domingo, 14 de marzo de 2010

Las herramientas de piedra de los neandertales VIII: Una propuesta de estudio integral

En los últimos posts he tratado los distintos programas de investigación sobre industrias líticas neandertales. He recorrido sus logros, y me he detenido en sus limitaciones (con un afán, creo, constructivo).

 

La imagen general que se desprende es más o menos esta: Las diferentes aproximaciones teóricas han producido resultados importantes, respondiendo a sus propias agendas investigadoras (sus intereses). Y, en una óptica global, han construido un potente un “corpus” de metodologías y técnicas de investigación.

Sin embargo  la información que aportan los modelos planteados hasta ahora es insuficiente.

Para comprender la estructura social y económica de los neandertales no basta con estudiar la tipología de sus herramientas de piedra. Tampoco es suficiente con analizar sus técnicas de talla de la piedra.


Las herramientas de los neandertales, y el modo en el que las gestionan, son el resultado de la interacción de varios factores:

-    Las necesidades percibidas y los objetivos buscados.
-    La planificación de  las tareas, para cumplir los objetivos, y cubrir las necesidades.
-    Los condicionantes materiales del medio (acceso y disponibilidad de materias primas, esfuerzo requerido, conocimiento del medio…)
-    Los condicionantes sociales de la comunidad (tradición cultural, valor simbólico asociado, forma de organización del trabajo -comunitaria o individual, división sexual, etc).

Para estudiar esa interacción, desde el análisis y la interpretación del registro, es necesario reformular el programa investigador.

Los arqueólogos podemos responder a la pregunta de cómo fueron las sociedades neandertales, y cómo cambiaron a lo largo del tiempo. Pero para ello no podemos conformarnos con lo que tenemos.

Hay que re-visitar la evidencia (estudio de colecciones museísticas) y producir nuevo registro (excavaciones). Y, en mi opinión, la evidencia no está madura para la construcción de grandes síntesis y modelos explicativos globales.

La información disponible sobre la industria de piedra es variada (tipológica, tecnológica, a veces funcional y de materias primas), pero tiende a ser simplificada en unos pocos lugares comunes, que se usan como “piezas” para construir el “puzzle” (modelos explicativos) que permita resolver el “misterio neandertal”.

Yo creo que las “piezas” con las que se ha construido ese “puzzle” no son pertinentes: no reflejan suficiente información sobre la naturaleza del sistema social y económico, ni permiten abordar con garantías los cambios históricos que experimentan las sociedades neandertales.
 
Por ello, quiero concluir esta serie de posts recogiendo una reciente propuesta de investigación, que supone un notable avance en la dirección correcta.   

Es la propuesta del investigador Ríos Garaizar, que aparece en su tesis doctoral, aplicada al final del Paleolítico medio y el comienzo del Paleolítico superior, en el área del Golfo de Vizcaya. Un reciente artículo  recoge también las líneas fundamentales de su programa investigador.

En su tesis doctoral, Ríos Garaizar expone los principios fundamentales de su propuesta. Su perspectiva es materialista (pero no está vinculada a la ortodoxia marxista). Su análisis de las formas sociales se dirige a las condiciones materiales, a la gestión de los medios de producción, y al consumo.

Su metodología puede enunciarse como un análisis integral de la industria lítica. Según afirma, el estudio de las industrias de piedra nos informa de:

-    Una captación y consumo de materia prima.
-    La aplicación de unas técnicas, socialmente gestionadas.
-    Un uso de las herramientas, que supone la interacción de la industria lítica con otros ámbitos de producción y de consumo (gestión de las carcasas animales, trabajo de la piel, de la madera, de otros elementos vegetales, de otras rocas…).

Introduce también la que -en mi opinión- es la mayor aportación de su modelo: una reflexión explícita sobre la interdependencia y la interacción: tanto entre la industria lítica y otros ámbitos, como entre los objetivos, necesidades y condicionantes del propio trabajo de la piedra.


En ese sentido, se reflexiona sobre el concepto de cadena operativa, muy usado en los estudios tecnológicos. Se rechaza una interpretación lineal del mismo. Lo fundamental, en el proceso productivo, es la interacción, dinámica y no lineal, de los objetivos y condicionantes.

Ese dinamismo hace imposible que se puedan comprender los distintos elementos de la industria de la piedra de forma aislada. Así, la tipología de los útiles retocados, o la tecnología de talla, sólo cobran verdadero sentido al ser contextualizados en el conjunto del sistema productivo.


Siguiendo ese razonamiento, es necesario un planteamiento integral del estudio de la industria lítica, que abarque todos los elementos y que los sitúe en un contexto dinámico de objetivos y condicionantes.

En la práctica, supone abordar de forma integral:

-    La selección y captación de las diferentes materias primas.
-    La aplicación de sistemas de fabricación a dichas materias primas. En ese aspecto, el autor muestra la importancia de criterios como la idoneidad y la complementariedad de las materias primas - y cómo interaccionan esos criterios con los objetivos de la producción.
-    La selección, utilización y mantenimiento  del utillaje (y su abandono tras el uso).
-    La interacción con otras esferas de la producción y el consumo.
-    La organización de todas las actividades citadas en el espacio, tanto en el ámbito doméstico como en el territorial.

Esto supone que cuestiones como el análisis de las materias primas (para determinar su origen geográfico, pero también sus cualidades mecánicas) o la función del utillaje (a partir de las huellas de uso) no son cuestiones adicionales que enriquecen la información, sino elementos esenciales (junto con el resto) para la comprensión de la industria lítica.

Su tesis doctoral dedica la mayor parte de los capítulos a estudiar toda una serie de yacimientos de Paleolítico medio y superior inicial. En las conclusiones, Ríos Garaizar encuentra una gran variabilidad en los comportamientos, tanto en el Paleolítico medio (Amalda, Axlor) como en el P. superior inicial (Isturitz, Labeko Koba).

