domingo, 20 de febrero de 2011

La Transición es... algo a superar (Straus dixit)

ResearchBlogging.org
De modelos y paradigmas: ¿Transición es extinción?

Muchos de los lectores de este blog ya sabrán que la extinción de las poblaciones neandertales se ha vinculado, durante mucho tiempo, a la llamada Transición entre el Paleolítico medio y el superior.

La propuesta tomó fuerza en los años 80 del siglo pasado, con el trabajo de autores como Mellars, Stringer, y Binford. Se creó un modelo de explicación que defendía la substitución biológica de Neandertales por Humanos Anatómicamente Modernos (HAM), unida de forma indivisible  con el paso de una cultura inferior (Paleolítico medio) a otra superior (Paleolítico superior).

De ese modo, la explicación era "auto-evidente": La llegada de poblaciones con capacidades cognitivas muy superiores (HAM), hizo desaparecer -directa o indirectamente- a las poblaciones "arcaicas" de Neandertales, porque no contaban con las capacidades propias del comportamiento "moderno".  

Ambos procesos de cambio se presentaron como un único fenómeno, global e uniforme, que explicaba los cambios que se observan en el registro arqueológico europeo, entre hace unos 40.000 y unos 28.000 años.

Para cualquiera que siga los debates en prehistoria y antropología, es evidente que aquel modelo está muerto y enterrado, aunque  Mellars se empeñe en acudir al cementerio con una pala y un equipo RCP (ver su trabajo de 2010 en PNAS por ejemplo).

Ese modelo no podrá resucitar, tal y como era, porque la evidencia acumulada de los últimos 30 años sobre la cultura neandertal y de los primeros HAM europeos demuestra que la mayor parte de las asunciones sobre la "Transición" eran incorrectas.

No obstante, eso deja todo el trabajo por hacer desde el lado de los arqueólogos (en el sentido más amplio del término).

Por una parte, hay que recoger y sintetizar todo lo que se ha demostrado incorrecto, inexacto, insuficiente, etc... desde la evidencia arqueológica. Esto es de vital importancia porque en muchos ámbitos (en paleoantropología y paleodemografía, por ejemplo), se siguen usando, de manera algo "naive", diversos conceptos, definiciones, y lugares comunes obsoletos, como si todavía fueran válidos o tuvieran correlato en los datos arqueológicos. 

Y por otra parte, si los viejos aforismos ya no sirven (sustición biológica como explicación del cambio cultural, "mito del progreso", transición de lo inferior a lo superior), seguimos necesitando una explicación: Es necesario integrar la ingente cantidad de evidencias acumuladas durante las últimas décadas en algún tipo de modelo. Para ello, es necesario hacer propuestas e hipótesis que puedan ser falsadas (puestas a prueba) por los investigadores.

Mucho jeta es lo que hay

Y aquí, el problema no es la falta de hipótesis, sino que muchas propuestas para explicar la extinción neandertal no son serias: no están diseñadas como verdaderas explicaciones, con una base firme en la evidencia. Tampoco tienen vocación de integrar la información generada en otros campos y disciplinas de investigación.

Esto se debe a que muchos de los trabajos sobre la extinción neandertal sólo buscan causar un impacto en el competitivo mundo de la publicación científica.

Por desgracia, es conocido que ligar cualquier aspecto puntual de la demografía, la biología, o la economía de las poblaciones del Pleistoceno a la "misteriosa extinción neandertal" es productivo: asegura mayor resonancia que, simplemente, presentar, describir e interpretar la evidencia por si misma.

Es mejor criticar trabajos que sí valen la pena

Como cabe esperar, no todos los trabajos son tan malos como los que he descrito. Por eso quería presentar, a los lectores de este blog, un estudio (de un veterano investigador) que se atreve a abordar esas dos tareas mayúsculas:

1- Poner orden en la evidencia que ha dejado K. O. al modelo anterior.
2- Comenzar a construir una propuesta basada en evidencias arqueológicas, de vocación global.

En efecto, creo que Lawrence Guy Straus debía de tener en mente (más o menos) esas cuestiones cuando escribió un artículo publicado en Quaternary International en 2010. El estudio se titula "The emergence of modern-like forager capacities & behaviours in Africa and Europe: Abrupt or gradual, biological o demographic?"

Aunque el trabajo tenga sus fallos, y yo no esté de acuerdo en algunas de sus propuestas, debo reconocer que es un intento muy superior a la media.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que aborda la cuestión tanto desde la evidencia africana como desde la Europea. Y no se limita a los años de la "Transición del Paleolítico medio al superior", sino que amplía el enfoque cronológico para poder contextualizar los cambios culturales (i. e. cambios en las culturas definidas por los arqueólogos) con más y mejores elementos de comparación.

África es importante, para entender Europa

Además, la evidencia africana ofrece la posibilidad de reflexionar sobre el cambio cultural en un marco donde no hay un fenómeno conocido de sustitución biológica: se suele aceptar que los rasgos básicos de la anatomía craneal y post craneal "moderna" se extienden por África hace más de 100.000 años, mucho antes de que aparezcan los rasgos de "modernidad cultural".

La síntesis de Straus presenta, de forma a mi parecer bastante convincente, un panorama africano donde los cambios culturales están espaciados en el tiempo y en la geografía, son regionalmente significativos, y no son lineales.

La evidencia muestra que no hay una evolución lineal entre el periodo más antiguo (la llamada MSA, por Middle Stone Age) y el más moderno (LSA por Later Stone Age).

Los supuestos avances tecnológicos e "hitos" cognitivos que configuraban el "comportamiento moderno" no son tan importantes ni tan necesarios como parecían.

Dichos "avances" no son algo que, una vez inventado, quede incorporado para siempre, al repertorio de la cultura material: Al contrario, aparecen en momentos muy antiguos en determinadas regiones, en las que después desaparecen... sólo para ser reinventados decenas de miles de años después, en otras zonas de África.

Este modelo se repite con evidencias como el aprovechamiento de los recursos acuáticos, la talla laminar o con tratamiento térmico, el trabajo de asta, la confección de armas de proyectil, la invención de las puntas barbadas o arpones,  los microlitos, los elementos simbólicos incorporados a lápices de ocre y cáscaras de huevo de avestruz, etc.

De modo complementario, todo un abanico de opciones tecnológicas antes consideradas "inferiores" (talla de lascas por métodos simples y/o expeditivos, uso de útiles "poco elaborados") a menudo suceden en el tiempo a las industrias de aspecto más "moderno", en las mismas regiones o incluso en los mismos yacimientos.

Este panorama es el que lleva a Straus a decir (refiriendose al comportamiento) que:

....all human  evolution has been a mosaic affair in terms of attibutes, timing and geography...

Es decir, que el cambio cultural se explica como una evolución en mosaico: un proceso de corte adaptativo, en el que las condiciones medioambientales y demográficas de cada región, en un momento dado, son tan relevantes o más que los supuestos cambios lineales en la cultura, en un sentido progresivo.

En este punto, debo decir esa idea de explicar toda la cultura en términos adaptativos es una tendencia típica del mundo académico anglosajón (y sobre todo en EE.UU.). En mi opinión, es otro fetiche que no permite realmente explicar toda la complejidad de las culturas humanas (porque creo que parte de lo que hacen los seres humanos no se puede entender sólo en términos "adaptativos" o "funcionales").

Sin embargo, a pesar de mis dudas con respecto al mecanismo de explicación, debo reconocer que la estructura general de su propuesta es robusta, y permite integrar la evidencia arqueológica, lo que nos transmite el registro cultural: cambios en mosaico, no lineales, que se intensifican en regiones y momentos concretos, pero siempre dentro de un proceso contínuo de  evolución de las sociedades humanas.

¿Y los Neandertales qué?

La segunda parte del artículo de Straus se centra en los Neandertales europeos y en la llegada de los HAM al continente. Tras revisar la evidencia y novedades de los últimos años (con especial atención a la Península Iberica, en particular las aportaciones desde el Abric Romaní) concluye que la mayor parte de los cambios radicales que se proponían para la "Transición" o bien nunca fueron tales, o bien no pertenecen a esa etapa cronológica, sino a momentos posteriores.

Entre las "novedades" que datan del Paleolítico medio se incluye la talla laminar, el uso de pigmentos minerales, los útiles de hueso, la caza especializada, la diversificación de la dieta, la organización del espacio doméstico y del territorio y la planificación a largo plazo de las actividades.

En cuanto a los aspectos que son algo posteriores a la llamada "Transición", destaca la aparición del arte figurativo, el llamado Arte Paleolítico mobiliar y rupestre. Ese tipo de manifestación simbólica no aparece en las primeras culturas materiales del Paleolítico superior, anteriores a 35.000 años BP (ya estén asociadas a HAM o a Neandertales). Y, cuando finalmente aparece, se concentra en áreas geográficas muy concretas y delimitadas.

