viernes, 16 de julio de 2010

Releyendo a Binford: Huesos contra piedras, o cómo reconstruir las sociedades del pasado

Lewis R. Binford es sin duda uno de los arqueólogos más influyentes del siglo XX. En los años 70 y 80, fue un puntal de la Nueva Arqueología o Arqueología Procesual, y desde entonces ha mantenido una gran actividad científica. En 2001 publicó una obra "enciclopédica", Constructing Frames of Reference, que -en cierto modo- recoge la labor de toda una vida.

Binford es sin duda un autor polémico con una envidiable capacidad de analisis crítico. Se puede estar más o menos de acuerdo con sus plantemientos de teoría y metódo, pero en mi opinión hay algo indiscutible: cuando Binford analiza la práctica arqueológica y los modos en que construimos el conocimiento, tiene una capacidad impresionante para ver fallas en los razonamientos, asunciones "a priori", y lugares comunes de la disciplina.

Mis lecturas de teoría arqueológica me han devuelto estos días a las páginas de un libro clásico del Binford, su primera obra editada en castellano.

Me refiero a En busca del pasado (In Pursuit of the Past. Decoding the Archaeological Record).

Es una obra muy recomendable, indispensable para todo estudiante que tenga interés en la práctica de la Arqueología, y una lectura bastante accesible para el público no especializado. Pero más allá de la recomendación bibliográfica, quería tratar una cuestión concreta: Me refiero a la plena vigencia que tienen hoy muchos de los consejos y reflexiones de Binford, para la práctica de la arqueología y la construcción del conocimiento sobre el pasado. Hoy trataré sólo un tema, una breve pincelada que me parece interesante para el estudio de las sociedades neandertales.

En el primer capítulo del libro, al reflexionar sobre qué sabemos realmente del comportamiento de los homínidos de hace dos millones de años, Binford nos dice:

"...es extremadamente importante poseer algún tipo de información acerca de los rasgos fundamentales de la conducta de nuestros antepasados más antiguos. Tenemos sus huesos, naturalmente, es decir, los fósiles de los hombres más remotos, algunos de ellos con una antiguedad que oscila entre 3 y 6 millones de años. Pero ¿cuando empezó el comportamiento típico, el único significativo para usted y para mi, como miembros que somos de la misma especie? La respuesta es simplemente que no lo sabemos. Conocemos cuando se produjeron los cambios en la capacidad craneana, en el tamaño de nuestro cuerpo y en la forma de nuestra pelvis; sin embargo todavía ignoramos en qué momento el hombre empezó a usar el lenguaje, cuándo empezó a vivir en pequeñas familias monógamas o a compartir el alimento entre adultos..."

Este simple párrafo me ha llamado poderosamente la atención. En primer lugar porque,en buena medida, 27 años después de ser escrito, nuestras lagunas siguen siendo enormes en esos temas: Lenguaje, organización grupal, relaciones sociales, etc. Y en segundo lugar, me ha traido a la mente una anécdota que no me resisto a contar:

Hará unos cuatro o cinco años, en una campaña de excavación en el yacimiento de Axlor (Dima, Bizkaia), coincidí en una cena con Laurence Bourguignon, arqueóloga y prehistoriadora francesa, y Asier Gómez Olivencia, paleontólogo y paleoantropólogo español.

Entre ambos investigadores hubo una discusión, iniciada por Laurence, sobre el siguiente tema: qué nos dicen los huesos humanos del ser humano, insistiendo ella en que "apenas nada".  Esta idea se completaba con otra: Frente a los restos anatómicos, los restos arqueologicos de la cultura material tienen un enorme potencial para reconstruir el comportamiento. Y ese hecho es, a menudo, ignorado por los paleontólogos y paleoantropólogos. 

La diferencia de edad y condición (siendo Laurence algo mayor, doctora e investigadora establecida, además de una visitante invitada al yacimiento, y Asier solo un doctorando, parte del equipo de excavación) hicieron la discusión un tanto asimétrica y unidireccional. Debo decir que, pese a todo, Asier soportó la diatriba de Laurence con gran presencia de ánimo y la discusión termino en términos perfectamente amistosos.

Pero más allá de la anéctoda (en la que Asier no tuvo la oportunidad de ofrecer otro punto de vista), la discusión enlaza plenamente con la cita de Binford, y se refiere a una cuestión importante: La participación de la arqueología en los modelos para explicar el pasado remoto de la humanidad. Dicha cuestión ha condicionado, desde los inicios de la investigación en Prehistoria, las explicaciones del pasado. Y, lo que nos interesa más, ha sesgado los modelos propuestos para las sociedades neandertales.

A pesar de lo convincente que puede resultar Laurence, yo creo que los huesos humanos sí son informativos, de muchísismos aspectos relevantes para la investigación del pasado. En determinados temas, pueden ofrecer además información sobre el comportamiento cultural de los seres humanos (paleopatologías, dieta...).

Pero, por otro lado, sigue habiendo dos argumentos de peso a su favor, en el debate::

En primer lugar, es obvio que la arqueología está plenamente capacitada para abordar las cuestiones relacionadas con el comportamiento, las actividades reales y efectivas que las sociedades humanas del pasado llevaron a cabo. Eso no significa que dichas actividades sean obvias por sí, evidentes en el registro (a menudo no es así, y es necesaria una importante labor de análisis e interpretación).

Y en segundo lugar, es inegable que, desde M. Boule hasta la actualidad, las observaciones hechas (con mayor o menor fortuna) sobre los restos anatómicos han primado frente a las evidencias arqueológicas. De esa manera, la contribución de unas y otras observaciones a los modelos sobre las sociedades del pasado han sido profundamente asimétricas.

En el caso de los homínidos africanos, se puede argumentar que el modelo "africano" de investigación paleoantropológica ha condicionado la ausencia de la arqueología (escasas excavaciones, de extensión limitada; y poca atención en los proyectos de investigación hacia el material cultural, frente a los restos osteológicos humanos).

Hadar, Etiopía

Pero ese modelo no es aplicable a las sociedades neandertales europeas. En este caso, las excavaciones han sido sistemáticas, amplias, y -en general- siempre se llevaron a cabo con la tecnología y  medios más modernos disponibles en cada momento. Y, sin embargo, nos encontramos con una situación contradictoria: A pesar de ese despliege, de los grandes proyectos de investigación como el Programa Cuaternarista, o los trabajos del propio Binford, la  arqueología no ha aportado una parte sustancial de la explicación, que sea equivalente al esfuerzo realizado y refleje los resultados obtenidos en las excavaciones.

