miércoles, 12 de septiembre de 2012

Las estrategias de caza de los Neandertales IV: Renos, movilidad y el Musteriense Quina de Jonzac


ResearchBlogging.org

Para este post he preparado la revisión de un artículo "en prensa", pero ya disponible en linea, del Journal of Human Evolution. El trabajo, de Laura Niven y colegas,  aborda varios aspectos de las estrategias de caza, y en general, de subsistencia, de las poblaciones neandertales del Oeste de Francia, en un momento relativamente tardío del Paleolítico medio (OIS 4).

El título del artículo es Neandertal mobility and large-game hunting: The explotation of reindeer during the Quina Mousterian at Chez-Pinaud Jonzac (Charente-Maritime, France), y está disponible en linea en ScienceDirect, aunque es de pago/suscripción.

El sitio de Jonzac (casi de memoria)

Curiosamente, conozco desde hace años el sitio de Chez- Pinaud Jonzac a través de la bibliografía sobre sus importantes niveles de Paleolítico medio, sus industrias líticas de tipo Quina, y la abundante presencia de útiles en hueso (retocadores).

Retocador en metatarso de reno (Figura 10 en L. Niven y otros, 2012)

Por desgracia, no he podido visitarlo todavía en persona,  pero a pesar de ello me siento capaz de hacer una descripción "general-bibliográfica" casi de memoria: Jonzac tiene una potente secuencia estratigráfica de Paleolítico medio (Musteriense), con niveles claros y bien ordenados, y separados por estratos estériles desde el punto de vista arqueológico.

Vista de Jonzac en la campaña de 2004 (Foto 3 en informe J. Jaubert y otros, 2011)  

En sus niveles más antiguos (que tampoco lo son tanto, ya que la secuencia se atribuye a los OIS 4 y 3), y empezando en el 22, dominan las industrias líticas de raederas con retoque Quina. Este es un tipo de retoque sobre lascas espesas, que da al filo un aspecto escamoso y escaleriforme. También hay abundantes retocadores en hueso, que se asocian a ese tipo de trabajos, de retocar lascas.

Por otro lado, en los niveles más recientes, a partir del nivel 8, hay una industria de denticulados con presencia de talla Levallois, seguida de un Musteriense de Tradición Achelense; y finalmente algunas evidencias aisladas de Auriñaciense, en la última parte de la estratigrafía.  

Además de los estudios de industria lítica y el artículo que nos ocupa ahora, sobre Jonzac se han publicado otros estudios muy interesantes: Estudios que abordan la dieta neandertal a partir de los isótopos, o trabajos sobre los movimientos migratorios de sus presas (renos). Ese último, en concreto, ya lo revisé hace tiempo en otro post del blog: Estroncio, renos viajeros y cacerías por interceptación.

Al grano: un breve resumen del contenido del trabajo

El artículo que voy a revisar presenta en concreto el estudio detallado de una parte de la fauna del nivel 22 del yacimiento, los renos. Esa es la principal especie animal cazada y consumida por los Neandertales, cazadores-recolectores que habitaron aquella zona y dejaron restos de sus campamentos en el nivel 22.

Reno (Rangifer tarandus). Foto: Alexandre Buisse, 2007. 

En este punto, un brevísimo repaso a las características del reno: es un cérvido de clima frío, con cuernas en ambos sexos, que se renuevan anualmente. Tienen un comportamiento migratorio que se caracteriza por importantes desplazamientos anuales hacia zonas más templadas en otoño y de regreso en primavera. En esos desplazamientos se forman grandes rebaños, sobre todo en la migración de primavera, en que pueden ser de hasta medio millón de animales y desplazarse miles de kilómetros.


Se cree que las poblaciones del final del Pleistoceno compartían en general estos rasgos de las actuales, y que su rango de hábitat descendía en latitud (esto es, hacia el Sur) en los momentos fríos de los periodos glaciares. Por eso, en territorios como la actual Francia, la presencia de gran cantidad de renos se asocia con momentos de avance glaciar.

Rebaño de renos (Foto: Cameron Hayne, 1978)

En Jonzac, los fragmentos de hueso de reno identificados como tales son casi dos mil "items", lo que hace que dominen la muestra de fauna de manera clara (los siguientes en importancia son los restos de caballo -algo más de 200- y de gran bovido -algo más de 150). Contando partes del esqueleto únicas de distintos individuos, se calcula que el Número Mínimo de Individuos sería de 18 (aunque probablemente se trata de los restos de bastantes más animales)

Los autores han estudiado varios aspectos de esos restos de reno, para reconstruir la subsistencia y las estrategias de caza de los Neandertales: La distribución de edad y sexo de los animales; la estación del año en que fueron abatidos; las partes del animal (extremidades, tronco, etc) que están presentes y en qué frecuencia; y las evidencias de procesado de las carcasas animales por parte de los cazadores-recolectores de Jonzac.

Sexo, edad y estación de la muerte  

La proporción de sexos en los renos cazados se calcula en este estudio a partir de las medidas de los huesos identificados, en base al dimorfismo sexual de los individuos (las diferencias, sobre todo de tamaño, entre machos y hembras).  La conclusión de varios análisis complementarios es que la muestra de Jonzac parece tener una proporción equilibrada de ambos sexos, sin un sesgo fuerte en ninguno de los dos sentidos.

En cuanto a la edad y la estación de la muerte, ambos aspectos siguen la misma lógica de estudio: Analizar el crecimiento de huesos y dientes y el momento en que se interrumpe (esqueletocronología), para calcular la edad del animal en el momento de su muerte. Y en algunos casos (gracias a lo específico del crecimiento dental), también la estación del año en que murió.

Estas técnicas muestran que, en lineas generales, se cazaron sobre todo ejemplares adultos de más de tres años de edad, y que fueron abatidos en la estación fría: desde finales del otoño , y sobre todo en invierno.

Partes del esqueleto y transporte de carcasas

En cuanto a las partes del esqueleto presentes (extremidades, tronco, cráneo...) los análisis sugieren algo de sesgo por la desaparición de los huesos menos densos (son más vulnerables a los agentes naturales, como la alteración química de los sedimentos, la escorrentía de agua, etc...).

