jueves, 18 de marzo de 2010

¿(In) capacidades Lingüísticas Neandertales? Primera parte

Hoy voy a criticar un trabajo científico: 
¿Homo loquens neanderthalensis? En torno a las capacidades simbólicas y lingüísticas del Neandertal. Sergio Balari, Antonio Benitez Burraco, Marta Camps, Víctor M. Longa, Guillermo Lorenzo y Juan Uriagereka. Munibe 56, 2008. Pp. 3-24.

Este artículo trata de las (in) capacidades linguísticas del hombre de Neandertal. Se estructura en torno a la premisa previa de que los neandertales no pudieron tener un lenguaje articulado, comparable al de los humanos "modernos".


Tengo que decir que no soy lingüista. Por ello, no podría abordar la cuestión del lenguaje neandertal desde dicho campo. Pero sucede que el artículo apenas tiene reflexiones desde la lingüística o la filología. En realidad, trata evidencias arqueológicas. Por ello, desde la arqueología, puedo cuestionar algunas de sus observaciones y argumentaciones.

Lo que no abordaré es la evidencia genética citada en el trabajo. Sólo quiero apuntar mi opinión: que -hoy por hoy- la evidencia genética (FOXP2) no permite describir con precisión la capacidad lingüística de los neandertales.

Entrando en el tema arqueológico: Una de las principales líneas de argumentación de los autores es la cultura funeraria neandertal (aquí hay un post sobre el tema).

La elección de la evidencia puede parecer contradictoria. Precisamente, los enterramientos prueban un comportamiento complejo, y sugieren una actitud simbólica, y –quizás- ritualizada. En conjunto, parece más una evidencia a favor de la existencia del lenguaje que en contra.


Pero el artículo tira “por la calle de en medio“: acepta los enterramientos neandertales, pero niega que tengan valor simbólico. Y niega que sea necesario un lenguaje articulado para desarrollar prácticas funerarias. A mi no me parece que eso tenga mucho sentido: Las prácticas funerarias implican unos comportamientos muy difíciles de explicar sin recurrir al lenguaje y al pensamiento complejo.   

De todas formas, el trabajo no entra a criticar la evidencia material. Tampoco se llega a hacer referencia a registros arqueológicos discutidos por otros autores. Se recurre a argumentos de autoridad. Los autores se mantienen en la cita de opiniones autorizadas, sobre todo, de Mellars.


Mellars es un gran investigador, pero su modelo de "Modernidad" vs. "Arcaísmo" lleva muchos años en decadencia. Hoy, hasta los autores anglosajones más cercanos a su postura, ya no quieren poner una barrera para distinguir a Neandertales de Modernos (tema que he tocado en el post de la dieta neandertal).

También se citan algunas afirmaciones de Lalueza-Fox. Este investigador puntero merece todos los respetos, pero no hay que olvidar que estudia ADN antiguo. Su opinión sobre el significado simbólico o cultural de los enterramientos neandertales debe de ser valorada en su justa medida.

Y de todas formas, por lo que he leído de Lalueza-Fox, me parece que su opinión general sobre las capacidades de los neandertales no es la misma que la manifestada por los autores del artículo.

También habría que limitar el alcance de otras opiniones citadas. Por ejemplo, los trabajos de Ayala y Cela Conde son grandes síntesis de paleoantropología y evolución. Pero citarlos para "desestimar" la presencia o ausencia de ajuar, en las tumbas Neandertales, no es procedente.


Es decir, no creo que esos autores hayan realizado una lectura estratigráfica en directo (o a partir de documentación) de una secuencia arqueológica con tumbas neandertales. Y Mellars, citado en ese mismo contexto, bascula en exceso hacia la ausencia de ajuar en las tumbas neandertales.

Y probablemente tiene razón... en casi todos los casos. Pero el problema con Mellars es que no es muy bueno separando el grano de la paja. Por ejemplo, en varios casos, tanto en Francia, y Bélgica, como en Levante, sí que existe evidencia de que al menos ciertos objetos fueron enterrados junto con el cuerpo. A partir de ahí, las interpretaciones pueden variar (ajuar o pura casualidad), pero los datos son los datos. Eso me lleva al siguiente punto.

