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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Indicios y evidencias de complejidad neandertal en Abri du Maras (OIS 4)

ResearchBlogging.org
Introducción

En esta ocasión voy a revisar un reciente artículo (2013) de Bruce L. Hardy y colegas, cuya traducción aproximada sería "¿Neandertales imposibles? Haciendo cordeles, arrojando proyectiles y capturando caza menor durante el OIS 4 (Abri du Maras, Francia). En líneas generales se trata de un trabajo muy interesante y válido, con varios puntos fuertes y algunos problemas que también comentaré, al final de la revisión.

El sitio: Abri du Maras

El Abri du Maras es un yacimiento con una importante secuencia de Paleolítico medio, junto al río Ardeche (afluente del Ródano), en las estribaciones meridionales del Macizo Central (Massif Central) de Francia. Fue excavado en los años 50 y 60 del S. XX (Combier 1967), y de nuevo desde 2006 (por los autores de este artículo).

Localización del Abri du Maras. Figura 1 en Hardy et al. 2013

El estudio se centra en el nivel 4, que tiene una cronología aproximada de algo menos de 90.000 años, y un registro de sedimentos y de fauna que apuntan a un periodo frío y seco (con abundante presencia por ejemplo, de renos). Esto lleva a los autores a identificar el periodo geo-cronológico con el estadio isotópico marino 4 (OIS 4).

El material lítico de ese nivel se compone de unos 3600 artefactos, para una densidad de unos 40 objetos por metro cúbico de sedimento (lo cual en realidad es bastante poco). Los investigadores señalan que las piezas se concentran en dos bandas horizontales que podrían ser dos sub-niveles, correspondientes a dos fases más densas de ocupación. Hay poco material retocado. La mayor parte de los soportes se tallan in situ, y son lascas, láminas, laminitas y puntas de tamaño pequeño y mediano; y los soportes importados, en el sentido de que se traen ya tallados, son algo más grandes. En ambos casos, el sistema de talla predominante es el Levallois. En cuanto al origen de las materias primas, la información aportada es muy general: Se habla de dos fuentes distintas de aprovisionamiento: la primera al norte, hacia el Ródano y a una distancia de entre 10 y 30 Km; y la otra al sur cruzando el Ardeche.

Nota: Sobre el tema del aprovisionamiento de materias primas líticas en esa región, hace algún tiempo publiqué un post que trata la cuestión de la perspectiva del Paleolítico medio y los neandertales, basándome sobre todo en un trabajo de Fernandes, Raynal y Moncel (2008).          

Qué se ha estudiado, y cómo

Este trabajo se basa principalmente en el estudio de residuos adheridos a los útiles líticos (129 piezas estudiadas), y se complementa con otros aspectos, entre los que destacan el análisis de huellas de uso, el estudio arqueozoológico y la distribución espacial de los restos.

La lógica de fondo de la metodología parece responder a un constreñimiento o handicap inicial, que obliga a buscar alternativas o a dar mayor relevancia a ciertas técnicas que normalmente se explotan poco.  En particular, se potencia el análisis de residuos.

Normalmente, y esto es el criterio del autor del post, la técnica más eficaz y práctica para inferir la función del utillaje lítico es el estudio de las huellas de uso. En este caso, se menciona que los pulidos microscópicos de uso (uno de los rasgos más diagnósticos de las huellas de utilización) han sido completamente alterados por una fina pátina post-deposicional (una capa que se crea por procesos naturales, físico-químicos). Esa pátina cubre cada uno de los restos líticos, y hace imposible el análisis de los pulidos, y por tanto minimiza las posibilidades de inferir la función. Pero, según los autores tiene otra propiedad mucho más positiva: 

"This film partly or totally covers residues and aids in their preservation. The presence of residues included under this cover attests to the contemporaneity of residues with tool use."

Es decir, que la pátina cubre y "captura" residuos que han de ser de uso, según los autores. También es importante señalar que se estudiaron junto a los útiles otros objetos líticos poco susceptibles de ser herramientas (núcleos y cantos sin tallar), y no se hallaron residuos en ellos. Y, en general, se utilizan los criterios de concentración y distribución diferencial de los residuos en la pieza (por ejemplo, que se concentren sólo a lo largo del filo activo del útil).    

En cuanto al análisis funcional, se menciona que se interpretaron el resto de los estigmas que no son pulidos (estrías, desconchados, fracturas de uso, erosiones y embotamientos) para complementar el estudio de residuos.

Los resultados

El estudio de residuos aportó resultados en 98 de las 129 piezas estudiadas, y apoyado en otras técnicas (como se ha explicado), permitió a los autores conseguir evidencias o indicios del procesado de distintos materiales, que paso a resumir a continuación:
  • Residuos "genéricos" de plantas y madera: Hay residuos e indicios de uso relacionados con el procesado de plantas leñosas y no leñosas, sin que se pueda especificar mucho más en cuanto a las especies de flora en concreto. 
  • Fibras retorcidas (que pueden provenir de plantas y algas): Sobre este tema, lo más interesante es que en la mitad de los casos en los que se hallaron fibras, estaban retorcidas sobre si mismas, algo que los autores consideran que no puede suceder de forma natural, ni al procesar plantas por raspado, corte, perforación o alisado (y mencionan que dos programas experimentales lo corroboran). Esto significaría que los residuos provienen de elementos que fueron fabricados retorciendo y/o trenzando fibras. Es decir, de cordeles o cordajes de algún tipo.
  • Esporas de hongos (probablemente del género Agaricus -de tipo champiñón): Esta evidencia sólo se da en dos piezas líticas, de las cuales sólo en un caso las esporas cumplen la condición de estar concentradas en el filo. 
  • Residuos animales genéricos, de procesos de carnicería: Hay bastantes casos de restos de carne y hueso como residuos en los filos líticos. 
  • Residuos de pelo de lepórido: En dos piezas, hay residuos de pelo de un lepórido (conejo o liebre), y los autores asocian este indicio con la presencia de al menos dos individuos de conejo o liebre que fueron procesados (tienen marcas de carnicería) por los neandertales y se encontraron en el nivel 4. 
  • Plumas de ave: Hay tres casos en los que aparecen restos de bárbulas de plumas de pájaros, pero los autores no lo destacan mucho, quizás porque en cada caso sólo se cita una bárbula por cada útil estudiado, lo cual sería una evidencia bastante débil. Además hay un único resto determinado de hueso de ave entre la fauna del nivel.  
  • Escamas de pescado: Hay indicios también de la presencia posible de escamas de pescado en algunas lascas (los items observados no pudieron ser confirmados al 100% como escamas, aunque es probable que lo fueran). Esto se complementa, segun explican los autores, con la presencia de restos óseos de varios tipos de peces en la cueva. 
  • Enmangues de armas de proyectil: En este apartado, los autores combinan el análisis de huellas de uso (en particular erosiones y fracturas de impacto), con el estudio de los residuos y su distribución, para proponer una muestra de media docena de puntas Levallois (o lasca apuntadas en algún caso) como armas de caza, que irían enmangadas. Después, hacen un análisis de la morfología y propiedades balísticas de esas puntas (siguiendo a Sisk y Shea 2011). Y llegan a la conclusión de que pueden ser armas de proyectil, es decir jabalinas o dardos arrojados con la mano, antes que lanzas de cuerpo a cuerpo.
Restos de lepórido de Abri du Maras con huellas de corte antrópicas. Figura 9 en Hardy et al. 2013


De todos esos resultados, los autores sólo destacan algunos de ellos en la parte final del artículo (los que les parecen más relevantes y novedosos). Además de la evidencia genérica del procesado de plantas y animales, destacan la presencia de las fibras como evidencia de cordeles o cordajes, de esporas como evidencia del procesado de setas, y de varios residuos y huellas de uso como indicativo de la probable presencia de armas de proyectil.

