticas relacionadas con el origen del lenguaje: Lo anatómico, lo genético, lo arqueológico, etc. Y lo hace con bastante acierto.

En el conjunto del trabajo, y en sus reflexiones finales, tiendo a coincidir con lo que sus autores defienden y concluyen. Creo que, en términos globales, hacen una correcta valoración de la mayor parte de las evidencias que manejan.

Algunos aspectos, sin embargo, me resultan menos convincentes, o creo que están equivocados, en especial en la evidencia arqueológica y con los modelos que manejan para el remplazamiento poblacional de inicios del Paleolítico superior en Eurasia. Estos aspectos que, desde mi punto de vista, son algo más criticables, los desglosaré al final del post.

Ahora, sin más dilación, paso a resumir el contenido del trabajo en sus elementos esenciales.

El meollo de la cuestión

El artículo de Dan Dediu y Stephen C Levinson viene a refutar, de manera contundente, una idea: que se puede situar el origen del lenguaje humano hace entre 50.000 y 100.000 años (Chomski 2010), coincidiendo con una putativa "revolución del comportamiento moderno" (Mellars 2005), en un escenario saltacionista, motivado por una mutación genética fortuita (y revolucionaria en si misma).

Por el contrario, los autores revisan y ponen en orden las evidencias de los distintos campos (arqueología, paleoantropología física y ADN antiguo, etc.). Con ello, muestran que la hipótesis más plausible y acorde a las evidencias es un origen mucho más antiguo del lenguaje humano, tal y como lo conocemos. Ese origen del lenguaje, según los autores:
  • Es anterior a la separación genética de Neandertales y Humanos Anatómicamente Modernos (HAM). 
  • Sucedió en África. 
  • Coincidiría con el último ancestro común a la rama neandertal y los HAM.
  • Y se data hace -al menos- medio millón de años. 
En cuanto a las evidencias genéticas, el peso de los argumentos lo llevan las similitudes (tanto en términos de genes heredados, cómo de variabilidad en los mismos), entre las poblaciones humanas extintas (Neandertales y "Denisovanos") y las actuales. En particular en lo que se refiere a los genes -probablemente-  relacionados con la formación, y comprensión, del habla y del discurso. También se recogen los datos que prueban la existencia de interfertilidad entre estas poblaciones, y de una notable herencia neandertal en todos los no-africanos, y de los "Denisovanos" en Asia y Oceanía.

En cuanto a la evidencia morfológica, se hace énfasis en dos aspectos: El desarrollo ontológico (a lo largo del crecimiento y maduración de los individuos), y los órganos relacionados con la formación del habla y su recepción. 

En el primer apartado, las evidencias sirven a los autores para comprobar que, a pesar de las sutiles y quizás relevantes diferencias, los Neandertales y sus antepasados H. heidelbergensis tenían una configuración del crecimiento y maduración (desarrollo craneal, crecimiento post-fetal, erupción dental, duración de la infancia) decididamente moderna. Esa configuración es acorde con los tiempos y ritmos necesarios para el aprendizaje del lenguaje humano y la transmisión del acervo cultural.

Para las cuestiones del aparato fonador y del oído, la revisión extensiva de las evidencias también pone de relieve que tanto Neandertales como H. heildenbgensis poseían una configuración moderna, asimilable o cuando menos paralela a la de los humanos actuales, y distinta por completo a la de los homininos más arcaicos (H. habilis, australopitecinos), y también a la de los homínidos actuales (chimpancé, gorila, etc.)
  
La evidencia arqueológica: Los aciertos

En el apartado arqueológico, se agradece por una vez el esfuerzo realizado por los autores en poner toda la evidencia en una perspectiva histórica y evolutiva amplia, recogiendo los datos de forma suficiente y con espíritu crítico; y contextualizando los hallazgos en lugar de elegirlos de manera arbitraria para defender una u otra postura.

Se hace referencia, entre otros aspectos, a:
  • La complejidad en la fabricación de herramientas: que incluye desde la captación de materias primas (sílex), que a veces se hizo en verdaderas actividades mineras (si bien es cierto que a muy pequeña escala), hasta el uso de pegamentos -fabricados a su vez con tecnologías complejas.
  • Relacionado con lo anterior también, la enorme complejidad en los diferentes y sucesivos pasos de la talla lítica.
  • La evidencia de que los Neandertales enterraron de forma deliberada a sus muertos
  • La prueba de que los usaron la decoración corporal (tanto en forma de ocres como de adornos en varios materiales).