O, dicho de otro modo, buena parte de esa información ha sido sistemáticamente ignorada, en determinados ámbitos intelectuales, frente a la información paleoantropológica (osteológica o de otro tipo). De ese modo, se han construido toda una serie de modelos para las sociedades neandertales, a lo largo del siglo XX. Y dichos modelos, con demasiada frecuencia, no han tenido en cuenta el conocimiento que la arqueología aportaba, en esos mismos años, sobre los neandertales.

Yo no me siento capaz de juzgar quién es el culpable de esa situación, o siquiera si existen dichos culpables. No sabría decir si los arqueólogos y prehistoriadores no han sabido encajar sus datos con los grandes modelos explicativos; o si estos han sido ignorados por la paleoantropología y los estudios de evolución humana.

Tampoco puedo asegurar que se trate (o no) de una cuestión académico-nacional,  aunque el grueso de los yacimientos neandertales son de la Europa continental (y sobre todo de Francia), mientras que casi todos los grandes modelos explicativos han sido formulados en el ámbito anglosajón (EE.UU. y GB).

Como digo, no tengo respuestas a esas preguntas, pero sí puedo decir que existe un gran sesgo, en cuanto al peso de la información arqueológica en la reconstrucción del pasado prehistórico. Y creo que es algo en lo que debemos insistir en el futuro, para corregirlo.

En ese sentido, es justo señalar que se han dado pasos importantes desde comienzos de los años 90: En África, se aprecian cambios importantes en los modelos de investigación, junto con la generalización de excavaciones, cada vez con mejor metodología arqueológica. Y en cuanto a los Neandertales, hay una creciente presencia del registro arqueológico y de su interpretación, en los modelos para explicar sus sociedades, así como una mayor reflexión sobre el modo de construir el conocimiento del pasado.

miércoles, 14 de julio de 2010

La Folie, Campamento Neandertal

ResearchBlogging.org

En 2009 dediqué un post a la organización de los campamentos neandertales. En un comentario para dicha nota, Joseba Rios me recomendaba la página web del INRAP sobre el yacimiento de La Folie.

Pude comprobar entonces que ese sitio arqueológico constituye un documento excepcional sobre el hábitat al aire libre de los Neandertales.

Desde aquel día, he buscado el momento para preparar una nota más extensa, en la que pudiera presentar, desde un punto de vista crítico y científico, la información disponible sobre dicho yacimiento. Por fin, he conseguido arañar algo de tiempo al reloj y cumplir ese objetivo que ahora os presento.
 
Una intervención de "urgencia"

La Folie es un yacimiento descubierto y excavado en el marco de lo que suele llamarse "arqueología preventiva". Es decir, intervenciones "de urgencia", motivadas por la construcción de edificios, carreteras y otras obras públicas o privadas. En Francia, estas excavaciones están reguladas y controladas por instituciones públicas a nivel estatal. Y a menudo dan lugar a estudios científicos destacados, como en el caso que nos ocupa.

Los resultados de las excavaciones y los análisis posteriores fueron publicados en la revista Paléo, en sendos artículos de 2002 y 2006, cuyas referencias aparecen al final de este post.

Un hábitat efímero bajo el cielo de Potiers

La Folie (Poitiers) es un yacimiento al aire libre. Estaba formado por una serie de materiales y estructuras que se corresponden, según los autores, a un único momento de ocupación, de caracter temporal y breve.  Esa ocupación se ha preservado, de manera excepcional, gracias a que los materiales arqueológicos quedaron cubiertos -en muy poco tiempo- por una capa de varios metros de sedimentos arcillosos, debido a una inundación fluvial. 

Por debajo de dichos sedimentos, los arqueólogos hallaron los restos "in situ" de un campamento neandertal al aire libre. Esa ocupación se organiza en torno a una serie de bloques de piedra caliza, de cierto tamaño, situados en forma de círculo amplio, de unos diez metros de diámetro. Varios de esos bloques estaban calzados entre sí (una roca apoyada en la otra); y en un caso concreto, se detectó durante la excavación la presencia de un agujero de poste, alineado con el círculo de bloques. 

Agujeros de poste y paravientos

El agujero de poste fue reconocido durante la excavación dado que la tierra de su interior era diferente del resto del terreno. Se hizo un análisis micromorfológico del sedimento del interior del agujero de poste y resultó que estaba saturado de restos de células vegetales, como cabría esperar de la descomposición de la madera del poste. Además, las paredes del agujero delimitaban la presencia de los restos vegetales (apenas presentes en la tierra circundante).

La interpretación de estas evidencias es que los bloques eran cuñas para sujetar postes de madera, que además iban encajados en agujeros en el suelo. Dichos postes sostenían una estructura circular que, según los autores, no es probable que fuera una cabaña (por las dimensiones totales de la estructura, y por la ausencia de postes centrales). En su lugar, se trataba de un paravientos de pieles o de materiales vegetales.

La existencia de algún tipo de barrera entre "fuera" y "dentro" del círculo también se deduce de la agrupación de los materiales arqueológicos en su interior. Eso señala, necesariamente, a la presencia de algúna separación, que limita la distribución espacial de las evidencias.


Espacio organizado

Aunque la división dentro-fuera es interesante, lo más imporante de La Folie es la organización interna del espacio de hábitat. Los análisis de la distribución espacial de los restos, y otros estudios (remontajes líticos, análisis funcional, micromorfologia del suelo...) han permitido aislar y estudiar, con un gran nivel de detalle, qué actividades se llevaron a cabo en el yacimiento.

En cuanto a la fabricación de los útiles de piedra, se ha hallado una zona bien delimitada donde se practicó la talla de sílex y de algunas calizas. Esto se ha deducido de la distribución espacial de los restos, y también porque las distintas piezas remontan entre sí, en más del 60% de los casos (de las lascas mayores de 2 cm.). Las materias primas (rocas) usadas para la talla fueron recogidas de depósitos cercanos, a menos de un centenar de metros de distancia. 

Talla in situ vs. planificación a larga distancia

Esa talla in situ tuvo como resultado una serie de útiles, retocados o no, que se utilizaron en otra zona del yacimiento, en la cual se concentran las lascas con huellas de uso. Esas huellas de uso han sido analizadas al microscopio, mediante análisis traceológicos. Los resultados de dicho estudio nos informan de la realización de actividades variadas con los útiles: trabajos sobre madera, sobre materia vegetal flexible, y sobre piel animal.