Con esta base, los autores dibujan un panorama complejo y diverso de las actividades cotidianas de los neandertales que habitaron en el Abri du Maras. Esto implica un espectro muy amplio de recursos explotados, aunque la caza de grandes ungulados (y sobre todo renos) seguiría siendo una actividad muy importante. También se destacan las actividades no estrictamente subsistenciales, como las de aprovisionamiento de materias primas líticas y también vegetales -para la confección de fibras y herramientas de madera, por ejemplo.

Y, en general, hacen hincapié en dos aspectos:

  1. Que el estudio de residuos ha permitido vislumbrar actividades que normalmente pasarían desapercibidas en una investigación sobre un yacimiento de esta cronología. 
  2. Que el modo de vida que dibujan no tiene que ser el "modo de vida neandertal" por excelencia, porque ese modo de vida "ideal", de hecho, no existe: las poblaciones neandertales vivieron en ámbitos geográficos y climáticos muy diferentes y cambiantes, a lo largo de cientos de miles de años. Y por tanto tuvieron necesariamente que establecer estrategias económicas y de subsistencia, muy variadas y distintas en cada lugar y momento.         

Balance y algo de crítica

Se trata de un trabajo completo, bien estructurado y con resultados importantes, que no por ello carece de puntos "puntos flacos". Me voy a centrar ahora en esos elementos más discutibles, siempre según mi criterio, sin que ello signifique que estamos antes un trabajo poco sólido o meritorio (es más bien al contrario).

Un problema general, al que la mayoría de los investigadores no somos inmunes (y me incluyo el primero), es el de los "saltos cualitativos". Me refiero a los saltos volitivos que damos al pasar de "lo que nos dicen los datos", a lo que "se concluye de ellos", y finalmente a lo que presentamos como "resultados finales".

En efecto, si nos fijamos en cada evidencia que se da en el apartado de "resultados" como segura, probable, o simplemente posible, y luego lo comparamos con esas mismas categorías en las conclusiones finales, no se nos escapará que hay algunos "saltos". Estoy seguro que a los autores no les faltan razones para hacerlo, y que manejan mucha información cualitativa que no es fácil poner por escrito, o dar en forma de datos brutos. Pero eso no hace menos llamativa la presencia de ese tipo de "saltos". Tenemos que ser especialmente cuidadosos en controlar lo que va a las conclusiones finales, que debe ser lo se deduce de los hechos observados, y no lo que creemos que probablemente signifique.

En términos técnicos, tengo algunos problemas con la metodología de análisis de residuos. Hay algunas cuestiones básicas que no sé si se realizaron o no, y creo que deberían especificarse al menos de forma muy somera.

Una primera cuestión es que (en mi opinión) cualquier análisis de residuos debe acompañarse de un estudio estadístico de cuantificación de residuos (y sus tipos) en muestras aleatorias de sedimentos, recogidas cerca de las piezas estudiadas. De este modo se tiene una referencia de "aquello que puede aparecer sobre la pieza lítica simplemente por contacto y adherencia casual" (ya sea deposicional o post-deposicional).

Y otra cuestión tiene que ver con la pátina y la observación de los residuos. Las imágenes del artículo sugieren que los útiles se estudian sin lavar, con tierra. Además, en varias de las fotos de los residuos microscópicos, parece que la pátina los ha "capturado", efectivamente. Pero en otras imágenes la impresión es que el residuo está mezclado con el sedimento adherido a la pieza. Con lo cual, no queda muy clara esa "contemporaneidad antigua" que defienden los autores, al menos para algunos casos.

Una forma de abordar esto hubiera sido hacer una observación en varias fases con lavados sucesivos, cada vez más "invasivos", por así decirlo. De este modo se podría discriminar con claridad qué residuos son con seguridad más antiguos y anteriores a la formación de la pátina, y cuales no. Por ejemplo, se podría observar primero la pieza sin lavar, luego lavada sólo con agua, luego con agua y algún producto disolvente a baja concentración, y finalmente tras una inmersión breve en una cubeta de ultrasonidos.

Quizás esto ya se ha hecho, pero en ese caso habría que comentarlo en el artículo, en mi opinión.

Retomando lo que dije al principio, no creo que estos problemas supongan un demérito grave para el trabajo, y creo que en general sus conclusiones son:

  • Muy sólidas para la explotación de animales en general y lepóridos en particular (conejos y/o liebres).
  • Bastante sólidas para el tema de los enmangues
  • Razonablemente aceptables al proponer que se trate de armas de proyectil; y para la explotación de materiales vegetales en general, y de cordeles/cordajes en particular.
  • Y por el momento hipotéticas para el tema de las setas tipo champiñón (Agaricus sp.), el pescado y el procesado de aves.           

Referencias bibliográficas

Combier, J. (1967): Le Paléolithique de l'Ardèche dans son cadre bioclimatique, Public. Inst. Préhist., Univ. Bordeaux, mémoire, 462 pp.

Fernandes, P., Raynal, J., Moncel, M. (2008): "Middle Palaeolithic raw material gathering territories and human mobility in the southern Massif Central, France: first results from a petro-archaeological study on flint", Journal of Archaeological Science, 35, 8, pp. 2357-2370.

Hardy, B. L., Moncel, M.-H., Daujeard, C. Fernandes, P., Béarez, P., Desclaux, E., Chacon-Navarro, M. G., Puaud, S., Gallotti, R. (2013): "Impossible Neanderthals? Making string, throwing projectiles and catching small game during Marine Isotope Stage 4 (Abri du Maras, France)", Quaternary Science Reviews, 82, pp. 23-40.  

Sisk, M. L., Shea, J. J. (2011): “The African Origin of Complex Projectile Technology: An Analysis Using Tip Cross-Sectional Area and Perimeter,” International Journal of Evolutionary Biology, 2011, 8 pp.


Referencia de Research Blogging

Bruce L. Hardy, Marie-Hélène Moncel, Camille Daujeard, Paul Fernandes, Philippe Béarez, Emmanuel Desclauxe, Maria Gema Chacon Navarro, Simon Puaud, & Rosalia Gallotti (2013). Impossible Neanderthals? Making string, throwing projectiles and catching small game during Marine Isotope Stage 4 (Abri du Maras, France) Quaternary Science Reviews, 82, 23-40 DOI: 10.1016/j.quascirev.2013.09.028


viernes, 15 de junio de 2012

Complejidad y capacidades cognitivas de los Neandertales: La fabricación de adhesivos y herramientas compuestas


ResearchBlogging.org
Introducción: De herramientas y pegamentos

En el estudio del Paleolítico y de la evolución de los homínidos, la fabricación de herramientas compuestas (como las construidas a partir de un astil de madera, una parte activa de sílex, elementos de atadura, y pegamentos o masillas) se considera una capacidad propiamente humana, y relativamente compleja. La aptitud para crear esos objetos pone de manifiesto la capacidad de planificar un trabajo, y también de concebir un objeto complejo cuya fabricación consta de muchas fases intermedias, y de procesos productivos muy diferentes entre sí.

Raspador con enmangue de madera y atadura. Walakpa, Alaska. Cultura Thule (unos 600 años de antigüedad). Colección de la Smithsonian Institution. Imagen de lithiccastinglab.com

Veamos, por ejemplo, qué hace falta para fabricar una "simple" lanza para cazar: es necesario obtener una materia prima lítica (como el sílex) de calidad, tallar mediante técnicas muy especializadas una punta, fabricar en madera un astil recto, delgado, largo, resistente y bien equilibrado, y utilizar unos sistemas de enmangue, adherencia y atado de la punta al astil, que sean fiables y sólidos, y permitan su reparación y mantenimiento.

Por otra parte, el uso de pegamentos naturales (vegetales y minerales) es una parte integral de la fabricación de este tipo de herramientas, tal y como nos informa la etnografía de cazadores-recolectores de época actual y sub-actual.