Por otra parte, dado que la desaparición de los neandertales ha sido usada como "prueba" de la ausencia del lenguaje en aquellos humanos, los autores clarifican su posición al respecto: La sustitución de las poblaciones neandertales por los HAM fue lenta y progresiva, a lo largo de miles, y quizás decenas de miles de años, implicó algún grado de entrecruzamiento, y se explica mucho mejor en términos demográficos y de diferencias tecnológicas. Y esas diferencias no son fruto de capacidades intrínsecamente distintas, sino que se deben a desarrollos histórico-demográficos diferentes, que les hace llegar a determinados momentos (por ejemplo, el Paleolítico superior Europeo) en un fuerte desequilibrio competitivo.

La evidencia arqueológica: Lo criticable

Algunos aspectos de la evidencia arqueológica, y la forma en que son presentados por los autores, "chirrian" un poco a la luz de las últimas novedades, y para los conocedores del campo de estudio. Los matices y correcciones a introducir no cambian sustancialmente la interpretación (de hecho, reforzarían las ideas básicas de los autores). Pero creo que vale la pena enumerarlos; sobre todo, porque se basan en lugares comunes que no son ciertos, pero se asumen como tales por muchos investigadores:

Los autores consideran que los HAM que llegan a comienzos del Paleolítico superior tienen una tecnología muy superior (i.e. el llamado "Modo 4" -sic- y la talla laminar) frente al mucho más "primitivo" Musteriense de las poblaciones Neandertales. Esto es, probablemente, muy poco cierto, y apenas está basado en la evidencia:
  1. Por una parte, hace décadas que está firmemente demostrado que la talla laminar estrictamente volumétrica y al modo del Paleolítico superior existe entre los Neandertales de hace entre 90.000 y 70.000 de Europa occidental (en Bélgica y el Norte de Francia, sobre todo). Es decir, decenas de miles de años antes de cualquier posible contacto con poblaciones migrantes africanas; y a decenas de miles de kilómetros de las posibles áreas de contacto entre Neandertales y HAM. 
  2. Por otra parte, determinados aspectos aducidos como únicos del Paleolítico superior o bien no lo son, o son invenciones muy posteriores. Las "no-novedades" son todas aquellas cosas que ya aparecen en el Paleolítico medio a menor escala: industria ósea, microlitismo, especialización "tipológica", puntas líticas para proyectiles. Y el resto, son las cosas que aparecen en un momento muy posterior del Paleolítico superior y no provienen de África, sino que son invenciones o re-invenciones locales (herramientas de pesca, marisqueo, etc.).
Yendo a un tema más concreto: También me parece problemático que, para el Chatelperroniense, se pongan en un nivel similar de rigor científico dos cosas que no tienen el mismo valor:

1. Las evidencias hoy por hoy muy sólidas, de la integridad del Chatelperroniense, su asociación con neandertales, y su posición cronoestratigráfica. Pruebas que están cimentadas en su amplia distribución geográfica, su presencia en diversas cuevas y yacimientos al aire libre, la coherencia en términos de bases tecnológicas (captación, fabricación y gestión del utillaje lítico) y económicas (tipo de presas y estrategias de captura, tipo de explotación del territorio y movilidad, existencia de cabañas y campamentos), etc. Y en particular, la solidez de la evidencia de la cueva de Grote-du-Renne en Arcy-sur-Cure, de la que ya hemos hablado en este blog (en varias ocasiones).

2. Y las críticas aducidas por Mellars (2010) y el equipo afín de Higham y colegas (2010), que son más ruido que hechos, artículos más "tácticos" que científicos, y tienen su razón de ser en la necesidad de aferrarse a un paradigma (la "Modern Human Revolution" y la extinción fulminante de los Neandertales por los HAM "invasores") que ya no se sostiene por ningún lado.