Por el contrario, no parece haber una aportación diferencial de partes del animal con mayor valor alimenticio (p. e. la mitades superiores de las extremidades). Y hay detalles que apuntan a que se pudieron llevar carcasas completas o casi completas. En particular, la presencia de casi todos los huesos del esqueleto (aunque en distintas proporciones), y el hecho de que se encontraron algunos elementos anatómicos en conexión, es decir, no desarticulados.

Evidencias del procesado

Según explican los autores, los restos de reno de Jonzac presentan evidencias extensivas de procesado de tipo "carnicería" (para despiezar, aprovechar la carne, el tuétano de los huesos, etc).

Un 22% de los huesos presenta huellas de corte, y esos restos se distribuyen entre todas las partes del esqueleto. Las huellas de corte reflejan trabajos de despellejado, despiezado y descarnado. Después de esas tareas, se produce una fragmentación en fresco de los huesos, bastante intensa, que los reduce a esquirlas de un tamaño pequeño o mediano.

Esa fragmentación en fresco se realiza con útiles masivos, que dejan distintos tipos de marcas de percusión en los huesos (pero sobre todo, huellas de impactos y fracturas en fresco). Los autores lo interpretan como una actividad llevada a cabo para obtener el tuétano del interior los huesos largos.

Estructura tipo y partes de un hueso largo de extremidad

Por último, hay muy pocas evidencias de combustión en los restos óseos, y en general pocas evidencias que estructuras o episodios de combustión importantes en el nivel 22 en su conjunto.

Mención aparte merecen los 81 retocadores de hueso de reno, hallados en el nivel. Casi todos son esquirlas de la parte más densa de la caña (diáfisis) de distintos huesos de las extremidades. Se utilizaron en trabajos de percusión, para retocar con ellos los útiles líticos (que son, sobre todo, raederas Quina).

Síntesis y conclusiones de los autores

Los autores explican que, según su interpretación de los datos, "durante el Musteriense Quina" (...during the Quina Mousterian...) Jonzac fue un lugar donde se llevó a cabo el procesado de renos cazados en eventos independientes de carácter estacional. Se abatieron animales adultos (..prime-adults...) machos y hembras, sin que se pueda saber si el objetivo eran rebaños mixtos, que reunían animales de ambos sexos, o si se cazaban alternativamente rebaños de machos y de hembras.

La ausencia de evidencias importantes de fuego sugiere que los Neandertales no lo usaron en Jonzac, al menos de manera intensiva, para procesar (i.e. cocinar) los recursos cárnicos.  Además, para los autores la falta de presencia de rastros de fuego y estructuras de combustión apunta a un escenario en el que los Neandertales ocuparon el sitio por periodos muy cortos, dentro de estrategias de una movilidad muy grande de los grupos. Esto estaría en consonancia con la interpretación que le dan a las industrias líticas de tipo Quina, que se basan en útiles de gran durabilidad y posibilidad de reciclado, y de fácil transporte.

Por otro lado, no creen que se pueda hablar de una caza específica de grandes manadas, ya que consideran que los restos pueden provenir de eventos individuales de caza de renos, coincidiendo con los momentos en que son más abundantes en el medio. Y tampoco consideran que haya una especialización en el reno, ya que hay otros grandes ungulados presentes en la muestra. Del mismo modo, tampoco creen que se pueda hablar de un papel especializado de la ocupación, por similares motivos.

Elementos de crítica y algunas alternativas

Estamos ante un trabajo metodológicamente muy sólido, y con una aplicación impecable de las técnicas de análisis arqueozoológico y paleontológico a los restos de reno de Jonzac, nivel 22. En ese sentido, sólo puedo decir que es un gran trabajo y plenamente recomendable para cualquiera interesado en este tipo de estudios.

Sin embargo, tengo más problemas a la hora de aceptar la parte de síntesis general e interpretación que hacen los autores. Creo que, en parte, son demasiado "conservadores", en el sentido de que no se deciden a buscar o contrastar los rasgos de complejidad y planificación (en las actividades de caza) de los Neandertales de Jonzac. Al menos a mi esos rasgos me parecen mucho más evidentes de lo que leo en sus conclusiones finales.

En el centro del problema, a mi entender, está la cuestión del tipo de cacería que se presenta como el más plausible. Los autores se decantan por esos eventos individuales de los que hablabamos antes. Pero tal y como yo lo veo, hay muchos elementos que apuntarían a cacerías masivas por interceptación de grandes rebaños de renos:

  • La estacionalidad de la muerte en los animales cazados, que reflejaría las migraciones del otoño y se alargaría hasta algo entrado el invierno (periodos cuando los rebaños están bastante agregados). 
  • La presencia tanto de machos como de hembras, sin un sesgo hacia ninguno de los sexos, que podría apuntar a lo mismo que el punto anterior.
  • La gran abundancia absoluta de los restos de reno en el yacimiento, formando auténticos "lechos" de fragmentos y más fragmentos de hueso depositados en un espacio de tiempo relativamente corto (en términos tafonómicos).
  • La presencia de elementos de descarte completos (las patas aún articuladas) y la poca presencia del fuego, elementos esperables de un lugar de despiece primario de un número importante de presas procesadas por los Neandertales.

Además, hay otro trabajo sobre Jonzac (que comparte casi todos los autores con el que nos ocupa) centrado en estudiar los movimientos estacionales de los renos, a partir del ritmo de acumulación de estroncio en sus huesos (revisado aquí). Y ese trabajo concluyó que: es probable que tres renos distintos cazados en el nivel 22 de Jonzac perteneciesen al mismo rebaño migratorio  -o, como alternativa, que perteneciesen a distintos rebaños migratorios que siguieron exactamente las mismas rutas.

Creo que los autores tienen problemas para concebir el escenario de la caza masiva por interceptación (que a mi me parece bastante razonable) porque se limitan a cierta interpretación de la ausencia del fuego en el nivel 22,  como elemento importante en la explicación del sitio. De ello se deriva un argumento "a la contra": Para ellos esa ausencia de fuego significa que no se procesó la carne para su conservación, y por lo tanto no sería lógico que se hicieran grandes cacerías -pues, aunque se abatieran varios o muchos renos, no se aprovecharía la carne de los mismos.

Sin embargo, es perfectamente posible pensar en agregaciones periódicas de grupos neandertales lo suficientemente  grandes para organizar cacerías masivas por interceptación, y también para aprovechar una parte importante de los recursos obtenidos, sin conservarlos (y por tanto, la sobre-abundancia se reflejaría en una sub-explotación de las carcasas, como parecen sugerir los elementos de descarte).