Otros elementos de supuesta "modernidad" son muy posteriores: Determinadas formas de hiperespecialización de la cazadesarrollo del marisqueo y la pesca sistemáticas, o intercambios de materias primas a larga distancia. Se trata de cambios típicos del último máximo glaciar, y del Tardiglaciar: es decir de la etapa final del Paleolítico superior.  

 Por último, algunos cambios si que tienen lugar en la cronología de la "Transición": aparición de industrias en hueso y asta trabajadas por abrasión y pulimento, aparición de una producción lítica de micro-láminas que no parece enraizarse en el Musteriense, y ciertos elementos de adorno personal.

Y aquí me gustaría hacer un inciso porque, aunque Straus no lo subraya específicamente, la mayor parte de esos cambios se han documentado también entre los Neandertales que vivieron en esa franja cronológica (OIS 3) o en la inmediatamente anterior (OIS 4).

En cualquier caso, la imagen que se forma al considerar las evidencias es, como dice Straus:

...significant and growing evidence for Middle-Upper Paleolithic behavioural continuity...

Y, en resumen, un proceso de cambio contínuo (que Straus entiende como adaptación al medio, en términos evolutivos y funcionalistas), con areas de intensificación, significativas en el tiempo y en el espacio, que configuran un modelo en mosaico.

En último lugar, el autor se enfrenta a la desaparición de las poblaciones Neandertales, y su propuesta es coherente con el resto de su modelo: un proceso en mosaico complejo y largo, en el que los HAM representan una población que llega de África via Oriente Próximo, y ya trae consigo una presión demográfica propia.

Esa presión se refleja en el registro en forma de elementos de carácter económico e ideológicos: adornos corporales, una cierta tecnología de trabajo del hueso y el asta, representaciones simbólicas no figurativas, etc, que marcan las diferencias que apreciamos en la evidencia arqueológica, respecto al Paleolítico medio.

Y frente a esa población inmigrante con presión demográfica propia, Straus conceptualiza a las sociedades neandertales como una población euroasiática cuya estrategia de adaptación al medio, al largo plazo, había sido hasta entonces mantener una demografía baja, que permitía tanto la contracción y expansión territorial (según las fluctuaciones climáticas de las glaciaciones) como una adecuación a unos recursos naturales limitados.

Así, la nueva población se habría impuesto a los Neandertales no por mayores capacidades cognitivas, biológicas o culturales, ni tampoco por tener una tecnología superior, sino por un desequilibrio y presión demográfica previa al "contacto".

En este punto, cabe señalar que (aunque el autor no lo detalla mucho), su modelo también permite explicar las últimas culturas materiales asociadas a los Neandertales, como el Chatelperroniense, que contienen elementos muy similares a las primeras culturas europeas de los HAM.

Se trataría, en esos casos, y siguiendo su razonamiento, de grupos neandertales que se enfrentan a una situación similar de presión demográfica y territorial, en este caso por la llegada de los HAM. Y sería dicha presión la que que potencia la invención (o recepción por aculturación) de las novedades del registro arqueológico. 

Y a modo de breve conclusión final:

El principal problema de la propuesta de Straus es que no termina de explicar las causas últimas, los "porqués": Es decir, ¿porqué la población de HAM se está expandiendo y sufre esa presión demográfica, que es todo lo contrario a lo que pasa, en su modelo, con los Neandertales?

Pero tampoco podemos esperar que un único artículo resuelva toda la historia de la humanidad pleistocena, y creo que las aportaciones de este trabajo superan ampliamente a sus limitaciones, por lo que no dudo en recomendar su lectura.

Referencia de Research Blogging

Lawrence Guy Straus (2010). The emergence of modern-like forager capacities & behaviors in Africa and Europe: Abrupt or gradual, biological or demographic? Quaternary International

viernes, 28 de enero de 2011

Las estrategias de caza de los Neandertales I: La fauna en Pech-de-l'Azé I

ResearchBlogging.org

Vuelvo con este post a las revisiones de artículos, en las que presento trabajos que me parecen interesantes para comprender mejor la vida de los Neandertales. Esta vez, hago la crítica de un estudio arqueozoológico, publicado por Willian Rendu en 2010. En ese trabajo, el autor analiza los comportamientos de caza de los Neandertales, a partir del estudio de los restos de sus presas.

La arqueozoología, esa gran desconocida (lamentablemente)

Antes de entrar en el meollo, permitidme una -no tan breve- disgresión sobre la arqueozoología. Esta disciplina (o técnica, o sub-disciplina, etc, según quien la nombre) constituye, en mi opinión, uno de los recursos más valiosos, y a la vez desconocidos y minusvalorados, para el estudio de las sociedades de cazadores-recolectores. Y, por tanto, para avanzar en la comprensión de las sociedades humanas del Paleolítico.

Es cierto que otros aspectos del registro arqueológico (como la industria en piedra, o en otras materias) y paleoantropológico (los propios restos humanos) son de gran interés, y sirven para reconstruir partes importantes de la experiencia humana en el pasado.

Pero el enfoque centrado en esas evidencias a menudo olvida o minusvalora (históricamente ha sido así) los restos estudiados por los arqueozoologos. Me refiero a los restos de fauna, que provienen de animales que entraron en la órbita de las sociedades humanas de la Prehistoria (normalmente, como presas consumidas).


Para el Paleolítico, y para las sociedades de cazadores-recolectores en general, las presas de la caza están en la base natural de la organización económica. 

La gestión de lo económico (subsistencia, producción, gestión de recursos), a su vez condiciona e interacciona con la organización social. Y, probablemente -como sugiere el arte rupestre- la caza también estuvo en el centro de la cosmovisión y los valores de las sociedades paleolíticas.

Además, la caza no es sólo alimentación. La evidencia arqueológica señala que, junto con la carne y la grasa, los animales abatidos proporcionan materia prima para el utillaje (hueso, diente o asta) al menos desde el Musteriense (la cultura material asociada a los Neandertales europeos). También se trabaja la piel animal (de nuevo, desde el Musteriense como mínimo) para la confección de abrigos y refugios.

Y, por último, hay otros usos probables, pero que no dejan evidencias en los registros arqueológicos de esa antiguedad: Por ejemplo, el uso de tendones y tripas (para realizar atados y sujecciones varias), o el recurso a la grasa medular con fines no alimenticios: bien como aislante corporal, o bien como combustible, para la iluminación artificial.

Puntas enmangadas con sujecciones de tripa seca 
(realizadas por el paleo-artesano Triballica)

Si dejamos por un momento de pensar en lo que aporta la caza, y pasamos a valorar lo que requiere, esa actividad se revela como un criterio central en la organización de la movilidad de los grupos, y en la gestión del territorio. Desde luego, no es el único aspecto importante, ya que la recolección de otros recursos (líticos, vegetales) y las necesidades puramente sociales (interacciones familiares, clánicas, tribales...) también influyen en la organización de la movilidad. Pero no cabe duda de que, a pesar de ello, la caza sigue siendo un elemento decisivo.

La etnografía de cazadores-recolectores actuales y sub-actuales muestra cómo -a menudo- las necesidades de la caza (entendida como obtención de recursos animales) determinan cómo se organiza el trabajo en esas sociedades. Esto es particularmente cierto en las poblaciones árticas y sub-árticas: La caza condiciona el tamaño de los grupos, cómo se unen o se separan en agrupaciones más pequeñas a lo largo del año, cuantos kilómetros se desplazan y qué territorios cubren, etc.


Para ir cerrando esta disgresión sobre la arqueozoología, quiero insistir en que el estudio de los restos óseos de los animales tiene un enorme potencial explicativo. Según mi criterio, hacen falta más especialistas y más trabajos arqueozoológicos, como el artículo que nos ocupa.

Sin embargo, reconozco esta no es un petición sencilla de satisfacer: un buen arqueozoólogo debe tener amplios conocimientos de paleontología, biología/etología y antropología/arqueología, como mínimo, para hacer bien su trabajo... Es difícil conseguir especialistas con conocimientos tan variados y, a la vez, tan especializados, pero.... ¡por pedir que no quede!  

Comportamiento, cultura material y Neandertales en el suroeste de Francia  

El trabajo de W. Rendu estudia los comportamientos de los grupos neandertales que habitaron en el abrigo rocoso de Pech-de-l'Azé I. Ese yacimiento forma parte de un conjunto de cavidades con depósitos arqueológicos, que están situados en dicha localidad del suroeste de Francia. Los abrigos (I a IV) son conocidos desde finales del siglo XIX y han sido excavados en varias ocasiones.

Situación del yacimiento en el mapa de Europa (a partir de W. Rendu, 2010)

En concreto, el abrigo de Pech-de-l'Azé I ha sido re-excavado en un reciente proyecto de investigación sobre el Musteriense de esa región, dirigido por Marie Soressi. El trabajo de William Rendu aprovecha los resultados de dicha excavación.

Gracias a una metodología más desarrollada y cuidadosa que la utilizada en las intervenciones antiguas, la excavación de Soressi permitió una recogida exhaustiva de todos los restos de fauna. El estudio de esos restos, junto con todas las evidencias conservadas de excavaciones anteriores, ha permitido al autor estudiar los comportamientos de los Neandertales en relación a la caza y consumo de animales. 