Dentro de esa variabilidad, reconoce rasgos de estructuración económica y social, en cuestiones como la planificación cuidadosa de la gestión de las herramientas, la existencia de elementos de diferenciación social, o –en otros casos-  tareas vinculadas con una fuerte solidaridad intra-grupal.

Esos rasgos y sus cambios, permiten al autor proponer la existencia de dinámicas históricas dentro del propio Paleolítico medio de la región, con una transformación importante de la organización y las relaciones sociales, entre h. 50.000 y h. 40.0000 BP.


Precisamente, el artículo al que me refería antes condensa bastante bien los resultados de la aplicación de su programa investigador al Paleolítico medio (neandertales) del Golfo de Vizcaya y Pirineos occidentales. Creo que es una lectura muy asequible y recomendable para cualquiera interesado en el tema.

Sigue leyendo aquí esta serie de posts:  Las herramientas de piedra de los Neandertales IX

Posts anteriores de esta serie

Las herramientas de piedra de los Neandertales VII

Las herramientas de piedra de los Neandertales VI

Las herramientas de piedra de los Neandertales V

Las herramientas de piedra de los Neandertales IV

Las herramientas de piedra de los Neandertales III

Las herramientas de piedra de los Neandertales II

Las herramientas de piedra de los Neandertales I 

lunes, 8 de marzo de 2010

Las herramientas de piedra de los Neandertales VII: Las técnicas de talla de los Neandertales


Para el Paleolítico medio europeo y mediterráneo, asociado al Hombre de Neandertal, se ha demostrado que existe toda una variedad de sistemas técnicos. Es decir, de tecnologías para tallar las rocas.    


Estos sistemas técnicos han sido interpretados por ciertos prehistoriadores como tradiciones culturales. La propuesta es que funcionan como marcadores étnicos, y designan a pueblos distintos.

Esa es la visión histórico-cultural. Fuera de dicha escuela (básicamente francesa), los sistemas técnicos o tecnológicos se interpretan de otras maneras distintas.

Por ejemplo, en algunos enfoques se relacionan con la función de los yacimientos: según el objetivo que tenía el asentamiento (caza intensiva, alto de caza puntual, residencial, cantera de sílex...) se razona que sus ocupantes usaron unas técnicas concretas, para tallar los “soportes” de sus herramientas -ya que los objetivos, en cada caso, son diferentes.

Otras veces, se han interpretado los sistemas técnicos como formas de adaptación a los cambios medioambientales.

El razonamiento sería más o menos así: según evoluciona el clima terrestre (se hace más riguroso, o más benigno para el ser humano) los grupos neandertales "reaccionan" a los cambios en su ecosistema. Entonces modifican sus estrategias de adaptación al medio (para que sean más eficientes en el nuevo medio).

Al cambiar las estrategias de supervivencia,  se cambia todo el sistema económico (la movilidad, la gestión de los recursos…) y por tanto también la forma de obtener, tallar y usar las herramientas de piedra.

Vamos a ver ahora los principales sistemas técnicos o tecnologías, que se han estudiado en yacimientos neandertales: 

- Sistema discoide: Esta tecnología es muy antigua, propia del Paleolítico inferior, pero presente también hasta momentos mucho más recientes de la prehistoria (por ejemplo en los albores del Neolítico). Probablemente, después de “darle unos golpes a una piedra”, el discoide sea el  más antiguo de todos los sistemas técnicos.   

   
La talla discoide permite obtener -sobre todo- lascas espesas, con una planta de forma variable, y una sección triangular.  Lo que se consigue son dorsos espesos, opuestos a filos “robustos”.

Es frecuente una talla discoide sobre cantos rodados. En esos casos, muchas de las lascas tienen dorsos corticales (con la corteza natural del canto) lo que facilita su agarre y uso, sin necesidad de un enmangue.  Otras veces se puede hacer talla discoide sobre una lasca de formato grande.  


Los núcleos, una vez concluida la talla, suelen tener forma piramidal o "bi-piramidal". Para hacernos una idea, sería como si cogemos dos pirámides -de muchas facetas- y las ponemos pegadas por su base. Pueden acabar en punta o no, según las extracciones sean más cubrientes o más cortas.    


Existen varias modalidades de discoide pero, básicamente, se refieren a si se ha explotado una cara del núcleo o ambas, a la dirección hacia donde se extiende la talla, y al tipo de lascas buscadas (más o menos espesas, más o menos triangulares en su sección...).

- Sistema Levallois: Esta tecnología, por lo que sabemos, también es anterior Hombre de Neandertal. Además, también ha sido usada por los humanos "modernos", antes y después de la extinción de los Neandertales. Según recientes estudios, ese es el caso de las industrias Aterienses del Norte de África.  

La talla Levallois es un sistema que se basa en definir una única superficie, ligeramente convexa, sobre la que se hacen extracciones predeterminadas.  


Una vez definida esa superficie, la técnica levallois se diversifica bastante: según se busque sacar una única lasca apuntada o cuadrada, o se quieran obtener láminas recurrentes sobre el mismo eje, o se busque toda una variedad de productos… 

  
En cada una de esas estrategias, se cambia ligeramente la forma de ir sacando "productos" de la "superficie de explotación", para conseguir el objetivo concreto (lascas o láminas con una forma determinada).

Los núcleos Levallois tienen una forma típica de "magdalena" o “suflé”, porque los lados inferiores del núcleo deben mantener una relación determinada con la superficie de explotación (inferior a 90 grados).  