Ese tipo de agregaciones han sido propuestas, precisamente, para el Paleolítico medio asociado a Neandertales por B. Hayden (2012), un tema que ya hemos comentado también aquí.

Por último, me dejo en el tintero algunos comentarios sobre el Musteriense tipo Quina, y la atribución cronológica estricta que hacen los autores para estas industrias, pero no querría tampoco dar la impresión de que es un mal trabajo o que no tiene puntos positivos. De hecho, creo que es al contrario, que el trabajo es excelente desde un punto de vista del trabajo de laboratorio y la arqueometría, fallando sólo a la hora de considerar y valorar otras posibilidades. que también explicarían las evidencias presentadas.

Bibliografía adicional

Britton, K., Grimes, V., Niven, L., E. Steele, T., McPherron, S., Soressi, M., E. Kelly, T., Jaubert, J., Hublin, J-J., P. Richards, M. (2011): "Strontium isotope evidence for migration in late Pleistocene Rangifer: Implications for Neanderthal hunting strategies at the Middle Palaeolithic site of Jonzac, France", Journal of Human Evolution, v. 61, nº 2, pp. 176-185.

Jaubert J., Hublin J.-J., McPherron S., Soressi M., Bordes J.-G., Claud E., Cochard D., Delagnes A., Mallye J.-B., Michel A., Niclot M., Niven L., Park S.-J., Rendu W., Richter D., Roussel M., Steele Th., Texier J.-P., Thiébaut C. (2008):  Paléolithique moyen récent et Paléolithique supérieur ancien à Jonzac (Charente-Maritime) premiers résultats des campagnes 2004-2006, en J. Jaubert, J.-G. Bordes, I. Ortega (Ed.) "Les sociétés Paléolithiques d'un grand Sud-Ouest: nouveaux gisements, nouvelles méthodes, nouveaux résultats", Actes des journées décentralisées de la SPF des 24-25 nov. 2006, Mémoire 47 SPF, 370 pp.

Richards, M. P., Taylor, G., Steele, T., McPherron, S. P., Soressi, M., Jaubert, J., Orschiedt, J., Mallye, J. B., Rendu, W., Hublin, J.-J. (2008): "Isotopic dietary analysis of a Neanderthal and associated fauna from the site of Jonzac (Charente-Maritime), France", Journal of Human Evolution, v. 55, nº 1, pp. 179-185.

Referencia de Research Blogging   

Niven L, Steele TE, Rendu W, Mallye JB, McPherron SP, Soressi M, Jaubert J, & Hublin JJ (2012). Neandertal mobility and large-game hunting: The exploitation of reindeer during the Quina Mousterian at Chez-Pinaud Jonzac (Charente-Maritime, France). Journal of human evolution, 63 (4), 624-35 PMID: 22951376

lunes, 27 de agosto de 2012

Posible evidencia de división sexual del trabajo entre los Neandertales

                             
En una reciente reunión científica, de la Sociedad de Paleoantropología (en Memphis, Tennessee), se presentó una comunicación en formato poster, que he podido encontrar a través de Google Académico y es francamente interesante. 

Se trata de un trabajo mayoritariamente español, en el que dan cuenta del estudio de ciertas modificaciones de los dientes de los Neandertales de El Sidrón (Asturias). A partir de sus resultados, los autores proponen la existencia de formas de división sexual del trabajo, en las poblaciones neandertales.

Sí, puede sonar un poco raro, a priori. Pero, si se siguen sus razonamientos, tiene bastante sentido.

Los investigadores no toman en consideración todos los rasgos o modificaciones que pueden haber en los dientes, sino que se centran en lo que llaman rasgos "paramasticatorios" o "no-masticatorios". Se refieren a marcas, desgastes y estrías que tienen que ver con actividades culturales en un sentido material. Por ejemplo, de gestión de los recursos animales, vegetales, etc.

En concreto, las marcas que estudian son "estrías culturales" y "esmaltes desconchados", y lo hacen en un total de seis individuos (tres masculinos y tres femeninos) de El Sidrón.

De esos dos tipos de huellas, finalmente la presencia de "esmaltes desconchados" no se consideró significativa (con validez estadística), pero el análisis de las "estrías culturales" dió mejores resultados.

Esas estrías culturales se forman por el roce de instrumentos líticos (p.e. de sílex) con los dientes, y según S. Molnar (1972) están relacionados con distintos mecanismos de "sujetar y cortar". En concreto estaríamos hablando de sujetar con los dientes, y cortar con un instrumento afilado en la mano.

Volviendo al estudio en sí, los autores han medido las micro-estrías en los dientes de los seis individuos, con el resultado de que:

  1. En general las estrías microscópicas tienen la misma anchura entre los distintos casos, sin diferencias estadísticamente significativas entre ellos ni entre varones y hembras.
  2. Pero por el contrario, la longitud de las estrías si que presenta diferencias, que son estadísticamente significativas, entre las mujeres y los hombres neandertales. En concreto, las estrías en los dientes de las mujeres son sistemáticamente más largas. 

De estos datos, los autores deducen que la diferencia se debe a las tareas realizadas por unas y otros, que fueron distintas. Y es por eso que, a partir del patrón de los resultados, propongan que las estrías están documentando algún tipo de división sexual del trabajo.

Pero, con acertada prudencia (en mi opinión, y dado lo limitado de la información), no apuntan ni sugieren -por el momento- qué tipo de división sexual del trabajo podría ser.

En el marco más general de las investigaciones, este trabajo se suma a las propuestas de varios autores, sobre la posibilidad e hipotéticas evidencias de división (o no) sexual del trabajo en las poblaciones neandertales.

En este blog he tocado esa cuestión en la revisión de algunos artículos, en los siguientes posts: 


En fin, se trata de un tema fascinante, e importante para entender a esos grupos humanos, pero de enorme dificultad para ser investigado. Sobre todo, por lo alejado en el tiempo de estas sociedades humanas, y también por las limitaciones del registro arqueológico.

Por ello, trabajos como el que hemos visto son de gran interés, ya que abren nuevas ideas y perspectivas sobre cómo abordar la cuestión. Por último, a modo de crítica constructiva, señalar que con toda seguridad, una muestra de seis individuos de ambos sexos es, aunque valiosa, enormemente limitada y aún poco significativa. Pero, del mismo modo, creo que al ampliar este tipo de estudios a otros Neandertales (y en general a otros miembros antiguos del género Homo), se podrán conseguir resultados todavía más interesantes.