La planificación a medio/largo plazo también queda demostrada en la Folie (junto con la talla in situ de materias primas locales para actividades inmediatas). Por una parte, del conjunto de los productos de talla, se observa que falta una serie de lascas Levallois predeterminadas. Dichas lascas fueron transportadas por los ocupantes del campamento cuando se marcharon. Por otro lado, se documenta la introducción de algunos útiles de sílex de Grand-Pressigny, que proviene de un mínimo de 40 km. de distancia, y que quedaron abandonados en el campamento.

¿Fauna y cocina?

Un dato llamativo tiene que ver con la ausencia de macro-fauna en todo el yacimiento. No hay prácticamente restos de hueso, pero sí que se han encontrado restos microscópicos de la presencia de materias animales. Esas trazas aparecieron en el hogar excavado en La Folie, una estructura definida por grandes bloques de caliza y con tierra enrojecida por el fuego (rubefactada). Los restos orgánicos se descubrieron en un análisis micromorfológico, que encontró pequeños fragmentos de hueso. También se hallaron retazos de las estructuras microscópicas de origen orgánico, conservadas gracias a la substitución de los elementos biológicos por otros (calcita y minerales transportados por el agua). La evidencia nos dice, por tanto, que se cocinaron al fuego -al menos- algunas partes de animales. Pero con tan pocos datos, en esa cuestión no podemos ir más lejos.    

El análisis micromorfológico también halló en el hogar componentes carbonosos, que son residuos probables de la combustión de la madera por el fuego.

Áreas de descanso y lechos de hojas

Además de las áreas más densamente ocupadas por restos arqueológicos, los investigadores encontraron otras más bien despejadas, dentro del área definida por el paravientos. De esas zonas algunas se han considerado de paso y acceso, pero un área concreta se postula como la zona de descanso, donde estuvieron los lechos de plantas de los Neandertales. Esa zona se caracteriza por la presencia de restos vegetales producto de la descomposición de plantas, en capas horizontales. Esos restos se presentan en la excavación en forma de manchas oscuras bien visibles. Como dato adicional, dichas manchas se concentran en aquella zona concreta, y no aparecen en el resto de la ocupación.


Datación y cronología 

El yacimiento de La Folie fue datado por termoluminiscencia en h. 57.700+/-2400 años. Eso lo sitúa en el estadio isotópico 4 (OIS4). En un principio, antes de obtener la datación, se pensó que podría ser más antiguo (OIS 5a) pero la datación ha rejuvenecido un poco el yacimiento. En lineas generales, podemos decir que se sitúa en la parte final del Musteriense europeo, pero no en sus últimos tramos (h. 44.000 años) 

Balance

En mi opinión, la intervención en La Folie y la investigación posterior es un ejemplo de un trabajo bien hecho. Además de la excavación metódica y cuidadosa, se aplican toda una serie de técnicas de análisis (traceología, micromorfología, análisis de la tecnología lítica, análisis espacial, datación absoluta...) que permiten obtener una información de gran resolución sobre las actividades del pasado.

En este caso concreto llama especialmente la atención el cuidado puesto en integrar todos esos datos (que vienen de ramas científicas muy diferentes) en un todo comprensible. Los autores consiguen convertir la "masa de datos" en una explicación global, coherente, de como se formó el yacimiento y de cuáles fueron las actividades humanas allí realizadas. Y eso no es tan habitual como sería deseable. 

En cuanto a la reconstrucción de las sociedades del pasado, y en concreto de las sociedades neandertales, escapa al alcance de esta nota. Explicar en que medida La Folie nos ayuda a caracterizar los modos de vida neandertales merecería un post propio, un capítulo entero de un libro o un artículo científico. Por ello, simplemento esbozaré un breve concepto: La organización del espacio y de las actividades que se hace evidente en La Folie no es muy diferente del que encontramos tanto al final del Paleolítico superior como entre algunos cazadores-recolectores actuales y sub-actuales.

Referencias: 

Bourguignon, L., Sellami, F., Deloze, V., Sellier-Segard, N., Beyries, S., Emery-Barbier, A. (2002): "L'habitat moustérien de «la folie » (Poitiers, Vienne): Synthèse des premiers résultats". Paléo, nº 14. pp 29-48.

Bourguignon, L., Vieillevigne, E., Guibert, P., Bechtel, F., Beyries, S.,  Emery-Barbier, A.,  Deloze, V., Lahaye, C., Sellami, F. Sellier-Segard, N. (2006):  "Compléments d’informations chronologiques sur le campement moustérien de tradition acheuléenne du gisement de La Folie (Poitiers, Vienne)". Paléo, nº 18. pp 37-44.

Research Blogging Citation Code: Bourguignon, L., Vieillevigne, E., Guibert, P., Bechtel, F., Beyries, S., Emery-Barbier, A., Deloze, V., Lahaye, C., Sellami, F. Sellier-Segard, N. (2006). Compléments d’informations chronologiques sur le campement moustérien de tradition acheuléenne du gisement de La Folie (Poitiers, Vienne) Paléo (18), 37-44

lunes, 5 de julio de 2010

Neandertales en la Cultura Popular: Cameo cinematográfico del Viejo de la Chapelle-Aux-Saints

Hoy, un post breve y ligerito. Hace algún tiempo recogí esta curiosa información sobre una película aún no estrenada. Lo descubrí en el sitio de Locutus Blog, y creo que es buen momento para dar cuenta del tema, ya que la cinta se estrena a finales de esta semana.


Se trata de una película americana de acción, Predators (Depredadores). Es la continuación de dos clásicos de acción, ciencia-ficción y suspense (con algo de gore y bastante violencia) de los años ochenta,: Me refiero, como no, a Depredador y su secuela, Depredador 2. La cinta, producida por Robert Rodríguez,  promete sanas dosis de entretenimiento, pero tengo la impresión de que no pasará a la historia del séptimo arte.

De todos modos, nada de eso nos interesaría demasiado aquí, salvo por el hecho de hay un cameo de un personaje muy especial. Nada menos que el cráneo del Viejo de la Chapelle-aux-Saints, a quien ya dediqué un post hace tiempo.


En efecto, el cráneo aparece en una escena de la película: el "sucesor" de los peleones Schwarzenegger y Glover, Adrien Brody, lo mira con cierto estupor. No es para menos: Como si fuera poco estar atrapado en un misterioso planeta perseguido por implacables alienígenas depredadores... ¡como para encontrarse nada menos que con el cráneo de un anciano neandertal francés, colocado en una rama a modo de trofeo! 


 En fin, es una simple curiosidad que quería compartir. No creo que su presencia en la película tenga mayor intención por parte del director. Probablemente, el "cameo" se deba a que alguien utilizó un molde de resina barnizado del cráneo, fácil de adquirir por Internet.