Los productos Levallois son típicamente delgados, con filos muy cortantes. Su forma concreta, como hemos dicho, dependerá de los objetivos de la producción (que por cierto pueden ser varios a la vez, sacando alternativamente uno y otro tipo de lascas). En general, es una técnica mucho más versátil y eficaz de lo que se suele pensar.

- Sistema Quina: Ha sido detectado en el Paleolítico de Europa Occidental (sobre todo Francia y Península Ibérica). En principio, parece ser un sistema asociado en exclusiva con los Neandertales. Ahora bien, como es un sistema de reciente descubrimiento, y complejo de detectar en el registro arqueológico, pienso que puede llegar a aparecer en otros ámbitos.

La talla Quina es un sistema bastante complejo de explicar, aunque sus fundamentos son simples. Se basa en la concepción del núcleo como un volumen a explotar, a partir de la intersección de dos planos.

El sistema se organiza en series cortas de extracciones (lascados) que van alternando los planos de percusión (la superficie donde se golpea para sacar la lasca).

Después de cada serie de lascados, se "gira" el núcleo unos 90 grados, y se utiliza como plano de percusión (recordad, el sitio donde golpeamos) la zona próxima a los negativos de las extracciones anteriores (o los propios negativos).

La idea es alternar entre plano de percusión y plano del que salta la lasca. De este modo, en cada alternancia, lo que era plano de percusión ahora es el plano del que sale la lasca, y viceversa.

 Si no os habéis enterado de nada, mirad los dibujos que aparecen a continuación y después volved a leer los párrafos anteriores. Suele funcionar.


El sistema Quina produce, en general, lascas espesas y cortas, con dorsos corticales o semi-corticales. Y  son lascas bastante parecidas entre sí, excepto porque, según se va reduciendo el núcleo, son cada vez menores.

Los núcleos que quedan tras la talla son poliedros, con cierta tendencia a las formas rectangulares. La talla Quina es un sistema que permite economizar mucho la materia prima, y se puede aplicar sobre toda clase de soportes iniciales.

- Sistema Laminar: Durante mucho tiempo se creyó que la talla laminar era exclusiva del hombre "moderno", y del Paleolítico superior. Hoy sabemos que numerosas industrias laminares africanas son muy anteriores al Paleolítico superior europeo. 

Y también se ha probado que los Neandertales  desarrollaron la talla laminar, en algunos casos muy similar a la del Paleolítico superior. Por ejemplo en el levante mediterráneo (Palestina en sentido amplio) hay talla laminar “volumétrica”, al estilo del Paleolítico superior, en cronologías muy antiguas (entre h. 250.000 y h. 100.000 años).  


También en el Paleolítico medio de Europa del Noroeste, entre h. 200.000 y h. 70.000 años, hay industrias con ese mismo tipo de talla laminar.

La talla laminar implica obtener productos de unas determinadas dimensiones (i.e. alargados y delgados). Pero no sólo esto, sino también supone una forma concreta de gestionar el núcleo de piedra.

En general, la talla laminar comienza por buscar una arista natural, en un lateral del núcleo; o bien se crea una nervadura a propósito, haciendo extracciones controladas (entonces se llama cresta). Una vez tenemos la arista o cresta, se extrae una primera lámina usándola de guía. Y con las nervaduras que deja el negativo de la primera lámina se continúa la explotación (se continúa sacando láminas).

A eso hay que añadirle que, cada cierto tiempo, hay que hacer algunas extracciones especiales para mantener los parámetros de lascado (ángulo, dirección…), y ya tenemos descrita la talla laminar.     


Los núcleos laminares típicos tienen un aspecto alargado y prismático. Además de ese tipo de núcleos, es habitual (en el Paleolítico medio) que sean explotaciones sobre lascas (es decir, fases concretas, dentro de una cadena operativa distinta).

Hay que señalar que mediante la talla Levallois se pueden obtener láminas perfectamente. Pero en estos casos se habla de Levallois laminar, no de talla laminar en sentido estricto. En el Paleolítico medio, tanto en el levante mediterráneo como en Europa se dan ambos tipos de talla: la laminar Levallois y la laminar “volumétrica” de tipo “Paleolítico superior”.

- Método de  talla o  configuración de bifaces: La talla de bifaces también es anterior a los Neandertales. Viene del Paleolítico inferior, y se reconoce en cronologías africanas muy antiguas.

En el Paleolítico medio, tenemos los bifaces Musterienses. En general, son más pequeños, anchos y planos -en su sección- que los bifaces de etapas anteriores, aunque esto también cambia según zonas y cronologías. Algunos son típicamente triangulares. 
 
  
Se suele aceptar que, para tallar un bifaz de Paleolítico medio, es necesario una percusión “blanda” (golpeo con asta de cérvido o con madera), que puede combinarse -o no- con una percusión “dura” (con piedra densa) o “semi-dura” (con piedras poco densas, como la arenisca).

No todos los talladores piensan así (algunos creen que, con la maestría suficiente, toda la talla del bifaz podría hacerse con percutores de piedra) pero el recurso a la percusión "blanda" es la visión más extendida.   

  
La talla del bifaz se divide en desbastado (conseguir una preforma con grandes extracciones) y acabado o rectificaciones. Esta segunda fase busca:

1- Dar un perfil más plano y simétrico al bifaz
2- Corregir las desviaciones de la arista que divide los dos planos o “caras”.
3- Dar la forma final general al útil.
4- Dar un acabado, para fortalecer la robustez y afinar el filo del utensilio.

Podeis ver el proceso de talla de un bifaz en imágenes consecutivas aqui (cortesía del artesano B. Ginelli).

Nota: los dibujos del núcleo discoide y del núcleo Levallois, y la fotografía del bifaz triangular, estan registradas bajo creative commons por su autor Jose-Manuel Benito Álvarez.