En este punto, mencionaré que los trabajos de Soressi en la zona donde se sitúa Pech-de-l'Azé son de gran interés para estudiar el cambio histórico en las sociedades Neandertales. En concreto, y para esa región, la investigadora propone una evolución en la organización económica en la parte final del Musteriense (Soressi, 2002).

Dicho cambio se refleja en el registro, en el paso de un Musteriense de Tradición Achelense (MTA) Tipo A, al llamado Musteriense de Tradición Achelense Tipo B. Se trata de dos sistemas de organización de la industria lítica, que están dentro de las mismas tradiciones técnicas pero presentan diferencias significativas.

En concreto, el MTA Tipo A se distingue por la producción de abundantes bifaces, muy estandarizados en su forma y dimensiones. En Pech-de-L'azé I esa "facies" aparece en el nivel 4, el más antiguo de los estratos con ocupación humana. Además de los bifaces, hay otros rasgos interesantes: En las materias primas líticas conviven materiales importados y locales; y se aportan y utilizan abundantes pigmentos minerales (manganesos).  

En cuanto al MTA Tipo B, supone una reducción importante en el número de bifaces, que pasan a ser un tema menor en la industria de piedra. Además, las materias primas pasan a ser de origen más bien local, con menos materiales importados. En Pech-de-l'Azé I esta "facies" aparece en los niveles 6 y 7 (que son los otros dos estratos con presencia neandertal). En esos niveles se documentan los rasgos típicos de la "facies" cultural. Y, por otro lado, desaparece el transporte y uso de pigmentos de manganeso, tan abundantes en el nivel 4. 

La interpretación regional de Marie Soressi es la siguiente: dentro del MTA, el paso del Tipo A al Tipo B refleja un cambio económico de calado en una sociedad inmersa dentro de una cierta tradición técnica.

Ilustración de la síntesis de M. Soressi para explicar
el desarrollo del MTA (A y B). El original aquí.

Ese cambio sería el tránsito de una economía basada en la movilidad logística a otra basada en la movilidad residencial. Con estos términos Soressi se refiere a dos estrategias definidas por el antropólogo y arqueólogo Lewis R. Binford, a partir de sus estudios etnográficos (Binford, 1980).

A grandes rasgos, la movilidad residencial implica aportar los recursos a campamentos base, de manera que estos sólo se abandonan cuando los citados recursos se agotan en el ámbito inmediato. Esa estrategia presupone, por lo tanto, una relativa abundancia de recursos, y cierta homogeneidad en su distribución en el territorio.

En cuanto a la movilidad logística, según Binford se basa en el aprovechamiento de recursos que están desigualmente distibuídos en el tiempo y en el espacio (por ejemplo, migraciones de grandes manadas de ungulados). En este modelo los campamentos se sitúan próximos a los lugares y momentos en que los recursos son más abundantes.

A pesar de los obvios parecidos entre ambas estrategias, la duración de las ocupaciones y las distancias recorridas en cada modelo suelen ser muy diferentes. Y también lo son otros aspectos, como el tamaño de los grupos a lo largo del ciclo anual, o las necesidades de materia prima, alimento y utillaje que se presentan en cada estación.

Volviendo al MTA, tal y cómo propone Soressi, los bifaces y la aportación de materias primas importadas (Tipo A) encajarían bien con la estrategia logística, mientras que los cambios en el MTA Tipo B estarían en la linea de un cambio hacia una movilidad de tipo residencial .

La caza y el aprovechamiento de los ciervos en Pech-de-l'Azé I

Me he entretenido en explicar los planteamientos de Soressi porque son importantes para entender las conclusiones y propuestas explicativas de Rendu. Volvamos ahora al trabajo de este autor.

En el artículo que nos ocupa, "Hunting Behavior and Neanderthal adaptability in the Late Pleistocene site of Pech-de-l'Azé", Rendu aborda un estudio que combina varias técnicas y enfoques de alto valor informativo. Esos enfoques son: estudio de la tafonomía del depósito, análisis arqueozoológico del transporte y consumo de los animales, determinación de perfiles de población, y, por último, "esqueletocronología" (determinación del momento de la muerte de los animales, a partir de los restos esqueléticos de huesos, dientes y astas).

Un dato conocido previamente, por los estudios paleontológicos de excavaciones anteriores en el yacimiento, es que la fauna de Pech-de-l'Azé I está dominada por el ciervo (Cervus elaphus), seguido del bisonte (Bison priscus), y por otros ungulados en número mucho menor. Además, parece que no hubo cambios ambientales importantes entre los tres niveles estudiados (4, 6 y 7). En ese sentido, el trabajo que nos ocupa no hace sino constatar los hechos ya conocidos.

Cervus elaphus: ciervo rojo o venado.

El primer resultado original del análisis de Rendú es demostrar que las muestras de fauna son de origen antrópico. Es decir, que otros agentes (como los carnívoros, trampas naturales, etc) no tuvieron una influencia apreciable en la acumulación de huesos de los tres estratos estudiados.

Esta afirmación se infiere de la práctica ausencia de huellas de carnívoros y de restos de dichos animales. Y también de la hiper-abundancia de huellas antrópicas (hechas por los Neandertales, en este caso) sobre los huesos de fauna.

En cuanto al transporte y aprovechamiento de los animales, el estudio de Rendu afirma que hay una correlación clara entre las partes del animal que aparecen con mayor frecuencia, y la cantidad de médula ósea que tienen esos huesos en su interior.

A partir de ese dato, el autor propone que hubo un transporte diferencial de dichas partes del esqueleto, a causa del "valor" en grasa medular de esos huesos en particular.

Esto tiene bastante lógica, ya que al "preparar" un animal en el lugar de abatimiento ("kill site") se debe decidir qué parte se transporta y cual no. Pero también hay que decidir si se toman sólo los paquetes musculares o se carga con piezas con el hueso incluído. El criterio de la cantidad de médula ósea, que tiene un impacto importante en la dieta, es por tanto, bastante razonable. Creo que es muy probable que fuera tenido en cuenta por los Neandertales.
 
Sin embargo tengo dos críticas a esta parte del trabajo. Por una parte, el propio estudio también muestra que hay una correlación bastante alta entre la densidad de los huesos y los elementos presentes en la muestra.

Eso podría indicar que se han destruido por procesos tafonómicos los huesos menos densos: es decir, puede ser que ciertos huesos que fueron llevados al yacimiento en origen, no sobrevivieron a más de 40 milenios de procesos físico-químicos. Es cierto que Rendu menciona esta posibilidad, pero pasa por ella de puntillas. Si realmente no cree que el sesgo de la conservación comprometa la validez de la muestra, debería razonarlo.  

El otro punto que me hace dudar se refiere a las esquirlas y los restos "no determinables". O mejor dicho, a su aparente ausencia de la explicación.

Me explico: En los conjuntos óseos de los yacimientos pleistocenos -al menos, los que yo he estudiado- además de los huesos cuyo origen (parte anatómica y especie) se puede reconocer, hay una gran cantidad de pequeños fragmentos "no determinables". En algunos casos, dichos restos pueden llegar a constituir (en terminos de "masa") la mayor parte de la fauna del nivel.

En general, estos restos son ignorados en los estudios arqueozoológicos y paleontológicos. Y esto es bastante problemático: al no ser tenidos en cuenta, pueden pasarse por alto importantes sesgos en la representación anatómica y de especies animales.

Por ejemplo, supongamos que una parte de los huesos es reducida de foma intencional a pequeños fragmentos "no determinables". Un motivo para ello puede ser el siguiente: entre los restos aportados estaban ciertas partes del animal ricas en grasa medular de difícil acceso: epífisis, huesos articulares, costillas, vértebras, y huesos planos con tejido esponjoso.

La grasa de esos huesos es, como digo, bastante difícil de obtener: requiere procesos muy intensos de fragmentación, junto con otros mecanismos como cocciones, etc...

En ese sentido, hay documentados  etnográficamente distintos procesos para obtener la grasa medular, que en general implican la fragmentación de los huesos en pequeños trozos para hacer con ellos un "caldo de hueso".

Lo que quiero decir es que, hipotéticamente, en un yacimiento del Pleistoceno, podrían estar las epífisis, huesos articulares, costillas, vértebras, huesos planos... pero pasar desapercibidos para el arqueozoólogo, porque han sido reducidos a pequeños fragmentos... que no se estudian.

Todo eso puede devenir en un sesgo importantísimo, que oculta realidades completamente distintas a las que se infieren del estudio los huesos determinados.

Por todo esto, pienso que un trabajo arqueozoológico queda un poco "cojo", si no se intenta al menos cuantificar y clasificar esos pequeños fragmentos.

Aunque está claro que los pequeños trozos de hueso no se pueden estudiar con tanto detalle cómo los grandes restos, si se pueden buscar otras estrategias de análisis: Una primera sugerencia sería separarlos en categorías: Por ejemplo, se pueden separar por un lado aquellos que presentan "tejido cortical", proveniente de la caña de los huesos largos, y por otro los restos con tejido "esponjoso" (también llamado canceloso o trabecular, que se halla en epífisis, articulaciones, etc).