Quizás se buscaba sugerir una calavera misteriosa. De todas formas, me ha picado la curiosidad, y supongo que terminaré por ver la película, para ver si dicen algo los protagonistas o el Viejo neandertal pasa desapercibido.

Imagen del cráneo original del Viejo de la Chapelle-aux-Saints: Wikimedia Commons.

Editado 05/07/10: La película se estrena en EE.UU. el 9 de Julio. En España parece que habrá que esperar un tiempo más (hasta la segunda mitad de Agosto).

jueves, 1 de julio de 2010

Cazadores cazados: Consumo de grandes carnívoros y omnívoros por Neandertales y sus "antecesores"

En el anterior post hicimos un repaso de las distintas interpretaciones que se han hecho de la interacción de Neandertales y carnívoros. En este post me voy a centrar en una serie de trabajos (más o menos recientes) que nos informan del consumo de grandes animales peligrosos (carnívoros y grandes omnívoros, como los osos), por parte de los grupos Neandertales y de sus antepasados.

Cazadores de osos

Un trabajo de 1995, de Auguste Patrick, marca la ruptura de una importante frontera mental. Este trabajo, excelente en mi opinión, trata con gran detalle el procesado de los animales abatidos en Biache-Saint-Vaast (Pasde-Calais). Se trata de un yacimiento Neandertal de Paleolítico medio. Patrick estudia los restos de muchos herbívoros, que son cazados, descuartizados y consumidos por el hombre. Y también los restos de osos pardos, que sufren el mismo procesado antrópico


Tras estudiar las huellas de corte presentes en unos 2500 huesos, el autor concluye que se practicó una caza especializada del oso, con un aprovechamiento tanto de la carne como de la piel. Propone también que los animales pudieron ser abatidos con trampas o desde "puestos de caza", y es interesante señalar que se cazaron, básicamente, osos adultos.



Y en España, también.

En la Península Ibérica, varios zooarqueólogos y paleontólogos presentaron a lo largo de los años 90 del s. XX ejemplos concretos de huesos (de osos y grandes carnívoros) con huellas de la acción humana. Por lo general se trataba de marcas de corte, realizadas con instrumentos de piedras como el sílex. Entre esos trabajos se puede destacar uno de Alfonso Arribas Herrera y otros, en 1997, sobre la Cueva de los Torrejones (Guadalajara).

En ese trabajo se presenta la intervención de homínidos sobre huesos de carnívoros, concretamente de leopardos. La hipótesis que se plantea es un aprovechamiento de la piel, tras la muerte del animal (es decir, carroñeo en su sentido más amplio). Este yacimiento tiene una datación muy amplia y poco concreta (del OIS 5 al OIS 3, más de 100.000 de arco cronológico) pero -con toda probabilidad- las acciones antrópicas se pueden asignar a los Neandertales.

Otro trabajo destacado en los años 90 es el de Carlos Diez y otros (de 1999), que presenta marcas de corte en una falange de oso del estrato TD6 de Atapuerca. Es decir, restos de unos 800.000 años de antiguedad y asociados al Homo antecessor.

2010: Se abre la veda del carnívoro

A pesar de los antecedentes, como vemos nada deseñables, 2010 está siendo "el año del consumo de carnívoros por nuestros antepasados más remotos". Desde Enero, se han publicado tres estudios (si bien uno es una nota científica breve) sobre el consumo de animales "peligrosos" por parte de los Neandertales o de sus "antecesores". Y en todos los casos, se trata de yacimientos de la Península Ibérica.


En primer lugar tenemos el caso de Cova Negra (Xàtiva, Valencia), donde Manuel Pérez Ripoll y otros nos informan del hallazgo de restos de cuón (un cánido parecido al perro y al coyote), con marcas de corte sobre los huesos. Los autores apuntan a un aprovechamiento de la piel del animal, a partir de la posición de las marcas. Esos restos provienen de niveles Musterienses de Paleolítico medio. Están asociados, por tanto, al hombre de Neandertal.


En Maltravieso (Cáceres), se han hallado restos de hiena de cronología de Paleolítico medio (hace unos 120.000 años) con marcas claras de procesado carnicero. Los investigadores que estudian el yacimiento, en concreto Antonio Rodriguez Hidalgo (en una nota en Journal of Taphonomy), propone como hipótesis inicial que la hiena fue abatida y procesada in situ por Neandertales. 

Por último, un trabajo reciente de Ruth Blasco y otros nos informa de la existencia de restos de león en el nivel TD10 de Atapuerca, que presentan marcas de descarnamiento. En concreto, marcas incisas de corte con un útil de piedra. A partir de las marcas en el interior de las costillas, los autores deducen que el león fue eviscerado, lo que supone que los hombres de TD10 tuvieron un acceso primario (no carroñero) al animal.

Los restos de león también tienen huellas de impacto y fractura, realizadas con algún instrumento masivo, para obtener el tuétano o grasa medular. En el mismo nivel se encontró otro resto de carnívoro con una marca de corte, aunque se trata de un zorro (y por tanto no se puede considerar un animal peligroso). El nivel TD10 está datado en más de 400.000 años, y los humanos asociados son los Homo heidelbergensis, la población de la que proviene el H. neanderthalensis.

Conclusiones

Como balance final, podemos decir que se distinguen dos situaciones distintas a partir de las evidencias arqueológicas.

Por una parte, están las evidencias del Paleolítico medio de Biache-Saint-Vaast. Los datos ponen en evidencia que los Neandertales cazaban osos adultos de forma habitual y organizada, y aprovechaban la carne y la piel de forma sistemática. Este hecho hace necesario pensar que esas poblaciones disponían de capacidades de planificación y organización muy avanzadas. Y eso es del todo incompatible con una visión de los Neandertales como homínidos simples y de capacidades cognitivas limitadas.

Por otra parte, tenemos un conjunto creciente de "otras evidencias": sobre el procesado de carnívoros en momentos bastante antiguos del Pleistoceno. Estas evidencias, sobre todo de la Península Ibérica, se asocian a especies humanas anteriores a los Neandertales (H. heidelbergensis, H. antecessor). Aunque se trata de hallazgos singulares, su número en aumento puede hacernos pensar en algo más que "sucesos únicos". Quizás, cabría pensar en una estrategia "oportunista" pero habitual, vinculada al abatimiento o aprovechamiento de estos animales, por parte de los homínidos europeos del Pleistoceno. En todo caso, los recientes hallazgos y publicaciones sugieren que iremos sabiendo mucho más sobre el tema en los próximos años. 