Dardos de Ceremonial Cave, Texas. Las puntas de piedra se insertan en una ranura acanalada en la punta del astil, se fijan con una masilla a modo de pegamento, y se envuelven en tendón animal o cuerdas vegetales. Colección TARL. Foto: Milton Bell.

Dos de los ejemplos más conocidos de ese tipo de adhesivos son el betún o bitumen, de origen mineral (petroleo), y la brea de corteza de abedul. Además, esos adhesivos no se utilizan por lo general tal y como se recolectan de la naturaleza (en el caso del abedul no sería posible, ya que la brea es producto de una destilación en seco). Al contrario, son sometidos a procesos de mezcla con otros materiales, y a cocciones o combustiones de tipo reductor (sin oxígeno) para crear compuestos que son líquidos o maleables al ser calentados, y resistentes y elásticos al enfriarse.

La complejidad de estos procesos hizo pensar, hasta el último cuarto del S. XX, que la capacidad de obtener las formas refinadas de esos adhesivos naturales era algo relativamente moderno, sólo descubierto a partir del Neolítico, y en relación a la tecnología cerámica. Sin embargo, en los últimos años del siglo XX, y en los que llevamos del XXI se ha documentado, de forma amplia, y geográficamente diversa, el uso de esos compuestos adhesivos en el Paleolítico.

Y, más concretamente, la mayor parte de las evidencias disponibles provienen de contextos de Paleolítico medio, que en casi todos los casos se asocian a poblaciones neandertales (con algunas pequeñas dudas en ciertos niveles de Oriente Medio). A continuación voy a revisar brevemente esas evidencias, relacionadas con el Paleolítico medio y los Neandertales.

El uso de bitumen en Umm el Tlel

A partir de aquí, voy a usar el término bitumen para hablar de ese tipo de adhesivo mineral relacionado con sedimentos bituminosos, para diferenciarlo del uso (más común) que se suele hacer del término "betún" en castellano. 

En Siria, hay un yacimiento paleolítico llamado Umm el Tlel, que tiene una impresionante secuencia estratigráfica del Pleistoceno superior y decenas de niveles estratigráficos dentro de lo que llamanos Paleolítico medio, o, desde un punto de vista tecno-tipológico y "continental" (a.k.a. francés), Musteriense.

En ese lugar, en 1992 se hallaron varias herramientas con residuos (Boëda et al. 1996) en la parte donde estaría su enmangue. Esos útiles estaban en un contexto típicamente Musteriense, de algo más de 40.000 años de antigüedad. Los análisis de laboratorio confirmaron que se trataba de bitumen, de origen mineral, y probablemente modificado mediante técnicas de combustión (sometido a altas temperaturas) antes de su uso. La posición de los residuos permitió a los investigadores proponer que se trata de los restos del adhesivo usado para enmangar las piezas líticas a soportes de madera, asta, hueso, etc.

No obstante, los defensores del arcaismo neandertal, que tienden a negar por defecto cualquier capacidad propiamente humana de los Neandertales, señalaron que en Oriente Medio y en esas fechas también podría haber Humanos Anatómicamente Modernos (HAM). Sin embargo, lo cierto es que los elementos tecno-tipológicos que esos mismos académicos utilizan para caracterizar los sitios "modernos" están ausentes de los niveles estudiados de Umm el Tlel; además, no hay evidencias antropológicas de presencia de HAM en Siria central en fechas cercanas a aquellas; y los restos humanos más cercanos a esas cronologías que se conocen en dicha región son, sistemáticamente, Neandertales. No obstante, hablando hipotéticamente, había una pequeña posibilidad de que el Musteriense de Umm el Tlel de algo más de 40.000 años no fuera obra de poblaciones Neandertales.

Esa posibilidad, que las herramientas enmangadas y el uso de bitumen fueran obras de los HAM, se hace todavía más remota con un nuevo descubrimiento (desde el año 2000): la presencia de otras herramientas con el mismo tipo de residuos, en niveles de 70.000 años de Umm el Tlel. Se trata en este caso de más de 200 herramientas (Boëda et al. 2008) con restos de bitumen, localizados en las zonas de prensión o sujeción de las herramientas. Algunas de las piezas habían tenido una cantidad importante de pegamento mineral adherido, de manera que éste  impregnó el sedimento debajo de las mismas, y se puede ver en la huella que queda al extraerlas durante la excavación.

Herramientas de 70.000 años de Um el Tlel, con restos de bitumen en la zona del enmangue y en el negativo que dejan en el sedimento al ser extraídas. A partir de Boeda et al. 2008, Figuras 2 y 3. 

El análisis geoquímico de las muestras de adhesivo mineral ha permitido también a los investigadores rastrear su origen, en una zona de arenas de alquitrán o bituminosas, en Djebel Bichri (a 40 km. del yacimiento).

Pegamentos vegetales y minerales en el final del Paleolítico medio Europeo: Alemania y Rumanía

A comienzos del s. XXI se publicaron varios estudios (Koller et al. 2001, Grümberg 2002) que daban cuenta del análisis de dos conglomerados de brea solidificada, que habían sido encontrados mucho antes, en 1963. Esa brea se encontró en Königsaue (Alemania) en un contexto atribuído, a partir de la geología, al Paleolítico medio. 

Uno de los fragmentos es realmente espectacular, pues tiene las impresiones en negativo de parte de un pulgar humano, de una pieza lítica y de una superficie de madera. Es decir, prueba de forma incontestable que esa brea fue utilizada, en estado líquido o al menos muy maleable, para fabricar una herramienta compuesta en el Paleolítico. Los dos objetos han sido datados entre 44 y 48.000 años BP sin calibrar, por Carbono 14.

Los análisis de laboratorio de ambos pedazos de masilla solidificada demostraron que se trata de brea de corteza de abedul, obtenida mediante procesos de combustión reductora de notable complejidad (que, hasta este descubrimiento, se creía que habían sido inventados en el Neolítico).

Más recientemente (Cârciumaru et al. 2012), se ha publicado el re-estudio de los materiales de Gura Cheii-Rasnov (Rumanía), que permitió a los investigadores descubrir dos piezas líticas con restos de una sustancia negra y resinosa. Cada uno de los dos artefactos pertenece a un horizonte cultural: Una lámina de sílex se adscribe al Paleolítico superior inicial (indeterminado, pero con afinidades tipológicas y cronológicas con el Gravetiense), y una lasca alargada de cuarcita es del Musteriense final o tardío de la región (34-29.000 BP en cronología de radiocarbono sin calibrar).  En ambos casos, las manchas de residuo se concentran en una zona concreta y marcan la posición del probable enmangue que sujetaba las piezas líticas.


Los dos útiles líticos con residuos de bitumen de Gura Cheii-Rasnov, a partir de Cârciumaru et al. 2012, Figuras 2 y 3. 

Los análisis de laboratorio confirman que, en este caso, el residuo es bitumen de origen mineral, cuya fuente geológica es por el momento desconocida, aunque hay dos posibles: Depósitos de areniscas bituminosas a 20 km. de la cueva, o bien las zonas petrolíferas al Sur de los Cárpatos, a más de 100 km.

Adhesivos en momentos antiguos del Paleolítico medio europeo: Italia y, de nuevo, Alemania

En 2001, en un contexto bien datado (megafauna, microfauna, geología, geo-magnetismo) del Pleistoceno medio italiano en la cantera de Campitello, se encontraron dos lascas con restos de una sustancia resinosa adheridos a ellas (Mazza et al. 2006). Pertenecían a un pequeño conjunto de tres lascas halladas en asociación con los restos de un elefante (Elephas antiquus), una hembra joven.

Una de las dos lascas con residuos estaba debajo de una costilla del elefante, lo que quizás la protegió especialmente de la erosión y el paso del tiempo, ya que conserva una impresionante "funda" de sustancia resinosa, que cubre la mitad de la misma. La otra lasca tenía restos en la parte que correspondería a un posible enmangue. En ambos casos, los residuos fueron identificados como brea de corteza de abedul.