Y por último, otro problema viene de la falta de suficiente documentación, y quizás reflexión, a la hora de analizar la complejidad cultural de las poblaciones Neandertales. Sobre todo, se hecha en falta la referencia a su variedad y diversidad tanto geográfica como histórica. Hoy sabemos que la cultura de los Neandertales fue mucho menos estática de lo que se suponía. Que en ningún caso vivieron en un éxtasis de sus formas de vida, y sus realizaciones materiales fueron cambiando en el tiempo, y no fueron las mismas en diferentes regiones. Algunos ejemplos:
  1. En unas regiones parece que, por ejemplo, se favoreció la caza de grandes ungulados sobre cualquier otra, mientras que -de modo paralelo- en otras áreas se explotaban los pequeños animales (mamíferos, las aves, los anfibios y los peces y moluscos) de forma regular. 
  2. También, en determinadas regiones y momentos, los Neandertales usaron de forma sistemática breas vegetales (de corteza de abedul) para unir elementos compuestos de su armamento y utillaje, y como "fundas" para proteger las manos al sostener herramientas de otro modo cortantes. Y, en otras regiones, esa función la cumplen las más accesibles breas minerales (betún). 
  3. Para la cuestión de los refugios y hábitats, en ciertos momentos y lugares  parece que hay una preferencia por habitar las cuevas y abrigos rocosos, mientras que en otros se detecta la existencia de refugios al aire libre, chozas, cabañas o y/o paravientos. Como en La Folie o Molodova I.      
  4. Y un último ejemplo, entre los muchos posibles, sería el de los enterramientos. Como ya expliqué en otro post, además de ser claras y recurrentes, las tumbas de los neandertales no son ubicuas ni se distribuyen al azar. Las prácticas de enterramientos se concentran en determinadas regiones y momentos, e incluso forman auténticos lugares recurrentes, "cementerios", como en La Ferrasie (10 individuos) o en Shanidar (7 individuos).
En conclusión

Más allá de estas criticas arqueológicas, achacables a la imposibilidad de aprehender toda la evidencia y su contexto investigador, por parte de los autores, debo remarcar que el trabajo me ha parecido sólido y bien fundado. Creo que puede marcar un antes y un después en la investigación sobre el lenguaje entre las poblaciones neandertales, ya que sirve para poner en común, y en contexto, las evidencias de campos muy dispares y a menudo poco relacionados. Y propone un -relativamente- nuevo paradigma: la antigüedad del lenguaje en el genero Homo hasta, al menos, medio millón de años.

En todo caso, un artículo que hay que leer sí o sí, y que contiene, por supuesto, muchos más temas y cuestiones interesantes que las que he tratado en esta revisión.


Referencias adicionales

Caron F, d'Errico F, Del Moral P, Santos F, & Zilhão J (2011). The reality of Neandertal symbolic behavior at the Grotte du Renne, Arcy-sur-Cure, France. PloS one, 6 (6).

Chomsky N (2010). Some simple evo-devo theses: How true might they be for language? R. Larson, V. Déprez, H. Yamakido (eds) The evolution of human language.

d'Errico F, Julien M, Liolios D, Vanhaeren M, Baffier D (2003). Many awls in our argument. Bone tool manufacture and use in the Châtelperronian and Aurignacian levels of the Grotte du Renne at Arcy-sur-Cure. J. Zilhão, F. d'Errico (eds): The Chronology of the Aurignacian and of the Transitional Technocomplexes. Dating, Stratigraphies, Cultural Implications. 

Higham T, Jacobi R, Julien M, David F, Basell L, Wood R, Davies W, & Ramsey CB (2010). Chronology of the Grotte du Renne (France) and implications for the context of ornaments and human remains within the Châtelperronian. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 107 (47).

Mellars P (2005).The impossible coincidence. A single-species model for the origins of modern human behavior in Europe. Evol. Anthr. 14.

Mellars P (2010). Neanderthal symbolism and ornament manufacture: The bursting of a bubble? Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 107 (47).


Referencia de Research Blogging

Dan Dediu, & Stephen C. Levinson (2013). On the antiquity of language: the reinterpretation of Neandertal linguistic capacities and its consequences Frontiers in Psychology, 4 (397) : 10.3389/fpsyg.2013.00397

martes, 7 de mayo de 2013

¿Qué nos hace humanos? ¿Y a los Neandertales? (IX)

Y van ocho mini-ensayos...