Referencia

Estalrrich, A., A. Rosas, R. Huguet, A. Garica-Tabernero, M. Bastir, S. Garcia-Vargas and M. de la Rasilla: "Evidence for non-foraging sexual division of labor in Neandertals from the El Sidron site (Asturias, Spain)", comunicación tipo poster,  Paleoanthropology Society 2012 Annual Meeting (Memphis, Tennessee).

Bibliografía adicional

Molnar S. (1972): "Tooth wear and culture: A survey of tooth functions among some prehistoric populations", Current Anthropology, nº 13, pp. 511–525.

d’Incau, E., Couture, C., Maureille, B. (2012): "Human tooth wear in the past and the present: Tribological mechanisms, scoring systems, dental and skeletal compensations", Archives of Oral Biology, v. 57, nº 3, pp. 214-229.


lunes, 6 de agosto de 2012

Neandertales, primeros "humanos modernos" y jinetes de rodeo

ResearchBlogging.org

Unas breves coordenadas para situarse...

El título de este post no es más que la traducción al castellano del último trabajo de Erik Trinkaus, publicado en el Journal of Archeological Science (de hecho, se trata de una corrected proof). En ese artículo se deja bien claro que la caza "cuerpo a cuerpo" de grandes herbívoros ya no es una explicación válida para los traumatismos detectados en los huesos neandertales. Y lo dice, precisamente, el autor que primero propuso y defendió esa hipótesis, lo cual, al menos, dice bastante sobre su honestidad.

Lo cierto es que "desdecirse" o corregirse a uno mismo, no es algo que se vea muy habitualmente en nuestros campos del conocimiento. Es normal y esperable que el estudio de nuevas evidencias supere nuestras antiguas visiones y modelos; y sin embargo, aunque estos casos de auto-correcciones se dan, no son todo lo habituales que deberían.

...y vamos al tema.

Volviendo al trabajo al que me refería, la cuestión comienza en 1995, cuando E. Trinkaus y T. Berger estudiaron los patrones de trauma óseo en los esqueletos neandertales conocidos, y propusieron una posible hipótesis explicativa: que esos humanos cazaban grandes ungulados "cuerpo a cuerpo". 

Las evidencias principales eran de tipo directo: las heridas óseas se concentraban en cabeza y brazos, y en general en la mitad superior del cuerpo, mientras que había pocas en la parte inferior, lo que es un patrón similar al de los traumas sufridos por los jinetes de rodeo actuales. Y también había evidencias indirectas: Las armas de caza que se proponían y conocían entonces, para los Neandertales, eran pesadas picas para utilizar cuerpo a cuerpo, tanto con punta de piedra como íntegramente de madera.

Sin embargo, pasados 17 años de esa propuesta, que ha sido utilizada en muchos modelos sobre la desaparición de las poblaciones Neandertales, este investigador veterano y bastante "directo", sin embargo, no tiene ningún problema en admitir que:

"Moreover, subsequent analyses of later Pleistocene human paleobiology and Paleolithic archeology indicate that it needs to be further qualified if not simply retracted"

En este nuevo trabajo Trinkaus compara los datos de su artículo original (con T. Berger) con los de Humanos Anatómicamente Modernos del Paleolítico superior inicial, que en 1995 no estaban disponibles y ahora sí.

Su conclusión es que, en términos estadísticos, no hay una diferencia significativa entre la distribución del trauma en unos y en otros, por lo que no se puede deducir que recibieran heridas de forma muy diferente, al menos con esas evidencias. Esto es importante porque deja claro un punto muy discutido en los últimos años: Si la caza de ungulados era o no más peligrosa para los Neandertales que para los primeros "humanos modernos". La evidencia, revisada, dice que no.

Mención aparte merece la reflexión de Trinkaus en cuanto a los datos disponibles sobre el armamento de caza de los Neandertales. Frente a la visión de 1995, en la que se afirmaba que usaban sólo armas pesadas de cuerpo a cuerpo, los trabajos recientes (como el que hemos revisado aquí de T. Lazuén, 2012) le permiten afirmar que:

"Yet, the analyses  have also documented sufficient quantities of projectiles, many with impact fractures, to have permited routine hunting at safe distance".

Es decir, que los Neandertales cazaban con armas de proyectil en el Paleolítico medio, al contrario de lo que se ha venido afirmando por otros autores.

¿Y ahora qué?

Por útimo, Trinkaus se ve en la necesidad de proponer una explicación alternativa para el patrón de traumatismos óseos del Paleolítico, ahora tanto de los Neandertales como de los primeros "humanos modernos", cuyos datos -como hemos visto- ya están disponibles. Para ello propone un modelo de múltiples factores, entre ellos:
  • La caza ocasional de grandes ungulados por emboscada (la hipotesis original del "cuerpo a cuerpo", pero reducida).
  • La sobredimensión de los traumas craneales como sesgo: A menudo los traumas en el esqueleto craneal pueden no corresponderse con daños realmente graves.
  • La movilidad como sesgo: Los individuos (Neandertales o "modernos") que recibieron lesiones graves en las piernas y no llegaron a un abrigo o cueva, fueron abandonados en el camino, al ser sistemas económico-sociales en los que la supervivencia del grupo se basa en la movilidad del mismo.
  • La violencia inter-humana, con casos probables tanto entre Neandertales (Saint-Césaire, Shanidar), como entre "modernos" del P. superior inicial (Sungir).
Cerrando el tema

En resumen, un breve, y recomendable estudio de Erik Trinkaus, que muestra algo muy importante en antropologia y arqueología: La importancia de hacer balance de las novedades que han surgido sobre un determinado modelo propuesto con anterioridad (aunque sea por uno mismo), y de saber reconocer cuando ese modelo ha dejado de tener validez.

Me vienen a la cabeza varios autores de los que no espero llegar a leer algo parecido, la verdad. Pero puede que incluso ellos me sorprendan.

Bibliografía adicional

Berger, T. D. y Trinkaus, E. (2012): "Patterns of Trauma among the Neandertals", Journal of Archaeological Science, v. 22, nº 6, pp. 841-852.