Sigue leyendo aquí esta serie de posts:  Las herramientas de piedra de los Neandertales VIII

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domingo, 7 de marzo de 2010

Las herramientas de piedra de los Neandertales VI: La investigación sobre tecnología lítica en el Paleolítico medio

En este post voy a hablar sobre estudios e investigadores que analizan las herramientas de piedra desde la tecnología.

Ese enfoque se pregunta: ¿cómo se fabrican los utensilios?, ¿qué conocimientos se requiere? ¿qué objetivos tiene el tallador cuando coje una piedra en bruto? ¿cómo pone en práctica sus conocimientos y los aplica a la roca?


La tecnología lítica (el estudio tecnológico de las herramientas de piedra) se introdujo en la investigación de la prehistoria desde finales de los 80 y comienzos de los años 90, en el siglo XX.

Algunos pioneros fueron Boëda, Pelegrin o Geneste. Estos investigadores franceses forman parte de la tradición o escuela histórico-cultural. En ese marco, la tecnología lítica ha venido a sustituir a la tipología de F. Bordes, como base del programa investigador en prehistoria.


Si retomamos lo dicho sobre la tipología, podremos recordar que el programa cuaternarista buscaba la ordenación de la prehistoria a partir de conjuntos tipológicos (para el Paleolítico medio, las facies musterienses).

La tecnología histórico-cultural, al tomar el relevo, trata de reconocer y separar distintos sistemas tecnológicos, en la creencia de que cada "cultura" utiliza un sistema propio, distinto de los demás.

Este es el razonamiento: si se pueden identificar diferentes sistemas técnicos y tradiciones "tecnológicas", entonces se puede inferir que cada tradición representa una cultura, una "etnicidad". De ese modo, se puede hacer una reconstrucción de los grupos étnicos del pasado, y estudiar cómo se distribuyen en el tiempo y en el espacio.

A partir de esa idea inicial, de lo que se trata es de documentar la aparición de las distintas tradiciones técnicas, en un momento y un lugar determinado. Después hay que estudiar cómo se expanden y decaen, cómo evolucionan en el tiempo, cómo interactúan con otras tradiciones técnicas.

Todos esos hechos se interpretan en términos de historia étnica, devenir histórico de las gentes que fabricaron esas herramientas.

Es decir, es una reedición del programa fundamental de la tipología histórico-cultural, con una base tecnológica y empírica (el análisis de los sistemas técnicos).

Un concepto fundamental en los análisis de la tecnología ha sido la noción de Cadena Operativa, que viene de la antropología de las técnicas. La Cadena Operativa es el proceso por el que pasan los utensilios, desde su origen como materia prima, hasta que son desechados.


En ese sentido, la tecnología lítica ha aportado una comprensión muy superior de las herramientas de piedra. Al estudiar todas sus fases, se llega a entender mucho mejor qué son, cómo se hacen, y para que sirven los objetos de piedra que se encuentran en los yacimientos.


En un primer momento los análisis de cadenas operativas se centraban exclusivamente en los sistemas de talla. En una segunda fase de la investigación, la noción se ha ampliado: de los gestos técnicos (cómo se fabrica un util) se ha extendido a toda la cadena tecnológica. El concepto ha llegado a abarcar desde la selección de un canto de rio -u otra roca apta para la talla- hasta cómo se decide desechar el útil, después de haberlo "agotado".

Eso ha permitido incorporar los estudios de obtención de materias primas (que ponen las herramientas en relación con el territorio) y los análisis funcionales o traceológicos (que nos dan información sobre el uso concreto de la herramienta).También los análisis espaciales, para estudiar cómo se distribuyen los útiles encontrados en el yacimiento.

Además, se han desarrollado conceptos e ideas complementarios con la cadena operativa, como la idea de la ramificación de la producción (de Bourguignon y otros), la importancia del reciclado del utillaje y de otros materiales como los núcleos, la adaptabilidad de las técnicas a distintos tipos de rocas, etc.


 El resultado ha sido que, desde una perspectiva que sigue siendo histórico-cultural en el fondo, la tecnología lítica ha dotado al conjunto de la investigación prehistórica de unas potentes herramientas. Esas metodologías son muy importantes. Nos ayudan a comprender mejor cómo funcionan los sistemas tecnológicos (y por extensión, económicos) de las sociedades paleolíticas.

En ese sentido, la tecnología ha sido adoptada con entusiasmo por autores dentro de la tradición funcionalista y positivista anglosajona (como Kuhn o Dibble). Y también ha tenido su versión en el materialismo histórico (en la "escuela" de Laplace), el sistema Lógico-analítico.

Lo que no ha conseguido la tecnología, en el marco histórico-cultural, es conseguir una ordenación real y coherente de las industrias a lo largo del tiempo paleolítico. Los principales sistemas técnicos ya están presentes desde momentos muy tempranos.Y excepto casos regionales muy concretos, no parece que se puedan igualar culturas prehistóricas y sistemas de talla (a pesar del empeño puesto en ello). 

En el próximo post: revisaremos los principales sistemas de talla de la piedra que utilizaron los Neandertales.

Sigue leyendo esta serie aquí:  Las herramientas de piedra de los Neandertales VII  

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martes, 23 de febrero de 2010

Las herramientas de piedra de los Neandertales V: La tesis "reduccionista" y la falacia del útil inacabado

 
En este post voy a tratar una crítica que se hizo en los años 80 y 90 a los sistemas tipológicos.  Esa crítica  ayudó a generar un determinado modelo sobre el comportamiento neandertal.

La tesis partió de algunos autores de la escuela anglosajona, como Dibble, Rolland, Chase o Davidson, que describían a los Neandertales como unos homínidos muy limitados y primitivos.