Y seguimos con la serie dedicada a la colección de mini-ensayos What makes us human? Answers from Evolutionary Anthropology. A modo de breve recordatorio, comentar que se trata de diez artículos cortos, coordinados por J. M. Calcagno y A. Fuentes, en la que varios antropólogos y antropólogas tratan de responder a la complicada cuestión de ¿Qué nos hace humanos?

En esta entrada, vamos a revisar el octavo ensayo, firmado por Karen R. Rosenberg, y titulado "How we give birth contributes to the rich social fabric that underlies human society". O, en una traducción aproximada: "Cómo damos a luz contribuye al rico tejido que subyace a la sociedad humana". 

Lo humano no es esencial. Pero quizás si es particular.

Como otros autores de esta serie, Rosenberg comienza comentando que sería fútil buscar una esencia o unicidad de "lo humano". No obstante, como muchos otros de sus colegas, también considera que la búsqueda de semejanzas y diferencias con otros primates puede ayudar a entender aspectos importantes de lo que llama "la adaptación humana" (y yo entiendo que se refiere a nuestro camino evolutivo, y adaptativo, más específico).

La autora presenta, a modo de base sobre la que se asienta su propuesta particular, las ideas de Sarah Hrdy (y que hemos visto en el séptimo post de esta misma serie) sobre la crianza cooperativa de la descendencia en los humanos. Esa propuesta de Hrdy está basada en dos aspectos: Padres (en el sentido masculino del término) que se implican en el cuidado de la descendencia, y cuidado aloparental de la descendencia, por parte de otros miembros del grupo, no necesariamente parientes directos.

Lo propio de Rosenberg:

Aunque no lo deja del todo claro, entiendo que Rosenberg hace suyas también las consecuencias sociales que derivan de la propuesta de Hrdy. A partir de esas premisas, esta autora ofrece otros mecanismos adaptativos distintos, como centro de su propia propuesta.

En particular, la autora considera que buena parte de la tendencia innata de los seres humanos a la cooperación y al desarrollo de vínculos emocionales tiene su origen en el modo en que han evolucionado el embarazo, el parto y la lactancia.

Del parto humano, Rosenberg destaca que es particularmente complicado, y que la colaboración de  una persona que ayude al parto implica incrementos muy importantes en las posibilidades de supervivencia de la madre y el neonato.

En los términos más generales (embarazo y lactancia) la autora razona que los grupos humanos tienden (¿universalmente?) a ayudar a las mujeres embarazadas y a las que tienen hijos lactantes, proveyéndolas de alimentos, compartiendo la carga de trabajo, y proveyendo de cuidados aloparentales.

Todo esto, en términos adaptativos, implica que el camino propiamente humano pasó por la intensificación de las estrategias de cuidados de las embarazadas, parturientas y madres con neonatos y lactantes.

Esa intensificación tendría consecuencias directas en el éxito reproductivo de individuos y grupos. Y además permitiría el nacimiento de neonatos "indefensos", que siguen creciendo a tasas fetales (muy altas) tras el parto. Lo que a su vez permitiría un mayor desarrollo de la capacidad cerebral y del desarrollo cognitivo de esos neonatos.

¿Solo ellas?

Por último, cabe señalar que al final del mini-ensayo, la autora parece centrarse en el papel predominantemente femenino de esos cuidados compartidos:

"The relationships women form with one another as a result of sharing of effort create intense emotional bonds that form one underpinning of the uniquely complex extended family and non-family social networks universal to humans."

Lo cual reconozco que es intuitivo, pero no está explicado ni razonado, y me parece un salto lógico importante. No es que no crea que puede ser así, simplemente es que no aparece argumentado (al menos, en este mini-ensayo).

Valoración

En general, creo que la propuesta de la autora, Karen R. Rosenberg, es más que interesante,  porque permite relacionar algunos aspectos muy relevantes de las adaptaciones humanas (aumento de la capacidad craneal, desarrollo cognitivo, cambios en el parto, ontogenia infantil, etc).

Pero sobre todo, me parece especialmente valioso el esfuerzo para poner esos aspectos metabólicos, bio-mecánicos y adaptativos en un marco social, de relaciones, y también mental y emocional, que es igual de importante (si no más), pero a menudo es obviado o dejado de lado en este tipo de estudios (probablemente, por lo difícil que resulta, a priori, aprehender esos aspectos).