Por otra parte, se puede estudiar el grado de fragmentación (agrupándolos por tamaños, y analizando los tipos de fractura que presentan). Y, otra idea, se pueden documentar las alteraciones que presentan (por ejemplo: ¿está el fragmento quemado o alterado por el calor?).

En este punto, me gustaría aclarar que todo lo dicho no significa que no acepte el análisis de Rendu. Ni que piense que su trabajo es erróneo.

En realidad, es posible que los fragmentos "no determinables", en estos niveles de Pech-de-l'Azé I, sean poco abundantes o poco significativos. Pero, si ese es el caso, realmente creo que debería explicarlo en el artículo. Porque lo que sucede es que, al no aparecer ninguna referencia explícita a las esquirlas y fragmentos "no determinables", se generan ciertas dudas -creo que razonables- sobre esa parte de su trabajo.

Volviendo a la ennumeración de los resultados del estudio, la siguiente aportación de Rendú es la representación de edades y sexos (poblaciones animales) a partir los restos de ungulados. Esa parte va unida al estudio de la "esqueletocronología". Estas líneas de análisis son, sin duda, lo mejor del artículo.

El autor se centra, a partir de este punto, en el estudio de los ciervos, y utiliza varias técnicas complementarias (estudio de crecimiento de huesos y astas, erupción de dientes, desarrollo del esmalte dental) para aproximarse a la población cazada (edades y sexos) y a la época del año en que fueron abatidos. Los resultados le permiten proponer cambios importantes a lo largo de los tres niveles arqueológicos.

En el nivel 4, el más antiguo, se cazan machos y hembras, con edades que representan a toda la población, y se abaten a lo largo de todo el año, con una concentración importante en primavera. En el nivel 6,  se cazan sobre todo hembras, también de edades que representan a toda la población, y que son abatidas a lo largo la primavera y la primera mitad del verano. Y, por último, en el nivel 7 hay un cambio total de los perfiles: Se cazan machos, basicamente en edad reproductora, abatidos al final de la estación cálida (finales del verano y comienzos del otoño).

Extrapolando estos datos a la etología de los ciervos, Rendú explica que la caza en el nivel 4 puede interpretarse en dos sentidos: O bien es una caza "no selectiva" a lo largo de todo el año (con un "pico" al inicio de la estación cálida), o bien se trata de un palimpsesto que refleja varias estrategias de caza, en varias estaciones del año, superpuestas en un mismo nivel arqueológico.

En el nivel 6 la organización de la caza se centra -según el autor- en los rebaños de hembras, que tras la época de parto están biológicamente debilitadas y tienen una movilidad más predecible y reducida, a causa de la atención que requieren los cervatos.  

Por fin, en el nivel 7, la organización de la caza da un giro importante: Se abaten machos, que probablemente están debilitados tras la berrea y el apareamiento, a finales del verano y en otoño.

Todos esos cambios llevan al autor a enunciar un interesante problema interpretativo: Los cambios en las estrategias de caza, entre niveles, difícilmente pueden explicarse por el cambio del MTA Tipo A al MTA Tipo B (es decir, el paso de una movilidad logística a otra residencial).

En concreto, Rendu destaca que el cambio radical en los objetivos de la caza, entre el nivel 6 y el nivel 7, se corresponde con una continuidad casi total en  las industrias líticas (MTA Tipo B).

Para resolver ese problema, Rendu propone una explicación que integra lo local en procesos de cambio más generales. Un hecho comprobado (por los estudios geológicos y estrátigráficos) es que el espacio disponible en Pech-de-l'Azé I, para el hábitat doméstico, se va haciendo menor a lo largo del Pleistoceno. Esto se debe a la caída de bloques de la visera rocosa.

Así, la zona "útil", donde asentarse, es menor en el nivel 6 con respecto al nivel 4. Y se vuelve todavía más pequeña en el nivel 7. Eso, según Rendú, limita el tamaño del grupo que puede habitar el abrigo en cada momento, y por ello cambia el uso que se le dá, en función del espacio disponible. Así, un lugar de ocupación más o menos estable, prolongado en el tiempo o frecuentado en varias estaciones (nivel 4), pasa a ser un lugar de habitación utilizado sólo en la primera parte de la estación cálida, de principios de la primavera a mediados del verano (nivel 6). Y finalmente, se convierte en un alto de caza para grupos pequeños, que abaten ciervos machos al final del verano y comienzos del otoño.

Cuadro-resumen de la propuesta de interpretación
de Rendu (2010) para el registro de Pech-de-l'Azé I

Esos cambios en el uso del espacio, según el autor, documentan la flexibilidad, las capacidades de planificación y gestión de espacio (el doméstico y el territorial) de los Neandertales; Y, sobre todo, su excelente adaptación al medioambiente Pleistoceno.
     
Balance final

Como balance final, diría que el trabajo de William Rendú es un estudio completo, coherente y valioso para la disciplina. Destaca por integrar la esqueletocronología y la etología (comportamiento) de los animales, con el análisis de la organización económica de los grupos neandertales.

Aunque es cierto que encontré algunas carencias, en general me parece un buen artículo. Además, pertenece a un campo en el que los trabajos son relativamente escasos; y los buenos trabajos, aún más escasos. Viendo el enorme potencial de la arqueozoología para avanzar en el conocimiento de las sociedades prehistóricas, resulta evidente que debemos trabajar para corregir esa escasez.

Referencia de Research Blogging: 

Rendu, W. (2010). Hunting behavior and Neanderthal adaptability in the Late Pleistocene site of Pech-de-l'Azé I Journal of Archaeological Science, 37 (8), 1798-1810 DOI: 10.1016/j.jas.2010.01.037

Bibligrafía adicional

Soressi, M. (2002): Le Moustérien de tradition acheuléenne du sud-ouest de la France. Discussion sur la signification du faciès à partir de l’étude comparée de quatre sites : Pech-de-l’Azé I, Le Moustier, La Rochette et la Grotte XVI. Thèse de l’Université Bordeaux I, 339 pp. [pdf con imágenes de baja resolución (6 MB)] [pdf con imágenes de alta resolución (36 MB)]

Binford, L. R. (1980): "Willow Smoke and Dogs' Tails: Hunter-Gatherer Settlement Systems and Archaeological Site Formation". American Antiquity, Vol. 45, No. 1 (Jan., 1980), pp. 4-20. URL estable.

lunes, 17 de enero de 2011

Famosos "Neanderthal Style"

A través de De10.mx, me entero de que en la página Worth1000 van ya por la segunda competición de "famosos neandertalizados". Se trata de una galería a la que los miembros de esa web envían imágenes retocadas con Photoshop o programas similares, para que "parezcan" Neandertales, o simplemente, cavernícolas.


No se trata por tanto de reconstrucciones científicas ni con pretensiones, sino un divertimento. Pero, contra todo pronóstico, varios retratos de esta segunda competición son, además de simpáticos, bastante aceptables. Me gustan en especial los alter-egos de los primeros clasificados: Al Pacino, Shakira, Scarlett Johansson y Russell Crowe.


En cuanto a la primera competición de "neandertalizados", como se puede ver en el enlace fue bastante más floja, y las imágenes en la galería correspondiente no son comparables a esta edición.

Por supuesto las galerías y los comentarios en Worth1000 están llenos de prejuicios y errores sobre los Neandertales y los "cavernícolas", pero dado que es una cosa más bien festiva y de cachondeo, no me pondré a despotricar contra ellos, por esta vez ;)

martes, 11 de enero de 2011

Lo que viene en 2011: Congresos y reuniones científicas sobre Prehistoria y Neandertales

Una parte importante de la labor investigadora es acudir a reuniones internacionales, para presentar los resultados del propio trabajo y -no menos importante- ponerse al día de las novedades dentro de cada campo científico.

En este post presento los congresos y reuniones científicas que se celebrarán a lo largo de 2011 y que, según mi criterio, pueden ser interesantes para estudiantes e investigadores de arqueología prehistórica en general y del Paleolítico medio y los Neandertales, en particular.

Esas nuevas tecnologías que nos vuelven locos

En primer lugar, entre el 3 y el 8 de Abril, se celebra un workshop de microarqueología en el Instituto Weizzman de Rehovot, Israel. Es una reunión científica especializada en todas esas técnicas de microanálisis que están revolucionando en nuestros días la investigación arqueológica: Fitolitos, analisis de residuos, radiocarbono, y ADN antiguo, entre otras.


Entre los organizadores he podido ver que está Dan Cabanes, uno de los autores del trabajo sobre las camas de pasto en el yacimiento neandertal de El Esquilleu (que fué revisado aquí). Por cierto que las inscripciones finalizan el 21 de Enero, así que los interesados deberían darse prisa.

El carbono radioactivo es tu mejor amigo


En el mismo mes de Abril, del 10 al 15, una de estas técnicas de análisis especializado, el radiocarbono (en concreto, la datación por Carbono-14) es el tema de un Symposium  celebrado en Pafos, Chipre.