Lazuén, T. (2012): "European Neanderthal stone hunting weapons reveal complex behaviour long before the appearance of modern humans", Journal of Archaeological Science, v. 39, nº 7, pp. 2304-2311.

Referencia de Research Blogging para el artículo reseñado
Erik Trinkaus (2012). Neandertals, early modern humans, and rodeo riders Journal of Archaeological Science DOI: 10.1016/j.jas.2012.05.039

lunes, 30 de julio de 2012

Conejo asado y otras delicias (2ª parte)

ResearchBlogging.org
   
Podéis leer la primera parte de este post aquí: Conejo asado y otras delicias (1ª parte).

En esta segunda nota, me centraré en el estudio de D. Cochard et al. (2012), sobre el consumo de conejos en el yacimiento neandertal (Musteriense típico, en cronología de Paleolítico medio) de Les Canalettes, que está situado en el sureste de Francia. Haré una revisión crítica de los análisis que realizan sobre los restos de fauna (en concreto los Oryctolagus cuniculus) y de sus resultados, tratando de explicarlos lo mejor posible, de forma objetiva.

El yacimiento es un abrigo rocoso orientado al sur-suroeste en las estribaciones del Macizo Central. Tiene tres niveles arqueológicos de Paleolítico medio, con fauna de ungulados y presencia de conejo en todos ellos. Dos de los niveles habían sido estudiados con anterioridad, y la presencia de esos lepóridos se consideró cómo una acumulación natural, sin intervención humana. Los conejos del nivel restante (denominado Nivel 4) son los que estudian Cochard y colegas. Para estudiar el origen y la naturaleza de la acumulación de restos de conejo en el Nivel 4, los autores analizan múltiples lineas de evidencia, de forma complementaria.


Partes anatómicas

La primera de esas líneas es el estudio de la representación anatómica (las partes del esqueleto presentes y su frecuencia). Esa representación queda recogida en varias tablas y gráficos, entre los que destaca el gráfico que reproduzco a continuación, y que me ha parecido uno de los mejores de este tipo que haya visto:

Figura 4 de Cochard et al. (2012).

Las conclusiones de ese análisis son limitadas pero interesantes: Por una parte, se documenta que hay una sobrerrepresentación de las diáfisis (caña del hueso) frente a las epífisis (parte final) en los huesos largos. Y, por otro, los autores concluyen que no hay una correlación entre la densidad ósea de los restos y su presencia, lo que apunta a que no hay un sesgo muy marcado por una hipotética destrucción de los restos menos densos, que son más frágiles. En este sentido, puede asegurar que los resultados son concluyentes, porque en un primer momento su tabla (nº 5) y figura (nº 5) no me convencían, y me he tomado la molestia de verificar la ausencia de correlación, que ha resultado tal y cómo dicen Cochard y colegas.


Patrones de fractura

El siguiente paso del estudio es abordar los patrones de fragmentación ósea, en concreto centrándose en los huesos largos. Para ello se estudia el tipo de fractura, centrándose en saber si se produjo en fresco o en seco. Los resultados se resumen muy bien en su figura 7, que muestra cómo la muestra de Canalettes nivel 4 se agrupa con otros yacimientos en los que los conejos fueron consumidos o bien por humanos, o bien por otros carnívoros. Y, por el contrario, se separa de las muestras de acumulaciones naturales de lepóridos. Esto aleja la posibilidad de una acumulación natural (tipo madriguera, etc) cómo explicación de la presencia de los conejos del nivel 4.

Figura 7 de Cochard et al. (2012).
     
Además, en el detalle de los patrones de fractura de esos huesos, hay algunos indicios que apuntan más bien a una acción humana: algunas zonas cercanas a las articulaciones  muestran daños que son típicos de la desarticulación sistemática de las extremidades de un conejo, algo que haría un ser humano (y no harían otros carnívoros).


Modificaciones en la superficie del hueso

Esta es otra de las líneas centrales del análisis de Cochard y colegas. En primer lugar, presentan las modificaciones de agentes naturales abióticos (es decir, que no son animales ni plantas). En este aspecto, no coincido mucho en la atribución de un conjunto importante de melladuras y estrías a "abrasión sedimentaria".

No digo que no sea posible, pero me llama la atención que se desestime el "trampling" (acciones de arrastre, pisoteo, movimiento, etc) con  el argumento de que "produce normalmente orientaciones aleatorias". El carácter aleatorio de las estrías que se atribuye al "trampling", suele ser más a escala microscópica que macroscópica y, en todo caso, tiene su razón de ser en la acumulación de diferentes grupos de estrías que se forman en distintos momentos mientras los objetos se desplazan y rozan unos contra otros. En todo caso, coincido -en términos generales- en que esas marcas no parecen ser producto de la acción de plantas, animales, o humanos.

En el resto de huellas que documentan los autores, no tengo nada que criticar. Se trata de huellas de raíces, huellas de carnívoros (y un caso de hueso roído por un musaraña), marcas de corte antrópicas, alteraciones térmicas, y un ejemplar con posibles huellas de dientes humanos. Las huellas de carnívoro son bastante escasas en número, y los autores las consideran poco relevantes a la hora de explicar el conjunto.

Por el contrario, las huellas antrópicas de corte son algo más frecuentes, y se sitúan de forma bastante sistemática en las extremidades. Ocho de ellas testimonian la extracción de los paquetes musculares de las patas, y una estaría relacionada con la desarticulación inicial y el despellejado del conejo. Las alteraciones térmicas son escasas, pero sugieren que esas partes quemadas fueron asadas (al estar más alterado un extremo del hueso que el resto, que estaría cubierto de carne). Esa evidencia, junto con la mencionada de la presencia de posibles marcas de dientes humanos, apuntan con claridad al consumo antrópico de los conejos. 


Patrones de sexo y edad
  
El estudio de los autores termina con el análisis del sexo y edad de los lepóridos del Nivel 4. Sus resultados apuntan a un predominio de los ejemplares adultos sobre los inmaduros, y de las hembras sobre los machos. En términos interpretativos, estos perfiles apuntan a una captura de grupos de conejos cerca de sus madrigueras, aunque no excluyen por completo tampoco la "cosecha" masiva en las propias madrigueras.