Como puntos que yo veo menos claros, me parece que Rosenberg da por válidos unos cuantos hipotéticos "universales" del comportamiento humano. Por ejemplo: que las mujeres son universalmente ayudadas por otros miembros del grupo durante tanto el embarazo, como el parto, y después durante la lactancia. O, también, la preeminencia universal de las relaciones femeninas en ese ámbito de cooperación. Una vez más, no digo que no puedan ser correctos, pero como evidencia científica, requeriría algo más que el puro pensamiento intuitivo de que "es así".

Las madres neandertales

Considerando en términos neandertales la propuesta de Rosenberg, lo primero que cabría señalar es esto: el caso de las madres de H. neanderthalensis , y de los cuidados recibidos por estas y por su descendencia,  no tendría que ser, a priori, significativamente distinto del de la humanidad moderna.

Esto se deduce de que, como en varias de las propuestas anteriores, el momento en que estos supuestos mecanismos adaptativos comenzaron tuvo que ser muy temprano (i. e. en el Plio-pleistoceno africano). Por tanto, compartiríamos con los neandertales el grueso de esas adaptaciones, tanto en lo más físico, como en los aspectos sociales y emocionales (y de parentesco).

Por otra parte, si nos preguntamos qué aproximaciones ha habido a estas cuestiones en el campo del estudio de los Neandertales, lo primero que salta a la vista es que han primado los trabajos que abordan la ontogenia y la reproducción desde un punto de vista estríctamente bio-mécánico y/o energético, sin que se haya dado importancia a todo lo que rodea a ese campo: los obvios aspectos sociales, emocionales, de parentesco, etc, que deben subyacer necesariamente a los aspectos puramente "bio-mecánico-energéticos".

El aumento cerebral en relación a la ontogenia infantil sería la consecuencia física más importante de la "gestión de la natalidad humana" propuesta por Rosenberg. Sobre ese tema del aumento de la capacidad craneal, ya hemos visto en posts anteriores, como el IV de esta serie, que:

"...Neandertales y HAM compartieron la mayor parte de los cambios que la evolución produjo en sus cerebros, y en el desarrollo ontogenético de los mismos".

Recordar simplemente que algunos autores destacan, sobre todo, los parecidos entre Neandertales y nosotros (Leigh 2012), y otros las diferencias, sutiles pero importantes, como es el caso del trabajo de Neubauer y Hublin (2012). Pero esas diferencias entre Neandertales y Humanos Anatómicamente Modernos (HAM) en el desarrollo del cerebro infantil, no afectarían de manera significativa al tamaño del cráneo al nacer. Es decir, que los Neandertales tenían, en el momento del parto, cráneos igual de grandes que los de la humanidad actual al nacer.

Parto (también) con dolor

Esto enlaza con otro trabajo de 2009, precisamente del propio J.-J. Hublin (esta vez con T. Weaver). Ese estudio trata de abordar las diferencias en el parto entre Neandertales y HAM, y sus principales conclusiones son dos: La primera, que el parto de las madres Neandertales debía ser igualmente complicado y difícil, con riesgos similares al parto "moderno". Y la segunda, que el mecanismo de parto no era exactamente el moderno, sino una versión más similar a la primitiva. Es decir, que el parto neandertal era del tipo común a los otros Homo del Plio-Pleistoceno. Y es diferente (según Weaver y Hublin) sólo el parto en los HAM. Su conclusión es, por tanto, que el parto "moderno" es una característica derivada muy reciente, en términos evolutivos. Esto estaría en línea con sus ideas generales de que la especiación de los HAM es un fenómeno reciente y discreto.

Reconstrucción virtual de un parto Neandertal con los fósiles de Tabún 1 (madre) y Mezmaiskaya (neonato). Figura 3 en Ponce de León et al. (2008). 

En todo caso, recogiendo las propuestas de Rosenberg en términos de cooperación necesaria y sociabilidad derivada, los modelos como el de Weaver y Hublin implican que, lo que sucede para las madres HAM, debía suceder para las Neandertales, ya que el parto era igual de difícil. Y, además, el desarrollo de la cooperación y otros factores evolutivos serían anteriores a la especiación neandertal y la propia salida de África del género Homo.