Además del interés de la propia reunión (dicha técnica está avanzando a pasos forzados y empieza a ser viable datar al menos el final del Musteriense por radiocarbono) hay otro aliciente nada despreciable: sin  duda el Symposium se celebra en lo que las agencias de publicidad describirían como un "marco incomparable".  Por cierto que si alguien quisiera presentar una comunicación en este evento, apenas tiene unos días: El plazo termina el 17 de Enero.

Jóvenes con mucho que decir

Entre el 11 y el 14 de Mayo se celebra otra reunión, que puede ser de mucho interés para los estudiantes de las diversos grados relacionados con la arqueología y la prehistoria. Sobre todo para aquellos que se planteen seguir una carrera investigadora en el futuro. Me refiero a la cuarta edición de las JIA, o Jornadas de Jovenes Investigadores en Arqueología. Este congreso, que ha ido adquiriendo una dimensión internacional en las últimas ediciones, esta dedicado en exclusiva a los investigadores que están en una fase avanzada de su formación, pero sin ser Doctores.


Las JIA me parecen una iniciativa en la que cualquier investigador puede aprender muchísisimo, pero que resulta aún más útil a aquellos que están empezando. Permiten aprender de las experiencias e iniciativas de otros estudiantes, en una situación similar a la propia (o un poco más avanzada, en todo caso). Las IV JIA se celebran en la Universidad del Algarve, en Faro (Portugal), así que los jovenes investigadores peninsulares no tienen excusa para no acudir.

La Bestia ;)

En Septiembre llega uno de los pesos pesados de los congresos: del 4 al 10 de Septiembre se celebra el congreso de la UISSP (acrónimo francés de Unión Internacional para las Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas). Esta reunión se celebra en Brasil, en la Universidad Federal de Santa Catalina -en la ciudad de Florianópolis.


 Se trata de una gran reunión internacional a la que acuden los principales investigadores de numerosos campos científicos. Los interesados en los Neandertales y en el Paleolítico en general, pueden centrarse en varias sesiones específicas, de las que recomiendo la siguiente: Going beyond Stone Tools: The other signs of Paleolithic Transitions. 

Carnivore Vs. Hominid... Fight!

Por último, pero no menos importante, entre los días 25 y 27 de Octubre de 2011 tendrá lugar un congreso sobre las Interacciones Homínidos-Carnívoros en el Pleistoceno, un tema de gran interés para los investigadores de los Neandertales, que por cierto también se ha comentado en varios posts de este blog (aquí y aquí).


 Es un congreso internacional, de nuevo cuño, y se celebra en Tarragona, España. Lo organizan, entre otros, Jordi Rosell (IPHES y Universitat Rovira i Virgili) y Enrique Baquedano (Museo Arqueológico regional de Madrid).

miércoles, 5 de enero de 2011

Infancia, género y aprendizaje (en clave Neandertal)

ResearchBlogging.org
A modo de introducción del rollo que sigue...

Retomo por fin el blog con una entrada que, si bien no es de rabiosa actualidad, espero resulte interesante o, al menos, de lectura entretenida. No será un post denso ni técnico (al menos, esa es mi intención) pero si que será largo, así que recomiendo buscar un rato libre, prepararse un cafetito y acomodarse en la silla antes de la lectura ;)

En esta nota hago el análisis, crítica y resumen de un artículo de Dick Stapert, publicado en 2007, que trata sobre la talla lítica por parte de niños neandertales. Es un trabajo publicado en la revista PalArch's Journal of Archaeology of Northwest Europe. Es una investigación innovadora y valiosa, aunque con algunos "peros" importantes, que explicaré más adelante.


Por otra parte, hay una afirmación particular del artículo de Stapert, que me da pie a introducir (y discutir) ciertas cuestiones de historiografía y género (estereotipos, prejuicios, división sexual del trabajo). Lo haré a partir de un gran artículo de Kathryn Weedman Arthur sobre mujeres y talla lítica, de reciente publicación (2010).  

Infancia neandertal: ¿Tan mal lo tenían?  

El artículo de Dick Stapert comienza haciendo un breve balance sobre lo que sabemos de la infancia en las poblaciones neandertales. Presenta un panorama general de altísima mortalidad infantil, y numerosos problemas de salud y supervivencia. Mi impresión global de dicha introducción es que se exageran de manera gratuita las "malvivencias" neandertales, como un valle de lágrimas y dolor. Y creo saber de donde viene esa concepción.

Una buena parte de la imagen viene de la propia naturaleza de la evidencia estudiada. Al fin y al cabo, no son otra cosa que restos óseos de niños neandertales, que murieron en esa etapa temprana de su desarrollo.

Otra parte de la explicación pasa por falta de referentes demográficos fiables, tanto para las propias poblaciones neandertales, como para cualquier otra población humana arcaica (del Pleistoceno medio). Es decir, no hay nada con lo que podamos comparar los escasos datos que tenemos. Por eso, cualquier tasa de mortalidad infantil, prevalencia de la enfermedad, supervivencia, etc... es especulativa, dado que no conocemos estructuras o tamaños de población reales para dichas sociedades.

Y por último, creo que hay -en la introducción del autor- un poco de "mito del progreso" y de las incapacidades neandertales: En mi opinión, el razonamiento implícito es este: las sociedades han avanzado y han ido mejorando a lo largo de la historia, sobre todo en ese tipo de cosas (como la mortalidad infantil). Y por lo tanto, es "lógico" que en las sociedades de unos homínidos tan primitivos como los neandertales, los índices de mortalidad sean excepcionalmente altos.

Sin embargo, esa idea se contradice con la información real que tenemos, por ejemplo, para periodos de la Edad Media europea, etapa en la que se conoce bastante bien la estructura y tamaño de las poblaciones. Pues bien, se sabe que la mortalidad en el parto (e infantil en general) era mucho más alta en determinadas regiones y epocas medievales, que entre los cazadores-recolectores actuales y sub-actuales, que han sido estudiados por etnógrafos y antropólogos.
  
¿Significa esto que la imagen de una vida durísima de los neandertales, al límite de la supervivencia, marcada por la enfermedad y por la muerte en la infancia, es incorrecta? Bueno, no necesariamente. Lo que quiero resaltar es que: 1) toda información es relativa a su contexto -no tiene, por ejemplo, sentido comparar sin más los registros especulativos de los neandertales con los datos reales de sociedades postindustriales; y 2) la ausencia de información no justifica presentar la especulación como información.

Pero volviendo al tema central del artículo de Stapert, lo que el autor aborda es el estudio del aprendizaje de la talla lítica, es decir la transmisión de los conocimientos técnicos y de la propia práctica de trabajar la piedra, entre adultos y niños de las poblaciones neandertales.

Talla lítica y modelos de género: una cuestión abierta

En este punto se introduce la cuestión de género a la que me refería más arriba. Stapert afirma "Probably, they were mostly boys" ("probablemente, eran en su mayoría chicos" es decir, varones).

Para justificar esa afirmación, recurre a las estadísticas de un trabajo de Murdock y Provost (1973). En ese trabajo, de 73 sociedades tradicionales estudiadas, en 67 de ellas el trabajo de la piedra está vinculado preferentemente a los varones. Y, en concreto, la talla lítica casi nunca parece vinculada a las mujeres.
 
Esta linea de interpretación se trata de apuntalar con una referencia a los bifaces o hachas de mano: Stapert afirma que los bifaces fueron hechos y utilizados de manera prediminante por varones, dado que son hallados casi siempre de manera aislada, en -supuestos- "kill sites": lugares donde se abatieron las piezas de caza.

Sobre la vinculación del trabajo de la piedra en general a los varones, volveré más adelante, cuando me refiera al trabajo de K. Weedman Arthur que mencionaba al principio.

¿Bifaces de "machos"?

En cuanto a la cuestión de los bifaces hay un par de cosas que no quiero dejar pasar: Por una parte, la afirmación de Stapert se basa en -razonables pero inciertas- especulaciones sobre la división sexual del trabajo en las sociedades del Paleolítico medio (concretamente, en la idea de que los hombres cazaban y las mujeres no). Por tanto, el "dato" debería ser presentado en los terminos especulativos que corresponden, y no como un argumento para consolidar una afirmación del tipo "los niños neandertales que tallaban la piedra eran varones".

Y por otro lado, la idea de que los bifaces son abandonados de manera aislada en "kill sites", no tiene base en la evidencia arqueológica. Veamos esto en detalle: 

Por una parte, los bifaces del Paleolítico antiguo en general (inferior y medio) si que provienen, en su mayor parte, de hallazgos aislados. Pero esto sólo significa que carecen de contexto arqueológico y que no estaban en una cueva. Eso no nos permite interpretar -de ningún modo- que vengan de "kill sites". Más aún, sabiendo que los neandertales construían campamentos al aire libre como el de La Folie.