Con esa idea de partida, los investigadores incidieron sobre una idea: las herramientas musterienses no eran útiles terminados, sino formas variables en un proceso de reducción durante la talla o retoque de las mismas.

De este modo, los distintos tipos y morfotipos (lascas, raederas, denticulados..) representarían fases de un proceso contínuo e indiferenciado de reducción del útil, mediante retoques.

La razón de formular esta tesis era sustentar la idea esencial del modelo:  Los neandertales, y otros homínidos anteriores (H. ergaster, H. erectus...) no tenían capacidad de imaginar la forma final de una herramienta. Por eso, cuando tallaban la piedra, lo hacían de un modo casi instintivo, repetitivo y monótono, como un ave construye su nido.

Siguiendo ese razonamiento, se afirmaba que las formas descritas por la tipología, para el Achelense, el Musteriense, y otras industrias "arcaicas" no eran formas reales y buscadas, sino "casualidad". Y que, en realidad, los arqueólogos creaban las categorías (bifaces, raederas, denticulados...) a partir de la Tipología.

A eso, Davidson lo llama la "falacia del útil finalizado".

En este punto, creo que debemos separar lo que es una crítica pertinente, de lo que es "exceso de imaginación" en ese modelo, sin base en el registro material.

La critica pertinente viene dada porque, con la tesis "reduccionista"  se ponen de manifiesto algunas debilidades de la Tipología (tanto la Bordesiana como la de Laplace). En especial, se critica con acierto la suposición de que todos los útiles retocados representan "morfotipos" buscados o relevantes.    
    
Ahora bien, más allá de esta crítica razonable, el modelo "reduccionista" no tiene base en el registro, no se apoya en un conocimiento real del material. Y sus conclusiones son, cuando menos, exageradas y tópicas.

Estos autores no investigan (en general, ya que siempre hay honrosas excepciones) sobre tecnología, modo de gestión y función de las herramientas. Se quedan en cuestiones puramente superficiales, y algunas de sus conclusiones son, literalmente, risibles.

 Por ejemplo, hay un trabajo muy celebrado (por lo cómico) de Ian Davidson, en el que este autor afirma que los bifaces Achelenses (en general) no son formas "buscadas".


Se trata del artículo "Finished artefact fallacy: Acheulean Hand-Axes and  Language Origins", en la obra colectiva "The transition to Language". En ese trabajo Davidson defiende que los bifaces son simples núcleos, utilizados para sacar lascas, y que, casualmente, y por estadística (según él) acaban pareciendo hachas de mano.

Quiero resaltar que Davidson no dice que los bifaces sean útiles que a veces pueden hacer la función de núcleos. Tampoco dice que "algunos bifaces" puedan ser núcleos. Él afirma exactamente esto:  no tiene porqué existir la categoría "bifaces", asociada al Paleolítico inferior, o incluso medio.

Hay cientos de evidencias (estudios tecnológicos, de funcionalidad...) de que su afirmación es una barbaridad, pero me centraré en el propio artículo de Davidson: Lo que sucede es que este autor escoge algunos bifaces y núcleos levantinos (basicamente, de Tabún).

Esos útensilios concretos son de apariencia tosca, están -pienso yo- realizados en materias primas de poca calidad (para una talla controlada). Y según sus propias fotos, algunas piezas tienen huellas de estar alterados por el paso de los milenios.

Al presentar esos ejemplares, con algunas apreciaciones (no muy acertadas) sobre las técnicas de talla, ofrece una impresión general de que su propuesta tiene algún sentido.

Para el que conoce un poco cómo funcionan los sistemas de talla y gestión de las herramientas en piedra (cómo interaccionan necesidades, objetivos y materia prima), lo que dice este autor no tiene mucho sentido.

Un ejemplo de que Davidson mete la pata pero bien: una figura (9.7, pag 198) en la que presenta la punta rota de un bifaz. Davidson sólo es capaz de ver un hecho: se ha extraido la punta de un bifaz. Y, según él, eso demuestra que no tiene porqué haber intención de conseguir esa forma concreta, ya que al extraer la punta, se rompe la "simetría".

¿Pero tiene razón Davidson? La foto no es muy buena (desde el punto de vista tecnológico es nefasta), pero aún así, la forma de la lasca sugiere varias cosas: podría ser una fractura por flexión relacionada con el uso, o "pisoteo" accidental; O, de tratarse de una extracción buscada, podría ser una "lasca sobrepasada", es decir un accidente de talla que se lleva la punta del bifaz.



Otra cuestión bastante ilustrativa es que en el artículo no hay ni un sólo esquema técnico, ni un dibujo (que refleje aspectos tecnológicos, como el talón, el bulbo de percusión, el orden de las extracciones) de los bifaces, las lascas y los núcleos. Sólo fotografías, que ni siquiera están orientadas correctamente.

Para el Musteriense  -asociado a los Neandertales- otros autores han tenido enfoques similares (por ejemplo Chase, Dibble o Dibble y Rolland), en general menos extremos y más fundamentados.




Por desgracia, esos análisis también tienen a generalizar en exceso. Voy a tratar de describir cómo sucede esto: Lo que hacen es coger lo observado en un objeto concreto (por ejemplo, el proceso de reducción de una raedera Quina) y someterlo a dos operaciones no muy legítimas (en mi opinión).

1 - Por un lado se generaliza a toda la industria de los Neandertales: En este caso, durante el retoque de una raedera Quina, esta puede parecer tanto una raedera como un denticulado (cuando se está reavivando un filo embotado). Se coge sólo este hecho, y se propone que todos los útiles del Musteriense se gestionan de un modo similar.

