Introducción
Hace más de un año comencé con una
serie de posts que hoy terminaré con la presente nota.
Se trata de la serie dedicada a la colección de mini-ensayos "
What makes us human? Answers from evolutionary anthropology". Con esas notas
he querido llevar la pregunta de los autores
¿Qué nos hace humanos? un poco más allá, y responder también a lo siguiente:
¿Y a los Neandertales?
De ese modo, a través de las entradas, hemos analizado y reflexionado sobre las cuestiones que, según los investigadores, nos hacen humanos. Y hemos visto cuáles son de aplicación a las gentes neandertales, y de qué manera.
A lo largo de once notas, hemos recorrido
la presentación que hacen los coordinadores de la iniciativa (
J. M. Calcagno y
A. Fuentes), seguida de una decena de artículos breves, de los investigadores que participaron en la iniciativa.
El
último mini-ensayo, escrito por los propios M. Calcagno y A. Fuentes, es en realidad un resumen o recapitulación de las respuestas del resto de investigadores.
Dado que no parece necesario repetir lo que ya es un excelente resumen -cuya lectura recomiendo-, lo que haré será un pequeño balance
de la parte más neandertal de la cuestión. Es decir, trataré de resumir de qué forma
"lo que nos hace humanos" es de aplicación a las
poblaciones neandertales.
Entonces... ¿Qué nos hace humanos? ¿Y a los neandertales?
La
respuesta de M. Cartmill y K. Brown se centra en dos aspectos que son propios de la humanidad y que nos diferencian de otros primates, por estar muy desarrollados: La
imitación pre-verbal y la capacidad para
ver las cosas desde la perspectiva de otros.
Roy lo sabía: Ponerse en el lugar del otro nos hace humanos.
Estos rasgos se exacerbaron, en nuestros antepasados, en un momento temprano de su historia evolutiva: debían de estar presentes en los poblaciones arcaicas de los
Homo africanos,
hace más de 1 millón de años. Por ello, se deben considerar rasgos comunes a
Homo sapiens,
Homo (sapiens) neanderthalensis, y cualquier otra especie
humana que haya vivido en el planeta.
Katherine S. Pollard aborda la cuestión genética, y en primer lugar destaca la similitud de las secuencias del chimpacé y el ser humano, afirmando que
desde el ADN, no hay "demasiado" que nos haga especiales a los humanos. Ahora bien, luego explica que ha habido unos pocos
cambios clave, con efectos importantes sobre lo que hace ese genoma: determinar nuestra morfología, nuestro repertorio de dieta, nuestro metabolismo, etc.
Parecidos y diferencias (la humana es Jane Goodall).
De su explicación, llevada a los Neandertales, deducimos lo siguiente:
Si "lo que nos hace humanos" está en los
cambios genéticos respecto a otros primates -como el chimpancé- entonces la mayor parte (o la inmensa mayoría) de los
cambios que nos hacen humanos son
compartidos con los Neandertales. Eso lo sabemos gracias a los estudios sobre el ADN neandertal y en especial el borrador del genoma publicado por
Green et al.
Por supuesto, en las escasas, pero significativas diferencias que ese genoma neandertal tiene con el ADN moderno, también podremos, en el futuro, encontrar algunas de las claves que
diferencian a las poblaciones actuales de la desaparecida humanidad neandertal.
De manera inicialmente similar,
Robert Sussman nos pregunta
en su mini-ensayo lo siguiente: ¿Por qué no somos chimpancés? Este autor propone que lo que nos diferencia de esos primates son tres rasgos:
el comportamiento simbólico, el lenguaje y la cultura (en su dimensión social y compartida).
Para nuestros propósitos cabe añadir
¿Por qué los Neandertales no son chimpancés? Además de las evidencias de lenguaje, simbolismo y cultura de las poblaciones Neandertales, que hemos tratado extensamente en este blog, se puede contestar poniendo en perspectiva la
distancia genética entre nuestros
parientes chimpancés y las poblaciones
neandertales.