Pero en este campo, con todo lo estimulantes que resultan las propuestas de Hublin y Weaver (2009) creo que hay que tener mucha prudencia. El principal problema es que la base sobre la que se asientan todas las propuestas es una colección misérrima de fósiles, casi todos fragmentarios y deformados al menos parcialmente. Y además son.. pues eso, fósiles (de huesos). 

Estamos hablando de quizás media docena de pelvis y canales de parto de individuos probablemente femeninos, que resultan más o menos utilizables para este tipo de estudios, y eso es todo. De hecho, una revisión de los estudios sobre este tema, como es el excelente trabajo de  P. O'Neal (1995) puso de manifiesto que, con unos pocos restos, se han hecho todo tipo de interpretaciones, y se han propuesto decenas de hipótesis. Curiosamente, algunas de estas propuestas han venido de la propia Karen R. Rosenberg (1986), quien en su momento hizo hincapié en un posible dimorfismo sexual entre varones y mujeres en los Neandertales, con especial atención a la pelvis.

Otras evidencias complementarias

Como hemos visto, a los estudios sobre los aspectos osteológicos, bio-mecánicos, energéticos, etc., no les ha acompañado un desarrollo similar de las hipótesis más relacionadas con las relaciones sociales, la cooperación entre los individuos, el desarrollo de la familia y el parentesco, y temas similares.

Hay, no obstante, algunos trabajos que han aportado tanto datos como hipótesis interesantes, y que podrían -de cara al futuro- ser una buena base sobre la que cimentar nuevos modelos sobre la maternidad, las relaciones familiares y el cuidado de la descendencia entre los Neandertales.

Como dos buenos ejemplos, tenemos trabajos que vienen -una vez más- desde el estudio del crecimiento y la ontogenia, como el de Martín-González et al. (2012), que estudia las posibles diferencias en los ritmos y tasas de crecimiento de los niños y niñas neandertales, con respecto a los HAM. O, también, otros trabajos que aportan datos desde la genética, abriéndonos un abanico de posibilidades  hasta hace poco inimaginables. Este es el caso del estudio de los Neandertales de El Sidrón (Lalueza-Fox, Rosas y de la Rasilla 2012) que ha permitido descubrir detalles fascinantes sobre la organización familiar (con patrilocalidad) de, al menos, esa población.

Sigue leyendo esta serie de posts.


Referencias bibliográficas

Calcagno, J. M., y Fuentes, A. (2012): "What makes us human? Answers from evolutionary anthropology". Evolutionary anthropology, 21, 5, 182-94

Gunz, P., Neubauer, S., Maureille, B., Hublin, J.-J.(2010): "Brain development after birth differs between Neanderthals and modern humans". Current Biology, 20, 21, 921-922.

Lalueza-Fox, C., Rosas, A., de la Rasilla, M. (2012): "Palaeogenetic research at the El Sidrón Neanderthal site". Annals of Anatomy - Anatomischer Anzeiger, 194, 1, 133-137.

Leigh, S. R. (2012): "Brain Size Growth and Life History in Human Evolution". Evolutionary Biology, 39, 4, 587-599.

Martín-González, J. A., Mateos, A., Goikoetxea, I., Leonard. W. R., Rodríguez, J. (2012): "Differences between Neandertal and modern human infant and child growth models." J. Hum Evol., 63, 1, 140-149.

Neubauer, S., Hublin, J.-J. (2012): "The Evolution of Human Brain Development", Evolutionary Biology, 39, 4, 568-586.

O'Neal, P. (1995): "The Neandertal Pelvis with Attention to It's Obstetrical Significance". Totem: The University of Western Ontario Journal of Anthropology, 2, 1, 47-43.

Ponce de León, M., Golovanova, L., Doronichev, V., Romanova, G., Akazawa, T., Kondo, O., Ishida , H., Zollikofer, C. (2008): "Neanderthal brain size at birth provides insights into the evolution of human life history". PNAS, 105, 37, 13764-13768.  