Referencias

Auguste Patrick, 1995: "Chasse et charognage au Paléolithique moyen : l'apport du gisement de Biache-Saint-Vaast (Pasde-Calais)". En: Bulletin de la Société préhistorique française. Tomo 92, N. 2. Abril-junio 1995. pp. 155-168.

Arribas Herrera, A.; Díez Fernández-Lomana, J.C.; Jordá Pardo, F.J., 1997: "Primeras ocupaciones en los depósitos Pleistocenos de la Cueva de los Torrejones (Sistema Central Español, Tamajón, Guadalajara): litoestratigrafía y actividad biológica. A la memoria de Henry Laville". Cuaternario y Geomorfología. 11 (1-2). pp.55-66.

Diez J. C., Fernandez-Jalvo, Y., Rosell, j., Caceres, I., 1999: "Zooarchaeology and taphonomy of Aurora Stratum (Gran Dolina, Sierra de Atapuerca, Spain)", Journal of Human Evolution, Volumen 37, 3-4,. pp. 623-652.

Perez Ripoll, M., V. Morales Perez J.,Sanchis Serra, A., Aura Tortosa J. E., Sarrion Montanana, I., 2010: "Presence of the genus Cuon in upper Pleistocene and initial Holocene sites of the Iberian Peninsula: new remains identified in archaeological contexts of the Mediterranean region", Journal of Archaeological Science, Volumen 37, 3,.pp: 437-450.

Rodríguez Hidalgo, A., 2010: "The scavenger or the scavenged", Journal of Taphonomy, 2010-1. The Taphonomist's Corner. pp. 75-76.

Blasco, R., Rosell, J., Arsuaga, J. L. Bermudez de Castro, J. M., Carbonell, E., 2010: "The hunted hunter: the capture of a lion (Panthera leo fossilis) at the Gran Dolina site, Sierra de Atapuerca, Spain". Journal of Archaeological Science, Volumen 37, 8. pp. 2051-2060. 

Nota Final: Mientras terminaba este post, he recibido noticia de que John Hawks ha tratado precisamente el león de TD10 en su blog. Aprovecho también para citar varios blogs de Prehistoria y Paleoantropología, cuyos posts sobre Neandertales y Carnívoros me han sido de gran ayuda para rastrear las referencias bibliográficas que he utilizado en esta nota: Mundo Neandertal, NeanderFollia, Pileta de Prehistoria, y Paleolítico Noticioso.

lunes, 21 de junio de 2010

Neandertales y carnívoros

La interacción de Neandertales y carnívoros ha sido un tema recurrente en los estudios sobre el Paleolítico medio y sobre el H. neanderthalensis. Desde los inicios de la investigación en Prehistoria (s. XIX y principios del XX), los arqueólogos se dieron cuenta de que en los yacimientos Musterienses los restos de las ocupaciones humanas convivían o alternaban con la presencia de grandes carnívoros. Esto sucedía especialmente en cuevas.

La explicación de los expertos era la siguiente: el Hombre de Neandertal compite por refugios, con los grandes carnívoros (y otros animales peligrosos, como los osos -que son omnívoros). Así, una viva imagen pasó al saber popular y a la literatura: la idea del Neandertal luchador y cazador, que se enfrenta a osos, leones, hienas o lobos para ocupar sus cubiles.

En los años ochenta, el trabajo de C. K. Brain "The Hunters or the Hunted" inauguró un nuevo modo de estudiar la formación de los yacimientos (que hay solemos llamar "tafonomía"). Su estudio tuvo un enorme impacto en la interpretación del Paleolítico antiguo. Brain demostró que los australopitecos sudafricanos, en contra de lo que afirmaba Dart, no eran grandes cazadores, armados con temibles armas en huesos aguzados. Al contrario, eran presas habituales de los leopardos y otros grandes carnívoros. Así, los huesos presentes en las cuevas de los australopitecos eran restos dejados por los felinos. Y los homínidos sólo eran otra opción gastronómica más, en el menú los grandes gatos.


En Europa, esa visión llegó con mucha fuerza, y se revisó de forma crítica todo el Paleolítico inferior y medio, en busca del tipo de situaciones descritas por Brain. El antropólogo y arqueólogo L. Binford fue un abanderado de este tipo de revisión. Se llegó a describir, años después, todo aquel "huracán" revisionista como el "efecto Binford". En yacimientos muy antiguos, como Orce-Venta Micena, Torralba y Ambrona, se deshechó la idea de que las acumulaciones de fauna estuvieran relacionadas con actividades de caza.

En ese marco, los yacimientos en cueva en los que aparecían tanto materiales musterienses como carnívoros, empezaron a perder interés como fuentes de información sobre los Neandertales. El razonamiento era este: no se podía afirmar que la fauna representara las capturas hechas por los Neandertales, y era más probable que fueran animales cazados por grandes carnívoros.


Eso, unido a un renovado modelo (de mano de la Nueva Arqueología) de las incapacidades Neandertales, llevó a imaginar al Neandertal como un homínido poco inteligente, incapaz de cazar de manera eficaz y organizada. Por todo ello, era fundamentalmente un ser carroñero. Con un razonamiento un tanto circular, esas limitaciones permitían explicar la presencia de herramientas Musterienses en las acumulaciones de los carnívoros: provenían de las exploraciones y actividades carroñeras de los Neandertales.

Esta imagen domina los años ochenta del siglo XX, y empieza a ser disputada a partir de los noventa. Al afinarse los estudios tafonómicos (i.e. "cómo se acumulan y se forman los yacimientos") se comienzan a distinguir los huesos procesados por los Neandertales y los devorados por carnívoros. Además el estudio de las estrategias de caza (por la especie, edad, sexo... de las presas) permite separar acumulaciones de carnívoros de otros perfiles, más típicos de sociedades humanas cazadoras. Y por otro lado, los estudios de industria lítica muestran que los neandertales tenían un equipamiento (de caza, de procesado de la materia animal) mucho más eficaz de lo descrito hasta entonces.

En ese ambiente cambiante, llegan los estudios de isótopos estables, que permiten valorar la dieta a partir del análisis de composición de los huesos. Esas técnicas describen la posición de un individuo en la cadena trófica (si es herbívoro, omnívoro, o carnívoro) y la proporción aproximada de proteína animal presente en su dieta. El trabajo Richards y otros sobre los Neandertales de Vindija marca un rubicón, al sumar los restos croatas a los resultados de estudios anteriores (de Bélgica y Francia). El conjunto de los datos da una imagen de "gran carnívoro", del Neandertal, en lo más alto de la cadena trófica.