Dr. Cornelius: Chimpancé, Historiador, Arqueólogo.
Los Neandertales no son chimpancés, porque sus antepasados ancestrales (los mismos que los nuestros) se separaron de los antepasados chimpancés hace muchos
millones de años. Según los últimos estudios paleogenéticos,
como mínimo 7 millones de años, pero
probablemente fueron más de 10 (
Langergraber et al. 2012).
Como contraste, está razonablemente probado que las poblaciones neandertales y los"humanos anatómicamente modernos"
intercambiaron genes hace menos de 100.000 años, y probablemente más tarde, hace 70 u 80 mil años.
Para
R. M. Seyfarth y D. L. Cheney "lo que nos hace humanos" también se debe buscar en la comparación con otros primates, y así lo explican
en su aportación. En su caso, destacan dos elementos concretos muy ligados al lenguaje y las capacidades cognitivas: Una “
teoría de la mente” plenamente desarrollada, y una
flexibilidad acústica (aprendida, y altamente modificable) de nuestra capacidad de emisión de mensajes.
Una "Teoría de la Mente" implica capacidad para proyectar y reflexionar sobre lo que otros piensan.
Seyfarth y Cheney defienden que se trata de
dos enormes pasos previos a nuestro lenguaje, y están en la base de nuestra gran capacidad de gestionar y comunicar información.
Llevado a las
poblaciones neandertales, hay varias líneas de evidencia que señalan que aquella humanidad disponía de ambos rasgos plenamente desarrollados: Lo sabemos por los elementos, como los
enterramientos o los
adornos corporales, que denotan conductas claramente
simbólicas o representativas de
conceptos abstractos. Y también por el
registro arqueológico de formas de conducta complejas, elaboradas, con planificación al largo plazo, ramificada, o de gran variabilidad (como por ejemplo, la captación y gestión de los
recursos líticos).
Benjamin Campbell en
su mini-ensayo plantea que "lo que nos hace humanos" es
nuestro cerebro. El autor propone que nuestro cerebro es único, y se encuentra en el centro lo humano. Es un órgano varias veces mayor que lo esperable para un mamífero de nuestro tamaño, y es el triple del cerebro de un chimpancé. Y es muy complejo. Todo eso implica
necesidades (tiempo para crecer, sistemas de maduración adecuados, y aportes metabólicos suficientes) y proporciona
ventajas adaptativas. Y en especial, nuestro cerebro nos hace
especialmente sociales, tanto desde la perspectiva
pragmática, como desde la
emocional.
El cerebro nos hace humanos, incluyendo a los cyborgs ¡No discriminéis!
En cuanto a los
Neandertales, su evolución cerebral fue la misma que la nuestra durante varios millones de años. Eso, sumado a que el tamaño de sus cerebros es similar al nuestro, y sus realizaciones simbólicas no indican una inferioridad manifiesta, permite deducir que
no tenían grandes diferencias cerebrales con los humanos modernos. Dicho de otra forma, es razonable plantear que eran plenamente humanos desde el punto de vista del
cerebro.
No obstante, es posible que se dieran diferencias sutiles en algunos procesos cognitivos o en la eficiencia metabólica de sus cerebros, ya que algunos estudios apuntan a que no son exactamente iguales.
El trabajo de Sarah Hrdy se centra en el papel de
la crianza en la evolución humana, y propone que "lo que nos hace humanos" sería la
crianza aloparental de la descendencia (por otros individuos, distintos de los progenitores biológicos), así como una
mayor participación de los padres (
masculinos aquí).
Ciri y Geralt como ejemplo de crianza aloparental. Imagen: Alenaswan
Todo ello debió suceder como
adaptación a un entorno poco predecible y al alto coste de la crianza exclusivamente maternal. Esa cooperación en el cuidado de la descendencia tiene resultados en si misma:
mayor capacidad reproductiva. Y supone la selección de determinados rasgos en crías y progenitores, como la sociabilidad y la habilidad para solicitar/proporcionar cuidados y alimentos.