2 - Por otro lado, se ignora el contexto técnológico y el proceso técnico en el que se incluye: En el caso de las raederas Quina, el proceso de reducción de los filos es sólo una parte de la gestión integral del utillaje:

- Las raederas Quina de sílex suelen venir de pre-formas importadas, que se traen al yacimiento con un próposito, y son de una determinada materia prima (y no de otras).

- El reavivado de los filos se hace en un contexto de "trabajo intensivo" con esas herramientas, diseñadas para ofrecer una larga duración.

- Además, el reavivado de los filos no es algo sencillo ni intuitivo: sígue todo un sistema organizado de retoque, con fases no demasiado "obvias".

- Y mientras se retocan los filos, las propias lasquitas de reavivado, en algunos yacimientos, se utilizan -sistemáticamente- para fabricar otros utensilios pequeños.



Resumiendo: El problema de esta propuesta, es que, a partir de una crítica acertada, caen en una falacia tan grande como la que denuncian: La falacia del útil inacabado. Y eso sucede por falta de conocimiento sobre aspectos fundamentales de la tecnología paleolítica, que lleva a caer en una serie de errores y lugares comunes.

Nota final: Aclarar que no todos los autores que he agrupado en esta tendencia son iguales. Davidson, por ejemplo, es un auténtico "paracaidista" en el estudio de la industria lítica (aterriza sin saber muy bien donde y cómo está situado).  Otros, como Dibble, tienen un conocimiento mucho más profundo de la realidad arqueológica y de las herramientas de los Neandertales. 

Sigue leyendo esta serie aquí:  Las herramientas de piedra de los Neandertales VI 

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sábado, 20 de febrero de 2010

Las Herramientas de Piedra de los Neandertales IV: Laplace y la Tipología Analítica

 
 Hoy me centraré en otro sistema de clasificación, distinto del usado por F. Bordes. Este sistema, la Tipología Analítica, también se ha utilizado en la investigación de las industrias de piedra neandertales, en mi opinión con escasa fortuna. Fue creado por G. Laplace en los años 60 y 70.

El método de Laplace queda explicado en varias obras teóricas en las que narra los principios de su método y sus conclusiones.

Lo primero que hay que saber -para entender esta tipología- es que Laplace está en una ortodoxia marxista bastante estricta. Es decir, aplica todo el programa del Materialismo Histórico y la dialéctica de Marx (tal y como él los entiende) a la investigación de los útiles de piedra.

Vale la pena insistir en esto: No se trata de una tipología de inspiración materialista, o un desarrollo genérico a partir de algunos conceptos de Marx y Engels (tomar cosas "utiles" del materialismo es muy común en Prehistoria). El sistema al que me refiero es una aplicación literal del programa marxista de investigación.

Partiendo de esa base, Laplace propone "objetivar" la tipología. Para ello, concibe una investigación ordenada en etapas. Llega a la conclusión de que los elementos estudiados no deben ser simples "tipos" de herramientas, sino "morfotipos".

Los "morfotipos" serían abstracciones basadas en rasgos "típicos", pero obtenidos de forma matemática. El proceso funciona a base de medir y clasificar los objetos retocados. A partir de los datos obtenidos (dimensiones, tipo de retoque) los morfotipos se deducen después de juzgar cuales son las combinaciones más típicas de rasgos y dimensiones.

En esa línea de "objetivismo", Laplace propone renunciar a nombres "comunes" y llamar a los objetos mediante conjuntos de siglas y abreviaturas. De este modo, los conjuntos de herramientas quedan expresados en forma de listas de abreviaturas y se pueden presentar en forma de gráficas (como también hacía Bordes).

Una vez realizadas esas listas y gráficos, la estrategia que propone Laplace es estudiarlas y compararlas, desde el punto de vista de la dialéctica y la historia, siempre en términos marxistas. Trata de ver cómo esos conjuntos se relacionan entre sí, cómo evolucionan unos de otros... en definitiva como van cambiando a lo largo de la Prehistoria.

La conclusión más general de Laplace es que hay una evolución de industrias más sencillas, y menos efectivas, a otras mejores y más efectivas. Esta dinámica sucede durante todo el Paleolítico  y es -en si misma- motor y consecuencia del cambio histórico. Para darle un mayor sentido, Laplace recurre a menudo a la idea de "reacción" ante los cambios medioambientales. Es decir, los conjuntos industriales cambian de modo parejo a los cambios en el ecosistema.

El Paleolítico medio, asociado con los neandertales, queda reflejado como un periodo sin evolución. Paradójicamente, es un periodo muy extenso, de grandes cambios climáticos.

Yo veo la explicación de Laplace como un notable razonamiento circular, o profecía autocumplida: En el materialismo histórico, tomado por Laplace de forma literal, la historia como evolución es una condición previa. Por eso, en la Tipología Analítica, se asume que la evolución dialéctica es un "si o si", y sólo queda documentar cómo se ha producido ese cambio.

Por otro lado, a la Tipología Analítica le sucede lo mismo que al programa cuaternarista de F. Bordes (incluso más): Al convertir las herramientas y los productos tecnológicos en conjuntos "objetivados", descritos con números, se pierde totalmente la perspectiva de qué son.

De ese modo se esquivan las preguntas importantes de verdad: Para que se utilizaron esos utensilios,  cómo se gestionaban, de qué estaban hechos, cual era su papel en el sistema económico, cual era su papel social, etc...

Todas esas cuestiones (análisis tecnológico/técnico, función, gestión del material y los útiles, relación con actividades productivas...) quedan, en el mejor de los casos, en un segundo plano -cuando deberían ser lo principal.

En los estudios de Laplace, estos asuntos a veces se abordan, o a veces no, pero siempre quedan fuera del análisis tipológico, que es lo principal para él.