Los isótopos estables alejan la idea del Neandertal carroñero oportunista y abren la puerta a consideraciones de tipo congnitivo y social: Si el H. neanderthalensis es un "top carnívore", entonces debe ser gracias a sus capacidades. Una parte de los investigadores de  hacen énfasis en sus habilidades de planificación y oganización, rastreando -y hallando- cada vez más evidencia de complejidad. Pero otros siguen atados a los antiguos modelos de las incapacidades mentales, y proponen un nuevo fetiche explicativo en forma de "superhombre", lo que podriamos llamar el modelo "Conan con Torus Supraorbital". 


Así, se transmite la idea de un neandertal increíblemente fuerte y robusto, al que la evolución no ha dotado de gran inteligencia, pero sí de armas alternativas a las garras y dientes: músculos de película de acción y lanzas "primitivas". En mi opinión, este tópico está sobredimensionado. Los Neandertales eran fuertes, si, pero sus capacidades (planificación, estrategia, uso del fuego, armamento y herramientas muy elaboradas) permiten pensar en alternativas razonables al (absurdo) "cuerpo a cuerpo 1vs1", a la hora de enfrentarse a carnívoros o cazar grandes herbívoros.


En ese marco de finales del S. XX y principios del XXI, aparece una propuesta  que se centra en la interacción de Neandertales y carnívoros, para explicar la desaparición de ambos. Se trata de la hipótesis de J. Estévez y otros , propuesta desde la paleontología y la zooarqueología. En resumen, se trata de lo siguiente: Al final del Pleistoceno desaparecen de forma más o menos brusca varias especies de grandes carnívoros (Hienas...) y omnívoros (Osos cavernarios). Algunas estas especies subsisten en áreas restringidas mucho tiempo, pero también acaban por extinguirse. Dada la coincidencia en el tiempo de esos procesos, y dado que son simultáneos (más o menos) con la llegada a Europa y la expansión demográfica del Homo sapiens, es razonable pensar que las extinciones están relacionadas con nuestra especie. Además, el paralelismo sugiere al autor que hay que considerar H. Neandertalensis como un carnívoro más, a la hora de explicar su extinción.

Por mi parte, considero que a esa hipótesis le falta de coherencia interna en su formulación. Un hecho bien establecido es que las capacidades de H. Neanderthalensis son equiparables en eficiencia y complejidad a las de las poblaciones "modernas". Este hecho inhabilita la propuesta de Estévez. Específicamente, no es correcto dejar a un lado de la formulación teórica al taxón H. sapiens, dándole un carácter y unas capacidades diferenciales, y no aplicar los mismos razonamientos al H. Neanderthalensis.

Esto no significa que el Neandertal no tuviera cosas en común con los grandes carnívoros (como también lo tuvieron los "modernos" del Paleolítico, por otro lado). Pero lo que no es correcto es aplicar un doble rasero a dos poblaciones humanas a la hora de elaborar la explicación. Eso es volver al "no-win scenario". 

En el siguiente post trataré de una cuestión relacionada con los carnívoros que está de actualidad, por varios trabajos recién publicados o en proceso de estudio. Me refiero al uso que los Neandertales hacian de los carnívoros. Existen evidencias de que probablemente cazaron hienas, leones y osos. O (al menos), aprovecharon sus restos.

Referencias

Brain, C.K., 1981: "The hunters or the hunted? An introduction to African cave taphonomy" University of Chicago Press. Chicago.

Binford, L.R., 1981: "Bones. Ancient Men and Modern Myths". Academic Press.

Richards, M. P., Pettitt, P. B., Trinkaus, E., Smith, F. H., Paunovic, M., Karavanic, I., 2000: "Neanderthal diet at Vindija and Neanderthal predation: The evidence from stable isotopes". PNAS, Vol. 97, N. 13. pp: 7663–7666.

Estévez, J. 2004: : "Vanishing Carnivores: What can the Disappearance of Large Carnivores tell us about the Neanderthal World?". Int. J. Osteoarchaeol. 14. pp. 190–200 .

lunes, 14 de junio de 2010

Neandertales en la Cultura Popular: Gargantus contra el Hombre del Hierro

 Cuando rastreas el origen y la evolución de las imágenes colectivas sobre el Hombre de Neandertal, el mundo del comic es una mina de información. El estereotipo del cavernícola, heredado de la literatura Pulp (Robert E. Howard, H. G. Wells, E. R. Burroughs), viene reapareciendo en el mundo del tebeo desde principios del siglo XX.

En lo que se refiere -en concreto- al cavernícola Neandertal, es probable que la iteración más alucinante y bizarra del mito sea el troglodita gigante Gargantus, enemigo del héroe americano de comic Iron Man (esto es, el Hombre de Hierro). Ese personaje extraño aparece en Tales of Suspense  número 40 (Lee y Bernstein, Abril 1963).

 Gargantus ha venido a destruir todo lo americano.
¿Podrá detenerle el Hombre de Hierro?

La simple descripción aseptica del argumento del tebeo en el que aparece ese personaje no puede dejar indiferente:

El Hombre de Hierro encuentra un pueblo, Granville, donde los habitantes parecen tener el cerebro lavado y construyen un muro alrededor de su villa. Los habitantes del pueblo atacan al héroe y muestran el terror que les infunde su "lider", Gargantus. Ese villano resulta ser un gigantesco Neandertal al que los ciudadanos de Granville han construído una estatua en la plaza del pueblo, ante la que se postran en adoración. Cuando aparece, Gargantus trata de hipnotizar al Hombre de Hierro y le ataca con su cachiporra.


El héroe descubre que Gargantus es realmente un robot gigante, lo derrota, y expone a sus dueños: unos pequeños y malvados alienígenas verdes, que huyen en su platillo, al verse descubiertos.


Finalmente, el lector descubre que Gargantus tenía forma de Neandertal porque los alienígenas habían estado en la tierra hace 80.000 años, y habían diseñado a su instrumento de dominación según el "modelo" que vivía entonces.

Dejando a un lado lo extravagante y psicodélico de todo el argumento, ese comic destila una gran cantidad de interesantes simbolismos. Parte de ellos han sido diseccionados, con acierto, en un artículo de P. Fellman, en la revista Voces Novae de la Universidad Chapman.