Y por otra parte, lo que no es cierto, es que en el Paleolítico Medio europeo (Musteriense, en sentido amplio), los bifaces provengan -mayoritariamente- de hallazgos sin contexto. Para esa cronología los bifaces provienen a menudo de lugares de ocupación en cuevas y abrigos, es decir, campamentos semi-permanentes o temporales, de muy diversa naturaleza.

En esos contextos, los bifaces se han asociado a tareas pesadas, de descuartizamiento y preparación de las piezas de caza, pero también a trabajos sobre madera y otros materiales. En general, los bifaces musterienses suelen interpretarse como unas herramientas multifuncionales, transportables, de buena durabilidad. Y que funcionan a veces como núcleos, para obtener lascas delgadas y cortantes.

Mujeres artesanas de la piedra

Una vez vista la debilidad del argumento que asocia bifaces, caza, y labor masculina para el Musteriense (y el Paleolítico medio europeo en general) volvamos a la asociación de talla lítica y varones para las sociedades de cazadores-recolectores. La cita que hace Stapert del trabajo de Murdock y Provost (1973) me pareció a priori bastante sólida -aunque un poco antigua.

Sin duda, ese tema no me habría llamado la atención si no hubiera estado leyendo en los mismos días un trabajo de Kathryn Weedman Arthur: Feminine Knowledge and Skill Reconsidered: Women and Flaked Stone Tools. Es un artículo muy sólido, que reune crítica historiográfica, información arqueométrica (estudio de materiales) e información sociológica y antropológica -obtenida de mujeres africanas que aún hoy trabajan la piedra.

El trabajo se estructura en dos grandes lineas complementarias: En primer lugar, Weedman Arthur critica la concepción sesgada, que asocia el trabajo de la piedra al hombre y al cazador, de manera exclusiva y monolítica. Tampoco es que la autora crea que no existe división sexual del trabajo, ni unos roles muy marcados para los sexos en las sociedades "tradicionales". Al contrario, en todo su trabajo queda bien claro que todas las sociedades, incluso las más simples, atribuyen diversos roles y trabajos a sus componentes, sobre todo en función del género.

Lo que defiende Weedman Arthur, en concreto, es que la asociación de industria lítica tallada y trabajo masculino, como algo universal entre los cazadores-recolectores, es más bien fruto de lugares comunes, ideología y prejuicios historiográficos, y no de hechos probados.

Para argumentar esta afirmación, la autora hace una extensa revisión de la bibliografía etnográfica. A partir de las referencias, la autora explica cómo desde finales del S. XIX y en las primeras décadas del siglo XX, las mujeres son descritas a menudo como habiles artesanas de la piedra. Sin embargo, en todos los casos la talla de la piedra era vista como una actividad en el extremo inferior de lo socialmente valioso y relevante, una actividad menor. Por lo tanto, las construcciones -muy sexistas- de la época sitúan a la mujer artesana de la piedra en ese marco de inferioridad.

Sin embargo, a partir de las décadas centrales del S. XX se produce un cambio importante en las visiones sobre la tecnología "primitiva", y aumenta el valor percibido de las industrias en piedra, como elemento para la reconstrucción de las sociedades del pasado. En los 60 y los 70, la bibliografía revela cómo los referentes cambian, para situar al hombre como el artesano socialmente valioso. Se asocia la talla con las tareas de caza (algo reservado al varón), y con los elementos de prestigio masculino (puntas de armas, objetos de intercambio, etc). Para la autora, esto se explica mejor como fruto de nuestras propias estructuras mentales y etnocentrismo occidental, y no como deducción de las observaciones sobre otras sociedades. 

Un dato interesante señalado por Weedman Arthur es que, aunque en la observación etnográfica es muy común identificar mujeres y trabajo de la piel, los arqueólogos y etnoarqueólogos fallan a la hora de relacionar ese hecho con el extenso utillaje de raspadores y raederas, propio de todo el Paleolítico.

Las artesanas Konso de la talla lítica y el trabajo de la piel

El otro pilar del artículo de Weedman Arthur es el estudio de los trabajos de talla que realizan las mujeres Konso (del sur de Etiopía). El estudio se lleva a cabo a partir tanto de los propios materiales etnoarqueológicos (las piezas talladas, nucleos, etc) como del registro etnográfico (entrevistas y recogida de datos). La conclusión de la autora es que se trata de una actividad especializada, con una producción compleja que va desde la obtención de la materia prima en canteras específicas (cuyo conocimiento se mantiene dentro del grupo familiar) hasta el abandono -tras el uso y reavivado extensivo- de las herramientas.

Mujer Konso -Sayete Pochatko- extrayendo cuarzo de una cantera lítica
  (tomado de Weedman Arthur, 2010)

La producción se focaliza en fabricar raspadores, con los que se trabaja la piel. Además implica procesos tecnicos complejos: en especial, un tratamiento térmico cuidadoso de las materias primas, para mejorar su respuesta durante la talla. 

La talla lítica de las mujeres Konso es también una tradición transmitida a las descendientes femeninas de la artesana (hijas, nietas o sobrinas), que se aprende en distintas fases desde los ocho hasta los dieciocho años, e incluye conocimientos sobre la preparación de enmangues, y de resinas para fijar los raspadores.

 Mujer konso -Turmala Umala- trabajando un raspador por percusión 
directa mientras su hija observa (tomado de Weedman Arthur, 2010)

La conclusión final de Weedman Arthur es que la tecnología lítica de las mujeres Konso demuestra que pueden existir modelos económico-sociales de género, (y, por tanto, ideologías de las sociedades "primitivas"), que no respondan al modelo estricto de "el hombre cazador" y "la mujer recolectora".

Re-enter the Neandertal...

Volviendo a los niños neandertales y la talla lítica, cómo se podrá entender después de revisar el trabajo de Weedman Arthur, no queda más remedio que poner en seria cuarentena las afirmaciones de Stapert sobre lo "probable" de la vinculación exclusiva de varones y trabajo de la piedra.

El resto del trabajo de Stapert, no obstante, es mucho más salvable. Su estrategia se basa en identificar los elementos que pueden señalar la presencia de niños entre los talladores: Un primer grupo de evidencias (el más importante) se basa en encontrar trazas de la falta de habilidad y de conocimientos técnicos en un tallador o artesano de la piedra, a partir de las herramientas producidas y los núcleos descartados. Para ello, recurre a los programas experimentales de Shelley (1990), quien identificó tres "errores" tipicos en los núcleos trabajados por principiantes y aprendices de talla: (1) fracturas/reflejados, (2) reflejados escalonados, y (3) golpeo repetitivo en lugares donde es imposible obtener una lasca.

Datos del programa experimental de Shelley (1990) sobre errores 
de aprendizaje en la talla -presentados por Stapert (2007)

De estos errores, el primero puede suceder incluso al tallador experto (aunque con menos frecuencia) y el último es típico de los principiantes (y casi nunca se produce entre los expertos). A partir de esas categorías de errores, Stapert analiza los materiales del Paleolítico medio de la cantera de sílex de Maastricht-Belvédère (De Loecker, 2006). Su análisis concluye que los materiales de la localización K de esa cantera son una producción realizada por talladores inexpertos, en proceso de aprendizaje (es decir, niños neandertales).

 Problemas/accidentes de talla en Maastricht-Belvédere, según Stapert (2007)

Aunque la explicación de Stapert es coherente, y algunos elementos parecen bastante irrefutables (cómo la presencia de impactos en angulos imposibles para la talla, y de reflejados escalonados) existe un elemento de cautela que sugiere la necesidad de profundizar más en el estudio de esos materiales. Me refiero a la interpretación expresa de De Loecker, que ha estudiado también todos esos materiales, y afirma que los restos líticos de la localización K se explican cómo descartes de núcleos iniciados, que resultaron de mala calidad para la talla.    

Después del ejemplo de Maastricht-Belvédère, el autor presenta otros posibles trabajos de aprendices, en mi opinión mucho menos verosímiles.

Al ser piezas individuales y aisladas, que vienen de varios yacimientos holandeses, no es posible valorar si responden a una lógica de talla presente en el conjunto del utillaje. No se puede comprobar, por tanto, si se corresponden con lo que Stapert piensa que son: útiles tallados por aprendices inexpertos. Esta parte del trabajo remite a un error típico que cometemos a veces los prehistoriadores. Me refiero a querer cimentar la interpretación por "peso": Es decir, por acumulación de posibles evidencias... aunque no sean muy sólidas.

Esta estrategia suele ser un error, y a menudo produce el efecto contrario al deseado. En general, es mejor quedarse con los casos más claros y que se comprenden mejor, y no tratar de acumular ejemplos de casos "posibles", "hipotéticos" y "dudosos". En ese sentido, el resto de materiales presentados por Stapert no tienen la solidez de los materiales de Maastricht-Belvédère. Y me parece que "coger cosas de aquí y allá" no es una buena estrategia, si buscas identificar el trabajo de los niños/aprendices de talla, entre las producciones de los artesanos neandertales.