Lasca de sílex del Pleistoceno medio de Campitello con una parte cubierta de brea de corteza de abedul. A partir de Mazza et al. 2006, Figura 3.

En periodos tan antiguos (desde un punto de vista arqueológico, que no geológico) es difícil obtener una gran precisión en las dataciones, pero la combinación de informaciones cronológicas sitúa los hallazgos de Campitello en un momento estadial (frío) anterior al OIS 6, es decir de más de 200.000 años de antiguedad.


Por último, en 2011 se publicaron los análisis de residuos y huellas de uso de los materiales líticos de Inden-Altdorf, en Alemania, cerca de Bonn (Pawlik y Thissen 2011). Es un yacimiento Micoquiense (Paleolítico medio), de algo más de 100.000 años. En este trabajo se presentan una vez más materiales bastante espectaculares: Abundantes (86) piezas líticas con indicios de enmangue y restos de residuos resinosos. Dichos residuos, al ser analizados, resultaron ser brea de corteza de abedul. 

Útiles de Inen-Atdorf (Alemania) con indicios de enmangue y adhesivo de brea de abedul. A partir de Pawlik y Thissen 2011, Figura 2.

El análisis de laboratorio en este trabajo es probablemente el más amplio y completo, de todos los que he ido citando (Pawlik es una autoridad en breas prehistóricas, habiendo estudiado numerosos casos del Neolítico). Esa profundidad de los estudios permitió a los autores sugerir un método de obtención de la brea, mediante combustión reductora: a partir de la manufactura de rollos de corteza de abedul, que se prenden por un extremo, y se introducen en agujeros en el suelo, quizás reforzados con cantos y con una piedra plana al fondo, para recoger los resultados (la brea líquida).

Además, las huellas de uso microscópicas permitieron detectar lo que los especialistas denominan "bright spots": zonas puntales de desgaste en la base de las piezas líticas. Esas marcas suelen interpretarse como producto del rozamiento con la materia dura (madera, asta...) del enmangue. Esos "bright spots" estaban, además, asociados a las concentraciones de brea.


Detalle de los residuos de brea (arriba) y de los "bright spots" microscópicos (abajo). A partir de Pawlik y Thissen 2011, Figura 4. 

El yacimiento de Inden-Altdorf se interpreta como un asentamiento al aire libre, en el que se llevaron a cabo tareas variadas, con predominio de las de preparación y reparación de útiles compuestos.  Un último aspecto importante es que, del conjunto lítico de 86 piezas con brea de corteza de abedul, 15 eran puntas de armas compuestas, que los autores interpretan como proyectiles (azagayas).

Breve balance final

La evidencia arqueológica permite decir, sin muchas reservas, que los humanos europeos del Pleistoceno medio y final dominaron la fabricación de útiles compuestos, junto con el uso de varios tipos de adhesivos de origen mineral y vegetal, que fabricaban a partir de técnicas complejas, que implican el uso especializado del fuego para una combustión reductora de las materias primas. Esta evidencia, además, parece particularmente asociada a los Neandertales, tanto en periodos antiguos (OIS 6 y 5) como en otros más recientes (OIS 4 y 3) del Paleolítico medio.

Bibliografía

Boëda. E., Connan, E., Dessort, D., Muhesen, S., Mercier, N., Valladas, H. y Tisnérat, N. (1996): "Bitumen as a hafting material on Middle Palaeolithic artefacts", Nature nº 380, pp. 336 - 338 (Letters to Nature).

Boëda, E., Bonilauri, S., Connan, J., Jarvie, D., Mercier, N., Tobey, M., Valladas, H., al Sakhel, H. y Muhesen, S. (2008): "Middle Palaeolithic bitumen use at Umm el Tlel around 70 000 BP", Antiquity, nº 82, pp. 853-86.

Cârciumaru, M., Ion, R.-M., Niţu, E.-C. y Ştefănescu, R. (2012): "New evidence of adhesive as hafting material on Middle and Upper Palaeolithic artefacts from Gura Cheii-Râşnov Cave (Romania)", Journal of Archaeological Science, v. 39, nº 7, pp. 1942–1950.

Grümberg, J.M. (2002): "Middle Palaeolithic birch-bark pitch", Antiquity, nº 76, pp. 15-16

Koller, J., Baumer, U., y Mania, D. (2001): "High-Tech in the Middle Palaeolithic: Neandertal-Manufactured Pitch Identified", European Journal of Archaeology, v. 4, nº 3, pp. 385-397.

Mazza, P. P. A., Martini, F., Sala, B., Magi, M., Colombini, M., P., Giachi, G., Landucci, F., Lemorini, C., Modugno, F. y Ribechini, E. (2006): "A new Palaeolithic discovery: tar-hafted stone tools in a European Mid-Pleistocene bone-bearing bed", Journal of Archaeological Science, v. 33, nº 9, pp. 1310-1318.

Pawlik, A. y Thissen, J. (2011): "Hafted armatures and multi-component tool design at the Micoquian site of Inden-Altdorf, Germany",  Journal of Archaeological Science, v. 38, nº 7, pp. 1699-1708.

Referencia de Research Blogging

Pawlik, A., & Thissen, J. (2011). Hafted armatures and multi-component tool design at the Micoquian site of Inden-Altdorf, Germany Journal of Archaeological Science, 38 (7), 1699-1708 DOI: 10.1016/j.jas.2011.03.001

miércoles, 30 de mayo de 2012

Neandertales cazadores en el Cantábrico: puntas de piedra para sus jabalinas y picas

ResearchBlogging.org
               
Introducción

"Jabalina" es un sustantivo genérico que engloba varios tipos de armas de punta, que se lanzan contra un blanco. Las jabalinas prehistóricas, así como las de algunos pueblos conocidos por la etnografía, a menudo se denominan "azagayas", un término de etimología norteafricana. En inglés, el término "spear" es probablemente el más común para ese mismo concepto.

Durante muchos años se ha discutido sobre la capacidad de los Neandertales en relación a las armas arrojadizas. Algunos autores han llegado a considerar que eran incapaces de fabricar, o incluso de lanzar ese tipo de armamento. A partir de esa idea, los mismos autores añadieron el uso de las jabalinas al "kit técnico" del llamado "comportamiento moderno", que se supone distingue a los Humanos Anatómicamente Modernos (HAM) de otros seres humanos, hipotéticamente "arcaicos" en cuanto a sus capacidades, como los Neandertales.

Sin embargo, muchos otros investigadores vienen señalando, desde hace años, que el registro arqueológico de los Neandertales ofrece ciertas evidencias de la fabricación y uso de armamento de proyectil, en forma de jabalinas compuestas (Galván et al. 2008, Villa et al. 2009, Ríos Garaizar 2010). Esas armas estarían formadas por una punta lítica, un astil de madera y un sistema de enmangue y atadura que, a menudo, se reforzaba con adhesivos vegetales o minerales, mezclados y procesados al fuego. Además, las jabalinas fabricadas en madera del yacimiento de Paleolítico inferior de Schöningen (Thieme 1997) están perfectamente diseñadas y equilibradas para ser arrojadas. Eso hace bastante absurdo pensar que, 200.000 años después, los descendientes (Neandertales) de aquellos cazadores no fueran capaces de fabricar o usar la misma tecnología.

Neandertales y cazadores, también en el Cantábrico

En la misma linea de trabajo, acaba de publicarse en el Journal of Archaeological Science un artículo de Talía Lazuén en el que esta investigadora presenta el análisis de una serie de puntas de piedra. En ese estudio, Lazuén concluye que las puntas fueron utilizadas para cazar, como parte de un armamento para arrojar a distancia. Es decir, como puntas de jabalina.