Esto lleva a lo que Rios Garaizar (en su Tesis doctoral) denomina un "distanciamiento aseptico" respecto a las sociedades humanas, su realidad cotidiana... tecnológica, económica y social.

La Tipología Analítica estudia las relaciones y la dinámica de las "industrias" como si de seres vivos e independientes se tratara, con una existencia propia y, por así decirlo, independiente de las sociedades que las generan.

Sigue leyendo esta serie aquí:  Las herramientas de piedra de los Neandertales V

lunes, 15 de febrero de 2010

Las herramientas de piedra de los Neandertales III: Facies, tipos y herramientas

En el último post expliqué la lógica que subyace a la clasificación que hizo F. Bordes de las herramientas de piedra musterienses. Es decir, del utillaje lítico del Paleolítico medio (etapa que se asocia al Hombre de Neandertal).

Antes de proseguir con otros temas (relacionados con herramientas de piedra y Neandertales) he pensado que será ilustrativo hacer un pequeño resumen de las facies más importantes (esos conjuntos que fueron definidos al aplicar la tipología bordesiana a los restos arqueológicos).
 
Como expliqué en el otro post, esas facies ya apenas se utilizan hoy en día. Sin embargo tuvieron gran importancia desde 1960 hasta finales del siglo XX: Aparecen citadas de contínuo en los manuales y los artículos académicos sobre Paleolítico medio, y no está de más conocerlas un poco.

Las facies se definieron según la abundancia, en cada conjunto, de distintos tipos de utensilios de piedra. Conocer esos útiles, al menos someramente, nos ayudará a entender la clasificación:

Raederas
: Son herramientas con un lateral retocado, todo a lo largo de un filo regular y contínuo.



Hay un tipo especial de raederas en el Paleolítico medio, las Quina. Las raederas Quina son “espesas” (con secciones muy gruesas) y con filos “escalonados”, hechos a base de superponer varias líneas de retoque.
 

 Denticulados
: Son objetos retocados en un lateral, como las raederas, pero con una diferencia notable: sus filos son aserrados, con “dientes” que entran y salen.


Cuchillos de dorso: Se trata de utensilios que tienen un lateral con un “dorso”, es decir una parte roma y ancha - para apoyar la mano mientras se aferra la herramienta. El dorso está hecho a base de retoques. Opuesto a ese dorso hay un filo, por lo general agudo.



Bifaces: Son las típicas hachas bifaciales, de piedra tallada, que se dan también en otros periodos mucho más antiguos. Los bifaces musterienses suelen ser más pequeños, delgados y redondeados, si los comparas con los del Paleolítico inferior.



Lascas y puntas Levallois: son objetos obtenidos mediante una técnica concreta, la Levallois. En general son utensilios delgados, de forma triangular o cuadrangular, con punta (para cazar) y/o filos agudos (para cortar).



Puntas musterienses: Es en realidad un tipo concreto de punta levallois, que está completamente retocada en todos sus bordes, para darle una forma triangular.




Paso ahora a describir, muy brevemente, las principales facies.

Musteriense típico: Este es un conjunto que incluye casi todos los tipos de herramientas que se consideraban típicas del Musteriense. Incluye sobre todo raederas pero no las de tipo Quina. También puede tener pequeños porcentajes de denticulados y cuchillos de dorso. Los bifaces sólo aparecen en algunos conjuntos.



Musteriense de tradición Achelense tipo A: Esta facies incluye bastantes bifaces, de formas características, como la triangular. También bastantes raederas. Hay pocos denticulados y muy poco de todos los demás tipos.


Musteriense de tradición Achelense tipo B: Este conjunto, al contrario que el tipo A, tiene poca presencia de bifaces. Hay bastantes denticulados y muchos cuchillos de dorso. Por el contrario, aparecen pocas raederas y otros tipos de útiles.


Musteriense Charentiense tipo Quina: En esta facies hay una gran abundancia de las raederas del mismo nombre (espesas y con ese retoque escalonado característico). De los otros tipos, quizás los denticulados tienen la mayor presencia, pero aún así es baja.



Musteriense de Denticulados: Como su nombre indica, tiene un porcentaje alto de denticulados y presencia baja de todos los otros tipos. 


Existen otras facies (como el Charentiense tipo La Ferrasie o el Vasconiense) pero no he querido ser exhaustivo, sino dar una idea general de la clasificación y de los sub-grupos más destacables.

Sigue leyendo esta serie aquí:  Las herramientas de piedra de los Neandertales IV

Posts anteriores de esta serie
 

viernes, 12 de febrero de 2010

Las herramientas de piedra de los Neandertales II: La tipología de F. Bordes para el Paleolítico Medio


Desde los inicios de la investigación en Prehistoria, ha habido un esfuerzo por identificar diferentes “culturas” arqueológicas y ordenarlas en el tiempo y en el espacio. Hasta mediados del siglo XX esa ordenación fue muy elemental en cuanto al Paleolítico Medio, el periodo asociado con el hombre de Neandertal.

En general, se entendía  que el Paleolítico medio se identificaba, sobre todo, con las herramientas de piedra de tipo Musteriense y -en menor medida- con otros tipos de útiles de piedra (clasificados como Clactonienses, Levalloisienses y otros conceptos que a menudo se solapaban).


Esa situación se prolongó hasta los años sesenta del siglo veinte, cuando F. Bordes presentó lo que se ha dado en llamar el programa cuaternarista

En pocas palabras, la propuesta de Bordes era utilizar, sistemáticamente, una combinación de tipología y estadística: Propuso ordenar las herramientas y piedras talladas en tipos característicos, y después convertir los resultados en porcentajes, índices y otras abstracciones cuantificadas (en números con significado estadístico).