Weaver, T. D., Hublin, J.-J. (2009): "Neandertal birth canal shape and the evolution of human childbirth". PNAS, 106, 20, 8151-8156.

martes, 22 de enero de 2013

¿Qué nos hace humanos? ¿Y a los Neandertales? (VI)

   
Retomo la serie de posts sobre la colección de mini-ensayos publicada en Evolutionary Anthropology, y coordinada por J. M. Calcagno y A. Fuentes. Como los lectores asiduos del blog recordarán, se trata de diez textos científicos breves, en los que varios investigadores abordan la cuestión planteada por los coordinadores de la iniciativa: ¿Qué nos hace humanos?

El punto de vista del neuroantropólogo

El quinto de los mini-ensayos es obra del antropólogo Benjamin Campbell y se titula "Una perspectiva neuroantropológica". Este encabezamiento no induce a error, ya que en el primer párrafo Campbell nos plantea que, desde su punto de vista, lo que nos hace humanos es nuestro cerebro. 

"What makes us human? I argue it is a brain that has evolved under social pressure to make us self-aware individuals, who define ourselves by what we share with a group of familiar others."


"Auto-consciencia", explicada por Mimi & Eunice.

A esta idea básica, de un cerebro que nos hace auto-conscientes y nos permite definirnos en relación a "otros familiares" con los que socializamos, el autor añade una perspectiva histórica y, entiendo que también cultural: explica que esos "otros familiares-sociales" han pasado progresivamente de ser nuestra banda o tribu, a incluir a toda la especie humana.

Para Campbell, nuestro cerebro es más o menos único, y está en el centro de lo que nos hace humanos. Es un órgano grande, varias veces mayor que lo esperable para un mamífero de nuestro tamaño, y el triple de grande que el cerebro de los chimpancés; y es especialmente complejo. Todo eso supone tanto necesidades (tiempo para crecer, sistemas de maduración adecuados, y aportes metabólicos suficientes para que funcione) como ventajas adaptativas.

Virtudes de un cerebro grande

Para Campbell, las principales ventajas que aporta nuestro cerebro serían de tipo social-cognitivo: nos permite planear y ejecutar estrategias grupales muy complejas, y está en relación con la supervivencia de los individuos y la reproducción de los grupos. En especial, con la viabilidad y número de nuestros descendientes. Según el autor, nuestras capacidades cognitivas y sociales nos permiten criar con éxito a mayor número de descendientes que cualquier especie hominoidea (chimpancés, bonobos, gorilas u orangutanes) gracias a nuestra capacidad para distribuir el "coste metabólico" de la crianza entre el grupo social.

Otro aspecto que nos distinguiría de los demás hominoideos sería nuestra mayor capacidad para lo que llama la "emoción social", que estaría muy relacionada con el concepto del "yo sensitivo" (en. "sentient self") de Craig (2010). La especie humana es muy sensible y receptiva, en términos emocionales, a su entorno social. Esto, según Campbell, puede deberse a que dos partes del cerebro, el cuerpo amigdalino y la ínsula, integran las señales físicas y sociales con los impulsos emocionales, para proporcionarnos sensaciones generales de  "sentirnos bien o mal".

En resumen podría decirse que, para este autor, lo que nos hace humanos es nuestro cerebro social.

¿Y el cerebro neandertal? 

Si lo que nos hace humanos es nuestro cerebro ¿qué pasa entonces con los neandertales?

Precisamente esta cuestión ha sido abordada por varios estudios recientes sobre la evolución del cerebro entre los miembros del género Homo (como H. sapiens, H. ergaster/erectus, H. neanderthalensis, etc.). Todos estos trabajos se han centrado en los cambios y diferencias en la masa total del cerebro, pero también en los ritmos y tiempos de crecimiento y maduración del mismo, ya que esto es tan importante para el desarrollo cognitivo como el tamaño final alcanzado. Entre estos estudios destacan uno más breve y centrado en los neandertales (Gunz et al. 2010), y otros dos más generales y de síntesis (Neubauer y Hublin 2012, Leigh 2012).

Créditos de la imagen - Cráneos infantiles: P. Gunz et al. (2010); Cerebros adultos: Philipp Gunz/MPI EVA Leipzig.

Los trabajos de Gunz (2010) y de Neubauer y Hublin (2012) se centran más en las diferencias entre neandertales y Humanos Anatómicamente Modernos (HAM, nuestros antepasados más directos), y el de Leigh (2012) hace más hincapié en las similitudes y paralelos.