Y por último, las conclusiones

Comparto las conclusiones de este trabajo al 99%, pero la forma en que los autores las abordan quizás merece un comentario. Cochard y colegas afirman:

"In Europe and southwest Asia, assemblages pre-dating the Upper paleolithic generally indicate that animal protein and fat were mostly derived from medium-to large-sized ungulates."

Pero, como dije en el anterior post,  esta imagen ha ido cambiando (consumo de lepóridos, aves, tortugas, peces, moluscos...) bastante en los últimos años, y un enunciado un poco más matizado hubiera sido mejor a mi entender.

Por lo demás, y como decía, comparto y apoyo las conclusiones de este trabajo, sobre todo dos puntos que expresan de manera explícita:

- Los patrones faunísticos enfatizan la existencia de estrategias complejas de obtención de recursos entre los Neandertales.

- El aprovechamiento de ese tipo de "caza menor" (animales pequeños y rápidos) no fue exclusivo de los Humanos Anatómicamente Modernos del Pleistoceno superior, sino que fue una práctica potencialmente habitual entre los llamados "humanos arcaicos" como los Neandertales.


Referencia de Research Blogging

David Cochard, Jean-Philip Brugal, Eugène Morin, & Liliane Meignen (2012). Evidence of small fast game exploitation in the Middle Paleolithic of Les Canalettes Aveyron, France Quaternary International, Volume 264 (20 June), 32-51 DOI: 10.1016/j.quaint.2012.02.014

jueves, 19 de julio de 2012

Neandertal de Roudier, en castellano.

Se ha publicado por fin la obra "Neandertal" del autor de cómic francés Emmanuel Roudier. Ha sido editada por Norma Comics.

Aquí os dejo una de las páginas que ha publicado Norma cómo PDF gratuito de muestra. Me encanta cómo dibuja el núcleo Levallois de tipo caparazón de tortuga, y el diálogo esbozando los principios de la talla:


Emmanuel Roudier tiene su propio blog en el que va poniendo avances y novedades de su trabajo artístico. Ahora mismo está trabajando en una adaptación de La Guerre du Feu (novela en la que se basó la película En Busca del Fuego).

lunes, 16 de julio de 2012

Conejo asado y otras delicias (1ª parte)

ResearchBlogging.org
Introducción: De qué vamos a hablar hoy, y porqué. 

Hace unas semanas pude leer un trabajo reciente de Cochard y otros (2012), sobre la evidencia del consumo de conejos en un yacimiento neandertal francés. Es un trabajo de lo más completo, y tiene una primera parte en la que hace una revisión crítica, bastante detallada, de las pruebas que tenemos del consumo de esos animales, y de otras presas de caza menor, por parte de los Neandertales del Paleolítico medio.

En la segunda parte, el trabajo presenta un estudio de los restos de conejos del yacimiento de Les Canalettes Aveyron (Francia). Para no caer, de nuevo, en la redacción de una única nota interminable, he decidido abordar la cuestión en dos partes.

Oryctolagus cuniculus, conejo común europeo. Foto: J. J. Harrison



En este primer post, daré cuenta de la revisión general de las evidencias de "caza menor" en el Paleolítico medio, que hacen Cochard y otros (2012). Y trataré de poner sus datos y conclusiones en relación a otros trabajos, y a las propias revisiones hechas desde este blog, de la cuestión más general de la dieta de los Neandertales.

En el siguiente post, trataré en concreto la evidencia de Canalettes Aveyron, y el estudio que hacen de la misma, que -ya adelanto- es muy completo e interesante, con una combinación de técnicas de análisis tafonómico y arqueozoológico de notable eficacia.

Algunas coordenadas generales 

He elegido el término castellano "caza menor" para el tipo de animales descritos en el artículo. Creo que el concepto se corresponde razonablemente bien con el término "small game" del estudio de Cochard y otros. En cuanto a ese trabajo, en su introducción los autores explican que este tipo de caza (la captura de pequeños animales), está bien documentada entre primates no humanos, así como en el registro etnográfico de cazadores-recolectores.

En el caso de los primates no-humanos, se refieren básicamente a los chimpancés (Pan troglodytes), que cazan pequeños animales, como los monos colobos rojos (Piliocolobus), como han descrito Watts y Mitani (2002) entre otros.

Colobo rojo, aperitivo chimpancé. Foto: Colin Houston

Respecto a esto, cabe comentar que las prácticas cazadoras de los chimpancés son de gran interés desde el punto de vista de la evolución y comportamiento de los primates, pero lo cierto es que están un tanto alejadas del papel social y económico que puede tener la caza menor entre cazadores-recolectores humanos (incluyendo los Neandertales).

Sí que puede ser interesante como punto de reflexión y comparación: Al poner de relieve que los chimpancés de distintas regiones y poblaciones cazan animales pequeños, se quita peso a los argumentos que tienden a asociar de forma automática la captura de pequeñas presas con el desarrollo de una mayor complejidad social o con los humanos "modernos" (frente a los "arcaicos" como los Neandertales -según esos planteamientos).

Por ejemplo, se ha planteado que la inclusión en la dieta de una variedad de especies de caza menor, y de otros recursos menores, como los moluscos, fue una ventaja adaptativa de los humanos anatómicamente modernos (HAM), frente a los Neandertales, mucho más centrados en la caza de grandes animales. Esa ventaja se basaría tanto en una "superior" capacidad de organización del trabajo (división sexual de las tareas, mayor capacidad de trabajar en grupos organizados), como en el desarrollo de tecnologías especificas (entre ellas, las redes).

En este sentido, es interesante investigación de M. Stiner, basados en último término en el concepto de Broad Spectrum Revolution, acuñado originalmente para el origen del Neolítico. Sus datos y propuestas metodológicas merecen consideración, si bien su perspectiva es, en mi opinión, en exceso lineal-evolucionista.

La liebre y la tortuga

En el trabajo de Cochard y otros, los autores explican que se van a centrar en la caza menor "rápida" (es decir, lepóridos como los conejos, pero también pequeñas aves, etc), dejando de lado otros recursos alimenticios poco móviles, como las tortugas.

 Testudo hermanni, tortuga mediterránea

Ésos animales, aunque se queden fuera de este estudio, tienen un gran interés destacado por varios autores. Se trata de recursos que pueden ser obtenidos de forma sencilla, lo que permite que se incorporen a esas tareas, por ejemplo, personas de movilidad reducida con respecto a los adultos jóvenes (niños, ancianos, mujeres en gestación, convalecientes, etc).