Balance y conclusiones

Como he dedicado mucho de esta revisión a criticar los aspectos menos sólidos del trabajo de Stapert, voy a tratar de centrarme en sus virtudes, a la hora de hacer balance. Un aspecto importante es lo novedoso de este trabajo, al menos para el Paleolítico medio. Stapert demuestra que, ni con mucho, está todo dicho en el estudio de la tecnología y la producción lítica.

Además, el trabajo del holandés es un enfoque que, de consolidarse, permitiría abordar cuestiones fundamentales de la organización y la propia naturaleza de las sociedades neandertales, como los modos de transmisión de la cultura inmaterial (conocimientos técnicos, en este caso).

Y por último, me parece muy positivo y adecuado el recurso a los referentes experimentales (los trabajos de Shelley) como elemento de comparación y contraste con el material arqueológico. De esa forma, los resultados de un programa experimental controlado permiten aportar nueva luz, y formular nuevas hipótesis, sobre la naturaleza de las evidencias arqueológicas.

Nota: El artículo de Kathryn Weedman Arthur, al que hago referencia extensa en el texto, también recibió hace unos meses una revisión crítica favorable por parte del arqueólogo Julien-Riel Salvatore, en su blog.

Referencia de Research Blogging:

Dick Stapert (2007). Neanderthal children and their flints PalArch’s Journal of Archaeology of Northwest Europe, 1 (2), 16-39

Bibligrafía adicional

De Loecker, D. (2006): Beyond the Site: The Saalian Archaeological Record at Maastricht-Belvédère, The Netherlands. 300p. Analecta Praehistorica Leidensia 35/36, University of Leiden

Murdock, C. P. y Provost, C. (1973): Factors in the Division of Labor By Sex: A Cross-Cultural Analysis. Ethnology Vol. 12, No. 2: 203-22. Stable URL: http://www.jstor.org/stable/3773347

Shelley, P. H. (1990): Variation in Lithic Assemblages: An Experiment. Journal of Field Archaeology, Volume 17: 187-193. DOI: 10.1179/009346990791548349

Weedman Arthur, K (2010): Feminine Knowledge and Skill Reconsidered: Women and Flaked Stone Tools. American Anthropologist, 112: 228–243. doi: 10.1111/j.1548-1433.2010.01222.x

jueves, 25 de noviembre de 2010

Grotte du Renne, o la estadística inadecuada

ResearchBlogging.org
Me ha llevado tiempo pero...

Por fin abordo la crítica de un artículo, publicado en PNAS este mes de Noviembre (disponible online para usuarios registrados, desde el 19 de Octubre). El texto trata sobre la secuencia de Grotte-du-Renne (Francia) y pone en entredicho la integridad de su estratigrafía. Es decir, propone que los materiales pueden estar mezclados o desplazados en la dimensión horizontal.

Paisaje de Arcy-sur-Cure donde se halla la Grotte-du-Renne

Esa no es una afirmación baladí, ya que los niveles Chatelperronienses de dicha cueva han dado una importante industria ósea asociada con poblaciones Neandertales, y también colgantes y otros objetos de adorno, de tipo simbólico. He tratado ese tema aquí, y aquí - por si alquien quiere refrescar la memoria.

Objetos de Grotte-du-Renne en relación al plano y los niveles (Zilhao, 2008)

No es, por cierto, la única cueva con niveles Chatelperronienses en los que aparecen elementos simbólicos (también están Quinçay, Saint-Cesaire y Caune de Belvis, con ciertas dudas esta última). Pero Grotte-du-Renne es uno de los conjuntos más claros y abundantes, tanto en colgantes como en industria ósea.

Materiales de la Grotte du Renne (Higham et al. 2010; Foto de M. Vahaeren)

En el artículo al me refería al principio los autores concluyen que: sus resultados ponen en entredicho la integridad estratigráfica de los niveles chatelperronienses. Y, por ello, según su criterio, no se puede asegurar que los ornamentos de dichos estratos estén realmente asociados a los Neandertales.

Desde que recibí el texto de este artículo, a mediados de Octubre, le he dedicado cierta cantidad de tiempo (cuando me ha sido posible) para tratar de analizarlo en detalle y madurar mi opinión al respecto. He aislado y considerado los distintos elementos del proceso de construcción de las inferencias de los autores. Dichos elementos son, de manera condensada, los siguientes:
  1. El procesado de los materiales, datados por la técnica del Carbono-14.
  2. Los presupuestos arqueológicos y estratigráficos básicos del problema abordado.
  3. Los resultados de las dataciones sensu estricto.
  4. Y, por último, la aplicación de un modelo estadístico para juzgar la integridad de la secuencia, en razón de las dataciones de Carbono-14. 
Bueno y, ¿donde está el fallo?

Mi conclusión, en último término, es que el trabajo es muy válido en los puntos 1 a 3, pero fracasa de manera rotunda en el cuarto punto. En concreto, en el encaje del punto cuatro con los tres anteriores. Sus resultados no son válidos, porque se basa en una serie de asunciones erróneas.

En realidad creo que los resultados son contradictorios con los propios datos per se, desde una interpretación razonada de las evidencias presentadas (las dataciones de Carbono-14), y en el contexto de las investigaciones arqueológicas sobre el OIS3 (periodo crono-climático en el que se centra el estudio).

Habría muchas cuestiones que matizar, en cuanto a los procedimientos estadísticos utilizados para el trabajo. Teniendo en cuenta el tipo de datos manejados y las características de sus distribuciones, considero que el modelo propuesto quizás adolece de un exceso de "entusiasmo tecnicista", un tanto oscurecedor de los datos, que no es infrecuente en este tipo de publicaciones. Lo que quiero decir es que existen, de hecho, pruebas robustas y sencillas para abordar los mismos problemas, dentro de los procedimientos estadísticos más conocidos.

Pero entrar en esos detalles requeriría alargar esta entrada todavía más, algo que no es, realmente, aceptable. Además, existen problemas más evidentes en el artículo, al margen de las sutilezas de la estadística.

El problema más grave es que el artículo falla al no considerar una hipótesis nula que debería ser obvia. La enunciaré, a mi manera, con las siguientes palabras:

Las dataciones por Carbono-14, para la etapa considerada, carecen de la precisión y fiabilidad necesaria para juzgar (de manera precisa y fiable) la integridad estratigráfica de la secuencia de la que provienen.

Sería necesario rechazar esta hipótesis nula para poder continuar con todo el proceso de investigación. Si no se puede probar que lo que dice esa frase es incorrecto, el resto del tratamiento de los datos carece de todo sentido.

Si, por el contrario, se consigue rechazar esta hipótesis, o bien con métodos estadísticos, o bien con un razonamiento robusto basado en evidencias, entonces tendría sentido asumir la hipótesis alternativa: Que las dataciones por Carbono-14 si tienen la fiabilidad y precisión suficiente para juzgar  (de manera precisa y fiable) la integridad estratigráfica de la secuencia de la que provienen.

Volviendo al artículo, cabe preguntarse como abordan y solucionan esta cuestión fundamental los autores del mismo. Mi sorpresa ha sido que, de hecho, no aparece considerada como tal, ni el el texto principal ni tampoco en los materiales complementarios. Se da por hecho que las dataciones por Carbono-14 tienen una fiabilidad y una precisión suficiente para juzgar la integridad de la estratigrafía. Esta circunstancia no permite dar apenas fiabilidad a los resultados del estudio. 

Por otro lado, los autores presentan una serie de factores que, aunque no se ennumeran como tales, parece que son sus argumentos para justificar su "fe" en la precisión y fiabilidad de las dataciones de Carbono-14, en relación a los objetivos de la investigación:
 
· Un método relativamente nuevo de limpieza de las muestras ("ultrafiltración") que supone en teoría una mejora cualitativa en la precisión y fiabilidad de las fechas.

· El recurso a un número grande de dataciones individuales, para obtener más detalle estadístico sobre los intervalos cronológicos representados por los distintos niveles.

· El uso de la calibración de las fechas radiocarbónicas para pasarlas a fechas calendáricas, que -en teoría- mejora su encuadre y afina la comparación.

· Las cualidades intrínsecas del modelo estadístico usado para procesar los datos. 

La pregunta que tenemos que hacernos aquí es: ¿Esos argumentos de los autores se pueden considerar válidos, y por tanto, justificarían -al menos en parte- rechazar la hipótesis nula? Veamoslos uno por uno. 

¿La ultrafiltración es tan maravillosa? 