Todo ello sería la base evolutiva de la
predisposición humana para la colaboración, que después se desarrollará en
dimensiones sociales mucho más
complejas.
Y como vimos en su momento, los rasgos que señala Hrdy son ancestrales. Fueron heredados y compartidos por todas las lineas evolutivas dentro del género
Homo. Y por lo tanto
fueron también rasgos característicos de los Neandertales.
Una versión algo diferente de la propuesta de Hrdy la encontramos en
el mini-ensayo de
Kristen Hawkes. Esta autora señala que la existencia de
abuelas es algo clave para entender lo que nos hace humanos, y señala dos circunstancias necesarias para que existan dichas abuelas: La
longevidad de las hembras más allá de la edad reproductora, y la
sociabilidad de los niños para obtener el cuidado de los parientes, y sobre todo, de susodichas abuelas.
Nanny Ogg sabe más por abuela que por bruja.
Esas tendencias se formarían y reforzarían por
selección natural, y repercutirían en la
mejora de las capacidades de
supervivencia y de
reproducción de los individuos y los grupos.
Hawkes se retrotrae, una vez, más hasta el
Plio-Pleistoceno africano para situar el inicio de la aparición de las
abuelas. En ese sentido, una vez más comprobamos que
la humanidad neandertal está mucho más cerca de nosotros, los humanos actuales, que de esos cambios más antiguos.
Por lo tanto, cabe decir, sin temor a equivocarse demasiado, que los
Neandertales también tuvieron sus
abuelas y compartieron esos rasgos adaptativos de
sociabilidad y longevidad.
El
estudio aportado por
Karen R. Rosenberg sobre "lo que nos hace humanos" también se basa en las propuestas de Hrdy, pero se centra en cómo han evolucionado
el embarazo, el parto y la lactancia.
En términos adaptativos, la autora propone que se dio una intensificación de los
cuidados de las embarazadas, parturientas y madres con neonatos y lactantes. Y esa intensificación tendría consecuencias directas en el
éxito reproductivo de individuos y grupos. E, indirectamente, abriría las puertas a que pudieran
nacer y sobrevivir neonatos "indefensos", que siguen
creciendo a tasas fetales (muy altas) tras el parto. Y eso, a su vez, permitiría un mayor desarrollo de la
capacidad cerebral de dichos neonatos.
Como en varias de las propuestas anteriores, el momento en que estos mecanismos adaptativos comenzaron tuvo que ser
muy temprano: el Plio-Pleistoceno africano. Por ello, desde la perspectiva de los Neandertales, la propuesta de Rosenberg sería también de aplicación. En el caso de las
madres neandertales, los cuidados recibidos por ellas y por su descendencia no tendrían que ser,
a priori, significativamente distintos de los de la humanidad más moderna.
Además, la evidencia disponible apunta a que el parto entre los Neandertales era igualmente complicado, y que los
niños neandertales nacían con
cerebros muy grandes, como los nuestros (aunque quizás sutilmente diferentes en la forma).
Los dos últimos mini-ensayos (
Mary C. Stiner y Steven L. Kuhn por un lado, y
Ken Weiss por otro), no responden realmente a la pregunta planteada, sino que simplemente
reflexionan sobre su validez desde diferentes perspectivas (la primera más pragmática, y la segunda más ontológica). Aunque sus reflexiones son desde luego interesantes,
no nos sirven de mucho para extender la cuestión de "lo humano" a los Neandertales. Por ello que debemos conformarnos -pero no es poco- con lo que hemos podido tomar de los anteriores contribuyentes a la colección.
Conclusiones
Como yo lo veo, la conclusión final que se puede extraer de la colección original, y de las reflexiones aportadas en estas notas, es bastante obvia: A pesar de las diferencias, la
proximidad genética, cultural, anatómica, ontogénica y metabólica de las poblaciones neandertales y los humanos modernos, hacen que todos los criterios que se proponen para tratar de aprehender "
lo que nos hace humanos" sean
de aplicación a aquella otra humanidad.