El objetivo de ese método era obtener una información “tipificada”, regular, de cada conjunto de herramientas, para así comparar los distintos conjuntos de cada yacimiento. La razón final de la comparación era identificar “culturas” arqueológicas y ser capaces de ordenarlas, en el tiempo y en el espacio.

En los planteamientos de la tradición histórico-cultural, de la que Bordes formaba parte, las culturas arqueológicas representaban grupos étnicos, pueblos del pasado. Por eso, al identificar culturas “arqueológicas” y seguir su rastro en el espacio y en el tiempo, se podría reconstruir la dinámica histórica de los pueblos de la Prehistoria.


Para el Paleolítico medio, cuyos conjuntos resultaron poco diferenciados según la tipología bordesiana, se recurría sobre todo a los índices (presencia relativa) de determinados objetos. El resultado fue la definición de unas facies Musterienses, según predominaban en los conjuntos raederas, denticulados, objetos de tipo Levallois, etc… 

Estas facies se entendieron como grupos específicos o divisiones del Musteriense, y recibieron denominaciones como Musteriense Típico, de Denticulados, Charentiense, de Tradición Achelense, Vasconiense, etc.
 
Esas facies no se pudieron ordenar cronológicamente, ya que todas convivían en los distintos periodos en los que vivió el hombre del Neandertal. A pesar de la falta de ordenación cronológica, Bordes (y gran parte de la historiografía en general) consideró que las facies podían ser interpretadas en términos histórico-culturales. Es decir, se supuso que cada facies representaba, en cierto modo, una cultura o grupo étnico.

Desde esa perspectiva, se trató de interpretar la dinámica de las facies Musterienses en términos de dinámica histórico-cultural: el devenir de distintos grupos étnicos a lo largo del tiempo. Pero los resultados fueron escasos y poco concluyentes.


Frente a esto, L. Binford, un investigador norteamericano de posiciones neopositivistas y funcionalistas (dentro de la llamada Nueva Arqueología) propuso una explicación funcional de las facies del Musteriense. Binford defendía que las facies debían representar las funciones de distintos tipos de yacimientos (cazaderos, lugares de habitación, de procesado de determinadas materias primas….). Pero el mismo admite, en su obra En Busca del Pasado, no haber dado con la interpretación precisa de las distintas facies bordesianas.
 

En las últimas décadas, la tipología bordesiana para el Paleolítico medio ha sido abandonada. Persiste sólo como lenguaje o sistema de referencia común para muchos arqueólogos. Lo que se ha abandonado, de hecho, es la idea de que las facies representan una realidad objetiva (sea de tipo étnico o funcional).

Las deficiencias fundamentales de las facies han sido señaladas por autores como L. G. Freeman, y son: su exhaustividad asistemática y la falta de atención a otros elementos fuera de los productos retocados.

Con "exhaustividad asistemática" quiero decir que la tipología de Bordes recoge toda una serie de tipos que se consideraban característicos, bien conocidos. Pero sin una reflexión sobre qué son en realidad, cómo se han tallado y retocado, o si son utensilios en estado inicial o ya sometidos a un fuerte reavivado.
  
En cuanto al estudio de las sociedades neandertales, el programa cuaternarista tuvo otro problema: La investigación se organizó con la base de dos tipologías (listas de herramientas) distintas.

Para el Paleolítico medio, asociado con los Neandertales, se utilizó la lista Musteriense (Bordes) y para el Paleolítico superior se elaboró otra específica, con los “tipos” que se consideraban más característicos de las culturas del Chatelperroniense, el Auriñaciense, el Solutrense, etc.…

Esta división, al centrarse sólo en los útiles retocados, tuvo el efecto de exagerar las diferencias entre el Paleolítico medio y superior. Además, imposibilitó -en la práctica- el poder comparar entre conjuntos de una y otra etapa.

Por otro lado, la mencionada falta de atención a los objetos que no estaban retocados dejaba fuera de consideración a la mayor parte de la información sobre las técnicas de talla, o la gestión de esas herramientas (reavivado, reciclado, etcétera…)

Sigue leyendo esta serie aquí:  Las herramientas de piedra de los Neandertales III

jueves, 11 de febrero de 2010

Las herramientas de piedra de los Neandertales I: introducción y justificación de los posts

Las herramientas de piedra de los neandertales fueron un elemento muy importante de su cultura, su economía y su organización grupal y social.

Hoy, esos utensilios de piedra constituyen uno de los principales -si no el más importante- conjuntos de restos culturales que se nos han conservado. Por ese motivo, los estudios sobre los neandertales, o más específicamente sobre sus restos arqueológicos, se han centrado a menudo en estudiar sus herramientas.

Tradicionalmente, desde el nacimiento de la arqueología y la prehistoria, el estudio de las herramientas de piedra ha llevado el peso de la clasificación cultural y cronológica del Paleolítico (que, precisamente, significa piedra antigua y se entiende como Edad de la Piedra Antigua).

Así, se han utilizado como fósiles directores (objetos característicos de una u otra cultura arqueológica) herramientas como cantos tallados, bifaces, puntas, raederas, raspadores, buriles, etc. todos ellos de piedra.


Sin embargo, por esa presencia habitual de las herramientas líticas en los yacimientos neandertales, y por su papel decisivo en la configuración de las disciplinas que estudian el Paleolítico, no resulta sencillo sintetizar y exponer un análisis o resumen de lo que sabemos de los utensilios de piedra de los Neandertales.

Por eso, inauguro -con esta breve exposición/justificación- una serie extensa de posts sobre el tema, para tratar de abordarlo y explicarlo (en la medida de lo posible) en todo su detalle y amplitud.

Sigue leyendo esta serie aquí:  Las herramientas de piedra de los Neandertales II