En el
anterior post hicimos un repaso de las distintas interpretaciones que se han hecho de la
interacción de Neandertales y carnívoros. En este post me voy a centrar en una serie de trabajos (más o menos recientes) que nos informan del
consumo de grandes animales peligrosos (carnívoros y grandes omnívoros, como los osos), por parte de los grupos Neandertales y de sus antepasados.
Cazadores de osos
Un
trabajo de 1995, de Auguste Patrick, marca la ruptura de una importante frontera mental. Este trabajo, excelente en mi opinión, trata con gran detalle el procesado de los animales abatidos en
Biache-Saint-Vaast (Pasde-Calais). Se trata de un
yacimiento Neandertal de Paleolítico medio. Patrick estudia los restos de muchos herbívoros, que son cazados, descuartizados y consumidos por el hombre. Y también los restos de osos pardos, que sufren el mismo procesado
antrópico.
Tras estudiar las huellas de corte presentes en
unos 2500 huesos, el autor concluye que se practicó una
caza especializada del oso, con un aprovechamiento tanto de la carne como de la piel. Propone también que los animales pudieron ser abatidos con trampas o desde "puestos de caza", y es interesante señalar que se cazaron, básicamente,
osos adultos.
Y en España, también.
En la Península Ibérica, varios zooarqueólogos y paleontólogos presentaron a lo largo de los años 90 del s. XX ejemplos concretos de huesos (de osos y grandes carnívoros) con huellas de la acción humana. Por lo general se trataba de
marcas de corte, realizadas con instrumentos de piedras como el sílex. Entre esos trabajos se puede destacar uno de
Alfonso Arribas Herrera y otros, en 1997, sobre la
Cueva de los Torrejones (Guadalajara).
En ese trabajo se presenta la intervención de homínidos sobre huesos de carnívoros, concretamente de
leopardos. La hipótesis que se plantea es un
aprovechamiento de la piel, tras la muerte del animal (es decir, carroñeo en su sentido más amplio). Este yacimiento tiene una datación muy amplia y poco concreta (del OIS 5 al OIS 3, más de 100.000 de arco cronológico) pero -con toda probabilidad- las acciones antrópicas se pueden asignar a los Neandertales.
Otro trabajo destacado en los años 90 es el de
Carlos Diez y otros (de 1999), que presenta marcas de corte en una falange de oso del estrato
TD6 de Atapuerca. Es decir, restos de unos 800.000 años de antiguedad y asociados al
Homo antecessor.
2010: Se abre la veda del carnívoro
A pesar de los antecedentes, como vemos nada deseñables, 2010 está siendo "
el año del consumo de carnívoros por nuestros antepasados más remotos". Desde Enero, se han publicado tres estudios (si bien uno es una nota científica breve) sobre el consumo de animales "peligrosos" por parte de los Neandertales o de sus "antecesores". Y en todos los casos, se trata de yacimientos de la
Península Ibérica.
En primer lugar tenemos el caso de
Cova Negra (Xàtiva, Valencia), donde
Manuel Pérez Ripoll y otros nos informan del hallazgo de restos de
cuón (un cánido parecido al perro y al coyote), con marcas de corte sobre los huesos. Los autores apuntan a un
aprovechamiento de la piel del animal, a partir de la posición de las marcas. Esos restos provienen de niveles Musterienses de Paleolítico medio. Están asociados, por tanto, al hombre de Neandertal.
En
Maltravieso (Cáceres), se han hallado
restos de hiena de cronología de Paleolítico medio (hace unos 120.000 años) con marcas claras de procesado carnicero. Los investigadores que estudian el yacimiento, en concreto
Antonio Rodriguez Hidalgo (en una nota en
Journal of Taphonomy), propone como hipótesis inicial que la hiena fue abatida y procesada
in situ por Neandertales.
Por último, un trabajo reciente de
Ruth Blasco y otros nos informa de la existencia de
restos de león en el nivel
TD10 de Atapuerca, que presentan marcas de descarnamiento. En concreto,
marcas incisas de corte con un útil de piedra. A partir de las marcas en el interior de las costillas, los autores deducen que el león fue eviscerado, lo que supone que los hombres de TD10 tuvieron un
acceso primario (no carroñero) al animal.