Ese estudio se titula "European Neanderthal stone hunting weapons reveal complex behaviour long before the apperance of modern humans", es decir: "Las armas de caza de los Neandertales europeos revelan un comportamiento complejo mucho antes de la aparición de los humanos modernos".

En él, se estudian 19 puntas líticas de cuatro yacimientos cantábricos, todas provenientes de niveles bastante antiguos (del OIS 6 al 4), alejados de la llamada transición del Paleolítico medio al superior. Las puntas son de materiales muy variados, desde cuarzo a sílex, pasando por cuarcita y caliza silicificada.

Algunas de las puntas (y fragmentos) analizadas en el estudio, 
a partir de la Figura 1 de Lazuén (2011).


Todas las puntas se han considerado partes de un armamento compuesto a partir de un criterio estrictamente funcional y comprobable: Muestran fracturas y otras huellas que se producen por un impacto violento en la dirección longitudinal del objeto. Es decir, en el uso típico del objeto como arma.

Por lo tanto, las huellas de uso dejan constancia de que toda la muestra es, de hecho, armamento de caza. Sin embargo, hace falta un segundo mecanismo de análisis para saber si las puntas formaban parte de jabalinas arrojadizas. Hay otras posibilidades como, por ejemplo, que fueran "picas" o lanzas de mano, utilizadas directamente contra el blanco. Las huellas de uso no sirven, por el momento, para distinguir un modo de uso (arma sujeta) del otro (arma arrojada). En ese punto están de acuerdo prácticamente todos los investigadores, aunque se están explorando algunas posibilidades de discriminación (Hutchings 2011).

Como estrategia alternativa, para saber si una punta pertenece a un arma de mano, a una jabalina arrojadiza, o a una flecha de arco, el enfoque utilizado es de tipo morfométrico y balístico. Es decir, se miden determinadas características de la punta, que permiten juzgar su comportamiento balístico y de penetración. Así, se puede saber si esa punta pertenece -más probablemente- a una flecha, a una jabalina arrojada a mano, o a un arma empuñada directamente contra el blanco.

Algunos datos técnicos

De esas características balísticas y de penetración, la más utilizada y con un mayor referente etnográfico y experimental es la TCSA. Esas siglas significan  "Tip cross-section area" (Hughes 1998). Es decir, el  área de la sección transversal de la punta. Se considera un discriminador eficaz de diferentes tipos de puntas líticas usadas como armas. Debido a que la mayor parte de las puntas son, o bien lenticulares, o bien triangulares, en sección, una aproximación razonable al cálculo del TCSA sería esta: 0.5 x anchura máxima en mm x espesor máximo en mm.

La TSCA de una punta puede tomarse, de modo aproximado, como un indicador relativo de la fuerza necesaria para que esa punta penetre a un blanco, alcanzando una "profundidad letal". Cuando mayor es la TCSA, mayor sería la fuerza necesaria, y viceversa.

Con esa base conceptual, Lazuén compara la TCSA de sus puntas con varios referentes arqueológicos y etnográficos, y como resultado encuentra que, entre las 19 puntas, hay dos grupos bien diferenciados: Por una parte hay 17 puntas ligeras que son claramente de tipo arrojadizo, y por otra 2 puntas más pesadas que serían de tipo pica.

Este gráfico de la autora (Figura 4 de su artículo) es muy ilustrativo:


Lo más destacable es que las barras 1 y 2 representan las TCSAs de flechas y dardos etnográficos, la barra 3 las TCSAs de las jabalinas etnográficas, y las barras 4 a 8 las TCSAs de las puntas del Paleolítico medio cantábrico estudiadas por Lazuén. Otros conjuntos del 9 al 15 representan (salvo el 11) puntas de Paleolítico medio de diferentes contextos. Y la barra 16 comprende las TCSAs de las dos puntas más robustas del Cantábrico.

Por otra parte, hay algunas cuestiones importantes, que se deducen del análisis llevado cabo en el trabajo: Todas las puntas ligeras están bastante estandarizadas en tamaño, forma, ángulos, etc. Y muchas de ellas comparten otros rasgos: Adelgazamientos  o modificaciones por retoque para facilitar el enmangue, y presencia de un retocado y reavivado de los filos y la punta, para volver a usarlas, después de una primera fractura.

Al estudio de las puntas en sí se suman, también, otros aspectos generales, para conseguir una imagen más completa de las capacidades cazadoras neandertales:

En los yacimientos elegidos (Eirós, Morín, Lezetxiki y La Verde) la fauna documentada es, sobre todo, de herbívoros grandes (bisonte, caballo, uro...) y medianos/grandes (ciervo), con presencia menor de animales muy grandes (rinoceronte) o más pequeños (cápridos, etc).

Hay indicios, a partir del estudio funcional de los utensilios en piedra, de que éstos se usaron para trabajar una variedad de materias primas, entre ellas la madera (por ejemplo, los astiles de las armas de caza). Y, muy especialmente, la piel tanto fresca como seca. Esto apunta a que la piel, trabajada para confeccionar prendas de vestir y abrigo, era otra necesidad tan estratégica como el propio alimento proporcionado por esos grandes herbívoros. Además, y como puedo atestiguar con mi propio trabajo (Mozota 2009), los animales cazados proveían de la materia prima para el utillaje en hueso, poco elaborado, pero vital en varios procesos productivos y de la vida cotidiana de los Neandertales.

Conclusiones del trabajo

Lazuén concluye que este armamento en piedra implica un comportamiento complejo, y un sistema articulado en términos técnicos, económicos y sociales. La producción es de tipo estandarizada, con predominio de técnica Levallois, aplicada de un modo específico para obtener los soportes de las puntas.  Y se integra en un modelo complejo de fabricación de armamento compuesto, diseñado con el fin específico de ser utilizado a distancia, en actividades de caza.

Además, todo esto se documenta en un momento antiguo del Paleolítico medio, siempre mucho antes de la llegada de los HAM a Europa. Y en diferentes ambientes y momentos climáticos (OIS 6 a 4), lo que implica que los Neandertales que usaron esta tecnología sobrevivieron y se adaptaron a notables cambios en el ecosistema, varias veces.

Y algo (muy poquíto) de crítica constructiva

Lo cierto es que encuentro poco que criticar en términos generales en este artículo, y coincido en casi todas sus conclusiones. Si acaso, hay algunos aspectos técnicos menores que apenas si vale la pena mencionar:

Por una parte, el grueso de la argumentación sobre las huellas de uso está muy resumida: Se remite a la bibliografía pertinente, y a una "gran imagen" (la Figura 2 del trabajo), que reúne (casi diríamos "comprime") las huellas de uso de hasta 13 puntas distintas. Un poco más de detalle en esos aspectos técnicos, en una revista que se distingue por su aprecio por la metodología, hubiera estado bien, al menos según mis preferencias.

Y por otra parte, quizás hubiera sido interesante alguna aproximación desde otro índice, el del TCSP, que la autora menciona como más preciso, pero que finalmente se abandona en favor de la TCSA (más generalizada).

Referencia de Research Blogging

Talia Lazuen (2012). European Neanderthal stone hunting weapons reveal complex behaviour long before the appearance of modern humans Journal of Archaeological Science, 39 (7), 2304-2311 DOI: 10.1016/j.jas.2012.02.032

Bibliografía adicional

Galván Santos, B., Hernández Gómez, C. M. y Francisco Ortega, M. I. (2007-2008): "Elementos líticos apuntados en el Musteriense alcoyano, el Abric del Pastor (Alicante)", Veleia, nº 24-25, pp. 367-383.

Hughes, S. S. (1998): "Getting to the Point: Evolutionary Change in Prehistoric Weaponry", Journal of Archaeological Method and Theory, nº 5, pp. 345-408.

Hutchings, W. K. (2011): "Measuring use-related fracture velocity in lithic armatures to identify spears, javelins, darts, and arrows", Journal of Archaeological Science, v. 38, nº 7, pp. 1737-1746.