En cuanto al método de la "ultrafiltración", es indudable que parece ofrecer ciertas ventajas en términos globales. Y, probablemente, suponga grandes mejoras para la datación en otros periodos y a otras escalas. Pero dicha ventaja se difumina al estudiar la Grotte-du-Renne. Esto se puede comprobar de dos formas: 
  1. Cotejando la tabla 1 del artículo (muestras que no dieron dataciones por distintos motivos) con la tabla 2 (muestras datadas): De dicha comparación se puede deducir que la proporción de muestras de las que no se obtuvieron dataciones es muy alta (19 de 50, es decir un 38%). Son muchas, incluso para un yacimiento del OIS 3. Esto significa que o bien la técnica no supone ninguna ventaja respecto a los protocolos de limpieza anteriores (para éstas muestras, al menos) o bien que los materiales arqueológicos datados -los objetos- son problematicos para este tipo de análisis (fueron, por tanto, mal escogidos).
  2. Cotejando la precisión de los resultados de las nuevas dataciones con las ya existentes para esa misma secuencia. Esto se puede hacer comparando las medias y las desvaciones estándar de las fechas. En el artículo, hay que comparar los resultados de la tabla 2 con los resultados que aparecen en el material suplementario (Figura S1), referidos a las dataciones que ya se conocían para la Grotte-du-Renne. El resultado de esta comparación (que podéis corroborar armados de calculadora y paciencia) es, por un lado, que apenas existen diferencias significativas en las desviaciones estándar de cada grupo de fechas. Y, por otro lado, si que parece haber diferencia en cuanto a las medias, que son más coherentes y ajustadas, dentro de cada nivel,  para el nuevo estudio (no es necesaria estadística avanzada: la del "Excel" basta para probar eso). Y por cierto que es interesante retener esa idea: que en el nuevo "set" de dataciones para Grotte-du-Renne, las medias de las fechas fortalecen la idea de la integridad y la homogeneidad de los niveles, respecto a los datos anteriores, y no al revés.  
Por tanto, en lo que se refiere a este caso y este yacimiento, la única ninguna evidencia de que la "ultrafiltración" suponga una mejora cualitativa o cuantitativa en las dataciones, sirve en realidad para sugerir que no hay problemas estratigráficos reales en la secuencia. 

¡Más fechas, es la guerra!

En lo que se refiere al segundo argumento, el uso de un número grande de dataciones para caracterizar mejor los niveles, resulta un tanto contradictorio. Por un lado, el número de dataciones aportado "ex novo" (31) apenas es superior al de las dataciones ya existentes (27). Con ese dato, hay que concluir que la cantidad, de por sí, no es un gran argumento. Más aún, cuando los autores admiten que las dataciones con "ultrafiltración" no son directamente comparables a las que no usaron ese protocolo en el pasado (al menos para esta antiguedad).

En lo que se refiere a la calibración de las fechas de Carbono-14, todo el modelo propuesto por los autores descansa en asumir que las fechas calibradas son suficientemente fiables, en términos estadísticos, como para construir con ellas su modelo, y -sobre todo- para juzgar la posición estratigráfica de los objetos datados. Esta asunción de los autores es incorrecta. En concreto, por (1) la naturaleza de las dataciones de Carbono-14 y (2) por la sección de la curva de calibración en la cronología que estudian, cercana al límite real de la técnica de datación por Carbono-14.

Lo que es una datación de radiocarbono y lo que no.

En cuanto a la naturaleza de las dataciones de Carbono-14, se pasa de puntillas -hasta cierto punto- sobre el hecho de que la datación se expresa como un intervalo de probabilidad (media + desviación estándar de una población normal) dentro del cual hay una probabilidad del 68% de que "caiga" la fecha "real", en escala radiocarbónica. Pero esa fecha "real" puede ser cualquier punto del intervalo, no existe ninguna razón estadística para que sea la media.

Y, si se dobla la desviación estándar, multiplicando por dos el intervalo considerado, la probabilidad de que la fecha real "caiga" dentro de ese intervalo es del 95%. Pero, de nuevo, la fecha real puede estar en cualquier punto. Así, cuando se calibra una datación, se transforma un intervalo de probabilidad (a 1 o 2 desviaciones estándar) de una a otra escala, pero no se calibra una fecha real, porque la fecha real nunca se sabe cual es. Sólo se infiere que hay un 68% de que la fecha real esté dentro de una desviación estándar, y un 95% de que esté dentro de dos desviaciones estándar.

Los bayesianos esos.

Ese problema de las dataciones y su naturaleza reconozco que es "soslayable", y enlaza con el punto cuarto, las características intrínsecas del modelo estadístico utilizado: En ese aspecto lo cierto es que tampoco es tan grave abstraerse lo suficiente -como hacen los autores- como para:

-Utilizar el modelo estadístico elegido, cuyo uso ha sido explicado por C. Bronk Rampsey -uno de los autores del trabajo- en un artículo de Radiocarbon, y que en principio no  tendría porqué funcionar mal con intervalos de probabilidad.

- Considerar como una fecha real (y por tanto, adjudicable a un objeto en una secuencia estratigráfica) lo que es -solamente- un intervalo de probabilidad.

Es, por decirlo así, un "error asumible".

Tu calibra lo que quieras, pero comprueba la curva antes de creértelo.

Pero el otro problema es mucho más grave. Me refiero a aceptar que la calibración supone una mejora en la caracterización de estas dataciones (en términos estadísticos y probabilisticos) cuando es al contrario.

Si fueran dataciones Neolíticas, o de la Edad Media, por ejemplo, con las magníficas curvas de calibración que hay para esos periodos, corregidas con dendrocronología, etc... entonces la asunción de los autores habría sido la correcta.

Pero para el OIS3, y dada la morfología del detalle de su curva de calibración (en la que abundan las irregularidades, y escasean los puntos calibrados sobre los que se construye la linea), dicha asunción no es aceptable.

La calibración sirve para aproximar cada datación a una escala calendárica "real". Así, una a una, y para comparaciones "gruesas", la calibración de fechas tan antiguas sí es útil. Pero no es aceptable que se asuma el sesgo introducido por la imprecisión de la curva de calibración y se utilicen dichas fechas calibradas, como elementos básicos de un modelo estadístico.

Cerrando el tema.

Por lo tanto, y a modo de conclusión, me gustaría decir que me parece un buen trabajo estropeado por un mal encaje de premisas, método y conclusiones. Y, en mi opinión, ese desencuentro se entiende mejor en el marco de la obsesión, por parte de determinados modelos de las incapacidades Neandertales, de poner en cuestión la estratigrafía de la Grotte-du-Renne, cuya evidencia arqueológica es del todo incompatible con dichas propuestas.

Al contrario de lo que concluyen los autores del trabajo, las nuevas dataciones por Carbono-14 obtenidas para la Grotte-du-Renne refuerzan -en mi opinión- la idea de integridad de los niveles y robustez de la secuencia arqueológica datada.

El modelo estadístico expuesto en el artículo, como he explicado, no tiene en cuenta la hipótesis nula inicial, lo cual es un error de bulto. E invalida el resto de los procedimientos y hace irrelevantes las conclusiones de los autores. En todo caso, y en mi opinión, los resultados del modelo estadístico planteado por los autores estarían reflejando los limites reales y las imprecisiones y errores de la datación por Carbono-14, y no unos problemas putativos de la secuencia estratigráfica.

Referencia:

Higham T, Jacobi R, Julien M, David F, Basell L, Wood R, Davies W, & Ramsey CB (2010). Chronology of the Grotte du Renne (France) and implications for the context of ornaments and human remains within the Chatelperronian. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America PMID: 20956292

Referencias adicionales en web: 

Para más información sobre las dataciones por radiocarbono podeis consultar la página "radiocarbon WEB-info" y la revista Radiocarbon, aunque para no iniciados quizás sea mejor empezar por la entrada de Wikipedia en inglés. 

Para explorar el tema de la precisión/imprecisión de las curvas de calibración del Carbono-14, se puede visitar la página de Calpal (podéis descargaros el programa, las curvas de calibración -no todas- y los manuales). También es de gran interés el detallado artículo sobre la curva de calibración Intcal2009, usada en el artículo de la Grotte-du-Renne. Recomiendo sobre todo consultar cómo se construyen las curvas para periodos antiguos (cuantos puntos se usan, cómo se crean las curvas, etc..).

  Colgantes de Grotte-du-Renne (Zilhao, 2008)

La bibliografía clásica sobre Grotte-du-Renne incluye las memorias de excavación originales (en Gallia Préhistorie), así como trabajos de White, d'Errico y Zilhao.

EDITADO 29/11/10: Me han hecho notar que el trabajo de las dataciones de Grotte-du-Renne, tiene otro error, que no es aceptable en términos estadísticos. Se trata de una cuestión de muestreo. A ver si lo explico bien: El nivel X (Chatelperroniense) concentra casi todas las nuevas dataciones. Tiene más del triple (16) que el siguiente nivel en número de fechas (el nivel VII, con 5). Y el resto de niveles tiene poquísimas (3, 2 o 1). Y este hecho (bastante evidente), no es considerado en el modelo. De ese modo, a la hora de tratar de juzgar las supuestas inconsistencias estratigráficas (algo que, como ya hemos dicho, tampoco tiene mucho sentido) es todavía más erróneo intentar hacerlo con datos tan dispares como estos, en terminos de muestreo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Humanos y Paleofreaks ;)

Un brevísima entrada para recomendaros un post de Paleofreak en su blog, en el que dá, con un par de pinceladas maestras, una explicación cuasi-perfecta sobre las terminologías (Neandertal, Cromañón, Homo sapiens, Humanos Anatómicamente Modernos...) para usar en periodismo y divulgación. Chapó.