Cabe destacar, en este punto, que para el Paleolítico medio no se conocía hasta hace relativamente poco el consumo de tortugas, pero los trabajos de varios autores (Blasco 2008; Morales Pérez y Serra 2009), que hemos revisado aquí, han cambiado ese panorama. Hoy, la creciente evidencia de consumo de tortugas en el área mediterránea de la Península ibérica sugiere que esta actividad y recurso pueden haber sido subestimados para el Paleolítico medio. A ello se suman la explotación de moluscos y de pescado, que al menos en cierta medida, fueron parte de las actividades neandertales.

Huellas, marcas y Neandertales

Regresando al estudio de Cochard y otros, estos hacen un repaso de los diferentes tipos de huellas dejadas por distintos agentes (hombres, animales, etc) en los restos de la caza menor "rápida" que ha sido encontrada en distintos yacimientos. Y, a partir de sus observaciones, concluyen que aquellos que son más claros indicadores de la acción humana en el Paleolítico son: Las marcas de corte con herramientas de piedra (sobre todo las realizadas para obtener la carne), las marcas de combustión (sobre todo las que reflejan la cocción para el consumo) y las marcas de dientes humanos.

Con estas premisas, el estudio se centra en los lepóridos y las aves de yacimientos de Paleolítico antiguo (inferior y medio), y sus conclusiones son limitadas, aunque interesantes. Según su valoración, sólo se puede hablar de un consumo seguro de conejos y varias especies de anseriformes (patos, cisnes, etc), en el yacimiento de Cova del Bolomor (Comunidad Valenciana).

Este consumo se documenta en cuatro niveles, a lo largo de toda su secuencia, desde momentos tempranos (h. 350.000 BP) hasta otros más recientes (h. 100.000BP) del Pleistoceno. A esa evidencia se sumaría, como única otra excepción, el sitio que se presenta en el trabajo de Cochard y otros: Les Canalettes Aveyron. Este yacimiento cuenta con numerosos restos de conejo y hay indicios de que esos animales fueron consumidos por los Neandertales.

Aquí, es posible hacer una pequeña crítica o matización, ya que para llegar a estas conclusiones, los autores se dejan por el camino las evidencias de un buen número de otros yacimientos, en los que aparecieron restos de pequeños animales, modificados: con marcas de corte, o quemados.

Para los autores, en estos casos, el número de evidencias en cada nivel es demasiado escaso para ser significativo. Sin embargo, creo que no hay que quitar importancia al hecho de que se hallan documentado restos de conejos y aves en numerosos yacimientos neandertales, en diferentes regiones y ambientes, aunque esos restos sean poco numerosos (por el momento).

A esa línea de razonamiento se pueden sumar también las evidencias del consumo de pescado, de mar (Stringer y otros 2008) o de río (Roselló 1992), por parte de los Neandertales, ya que los peces entrarían -en cierto modo- en esa categoría de "animales pequeños y rápidos": Para su captura en cantidades importantes es necesario desarrollar estrategias específicas o contar con cierto tipo de instrumentos, del mismo modo que ocurre con los lepóridos y las aves.

Pero por lo demás, la primera parte del trabajo de Cochard y otros es un estudio sólido, que muestra un conocimiento profundo de la materia abordada. En cuanto al resto del artículo, el que trata de los restos de fauna (conejos) de Les Canalettes Aveyron, lo revisaré en un próximo post.

Podéis leer la segunda parte de este post aquí: Conejo asado y otras delicias (2ª parte)


Referencia de Research Blogging

David Cochard, Jean-Philip Brugal, Eugène Morin, & Liliane Meignen (2012). Evidence of small fast game exploitation in the Middle Paleolithic of Les Canalettes Aveyron, France Quaternary International, Volume 264 (20 June), 32-51 DOI: 10.1016/j.quaint.2012.02.014


Bibliografía adicional

Blasco, R. (2008): "Human consumption of tortoises at Level IV of Bolomor Cave (Valencia, Spain)", Journal of Archaeological Science, v. 35, nº 10, pp. 2839-2848.

Blasco, R. y Fernández Peris, J. (2011): "A uniquely broad spectrum diet during the Middle Pleistocene at Bolomor Cave (Valencia, Spain)", Quaternary International, v. 252, 27 February, pp. 16-31.

Cortés-Sánchez, M., Morales-Muñiz, A., Simón-Vallejo et al. (2011): "Earliest Known Use of Marine Resources by Neanderthals", PLoS ONE, v. 6, nº 9, e24026.

Morales Pérez, J. y Serra, A. (2009): "The Quaternary fossil record of the genus Testudo in the Iberian Peninsula. Archaeological implications and diachronic distribution in the western Mediterranean", Journal of Archaeological Science, v. 36, nº 5, pp. 1152-1162.

Rosello Izquierdo, E. (1992): "La ictiofauna musteriense de Cueva Millán (Burgos): Consideraciones de índole biológica y cultural constratadas con ictiocenosis paleolíticas cantábricas", Estudios geológicos, nº 48. pp. 79-83.

Stiner, M. C. (2001): "Thirty years on the “Broad Spectrum Revolution” and paleolithic demography", PNAS, v. 98, nº 13, pp. 6993-6996.

Stringer, C. B., Finlayson, J. C., Barton, R. N. E., et al. (2008): "Neanderthal exploitation of marine mammals in Gibraltar", PNAS, v. 105, nº 38, pp. 14319-14324.

Watts, D. P. y Mitani, C. (2002): "Hunting Behavior of Chimpanzees at Ngogo, Kibale National Park, Uganda", International Journal of Primatology, v. 23, nº 1, pp. 1-28.

jueves, 12 de julio de 2012

Tesis, teaser


Sigo trabajando en un par de entradas sobre varios aspectos de la dieta de los Neandertales, como explicaba ayer.

Pero, mientras tanto, coincide que hoy por fin mi Tesis ha sido depositada. Ha comenzado el trayecto académico-burocrático que, si todo va bien, terminará conmigo defendiendo las conclusiones ante un tribunal, allá por el mes de Octubre.