Mozota, M. (2009): "El utillaje óseo musteriense del nivel ‘D’ de Axlor (Dima, Vizcaya): análisis de la cadena operativa", Trabajos de Prehistoria, nº 66, pp. 28-46.

Ríos, J. (2010): "Organización económica de las sociedades neandertales: el caso del nivel VII de Amalda (Zestoa, Gipuzkoa)", Zephyrus, nº 65, pp. 15-37.

Thieme, H. (1997): "Lower Palaeolithic hunting spears from Germany", Nature (letters to Nature), nº 385, pp. 807 - 810.

Villa, P., Boscato, P., Ranaldo, F. y Ronchitelli, A. (2009): "Stone tools for the hunt: points with impact scars from a Middle Paleolithic site in southern Italy", Journal of Archaeological Science, v. 36, nº 3, pp. 850-859.

lunes, 2 de abril de 2012

El Chatelperroniense (II): Las evidencias de (el norte de) la Península Ibérica

ResearchBlogging.org Introducción

En este segundo post sobre el Chatelperroniense quiero presentar las evidencias de esta cultura arqueológica, asociada a los últimos Neandertales, que se conocen en la Península Ibérica. Para ello, el trabajo que utilizaré como referencia básica es un artículo de J. Ríos Garaizar sobre el Chatelperroniense de Labeko Koba (2008), en el que también revisa las evidencias de esa cultura en la región cantábrica. Para la parte de los Pirineos orientales, la referencia que sigo es el trabajo de síntesis de J. Zilhao de 2006. Y ambos artículos se pueden complementar con la reciente revisión de M. de Andrés Herrero (2009).

Puede sorprender que, después de mencionar la Península Ibérica, sólo haga referencia a los Pirineos y la región cantábrica, pero lo cierto es que las evidencias de Chatelperroniense están limitadas a esa estrecha franja del extremo septentrional de la Península.

Labeko Koba y la evidencia arqueológica

El trabajo de Ríos Garaizar al que me refería recoge el estudio de la industria lítica de un nivel Chatelperroniense, de Labeko Koba, una cueva que fue excavada en su totalidad antes de desaparecer bajo el crecimiento urbano de Arrasate-Mondragón. El trabajo se centra en la tecnología lítica utilizada para producir el utillaje y, sobre todo, en el análisis traceológico, de las huellas que deja el uso de las herramientas. Como resultado, el autor caracteriza un sistema de gestión de la industria basado en:

  • El recurso a un sílex importado y a la talla laminar, para la producción de soportes en el yacimiento, así como la aportación de algunos útiles, como las puntas de Chatelperrón, fabricados en otro lugar. Se trataría en conjunto de unas tareas puntuales de producción y mantenimiento de ese utillaje de sílex, buena parte del cual, junto con los núcleos, sería después exportado del sitio (sólo aparecen allí restos de talla y parte de la producción).
  • El uso de las herramientas sobre diversas materias y en diferentes tareas. En ese sentido hay una relación entre los útiles sin retocar y los trabajos de corte, los útiles retocados en general y las tareas de raspado, y las puntas de Chatelperrón y las actividades de caza. La baja intensidad de uso, y la variedad de tareas trabajadas (piel, hueso, carcasas animales, y asta o madera) sugieren unas tareas de mantenimiento del utillaje (¿y ropa?) junto con el despiece puntual de algunos animales cazados. También es interesante la observación de que, además de las láminas, se utilizan las lascas obtenidas como sub-productos de la talla, y a menudo en las tareas más intensas.  

Punta chatelperroniense con huellas de impacto (según Rios Garaizar 2008)

Al poner esta información en relación a otras evidencias, sobre todo las obtenidas del estudio de la fauna, el autor propone que se trata de una ocupación efímera o breve, en la que la caza tiene un papel importante. En sus propias palabras:  

"...datos que apuntan a que en la ocupación de Labeko Koba los humanos aprovechan las carcasas animales que ellos mismos han cazado (probablemente ciervo y reno), y se reparar el instrumental óseo y lítico portado por los cazadores".

Y, en términos de estrategias más generales, a la hora de planificar la explotación del territorio, lo que se aprecia es que se trata de un sistema basado en el aprovisionamiento de grupos móviles, con un utillaje ya conformado y con núcleos de sílex para la talla laminar, que sirven para fabricar el utillaje que va a ser necesario en las distintas tareas.

El Chatelperroniense cantábrico

Aunque Labeko Koba es uno de los sitios que cuenta con un estudio más completo de las evidencias Chatelperronienses, con una estratigrafía clara y poco problemática, también hay otros yacimientos en los que existen, o al menos se han propuesto, ocupaciones de la misma cultura.

Entre los niveles con ocupaciones más importantes y evidencias más claras, estarían Gatzarria -ya en Francia- y Cueva Morín. Otros casos, con ocupaciones más efímeras o poco claras, serían Ekain y (aunque Rios Garaizar no lo menciona) La Güelga, en Asturias.

Rios Garaizar propone, como rasgos comunes a las ocupaciones, el recurso a una talla laminar bipolar sobre sílex, de soportes rectos de tamaño pequeño y mediano. Esta talla se complementaría, en las ocupaciones más estables o prolongadas (como Morín y Gatzarria), con una talla de lascas autónoma, que puede hacerse en otras materias primas distintas del sílex (como la cuarcita, el cuarzo o la ofita). Mientras que en las ocupaciones más efímeras, lo que se detecta (como en Labeko Koba) es un aprovechamiento de las lascas obtenidas como sub-productos y desechos de la talla laminar.

En líneas generales, los rasgos tanto de las ocupaciones como de las estrategias más generales coinciden con las características del Chatelperroniense de Francia, que vimos en la nota anterior dedicada a esta cultura material. La principal diferencia vendría dada por la ausencia, por el momento, de utillaje óseo y de colgantes en la Península (aunque en Gatzarria y Labeko Koba hay algunos restos de industria ósea, y es cierto también que los colgantes sólo aparecen en unos pocos sitios de Francia).

Los sitios del Pirineo oriental

Además de los yacimientos cantábricos, en el territorio de la actual Cataluña se han propuesto varios casos de yacimientos con materiales Chatelperronienses, como los casos de L'Arbreda, Ermitons y Reclau Viver; y ya en la vertiente norte de los Pirineos, Caune de Belvis.

Para estos casos, Maroto et al. (2001-2002), han propuesto que se trata de un Musteriense tardío, cuya industria lítica sigue basándose en la talla de lascas sobre materias de origen local, y que incorporaría como única novedad esas puntas de Chatelperrón, que aparecen en número muy escaso.

Por otra parte, un problema añadido para esta zona es que varias de las evidencias presentadas como puntas de Chatelperrón, al contrario que la mayoría de las del cantábrico, sólo cumplen unos criterios morfológicos y de retoque muy laxos. Y los contextos estratigráficos son aún más complejos y poco claros.

"Puntas de Chatelperrón" de Reclau Viver: 1 à 3; Arbreda: 4 à 7; Belvis: 8; Ermitons: 9. Según Maroto et al. (2001-2002). 

Recogiendo en parte esos argumentos, y también el hecho de que las puntas/cuchillos de L'Arbreda responden a una talla laminar y están fabricados en sílex importado, Zilhao (2006) propone que se trata de unos pocos materiales chatelperronienses, que responden a unas ocupaciones muy efímeras, que simplemente se yuxtaponen con el Musteriense local (no forman parte de él).

Valoración final

A título personal, y haciendo balance de la cuestión, creo que la situación actual revela la existencia de un Chatelperroniense claro en la región cantábrica, si bien limitado a unos pocos sitios. Quizás, también, podría hablarse de un cierto papel marginal con respecto al área central del mismo, situada en el actual territorio del S-O francés.