Los restos de león también tienen
huellas de impacto y fractura, realizadas con algún instrumento masivo, para obtener el
tuétano o grasa medular. En el mismo nivel se encontró otro resto de carnívoro con una marca de corte, aunque se trata de un
zorro (y por tanto no se puede considerar un animal peligroso). El nivel TD10 está datado en más de 400.000 años, y los humanos asociados son los
Homo heidelbergensis, la población de la que proviene el
H. neanderthalensis.
Conclusiones
Como balance final, podemos decir que se distinguen
dos situaciones distintas a partir de las evidencias arqueológicas.
Por una parte, están las evidencias del
Paleolítico medio de Biache-Saint-Vaast. Los datos ponen en evidencia que los Neandertales
cazaban osos adultos de forma habitual y organizada, y aprovechaban la carne y la piel de forma sistemática. Este hecho hace necesario pensar que esas poblaciones disponían de
capacidades de planificación y organización muy avanzadas. Y eso es del todo
incompatible con una visión de los Neandertales como homínidos simples y de capacidades cognitivas limitadas.
Por otra parte, tenemos un conjunto creciente de "otras evidencias": sobre el
procesado de carnívoros en
momentos bastante antiguos del Pleistoceno. Estas evidencias, sobre todo de la Península Ibérica, se asocian a especies humanas anteriores a los Neandertales (
H. heidelbergensis, H. antecessor). Aunque se trata de hallazgos singulares, su
número en aumento puede hacernos pensar en algo más que "sucesos únicos". Quizás, cabría pensar en una
estrategia "oportunista" pero habitual, vinculada al abatimiento o aprovechamiento de estos animales, por parte de los homínidos europeos del Pleistoceno. En todo caso, los recientes hallazgos y publicaciones sugieren que iremos sabiendo mucho más sobre el tema en los próximos años.
Referencias
Auguste Patrick, 1995: "
Chasse et charognage au Paléolithique moyen : l'apport du gisement de Biache-Saint-Vaast (Pasde-Calais)". En:
Bulletin de la Société préhistorique française. Tomo 92, N. 2. Abril-junio 1995. pp. 155-168.
Arribas Herrera, A.; Díez Fernández-Lomana, J.C.; Jordá Pardo, F.J., 1997:
"Primeras ocupaciones en los depósitos Pleistocenos de la Cueva de los Torrejones (Sistema Central Español, Tamajón, Guadalajara): litoestratigrafía y actividad biológica. A la memoria de Henry Laville".
Cuaternario y Geomorfología. 11 (1-2). pp.55-66.
Diez J. C., Fernandez-Jalvo, Y., Rosell, j., Caceres, I., 1999:
"Zooarchaeology and taphonomy of Aurora Stratum (Gran Dolina, Sierra de Atapuerca, Spain)",
Journal of Human Evolution, Volumen 37, 3-4,. pp. 623-652.
Perez Ripoll, M., V. Morales Perez J.,Sanchis Serra, A., Aura Tortosa J. E., Sarrion Montanana, I., 2010:
"Presence of the genus Cuon in upper Pleistocene and initial Holocene sites of the Iberian Peninsula: new remains identified in archaeological contexts of the Mediterranean region", Journal of Archaeological Science, Volumen 37, 3,.pp: 437-450.
Rodríguez Hidalgo, A., 2010:
"The scavenger or the scavenged",
Journal of Taphonomy, 2010-1. The Taphonomist's Corner. pp. 75-76.
Blasco, R., Rosell, J., Arsuaga, J. L. Bermudez de Castro, J. M., Carbonell, E., 2010:
"The hunted hunter: the capture of a lion (Panthera leo fossilis) at the Gran Dolina site, Sierra de Atapuerca, Spain".
Journal of Archaeological Science, Volumen 37, 8. pp. 2051-2060.
Nota Final: Mientras terminaba este post, he recibido noticia de que
John Hawks ha tratado precisamente el
león de TD10 en su blog. Aprovecho también para citar
varios blogs de Prehistoria y Paleoantropología, cuyos posts sobre Neandertales y Carnívoros me han sido de gran ayuda para rastrear las referencias bibliográficas que he utilizado en esta nota:
Mundo Neandertal,
NeanderFollia,
Pileta de Prehistoria, y
Paleolítico Noticioso.