Fellman señala en primer lugar la referencia al muro alrededor del pueblo (es 1963, y el Muro de Berlín se empieza a construir en 1961). Gargantus es un poder "alienígena" que lava el cerebro de la gente y usa el terror para la dominación, es decir, como los comunistas. Aparece, en la estatua de Gargantus, un elemento de culto a la personalidad (lo que recuerda al estalinismo). Y por último, están los pequeños aliens verdes, la rastrera verdad detrás del "poderoso" mito (digase Gargantus digase Partido Comunista o Stalin). Al marcharse, los alienígenas espetan: "(los americanos) son demasiado listos para que podamos conquistarles".

La versión hispana de Gargantus puede resultar especialmente bizarra.

En un marco más general, el Hombre de Hierro de los años 60 simboliza el ideal de patriota armado americano: Es un optimista empresario tecnológico, que usa sus recursos, fruto de su éxito profesional (individualismo, competencia), para defender activamente a su nación (patriotismo), de enemigos como Gargantus y otros seres bizarros (es decir, el Comunismo, en todas sus versiones).  

A mi modo de ver, Gargantus también representa un uso muy nítido del mito del Neandertal brutal y primitivo. Se toman esos rasgos, muy presentes en la psique colectiva, y se utilizan para denostar la ideología enemiga, la soviética. Se presenta al villano Gargantus (con todos esos rasgos negativos) en contraposición al paladín, el  Hombre de Hierro: moderno, desarrollado, fruto del progreso, norteamericano. Es interesante ver cómo se imbrica esa formulación clásica del prejuicio Neandertal con la mitología americana de la Guerra Fría.

Gargantus aparece retratado como un cavernícola extremadamente estereotipado (con taparrabos de piel y una enorme cachiporra) pero sus rasgos faciales son claramente Neandertales (es decir, están basados en las reconstrucciones y recreaciones que existían en la década de los 60). Es interesante la referencia cronológica, que sitúa hace 80.000 años el momento en que Gargantus fue concebido por sus amos extraterrestres, a imagen y semejanza de los hombres de aquel pasado. 

Esa cronología puede ser vista como una vuelta de tuerca más al prejuicio contra el H. neanderthalensis, aunque, en mi opinión, está más relacionado con un mito en la raiz del concepto "Neandertal Bruto": Me refiero al Mito del Progreso. A mi parecer, la idea de fondo de los guionistas del tebeo es esta: desde hace 80.000 años el hombre ha evolucionado físicamente y ha progresado culturalmente, y la culminación de la evolución queda plasmada en los ideales americanos. Por el contrario, haciendo balance de lo que hemos ido viendo, podríamos concluir que el comic transmite la impresión de que el mundo comunista sería, claramente, una involución "neandertaloide" del ser humano.

Fellman, P. (2010): "Iron Man: America's Cold War Champion and Charm against the Communist Menace". Voces Novae: Chapman University Historical Review, Vol. 1, N. 2. pp. 11-22.

miércoles, 9 de junio de 2010

Altamira: Pan para hoy, desastre para mañana

De forma excepcional, hoy propongo un post que no trata sobre el Hombre de Neandertal. Lo hago para protestar por una decisión bastante absurda, que me afecta como cántabro, y me preocupa como arqueólogo. También, porque me siento inclinado a solidarizarme, como miembro del CSIC, con el equipo científico implicado en el asunto, que fue muy crítico con la posibilidad de reabrir la Cueva de Altamira.

Expongo el tema muy brevemente: El Gobierno de España y el de la comunidad autónoma donde nací, Cantabria, a través del Patronato de Altamira (una cueva que es Patrimonio de la Humanidad, y está considerada la "Capilla Sixtina del Arte Cuarternario") han dedidido re-abrir al público la cavidad.

Esta medida se toma a pesar las recomendaciones explícitas, en contra de esa medida, del equipo del CSIC encargado de valorar y vigilar la conservación de Altamira. Si que cuentan con el beneplácito de una comisión de expertos elegida "a dedo" y que no ha formado parte del equipo que estudia la cueva. La decisión se toma en un marco de crisis económica en el que el circuito turístico cántabro, en particular el Museo de Altamira y la "Neocueva", viene sufriendo una importante mengua de visitantes. 

Sautuola, y después Breuil, Carthaillac y otros expertos, hicieron hermosos calcos y dibujos de Altamira. 
¿Durará más la imagen en papel cebolla que las  pinturas sobre piedra?  

Mi valoración, por no extenderme, también será breve: Me parece lamentable someter a intereses de tan corto plazo (el relanzamiento turístico coyuntural de la zona) la conservación de las pinturas de Altamira, un documento histórico y artístico único en el mundo.

Hoy, no parece haber una buena solución al problema que hace peligrar las pinturas: proliferación de microorganismos por la presencia de visitantes. Hay dos opciones posibles: Abrir la cueva y arriesgarse a que se destruyan las pinturas, o cerrarla para conservar las pinturas e investigar posibles soluciones. No hace falta ser una lumbrera para escoger la correcta.

EDITADO 20/6/10 20:11 horas: Una nota internacional de la agencia de noticias Associated Press recoge la noticia de la apertura de la cueva. Leyendo la información, parece obvio que la decisión pone en riesgo el Patrimonio de la Humanidad. Eso ya lo sabía, pero me ha llamado la atención otra cosa: La noticia transmite la impresión (¿acertada?) de que España es más una república bananera que un estado moderno y democrático. Sobre todo, por las declaraciones del Presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, contrariado por tener que explicar a sus amiguetes de las altas esferas "que no pueden entrar" y visitar Altamira.  

lunes, 7 de junio de 2010

Genoma Neandertal III: Erik Trinkaus o el "Gracias, pero me da igual"

Entre las reacciones más llamativas a la publicación del borrador del Genoma Neandertal, destaca la del paleoantropólogo Erik Trinkaus, de la Universidad Washington en Saint Louis. Su respuesta a las conclusiones de ese estudio ha sido (parafraseando) gracias, pero ya lo habíamos dicho. Trinkaus acepta las conclusiones del artículo, que coinciden con buena parte de sus propuestas, pero critica sin contemplaciones las bases del estudio.

Erik Trinkaus es un paleoantropólogo especializado en la anatomía de los Neandertales (es profesor universitario de antropología física, y debe de ser una de las personas vivas que más restos de Neandertal ha estudiado personalmente). Sus aportaciones al conocimiento de la biomecánica y los rasgos del Hombre de Neandertal han sido más que notables. Su enfoque de investigación defiende el uso tanto de la antropología física como de la arqueología (estudio de la cultura material). El objetivo sería reconstruir los rasgos propios de los humanos y de las sociedades pleistocenas, y entender así el origen de la llamada "modernidad" del comportamiento.

