Después del paréntesis veraniego, quiero retomar las entradas de éste blog haciendo un poco de balance del estado del
conocimiento científico sobre los Neandertales. En ese sentido, me gustaría destacar la importancia enorme que -en mi opinión- ha tenido
el año 2011 en el avance de nuestros
conocimientos sobre las
sociedades neandertales.
La biología fue por delante, pero no pudo responder a todo (¡afortunadamente para los arqueólogos!)
Remontándonos al año anterior (2010), habría que empezar diciendo que aquel año fue fundamental desde la
biología y la
genética: los descubrimientos sobre el
pasado de nuestro ADN (a partir del primer borrador del
Genoma Neandertal) fueron enormes, y cambiaron (y aventuro que seguirán cambiando, a pasos agigantados) la visión de la
evolución reciente de nuestros ancestros. Y, también, de sus
relaciones con otras poblaciones humanas, a veces llamadas
"arcaicas".
De los citados descubrimientos, quizás el más relevante para los Neandertales fuera el siguiente: el hallar evidencias de que hubo una
hibridación (posiblemente limitada) entre las
poblaciones de "humanos modernos" salientes de África y las
poblaciones neandertales de Oriente Medio. Ese hecho señala a la existencia de
interfertilidad entre dichas poblaciones, y hace
realmente difícil sostener que los Neandertales eran una
especie distinta a la nuestra, y no digamos ya afirmar o implicar que no eran "humanos".
Todos esos hitos empezaron a ver la luz -como decía- en 2010 y han supuesto un
gran revulsivo para los
estudios evolutivos y de
genética de poblaciones. Pero, por otro lado, hay que admitir que aportan una
información escasa o limitada sobre la
cultura, las
capacidades cognitivas, o la
organización social del
Hombre de Neandertal.
Con la
excepción de algunos estudios muy específicos (cómo el
análisis del parentesco de los
Neandertales de El Sidrón) lo que
la genética y la biología nos aportan son
grandes marcos de conocimiento en términos
bio-evolutivos, pero no permiten profundizar en los aspectos de la
organización económica, social y cultural de aquellos seres humanos.
Pero por fortuna, la
arqueología prehistórica sí está en condiciones de abordar, cada vez de forma más rigurosa y empírica, esos
aspectos cognitivos, organizativos y simbólicos. Es decir, de empezar a escarbar,
con todas las precauciones, limitaciones y seguros necesarios, en las mentes de aquellas poblaciones humanas.
2011: un gran año
En este sentido, en el
año 2011 (en lo que llevamos del mismo) se han publicado novedosos y decisivos trabajos que, en base al estudio de los
restos de la cultura material de los Neandertales, avanzan en el
conocimiento de sus modos de vida.
La organización de la subsistencia y la explotación del medio
Desde la perspectiva de
la subsistencia, este año se ha avanzado de forma muy sustancial en la comprensión de la adaptabilidad y la capacidad de planificación de las poblaciones Neandertales. Se ha estudiado cómo los Neandertales
explotaban diferentes paisajes y nichos ecológicos (como los
estuarios, playas y marismas), y también se han aportado indicios fiables sobre la organización de
cacerías comunales, y sobre la
caza por interceptación de
grandes mamíferos migratorios.
Estos aspectos dibujan una imagen de
complejidad, de subsistencia estructurada, planificada y coherente. Y, lo más importante,
similar (o prácticamente idéntica) a cualquier grupo de
cazadores-recolectores, sean del
Pleistoceno o de etapas más recientes (de la prehistoria o sub-actuales).
Las herramientas de los Neandertales y su tecnología
En cuanto a la producción de los
instrumentos de trabajo, algunos estudios de 2011 han vuelto a remarcar la complejidad y los notables requisitos cognitivos de la
tecnología de la talla de la piedra que llamamos
Musteriense o de
Paleolítico medio. Pero, de hecho, estos aspectos de modernidad o capacidad cognitiva ya vienen siendo
estudiados desde hace décadas y no suponen por si mismos una novedad (aunque cabe decir que el avance de la disciplina es firme y constante en ese aspecto).