Parecidos...

No obstante, en todos los estudios queda claro que Neandertales y HAM compartieron la gran mayoría de los cambios que la evolución produjo en sus cerebros, y en el desarrollo ontogenético de los mismos (a lo largo de la vida del organismo). Esos cambios nos proveyeron de un cerebro grande, que crece bastante durante la gestación, pero sobre todo sigue madurando a ritmos fetales después del parto, durante al menos un año. Y sigue creciendo, aunque de manera más limitada, hasta la adolescencia. Esos rasgos los compartimos con las poblaciones neandertales, y son los que nos distinguen radicalmente de los chimpancés y de otros hominoideos, y también de antepasados extintos como el H. habilis y el H. ergaster/erectus.

Por todo ello, es razonable deducir que, si lo que nos hace humanos es nuestro cerebro, el de los neandertales también les hacía humanos a ellos.

... y algunas diferencias. 

En cuanto a las diferencias que existieron entre nuestros antepasados HAM y los neandertales, se han podido determinar variaciones morfológicas de detalle, y algunas posibles diferencias genéticas.

Las principales diferencias morfológicas son dos: el cerebro del H. neanderthalensis era algo mayor, en términos absolutos, mientra que el cerebro de los HAM presenta una forma más globular, con expansión de las zonas altas y externas del cerebro.

Por otro lado, desde el punto de vista genético, Green et al. (2010) han detectado algunas mutaciones que serían derivadas en nuestras poblaciones respecto a la linea ancestral y a los neandertales. Unos pocos de esos genes pueden tener relación con el cerebro, y podrían suponer, hipotéticamente, algún tipo de ventaja, en términos adaptativos, de tipo cognitivo y/o metabólico. 

Eso, sin embargo, no implica que los neandertales fueran presa de incapacidades cognitivas importantes, ni que su inteligencia potencial fuera sensiblemente inferior a la moderna.

Nuestra evolución cerebral en común durante varios millones de años, el tamaño y características de sus cerebros, y sus realizaciones simbólicas y culturales, no indican una inferioridad manifiesta. No obstante, es posible que se dieran diferencias sutiles en los procesos cognitivos o en la eficiencia metabólica de sus cerebros. Y no se puede descartar por completo que esas diferencias pudieran llegar a ser relevantes, en la escala más general de las poblaciones, y desde una perspectiva bioevolutiva.

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Bibliografía

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Green, R. E., Krause, J.,  Briggs, A. W.,  Maricic, T., Stenzel, U., Kircher, M., Patterson, N. Li, H., Zhai, W., Hsi-Yang Fritz, M., F. Hansen, N., Y. Durand, E., Malaspinas, A-S., Jensen, J. D., Marques-Bonet, T., Alkan, C., Prüfer, K., Meyer, M., A. Burbano, H., M. Good, J., Schultz, R., Aximu-Petri, A., Butthof, A., Höber, B., Höffner, B., Siegemund, M., Weihmann, A., Nusbaum, C., Lander, E. S., Russ, C., Novod, N., Affourtit, J., Egholm, M., Verna, C., Rudan, P., Brajkovic, D., Kucan, Z., Gusic, I., Doronichev, V. B., Golovanova, L. V., Lalueza-Fox, C., de la Rasilla, M., Fortea, J., Rosas, A., Schmitz, R. W., Johnson, P. L. F., Eichler, E. E., Falush, D. Birney, E., Mullikin, J. C., Slatkin, M., Nielsen, R. Kelso, J., Lachmann, M., Reich, D., Pääbo, S. (2010): "A Draft Sequence of the Neandertal Genome". Science 328 (5979), 710-722.

Gunz, P., Neubauer, S., Maureille, B., Hublin, J.-J.(2010): "Brain development after birth differs between Neanderthals and modern humans". Current Biology, 20, 21, 921-922.

Leigh, S. R. (2012): "Brain Size Growth and Life History in Human Evolution". Evolutionary Biology, 39, 4, 587-599.

Neubauer, S., Hublin, J.-J. (2012): "The Evolution of Human Brain Development",  Evolutionary Biology, 39, 4, 568-586.