Se dice que los humanos modernos enterrados en Skhul y Qafzeh podrían tener ajuar funerario, pero las tumbas Neandertales no. Eso no es razonable: Considerar que lo presente en esas sepulturas "modernas" es de naturaleza distinta de lo hallado en las sepulturas neandertales, es un doble rasero de manual (es un no-win scenario).


Un argumento chocante es que, con los “cromañones”, las evidencias funerarias son omnipresentes. Se trata una generalización de veinte mil años de prehistoria que ni siquiera es cierta en su premisa fundamental. Además, los autores utilizan una terminología a abandonar en la literatura científica (el término "cromañón").

La imagen que da el registro arqueológico es contraria a lo que se deduce del artículo. Las sepulturas neandertales son en realidad la única evidencia de enterramientos (excepto los “modernos arcaicos” de Skhul y Quafzeh en Israel) anteriores al Gravetiense. La sepultura más antigua conocida, probablemente que sea una neandertal de Tabún  (si bien debería re-estudiarse esa secuencia). Y existen decenas de enterramientos neandertales, en diferentes momentos y diferentes regiones.

Por otro lado, la idea de que con el "hombre moderno" llegan a Europa las tumbas elaboradas es falsa. La fecha propuesta para la presencia del hombre “moderno” en Europa es al menos 10.000 años anterior a sus primeras sepulturas. Se acepta en general que los “modernos” están en Anatolia hacia 50.000 BP, empiezan a aparecer en Europa oriental al menos en 40.000 BP, y llegan hasta el confín occidental h. 35.000 BP.


Los restos propuestos como humano "moderno" más antiguo de Europa (Pestera cu Oase) carecen de contexto arqueológico y están datados h. 35.000 BP.

Las evidencias de enterramientos empiezan a aparecer bien entrado el Gravetiense (después de 32.000 BP), con ocurrencias concretas muy espectaculares como Sungir.  La abundancia de sepulturas aumenta progresivamente a lo largo del Paleolítico superior tardío, y se hace común (nunca omnipresente) a partir del Magdaleniense.


Al final de la argumentación sobre las prácticas funerarias, los autores parecen confundir la práctica del enterramiento, como elemento complejo y simbólico, que requiere de la articulación y transmisión  de conceptos compartidos, con la necesidad de que se "hable" durante el "entierro".

El trabajo afirma que "resulta tan perfecta y fácilmente imaginable un grupo de humanos acompañando un enterramiento con palabras y gestos rituales como practicándolo en absoluto silencio."  Los autores contestan así a la frase de F. d'Errico: "It is difficult to imagine that a human group could excavate a grave, position the corpse in the pit, and offer funerary goods with no form of verbal exchange”.

Yo creo que ambas expresiones –sobre todo la primera- caen en una confusión esencial: No diferencian entre las implicaciones cognitivas, conductuales y comunicativas del acto, y el desarrollo del acto en sí  (que efectivamente, puede ser silencioso o no).

La siguiente línea de argumentación es la presencia o ausencia de pigmentos corporales. En este punto, hay que decir que la evidencia es limitada en el caso de los Neandertales europeos. Hay estudios en curso; la información disponible nos da pruebas de que los Neandertales seleccionaban, modificaban y usaban pigmentos minerales.

Además, el registro sugiere que en el Musteriense se usaban los ocres para la decoración corporal, pero no está probado. Hay a una selección de minerales y  tonalidades que no es arbitraria, lo que añade significado simbólico a esas prácticas. Hemos tratado el tema aquí.


Pero el artículo cae en el doble rasero. Por ejemplo, se citan materiales -ocres- de Quafzeh que se han relacionado con comportamiento simbólico y hombres "modernos". Se ponen en relación con los enterramientos de esa cueva. Ahora bien, esos materiales no están asociados a ninguna de las sepulturas humanas.  Y hay poquísima información espacial y estratigráfica de los mismos.

Volviendo al tema del artículo, en mi opinión los restos de ocre de Quafzeh no son un registro adecuado, ni tienen las cualidades necesarias para aportar "pruebas" de comportamiento simbólico. No presentan elementos simbólicos (como decoraciones), no están relacionados con las sepulturas, y no se ha probado que se utilizaran para la decoración corporal (aunque es posible que así fuera).