Sin más, presento aquí algunos detalles de la susodicha Tesis. Primero, una foto del volumen recién salido de imprenta:




En segundo lugar, me gustaría compartir algunos párrafos de la introducción general, que reflejan mis visiones sobre el objeto de la arqueología, y sobre la naturaleza de las sociedades de cazadores-recolectores, como los Neandertales:

Desde mi punto de vista, en todas las sociedades humanas existen desequilibrios internos entre los individuos que las forman, que son fruto de la propia naturaleza del ser humano. Y en este punto quiero señalar que, dentro de esa naturaleza, es posible situar la naturaleza "homínido", y la naturaleza "primate", etc... es decir distintos ámbitos que permiten incorporarlas reflexiones biológicas, etológicas y evolutivas a los modelos histórico-sociales.

Esos desequilibrios a los que me refería (y que en las sociedades más antiguas se pueden describir"a la mínima", en términos de sexo, edad, parentesco y capacidad individual) se reflejan en las relaciones sociales entre los seres humanos, y generan tensiones que pueden ser resueltas (o al menos controladas) por toda una variedad de mecanismos de control social, o normas sociales.

Así como esos mecanismos de control social explican la estabilidad de las sociedades, el cambio histórico tiene lugar cuando determinadas tensiones de una sociedad sobrepasan lo que determinado conjunto de normas sociales puede regular, y se impone un cambio. Dicho cambio puede ser, desde mi punto de vista, tanto general como limitado, de manera que afecte sólo a una parte de la organización social. Y además considero que un cambio de modelo no significa necesariamente una revolución, en los términos de la dialéctica tradicional del materialismo histórico, ya que desde mi percepción de las evidencias históricas y antropológicas, se puede afirmar que las sociedades humanas no encajan bien en una explicación lineal, puntuada por revoluciones, y con una serie de estrictos sistemas de producción.

Además, por otra parte, no excluyo la posibilidad de que los mencionados desequilibrios tengan un origen primero, o bien se agraven, por motivos derivados de cambios externos (como modificaciones bruscas del medio ambiente, o la interacción con otras sociedades distintas). Pero independientemente de esa cuestión, lo relevante, desde mi perspectiva, es que el proceso de cambio histórico se explica en cuanto a los términos y fórmulas instrumentalizadas por las sociedades para resolver sus tensiones y que determinan la modificación de sus normas sociales.

Junto con esos presupuestos básicos, considero que la tecnología y lo que el materialismo histórico llama medios sociales de producción o instrumentos de trabajo sensu lato (y que para las sociedades de cazadores-recolectores incluiría, entre otros elementos, el utillaje, las herramientas o la industria) tienen una importancia también central en los procesos históricos.

Sin embargo, no considero que la tecnología pueda utilizarse por sí misma como motor causal unívoco, como mecanismo de explicación del cambio histórico (una tendencia bastante frecuente en la historiografía actual sobre los cazadores-recolectores del pasado). Mi postura se basa en el hecho de que la innovación tecnológica es radicalmente distinta del concepto, mucho más limitado e históricamente determinado de "invención" (cuyas connotaciones, de hecho, pueden ser anacrónicas en muchos contextos).

La innovación supone la adopción de una novedad tecnológica en un contexto social que, de algún modo, requiere o ha cambiado lo suficiente para admitir esa novedad. Y además, supone un cambio en sus normas sociales, que se adaptan a dicha innovación.

Y por ello, no se innova tecnológicamente si no es en relación directa y simbiótica con los aspectos referidos (las tensiones entre los miembros de la sociedad, y la dialéctica de esas tensiones con las normas sociales). (...)


Y, por último, querría presentar una imagen que ilustra un objeto en hueso. Pertenece de una serie de materiales muy particulares, que espero den un poco de qué hablar cuando los publiquemos (las imágenes en ByN son de microscopio metalográfico a unos 200x):





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miércoles, 11 de julio de 2012

No todo va a ser Paleolítico medio...


Como reza el título de la entrada, no siempre en la vida del arqueólogo es posible trabajar en tu tema favorito, que en mi caso se enunciaría "el Paleolítico medio y los Neandertales".

Por el contrario, por diversas razones profesionales, de interés investigador, etc, a menudo me veo inmerso en otros periodos y temáticas. Uno de estos casos ha sido la campaña de experimentaciones arqueológicas que hemos realizado la pasada semana, en el incomparable marco del Pirineo aragonés.

En efecto, en esos últimos días de julio y primeros de agosto, un grupo de investigadores vinculados a la IMF-CSIC y a la Universidad de Cantabria, realizó una serie importante de experimentaciones en arqueología, que se imbrican dentro de varios proyectos de investigación. Y yo tuve la suerte de participar en la realización de todos ellos.

Me considero muy afortunado por ello, ya que pude aprender un sinfín de conceptos, matices y detalles, sobre las labores tradicionales, el tratamiento de las materias naturales (piedra, madera, hueso, etc...) y la propia organización de los protocolos de experimentación en arqueología.

Además, considero que casi todos los trabajos y sus resultados materiales en forma de material gráfico, documentación, datos cuantificados, y huellas de uso y desgaste en los instrumentos de trabajo (a analizar en el futuro mediante técnicas traceológicas), son de utilidad muy clara para el estudio del Paleolítico. Incluso a pesar de que en principio se han diseñado para resolver cuestiones relacionadas con yacimientos Mesolíticos y Neolíticos.

Sin alargarme más, ni entrar en detalles técnicos (que pertenecen a cada investigador y cada proyecto, y están lógicamente inéditos) si que quiero ofrecer aquí algunas imágenes ilustrativas de la gran variedad de trabajos llevados a cabo.

Por ejemplo, de corte de hierba con hoces de madera y sílex,



siega de cereal con el mismo tipo de hoces,



y corte de juncos con cuchillos de asta y sílex:



También trabajamos materias duras animales, casi siempre para preparar otros útiles o enmangues. Trabajamos con lascas y hojas de sílex en hueso,



también en asta de reno,



y en marfil:



Y, por último se hicieron varios trabajos en materias vegetales, como el trabajo sobre corteza y madera de pino con un cincel de hueso,



el descortezado de ramas de avellano con cantos tallados,



o el trabajo de madera de dureza media con colmillo de jabalí:



En líneas generales, y a modo de conclusión, decir que ha sido una gran experiencia personal y profesional, que espero repetir en el futuro.

¡Y no sufráis! En el próximo post, que ya he empezado a preparar, volveré a la crítica y revisión de los trabajos recientes sobre los modos de vida de los Neandertales.