Hace unos años Trinkaus era un notable defensor de la Teoría Multirregional del origen de los humanos modernos. En los últimos años ha matizado bastante sus teorías para adaptarlas a los nuevos descubrimientos. Eso si, siempre ha defendido la existencia de una hibridación entre las poblaciones "modernas" africanas, y las poblaciones neandertales, tanto en Oriente Medio como en Europa Central y Occidental.

Entre los logros más notables de Trinkaus está el haber demostrado que los Neandertales caminaban erguidos y de manera eficiente (y no arrastrando los pies, como achaparrados y novelescos jorobados).

Le debemos un loable intento de desmitificar el canibalismo Neandertal, demostrando en un estudio que muchas de las supuestas pruebas no eran tales. También, al identificar restos de Neandertales "recientes" en toda Europa, ha colaborado activamente a la aceptación de que los Neandertales sobrevivieron hasta etapas avanzadas del Paleolítico (hasta hace, al menos, unos 30.000 años).   

Sus declaraciones sobre el Genoma Neandertal han sido recogidas en una entrevista realizada para la revista Quo, en el marco de un especial sobre el Genoma Neandertal, que se puede leer aquí.

Trinkaus, en esa entrevista, se muestra realmente molesto con el trabajo del Genoma Neandertal, aunque las conclusiones de ese estudio avalan una parte de sus tesis. Sus críticas van en dos direcciones: La muestra utilizada y un supuesto "prejuicio" de los autores, contra los Neandertales europeos.

En lo que se refiere a la muestra, Trinkaus critica su exiguo tamaño: sólo tres individuos Neandertales y cinco humanos modernos. Señala también que se trata de "supuestos" Neandertales (ya que no hay determinación anatómica de los huesos de los que se ha extraído el ADN).

En este sentido, creo que Trinkaus tiene objetivamente razón: la muestra es muy pequeña, aunque algo mayor de lo que él dice, sumando los restos de Feldhofer y El Sidrón. Pero equivoca su juicio al afirmar que eso es un demérito del conjunto del estudio.

El tamaño de una muestra está en relación directa con el diseño de la investigación, y es relevante en una situación concreta: si, para responder a las preguntas que tienes, sólo te sirve tener una muestra de un determinado tamaño, que no tienes a tu disposición.

Pero, precisamente, las preguntas que se hacen a la evidencia, en el caso del Genoma Neandertal, han sido diseñadas para obtener respuestas convincentes, a pesar -y a sabiendas- de que el tamaño de la muestra es muy pequeño. Es decir, se han elegido estrategias de análisis, y se han mirado aspectos determinados, que pueden dar bastante información, convincente, con un número muy escaso de "ejemplares".

Por otro lado, en lo que se refiere a la falta de identificación de los restos, es una verdad a medias. Por un lado, es cierto que los restos de Vindija no tienen una determinación anatómica, y no se puede saber (por los fragmentos) si son realmente neandertales.


Sin embargo, Trinkaus parece olvidar que determinadas porciones del ADN neandertal (por ejemplo, el mitocondrial, pero también regiones del nuclear) están realmente bien documentadas desde hace tiempo. De ese modo, los investigadores han podido comparar la evidencia genética de los nuevos restos de Vindija con evidencias genéticas de Neandertales de toda Eurasia. A esto se añade que han desarrollado toda una serie de métodos redundantes para caracterizar y separar la contaminación por ADN "moderno".  Así, aunque siempre quedan dudas razonables, la elección de las palabras "supuestos neandertales", por parte de Trinkaus, quizás no sea muy afortunada. Finalmente, los restos de Feldhofer (también estudiados en el artículo del Genoma) sí que tienen determinación clara: De hecho, son el fósil "original" neandertal.


La otra crítica de Trinkaus se refiere al prejuicio contra los Neandertales europeos. Los estudios de este autor apuntan a una hibridación importante en toda Eurasia, entre modernos y Neandertales. Esa mezcla se daría también en Europa occidental.

Por eso ataca a los investigadores del Genoma Neandertal, que "utilizan un argumento muy enrevesado para contradecir la hibridación europea". En este punto, creo que Trinkaus apunta a un hecho que tiene cierta razón de ser: Se trata del modelo de Surf-wave, planteado por los autores del estudio genético, para explicar la amplia distribución, en cuatro continentes, de nuestra herencia Neandertal. Ese modelo defiende una hibridación que implica a  pocos individuos, y tiene lugar en una zona (Oriente Medio) y un momento (entre hace 80.000 y 60.000 años) concretos.

Por un lado, parece lógico pensar que, si no se postulara ese modelo Surf-wave, la única forma de explicar la herencia neandertal en todos los no-africanos, sería aceptar una hibridación y un flujo genético más amplios. Ese flujo sería mucho mayor que el deducido por los genetistas. Es decir, apoyaría la tesis de Trinkaus.

Por otro lado, también es razonable pensar que esas opciones (modelos alternativos de población, intercambio y flujo genético) han sido consideradas y descartadas por los autores del borrador del Genoma Neandertal. De hecho, afirman que su modelo es, en sus simulaciones, el que mejor se ajusta a los datos genéticos obtenidos.

Una lección de fondo sobre este tema, que guardo para mí, es lo bueno que puede ser ejercitar un cierto realismo, que sea humilde y crítico a la vez. Lo que dice Trinkaus, en la entrevista de Quo, es crítico y en parte muy acertado, pero a la vez, resulta muy poco humilde.

Hay algo que está claro: Lo que sabemos sobre nuestros orígenes, sobre las poblaciones humanas del Pleistoceno, es muchísimo menos de lo que nos queda por saber. Por supuesto, se han dado pasos de gigante, desde que Schaafhausen estudiara el craneo de Feldhofer en 1857. Sin embargo, no por eso podemos pensar que el estudio genético de tres (o cinco) individuos Neandertales va despejar todas las incognitas sobre esas poblaciones. El trabajo que queda por hacer es ingente, monumental.

Por otra parte, contradiciendo a Trinkaus, tampoco podemos despreciar la gran cantidad de información que proporciona el Genoma Neandertal, en comparación con estudios anteriores, basados en huesos fósiles y mediciones anatómicas.

Referencias

Trinkaus, E., 1975: "A functional analysis of the Neanderthal foot" (Dissertation).

Trinkaus, E. 1982: "Cannibalism and burial at Krapina", Journal of Human Evolution, Volume 14, Issue 2. pp. 203-216.

Imágenes: Dr. Johannes. Max Planck Institue for Evolutionary Anthropology. Fuente: Exploratorium.