La información que sí relaciona comportamiento simbólico y ocres son los bloques grabados de Blombo's Cave (Sudáfrica). Estos son aceptados por el total de la comunidad científica. Esa evidencia apunta a que el comportamiento simbólico en el Pleistoceno, no es algo especialmente "moderno", ni "revolucionario" (y su presencia "fósil" va a aparecer y desaparecer del registro, a lo largo de decenas de miles de años).
Por concluir este apartado, me gustaría señalar un hecho: de confirmarse la selección cromática y el uso de pigmentos corporales entre los Neandertales europeos, sería muy bizarro considerar que no hay un componente simbólico en ello.

Tampoco sería razonable pensar que la selección, uso y transmisión social de esas prácticas, puede hacerse sin un lenguaje complejo y articulado.

En el apartado de los ornamentos personales tipo "colgantes", me parece que los autores buscan demostrar que esos adornos no son ni comunes, ni antiguos, entre los Neandertales.

Eso es correcto, pero obvia el dato más importante proporcionado por el registro: varias comunidades neandertales, en un momento de su desarrollo histórico, utilizaron elementos de adorno corporal.


Con ese dato, no tiene sentido basar la incapacidad lingüística de los neandertales en la ausencia de colgantes durante una parte –aunque sea amplia- de su historia. No puede considerarse un razonamiento correcto.

Si los colgantes se pueden usar como evidencia de capacidad simbólica y complejidad social entre los humanos "modernos", esos mismos criterios, y no otros, deben ser utilizados con los neandertales. 


No se puede deducir que los neandertales, al fabricar colgantes, emularan de forma no-inteligente a los humanos modernos, sólo porque los humanos modernos los usaran y fabricaran antes en el tiempo.

Tampoco es razonable creer que mediante la emulación no-inteligente se pueda desarrollar un proceso de fabricación que implica:

-    Obtener una materia prima animal.
-    Modificarla con varias herramientas (a su vez fabricadas por un proceso tecnológico complejo).
-    Suspenderla de un cordel (que a su vez hay que elaborar).
-    Y llevarla como adorno.   

Si esa capacidad técnica, simbólica y social, se considera evidencia indirecta de lenguaje elaborado entre los humanos modernos, un razonamiento sin prejuicios lleva a la conclusión de que lo mismo sucede con los Neandertales. 

A pesar de todos los apartados que se centran en la bibliografía arqueológica, salta a la vista un sesgo en la evidencia: Hay un notable silencio sobre la tecnología lítica, una de las pruebas más sólidas de la capacidad cognitiva, comunicativa, y social de los neandertales.


En el artículo se hacen referencias muy generales a la monotonía, ausencia de cambios y falta de variabilidad en las industrias neandertales. La única referencia a la tecnología lítica neandertal es una vaga descripción de la técnica Levallois.

A ello se suma una enumeración de rasgos "modernos", entre los que se incluyen algunos referidos a la "superior" industria lítica. Vale la pena comentar esos rasgos:

(1) paso de tecnologías basadas en lascas a otras basadas en la producción de formas de hojas más regulares y largas;

Sabemos hace más de una década que la tecnología laminar (en varias modalidades) es conocida y utilizada a lo largo de todo el Paleolítico medio, como hemos explicado aquí.

(2) nuevas formas de utensilios de piedra (raspadores en hocico, variados tipos de buriles, etc.);

Que aparezcan raspadores en hocico en industrias “modernas” es un hecho. Que eso suponga una superioridad o ventaja, no. Buscando cierta lógica a la afirmación, ese útil podría llegar a tener alguna pequeña ventaja en la forma de reavivarlo, respecto a otros soportes como una raedera espesa (que también puede funcionar como núcleo de lascas y laminillas). 

En cuanto al buril, pienso que su inclusión en el listado no responde a una reflexión muy profunda. Conceptualmente, el buril no es algo complejo ni elaborado.

En esencia, para crear un buril sólo necesitamos dar un pisotón sobre una lasca, de forma que al partirse forme un bisel. Es cierto que muchos buriles no se fabrican de forma tan básica, pero lo que trato de decir es que el concepto es muy simple.

El buril, por si mismo, es un tipo de herramienta que responde a una necesidad (trabajo de hueso y asta) social y económica, y no tiene sentido deducir de ella una mayor capacidad cognitiva o comunicativa.

