viernes, 22 de febrero de 2013

¿Qué nos hace humanos? ¿Y a los Neandertales? (VII)

                 
Volvemos, una vez más, con una nueva entrega  de la serie de posts en la que voy  revisando una interesante colección de textos breves sobre ¿Qué nos hace humanos? 

La colección de mini-ensayos original fue publicada en Evolutionary Anthropology, y coordinada por J. M. Calcagno y A. Fuentes. Aquí hemos ido repasándolos, siempre con una reflexión final sobre la posible aplicación de lo que dice cada autor a las poblaciones neandertales.

El papel adaptativo de la crianza

En este caso se trata de un texto de Sarah Hrdy, que la autora titula "Comes the Child before Man: Developmet's Role in Producing Selectable Variation". Es decir, "El niño es antes que el hombre: Papel del desarrollo en la producción de variación seleccionable" -en una traducción aproximada.

Lo primero que hay que señalar es que (a pesar del título) Hrdy a no se centra tanto en "el niño" (o la infancia en sí) como en todo lo que rodea al mismo en términos sociales y evolutivos. Por ello, el concepto que termina por destacar es el de "crianza" ("breeding"). Con ese término se refiere, a grandes rasgos, al cuidado de la descendencia para la perpetuación de los grupos. la autora se preocupa, sobre todo, de analizar cómo ese ámbito está sujeto a las presiones de la selección natural. 

El proceso evolutivo humano en sus rasgos más generales

El proceso daría comienzo en unas poblaciones de primates bípedos Plio-pleistocenos, en los que se producirán una serie de adaptaciones. Esos procesos adaptativos darán origen a una linea de primates también bípedos, bastante listos, y fabricantes de herramientas: Los primeros representantes del género Homo. Después, se dio una evolución hacia cerebros más grandes y mayores capacidades cognitivas, que resultaron finalmente en el desarrollo del lenguaje, y de la transmisión cultural de información compleja, incluyendo modelos de comportamiento socialmente aprobado ("moral").

Distinciones con otros primates

En este punto, como en el caso de otros autores de la colección de mini-ensayos (por ejemplo R. M. Seyfarth y D. L. Cheney), Hrdy se pregunta por las diferencias más elementales o basales entre la especie humana y otros primates más o menos cercanos a nosotros (monos, simios...).

Comparándolos con los humanos, otros primates tienen una escasa capacidad de atribuir estados mentales a otros individuos, una capacidad igualmente limitada de imitación gestual por parte de sus crías. Por otro lado, no suelen compartir los alimentos, usan muy pocas estrategias cooperativas, y tienen sistemas de crianza muy centrados en el binomio madre-progenie, con escaso componente aloparental. Este término, aloparental, suele usarse como un adjetivo que denota "asistencia por parte de individuos distintos de los progenitores, en el cuidado de la prole."

Ciri y Geralt se convierten en los protagonistas de una obligada referencia geek (algo que se ha vuelto tradición en esta serie de posts). En este caso, como ejemplo de crianza aloparental. Imagen: ©2012-2013 Ansent.

Los seres humanos, por el contrario, tienen la capacidad de atribuir estados mentales muy desarrollada, incluso entre niños muy pequeños. Esos niños también muestran una enorme capacidad de imitación y aprendizaje. En cuanto a los otros aspectos, hay una tendencia innata a compartir los alimentos y otros bienes, y a la cooperación compleja, que se materializa de forma rutinaria. Y además, los seres humanos tienen sistemas de crianza con un gran componente aloparental. 

Homínidos del Plio-Pleistoceno

La propuesta de Hrdy es que entre aquellos primates bípedos (i. e. homínidos) del Plio-Pleistoceno africano, resultó potenciado, en primer lugar, el cuidado aloparental de la progenie, junto con una mayor participación de los padres. Esto tuvo lugar como adaptación a un entorno poco predecible, y al alto coste de la crianza maternal de una cría.

Según la autora, la crianza aloparental se considera, en otros animales, precursora y potenciadora de formas más complejas de cooperación. No es por tanto algo único de la linea evolutiva humana. En el ámbito de los primates, sus "raíces" (capacidad de imitación de las crías, capacidad limitada para ponerse en el lugar del otro) están presentes en muchas otras especies del orden. Por tanto, el cuidado aloparental no surgió de la nada, sino que fue una adaptación específica de ciertos homínidos bípedos, en un contexto evolutivo dado.

Esa es, a grandes rasgos, la "Cooperative Breeding Hypothesis" o "Hipótesis de la crianza cooperativa" de la autora, Sarah Hrdy.

La autora entiende la tendencia a la crianza aloparental como un proceso evolutivo. Y como en cualquier otro proceso de ese tipo, deben señalarse unos rasgos sujetos a selección natural. En este caso propone los siguientes:
  • Los rasgos que hacen de los individuos infantiles más capaces de aprender las formas de recabar afecto y cuidado aloparental, incluidos alimentos.
  • Los rasgos que hacen a los individuos adultos más dispuestos a participar en esos cuidados aloparentales para con la descendencia.  
Esa selección de rasgos que potencian la disposición a dar y recibir cuidados y alimentos sería la base  evolutiva sobre la que se cimenta la predisposición humana para la colaboración, que después se desarrollará a mucho mayor escala, y en términos mucho más complejos.

El género Homo

A partir de hace 1,8 m.a., con el desarrollo del género Homo, ese proceso evolutivo de "crianza cooperativa" pasaría, según la autora, a co-evolucionar con otros procesos, que suponen una maduración más lenta de los individuos y el desarrollo de un cerebro más grande y complejo.

Sobre esta etapa, hay que decir que Hrdy no da muchos detalles, y no queda muy claro como entiende esa parte de nuestro pasado evolutivo. No obstante, puede deducirse de su argumentación que considera el desarrollo cognitivo del género Homo un producto de esas capacidades desarrolladas con la crianza aloparental: la cooperación y la "proto-empatía" (atribuir estados mentales a otros individuos).

¿Y los Neandertales?

Ya  hemos visto que, en este caso, Hrdy se retrotrae a etapas muy lejanas de nuestro pasado evolutivo. En esos momentos es cuando, para ella, se gesta lo que nos ha hecho humanos. Dado lo remoto de las poblaciones que utiliza en su argumentación, no hay mucho que comentar con respecto a nuestros parientes (mucho más cercanos), los Neandertales. 

Como explicamos en el anterior post de esta serie, empezamos a separarnos de las poblaciones neandertales en un momento mucho más próximo en el tiempo. Y nuestros antepasados más directos seguían siendo interfértiles con esa otra humanidad hace unas pocas decenas de miles de años. En todo caso, parece claro que los rasgos que señala Hrdy son ancestrales, heredados y compartidos por todas las lineas evolutivas dentro del género Homo, sean consideradas poblaciones o especies. Y por lo tanto serían, a priori, también rasgos característicos de los Neandertales.

Referencias

Calcagno, J. M., y Fuentes, A. (2012): "What makes us human? Answers from evolutionary anthropology". Evolutionary anthropology, 21, 5, 182-94

Hrdy, S. B. (2009): Mothers and others: The evolutionary origins of mutual understanding. Belknap Press.