Si es novedosa, hasta cierto punto, la recuperación de una idea: que entre las
últimas poblaciones Neandertales se extendió la fabricación y uso de un
complejo instrumental en hueso, un "logro" que tradicionalmente se había considerado exclusivo de los "humanos modernos".
La situación actual, al
reafirmarse la presencia y validez de los
útiles en hueso del
Chatelperroniense francés, y del
Uluzziense italiano, y quizás en otros tecnocomplejos europeos de entre hace 50.000 y 40.000 años, apunta a otro tipo de procesos (no relacionados con incapacidades cognitivas) para explicar la difusión de la
producción y uso del instrumental óseo en Eurasia.
Una gran
sorpresa, en términos del instrumental de trabajo de los Neandertales, ha sido la reciente publicación (en la
prensa) del hallazgo en
Abric Romaní de una especie de "
pala", un útil trabajado hecho de
madera, con mango, muy similar a los usados en etapas tan recientes como el
Neolítico.
En mi opinión, en la situación actual de las investigaciones -y al margen de los procesos bio-evolutivos de sustitución de unas poblaciones por otras- no se puede decir que, desde el punto de vista de la
complejidad y "modernidad" de los instrumentos de trabajo, existan diferencias entre las
últimas poblaciones neandertales y los
primeros "humanos modernos" de Europa y Asia occidental.
Simbolismo y comportamientos culturales complejos
Lar referencias al trabajo del hueso y a los tecnocomplejos Chatelperroniense y Uluzziense nos llevan hasta
otro aspecto destacado de la literatura científica de
2011: Los trabajos sobre las
capacidades simbólicas y la expresión de
comportamientos culturales complejos. En ese ámbito la "explosión" de publicaciones ha sido espectacular, y permite atisbar un
gran abanico de expresiones simbólicas entre los Neandertales. Expresiones que, o bien eran
desconocidas hasta ahora, o bien han sido escatimadas al debate científico hasta este año (por falta de
estudios en profundidad o por la inercia de los
tópicos de las incapacidades neandertales).
Entre esas formas de expresión simbólica destacan los
elementos de adorno corporal, como los
colgantes y el
colorante mineral (ocre), cuya presencia es nutrida, bien datada, e inequívoca, en el
Chatelperroniense francés; y posiblemente también forma parte del bagaje cultural del
Uluzziense italiano. Y no sólo en
contexto "transicionales", cercanos en el tiempo a la presencia de los "humanos modernos", sino también en momentos
más tempranos y propiamente
Musterienses, como las
conchas decoradas y el
colorante de las cuevas murcianas de
Los Aviones y Cueva Antón, o el uso de
plumas de aves en el
musteriense italiano de Fumane.
También, en lo referente a los comportamientos simbólicos, un
nuevo artículo científico, después de un
exhaustivo examen tafonómico, revindica el carácter de
instrumento musical del artefacto conocido como "
flauta de Divje Babe", hallado en un contexto neandertal.
Welcome to the human mind!
Todos estos aspectos
constatados o reafirmados por la arqueología en 2011, creo que -con pocas dudas y precauciones- permiten
situar de manera sólida a las
sociedades neandertales dentro del conjunto de las sociedades humanas de
cazadores-recolectores (tanto del Pleistoceno cómo de épocas más recientes, e incluso sub-actuales),
sin que se aprecien diferencias cognitivas o de "desarrollo cultural" sustanciales, entre Neandertales y "humanos modernos".
Por ello, quiero terminar este
post afirmando que (aún sabiendo que la ciencia es un contínuo donde nada se da por hecho de manera definitiva)
debemos dar la bienvenida a los Neandertales a la "mente humana". Es decir, debemos admitir que la evidencia apunta a que pensaban como cualquier otro ser humano inmerso en sus mismas condiciones (en términos históricos), y que -por tanto-
actuaban cómo cualquier otro cazador-recolector conocido
.
Y, por lo tanto, debemos abandonar la idea de que eran una especie o población inferior, intelectualmente peor dotada, o de algún modo limitada en términos cognitivos; porque nada, absolutamente nada, en el registro de sus realizaciones materiales, sugiere algo así, sino todo lo contrario.