(3) acusado aumento en la complejidad morfológica asociada a la producción de herramientas;

Esto puede ser cierto en una visión reduccionista (tipología), pero no es correcto como planteamiento general: La complejidad conceptual de la producción de herramientas neandertales (sistemas de talla y gestión del utillaje) es tan amplia como la presente entre los humanos modernos.


Los autores confunden la complejidad con el hecho de que la variabilidad tipológica de los soportes está cronológicamente determinada en el Paleolítico superior. 

Visto en perspectiva, resulta llamativo que el grueso de la argumentación sobre la tecnología neandertal sea ignorarla, suprimiendo las evidencias disponibles a fecha de redacción del artículo. Se obvian los trabajos sobre  variabilidad, capacidad de conceptualización, transmisión del conocimiento, planificación, organización del espacio, relaciones socio-económicas, y cambios diacrónicos entre neandertales.

Este post continúa:   ¿(In) capacidades Lingüísticas Neandertales? Segunda (y última) parte

¿(In) capacidades Lingüísticas Neandertales? Segunda (y última) parte

Este post finaliza la crítica iniciada aquí, sobre el trabajo ¿Homo loquens neanderthalensis? En torno a las capacidades simbólicas y lingüísticas del Neandertal. Sergio Balari, Antonio Benitez Burraco, Marta Camps, Víctor M. Longa, Guillermo Lorenzo y Juan Uriagereka. Munibe 56, 2008. Pp. 3-24.

La valoración global que he obtenido de este artículo es de profunda decepción. En primer lugar, resulta decepcionante la falta de aportaciones originales a la investigación.

El trabajo, que en realidad se articula como una respuesta a los trabajos de dos investigadores (Trinkaus y d’Errico), basa su argumentación en reproducir opiniones y valoraciones a la contra.

Así, al no añadir nuevas evidencias, o al menos una reflexión detallada y analítica, sobre el material y la documentación arqueológica, fracasa en sus planteamientos elementales.

Concurre el hecho de que el artículo refleja una línea de investigación que propuso hace unos treinta años un modelo interpretativo. Y el desarrollo de la práctica arqueológica ha dejado obsoleto dicho modelo (incapacidades neandertales y "modernidad vs. arcaísmo").


En 2010, la impresión que se obtiene de los últimos trabajos a nivel mundial, es que ese modelo de las incapacidades apenas está presente en la agenda investigadora.

Por otro lado, también me ha decepcionado la falta de una reflexión original, desde la filología y la lingüística (el campo de cuatro de los cinco firmantes del artículo) sobre la posibilidad de rastrear y documentar capacidades lingüísticas entre los neandertales.

Lo cierto es que esperaba mucho más en ese sentido: una reflexión y una interacción metodológica entre disciplinas. Una inmersión real en el tema, que permitiera comenzar a estructurar una estrategia conjunta. Esa estrategia es una necesidad insoslayable, para rastrear el lenguaje neandertal en el registro arqueológico.

El problema, en mi opinión, es que los arqueólogos estamos encontrando una enorme cantidad de evidencias de comportamientos sociales y económicos complejos entre los neandertales. Y, además, se ha documentado una gran variabilidad de esos comportamientos, en el tiempo y en el espacio.


 El registro nos está diciendo que esas sociedades humanas tienen etnología, tienen historia, y tienen desarrollo social y económico.

Esos grupos desarrollan estrategias amplias y planificadas de interacción con el medio, tienen una organización compleja del hábitat doméstico -y del territorio-, y cambian sus modos de vida, a lo largo de su historia.

Sabemos que algunos grupos neandertales fabricaron adhesivos minerales y vegetales, que luego usaron para sujetar sus útiles de piedra, en enmangues de hueso o -más a menudo- madera.


Tenemos evidencias de que en el Sur de Europa se cortaron árboles, y fueron trabajados para fabricar estructuras y herramientas.


 También sabemos que en Alemania sus ancestros ya fabricaban azagayas de madera, y no de cualquier forma… sino con aplicación de largos procesos productivos, y mediante la aplicación de conocimientos técnicos avanzados.


 Sabemos que, a lo largo de su prolongada historia, los neandertales desarrollaron una cultura funeraria, enterrando a sus muertos en fosas (a veces de poca profundidad, pero otras veces auténticos pozos excavados, de entre 1 y 2 metros). Colocaron cuidadosamente los cuerpos y rellenaron después las fosas.