Creo que un avance significativo ha venido con trabajos como los de Ríos Garaizar, que suman, a los razonamientos tipológicos, "todo lo demás": es decir, el estudio de las evidencias en su conjunto, para entender la organización de la explotación territorial y los modos de vida de esos grupos neandertales. Creo que esas visiones nos permiten empezar a explicar mejor como eran aquellas sociedades.

En cuanto a la cuestión del Pirineo oriental, parece claro que presenta un panorama distinto del que veíamos para la zona cantábrica.  Los "fósiles directores" chatelperronienses aparecen en escasos sitios, y están limitados a unos pocos objetos, sin que parezca que tengan continuidad con el resto de las evidencias de esos mismos lugares. Y en cuanto al porqué ocurre eso, me inclino ligeramente por la visión de Zilhao, si bien la propuesta de Maroto et al. no puede ser descartada del todo.  

Referencia de Research Blogging

Joseba Ríos Garaizar (2008). Nivel IX (Chatelperroniense) de Labeko Koba (Arrasate -Gipuzkoa): gestión de la industria lítica y función del sitio Munibe (Antropologia-Arkeologia) (59), 25-46

Bibliografía

Ríos Garaizar, J. (2008): "Nivel IX (Chatelperroniense) de Labeko Koba (Arrasate -Gipuzkoa): gestión de la industria lítica y función del sitio". Munibe (Antropologia-Arkeologia) nº 59, pp. 25-46.

Andrés Herrero, M. (2009): "El Chatelperroniense en la región cantábrica. Estado de la cuestión". Munibe (Antropologia-Arkeologia) nº 60, pp. 35-50.

Maroto, J., Ortega, D., y Sacchi, D. (2001-2002): "Le Moustérien tardif des Pyrénées méditerranéennes". Préhistoire Anthropologie méditerranéennes, nº 10-11, pp. 39-52.

Zilhao, J. (2006): "Chronostratigraphy of the Middle-to-Upper Paleolithic Transition in the Iberian Peninsula". Pyrenae, v. 37, nº 1, pp. 7-84.

lunes, 26 de marzo de 2012

El Chatelperroniense (I): Origen, desarrollo e industria lítica

ResearchBlogging.org¿Otra serie?.... hum, vale ¿Pero ésta de qué va?

Comienzo con este post una serie de notas (espero que no sean más de tres o cuatro) en las que trataré de dar una visión general de la cultura arqueológica que llamamos Chatelperroniense (o algunos autores, Castelperroniense). En cada nota, utilizaré un artículo de síntesis o de "estado de la cuestión" ya existente (o un par de ellos), para ir comentando los aspectos más destacados de esa cultura material de los últimos Neandertales.

¿Y empezamos por?

Para comenzar, he creído razonable recurrir a un (recomendable) trabajo de J. Pelegrin y M. Soressi publicado en 2007, porque ese artículo aborda la cuestión de la industria lítica del Chatelperroniense y lo hace buscando sus orígenes en el Musteriense, que como sabemos fue la cultura material de los Neandertales en el Paleolítico medio europeo.

Y además, los autores se centran en la zona donde esa cultura cuenta con más yacimientos y niveles (y que es parte del actual estado francés), considerada la región central o nuclear del Chatelperroniense.

Venga ¡Al lío!

En el trabajo, los autores comienzan dando las claves cronológicas y espaciales del Chatelperroniense, desde del relativo consenso que existe sobre la cuestión: Los yacimientos (unos 50) se concentrarían en un cuadrante amplio al S-O de Francia, desde los Pirineos hasta el Valle del Loira, con los sitios en Arcy-Sur-Cure como los más septentrionales.

Mapa de los principales sitios chatelperronienses, según Pelegrin 1995 (reproducido en Pelegrin y Soressi 2007).

Y en cuanto a la cronología, lo sitúan en una franja de entre 40.000 y 36.000 años "Before Present" (BP) dentro de la escala relativa del C14 sin calibrar. Eso en cronología real correspondería al intervalo entre 45.000 y 40.000 años BP.

Además, Pelegrin y Soressi recuerdan que las supuestas estratificaciones de Chatelperroniense y Auriñaciense propuestas en los años 60 (en Roc de Combe y Le Piage) son en realidad fruto de secuencias revueltas, como muestra la tesis de J.-G. Bordes del año 2002.

Esa cronología sitúa al Chatelperroninse como ligeramente anterior a cualquier iteración del Auriñaciense europeo, y más o menos contemporáneo del Uluzziense de Italia, del Bachokiriense, del Bohuniciense,  y del complejo mundo de las industrias Blattspitzengruppen (Lincombiense, Jerzmanoviciense, Altmühlgruppe/Ranisiense, Szeletiense…). Por otra parte, se yustapondría en parte con la cronología del Protoauriñaciense.

Bueno, si... muchos nombrecitos. Ahora, cosas concretas, por favor.

Los yacimientos Chatelperronienses, dentro de que comparten unas características generales, también tienen cierta variabilidad, y eso es lo que describen los autores en el siguiente apartado.

Los sitios más típicos son ocupaciones en pequeños abrigos rocosos. Por ejemplo, en la Grotte du Renne (Arcy-sur-Cure), de la que hemos hablado en este blog largo y tendido, los niveles arqueológicos incluyen suelos de ocupación, y algunos de ellos muestran evidencias de estructuras (hoyos de palos y defensas de mamut para sostener tiendas) y del uso de pigmentos minerales (ocres). Esos hallazgos apuntan a una cierta importancia o duración de aquellos campamentos neandertales.

En otros sitios, como las grutas de Brassempouy, los restos sugieren más bien que se trata de altos de caza, es decir ocupaciones muy fugaces de los Neandertales, que se detuvieron para reparar su armamento de caza, procesar algunos animales y quizás descansar en esa cueva.

También hay sitios al aire libre, entre los que destacan, por su visibilidad arqueológica, los talleres de sílex (que dejan grandes cantidades de restos líticos, muy resistentes al paso del tiempo y los elementos). Otro tipo de yacimiento al aire libre sería el sitio de La Cote, un pequeño campamento ocupado durante un periodo breve, de varios días a un par de semanas.

Según los autores, todos estos yacimientos del Chatelperroniense tienen en común  que son ocupaciones poco densas (aunque a menudo repetidas en el mismo lugar) y cortas en el tiempo. Evocan una organización basada en pequeños grupos muy móviles, que se desplazan por territorios relativamente grandes. Esos grupos se centrarían en la caza de manadas de grandes ungulados de clima estepario (reno, caballo y gran bóvido) y más bien frío.

Tenemos cronología, geografía, yacimientos, ocupaciones...  Falta algo básico ¿no?

El aspecto central, que permitió definir al Chatelperroniense, es su industria lítica, de piedra tallada. Los objetos más característicos de esta cultura arqueológica son las puntas o cuchillos de Chatelperrón, unos útiles fabricados sobre láminas de pequeño formato, con un dorso retocado en una linea curva, y una base que puede estar también retocada. Los estudios funcionales sobre estas piezas han demostrado que se utilizaron como puntas de arma, para lanzar o clavar directamente con la mano, y también como cuchillos (que probablemente estaban enmangados). Otros útiles típicos del Chatelperroniense son los raspadores de formato grande sobre lasca, y varias piezas de dorso.
Punta/cuchillo de Chatelperrón

Puntas/cuchillos de Chatelperrón de Quinçay, según Airvaux et al. 2005 (reproducido en Pelegrin y Soressi 2007).

En cuanto a las técnicas de producción lítica, se trata de una talla laminar, realizada con percutores de piedra "blanda" (areniscas, calizas, etc) que comienza con la configuración de una hoja o lámina de cresta. Y a partir de esa primera hoja, se comienzan a extraer series de láminas, rectas, regulares y delgadas. Para gestionar el núcleo, además de las láminas se producen también lascas como sub-productos, que no obstante son aprovechadas para fabricar otro utillaje.