Sabemos también que en algunos momentos y lugares utilizaron la misma cueva para enterrar a un número de individuos, como si de un cementerio o santuario se tratara. Y podemos afirmar, también, que tanto en los lugares con una sola tumba como en aquellos con varias, la disposición de las fosas no es casual ni aleatoria.


Se ha documentado el uso de elementos de adorno personal entre las últimas sociedades neandertales de Europa occidental y del Sur. Esos adornos requieren de sistemas de fabricación bastante complejos, que implican perforar piezas robustas de esmalte y dentina animal, con herramientas de piedra, fabricadas para tal uso. Un artículo muy reciente sugiere que pudieron utilizar también conchas de moluscos para adornarse, si bien la evidencia es compleja de interpretar.

 Sabemos que los Neandertales del noroeste de Francia, en varios lugares, escogían pigmentos minerales de tonalidades concretas y los transportaban a sus campamentos. Allí los fragmentaban hasta dejarlos de un tamaño adecuado, y después los raspaban con herramientas de sílex, para darles una cierta forma de lápiz. Los neandertales usaban esos “lápices” en distintas tareas. Entre ellas pudieron estar la decoración y el tratamiento de pieles animales. Además, existen indicios (aún sin confirmar) de que se pudieron usar en la propia piel de los neandertales.

Además, algunos de esos grupos de neandertales tardíos desarrollaron una artesanía del hueso muy elaborada: Fabricaron sus herramientas óseas a partir de una fractura controlada del hueso, a lo que sigue la configuración general de la forma del útil (mediante raspado con lascas cortantes), y un acabado o pulido con una roca arenisca o similar.  

Se ha documentado que los neandertales tienen distintos modos de abatir y procesar a sus presas de caza, y que esos sistemas cambian a lo largo del tiempo. Frente a un tópico nunca probado, que afirmaba que los neandertales no tenían armas de proyectil, la evidencia actual señala a que una parte de su armamento estaba diseñado (y fue utilizado) para la caza a distancia.


Sabemos que los neandertales organizaban las tareas carniceras tanto en los sitios de matanza como en los campamentos. Cuando el registro es completo, se distinguen fases diferenciadas y planificadas: desde la apertura y división de la carcasa hasta el fileteado de la carne y aprovechamiento intensivo de la grasa medular. En algunos niveles, se ha detectado incluso el reparto de las distintas partes útiles del animal (una vez desechadas cuernas, pezuñas, etc…) entre diferentes hogares del campamento.


Por supuesto, sabemos también que los neandertales tuvieron sistemas muy complejos de gestión de su utillaje de piedra. Se ha documentado un aprovechamiento diferencial de materias primas. Eso significa que se aplicaban distintos sistemas técnicos a diferentes rocas, según sus propiedades mecánicas y su potencial de uso. Y esa aplicación se hacía, a menudo, de forma combinada (uso de varias rocas, talladas con sistemas distintos, para distintas funciones) y/o ramificada (la misma roca, con varios usos, se talla de forma diferente según la función buscada).


Las actividades de talla  -y la gestión del utillaje- a menudo quedaban diferidos en el tiempo y en el espacio, entre una y otra fase de aprovechamiento. Esa interrupción implica que cargaban con las rocas y las herramientas talladas, en desplazamientos de (muchas) decenas de kilómetros. No era un transporte arbitrario, sino que cumplía una función prevista y planificada con anterioridad: una función que las rocas presentes en el lugar al que se viaja no podían cumplir.

En fin sabemos todo eso y todavía más… y por todo ello, simplemente, nos resulta inconcebible que esas sociedades humanas no tengan un lenguaje elaborado.

Pero a partir de esa certeza, es necesario articular una respuesta a la pregunta: ¿cómo refleja el registro material las capacidades cognitivas y lingüísticas de los neandertales?

Para ello necesitamos más y mejores herramientas metodológicas, para poder comprender la evidencia en su totalidad, desde el punto de vista del lenguaje y los procesos cognitivos.

Por eso necesitamos una reflexión real, profunda, por parte de otros campos del saber (los que estudian el lenguaje y su origen) que nos aporten herramientas metodológicas. Esas herramientas deben estar bien articuladas, ser concretas, y eficaces.