A continuación, Pelegrin y Soressi hacen una somera descripción de la industria ósea y los objetos de adorno del Chatelperroniense, señalando que el útil más típico es el punzón de hueso, y el adorno por excelencia, el diente perforado. Los sitios más importantes en ese aspecto son los de Arcy-sur-Cure, y La Grande Roche en Quinçay. Y aprovecho para apuntar que esta cuestión de la industria ósea y los adornos se ha tratado ya en este blog, y que volveré sobre ella, de manera más extensa, en un próximo post de esta misma serie.

Ok. Dicho esto ¿De dónde viene la cultura Chatelperroniense?

Los autores reconocen que los orígenes concretos del Chatelperroniense, en términos de como se forman esos rasgos característicos, aún no se conocen con detalle. Sin embargo, sucesivos estudios (desde Peyrony en 1948 a los propios autores del artículo, pasando por las excavaciones de F. Bordes en Pech de l'Aze) han aportado datos bastante sólidos que ligan el origen del Chatelperroniense con una facies o variante regional del Musteriense de Francia. En concreto, con el Musteriense de Tradición Achelense tipo B (MTA-B). Los autores mencionan:
  • el tipo de utillaje, 
  • las dinámicas de retoque, 
  • y cierta tendencia laminar en ese Musteriense, 
como elementos que prefiguran el Chatelperroniense. Y, a modo de hipótesis, proponen como mecanismo explicativo del cambio que da origen a esa cultura la invención de la punta/cuchillo de Chatelperrón, que se difunde rápidamente y se convierte en una innovación técnica que modifica todo el sistema económico.

Y sobre su final... ¿algo que mencionar?

Los autores consideran tres posibilidades para que desaparezca una cultura arqueológica: Por evolución (convirtiéndose en algo distinto), por desplazamiento a otro lugar, o por la desaparición de sus autores. Parece según ellos que sólo la última posibilidad es coherente con el registro posterior, lo que liga el final del Chatelperroniense a la desaparición de los Neandertales, al menos en su zona nuclear (S-O de Francia).

En ese sentido, Soressi y Pelegrin recuerdan como algunos arqueólogos defienden que los Neandertales desaparecieron por competencia directa con los Humanos Anatómicamente Modernos (HAM), porque los primeros eran inferiores en capacidades intelectuales, lo que influía en su "output" económico-social. Los autores del artículo (y el de este blog) creen que la evidencia no apoya de ninguna manera esa inferioridad, por lo que las causas deben buscarse en otro sitio.

Para finalizar, y a modo de hipótesis, Pelegrin y Soressi especulan con la posibilidad de que, al estilo de los colonos europeos en los siglos XVI al XIX, los HAM del paleolítico trajeran enfermedades a Europa, dolencias contra las que los Neandertales carecían de defensas. Y esas enfermedades los habrían diezmado.
 
En fin, todo muy bonito. Pero algo habrá que criticar... 

En general se trata de un trabajo muy sólido, con vocación de síntesis, y de explicar de manera amplia y general el origen y desarrollo del Chatelperroniense. Como puntos fuertes, yo señalaría ese espíritu generalista e interpretativo, apoyado firmemente en la evidencia arqueológica, eso sí. También me gusta como distinguen claramente lo que son hipótesis y especulaciones de los hechos más sólidamente probados, anunciando unas y otros en el texto.

Dicho esto, hay unas pocas cosas con las que no estoy de acuerdo y que quizás se podrían mejorar. En primer lugar, la cuestión cronológica se presenta como muy definida y cerrada, y creo que en realidad está más abierta. Según otros autores al menos (Joris y Strett 2008), la ventana temporal del Chatelperroniense es algo más amplia de las fechas que proponen Pelegrin y Soressi, extendiéndose quizás entre 45.000 y 36.000 BP. Es decir, casi cuatro milenios más. Eso situaría al menos la iteración más reciente de esa cultura como contemporánea del Auriñaciense.

Otra cuestión que no comparto es la idea de que una invención tecnológica, las puntas de caza de tipo Chatelperrón, pueda ser el motor del cambio histórico de esas sociedades de cazadores-recolectores.

Por una parte, no creo que el armamento con puntas líticas ligeras sea una gran novedad. Ya fueran puntas de proyectil o de lanza empuñada, ese tipo de útiles existía en el Musteriense (en forma de pequeñas puntas Levallois y puntas Musterienses, presentes en muchos yacimientos como Axlor, Amalda o Cova Eirós). Y, por otra parte, creo que el cambio tecnológico no se entiende, en las sociedades de cazadores-recolectores, si no es en interrelación con los cambios en la estructura de las relaciones sociales y económicas. Son esas relaciones las que hacen que el cambio tecnológico (es decir, la innovación) pueda tener lugar, porque el cambio tecnológico debe dar respuesta a unas tensiones o unas necesidades percibidas como tales a escala social. Por tanto, doy la razón a los autores en una cosa: que el cambio tecnológico puede estar en el centro de la explicación del cambio histórico. Pero pienso que la argumentación que proponen no es suficiente.

Algo similar me sucede con la hipótesis de las epidemias para explicar la desaparición del Chatelperroniense. Me parece un deus ex machina, en el sentido de que es algo ajeno a los razonamientos de los autores, que se "deja caer" al final del trabajo. Y por eso, independientemente de que pueda o no ser plausible, hubiera preferido alguna propuesta que se basara en el gran trabajo que han hecho y su profundo conocimiento de la realidad material del Chatelperroniense. En ese sentido, quizás desaprovecharon una buena oportunidad, de construir una propuesta a partir de su conocimiento arqueológico.

Yo lo hubiera preferido, antes que recurrir a un paralelismo etnohistórico con la época colonial, que puede ser un poco anacrónico.

Y termino recomendando, una vez más, la lectura del artículo en cuestión. Está escrito en francés, pero con voluntad didáctica y una prosa concisa y bastante amena, que facilitan la lectura.


Referencia de Research Blogging

J. Pelegrin, & M. Soressi (2007). Le Châtelperronien et ses rapports avec le Moustérien Les Néandertaliens. Biologie et cultures. Documents préhistoriques, 23, 283-296

Bibliografía

Airvaux J., Duport L., Lévêque F., Primault J. (2005): L’Homme préhistorique et la pierre, v. 4, Paris, Maison de la géologie.

Bordes, F. (1975): "Le gisement du Pech de l'Azé IV. Note préliminaire", Bulletin de la Société préhistorique française. Études et travaux, t. 72, pp. 293-308.

Bordes, J.-G. (2002): Les interstratifications Châtelperronien / Aurignacien du Roc-de-Combe et du Piage (Lot, France). Analyse taphonomique des industries lithiques; implications archéologiques. Tesis Doctoral. U. de Burdeos.

Jöris, O. y Street, M. (2008): "At the end of the 14C time scale—the Middle to Upper Paleolithic record of western Eurasia", Journal of Human Evolution, v. 55, Inº 5, pp.782-802.

Mellars, P. (1999): "The Neanderthal Problem Continued", Current Anthropology, v. 40, nº 3, pp. 341-364.

Pelegrin, J. (1995): "Technologie lithique: le Châtelperronien de Roc-de-Combe (Lot) et de la Côte (Dordogne)" Cahiers du Quaternaire, nº 20. C.N.R.S. éditions.

Pelegrin J. y Soressi M. (2007): "Le Châtelperronien et ses rapports avec le Moustérien", en Les Néandertaliens. Biologie et cultures. Paris, Éditions du CTHS, (Documents préhistoriques; 23), pp. 283-296.

Roussel, M. y Soressi, M. (2010): "La Grande Roche de la Plématrie à Quinçay (Vienne). L'évolution du Châtelperronien revisitée" en J. Buisson-Catil y Primault (Eds.) Préhistoire entre Vienne et Charente - Hommes et sociétés du Paléolithique, pp. 203-219.