Desde luego, lo que no necesitamos es que, desde la filología y la lingüística nos recuerden (a base de tópicos) que un paradigma caracterizó una vez a los neandertales como brutos sin habla. 

La evidencia está ahí. Si se nos provee de las herramientas, podemos rastrear la naturaleza del lenguaje neandertal.

martes, 16 de marzo de 2010

Un par de recursos en internet

Hago un inciso en mis habituales posts ultra-densos, para recomendar dos recursos de internet, que he descubierto hace poco y me parecen interesantes.
  • El primero es la página web de Prehistoria Cuaternaria: tiene un formato blog muy participativo, que invita a hacer tus propias aportaciones.  Agrupa, por lo que llevo visto, a bastantes aficionados a la talla del sílex y otras rocas.                                                                                            
  • El otro recurso es el archivo histórico de la mítica revista de divulgación "Popular Science". Es de libre acceso y contiene casi siglo y medio de revistas, escaneadas y convertidas en texto. Me parece un recurso fantastico para estudios de historia de la ciencia, para ver como cambia la imagen del pensamiento científico en la sociedad, o  como se construyen modelos explicativos para el público en general. También sirve para ver el desarrollo de las noticias sobre cualquier tema concreto que queramos (por ejemplo, Neanderthal), a lo largo de más de 130 años de publicaciones.

domingo, 14 de marzo de 2010

Las herramientas de piedra de los neandertales VIII: Una propuesta de estudio integral

En los últimos posts he tratado los distintos programas de investigación sobre industrias líticas neandertales. He recorrido sus logros, y me he detenido en sus limitaciones (con un afán, creo, constructivo).

 

La imagen general que se desprende es más o menos esta: Las diferentes aproximaciones teóricas han producido resultados importantes, respondiendo a sus propias agendas investigadoras (sus intereses). Y, en una óptica global, han construido un potente un “corpus” de metodologías y técnicas de investigación.

Sin embargo  la información que aportan los modelos planteados hasta ahora es insuficiente.

Para comprender la estructura social y económica de los neandertales no basta con estudiar la tipología de sus herramientas de piedra. Tampoco es suficiente con analizar sus técnicas de talla de la piedra.


Las herramientas de los neandertales, y el modo en el que las gestionan, son el resultado de la interacción de varios factores:

-    Las necesidades percibidas y los objetivos buscados.
-    La planificación de  las tareas, para cumplir los objetivos, y cubrir las necesidades.
-    Los condicionantes materiales del medio (acceso y disponibilidad de materias primas, esfuerzo requerido, conocimiento del medio…)
-    Los condicionantes sociales de la comunidad (tradición cultural, valor simbólico asociado, forma de organización del trabajo -comunitaria o individual, división sexual, etc).

Para estudiar esa interacción, desde el análisis y la interpretación del registro, es necesario reformular el programa investigador.

Los arqueólogos podemos responder a la pregunta de cómo fueron las sociedades neandertales, y cómo cambiaron a lo largo del tiempo. Pero para ello no podemos conformarnos con lo que tenemos.

Hay que re-visitar la evidencia (estudio de colecciones museísticas) y producir nuevo registro (excavaciones). Y, en mi opinión, la evidencia no está madura para la construcción de grandes síntesis y modelos explicativos globales.

La información disponible sobre la industria de piedra es variada (tipológica, tecnológica, a veces funcional y de materias primas), pero tiende a ser simplificada en unos pocos lugares comunes, que se usan como “piezas” para construir el “puzzle” (modelos explicativos) que permita resolver el “misterio neandertal”.

Yo creo que las “piezas” con las que se ha construido ese “puzzle” no son pertinentes: no reflejan suficiente información sobre la naturaleza del sistema social y económico, ni permiten abordar con garantías los cambios históricos que experimentan las sociedades neandertales.
 
Por ello, quiero concluir esta serie de posts recogiendo una reciente propuesta de investigación, que supone un notable avance en la dirección correcta.   

Es la propuesta del investigador Ríos Garaizar, que aparece en su tesis doctoral, aplicada al final del Paleolítico medio y el comienzo del Paleolítico superior, en el área del Golfo de Vizcaya. Un reciente artículo  recoge también las líneas fundamentales de su programa investigador.

En su tesis doctoral, Ríos Garaizar expone los principios fundamentales de su propuesta. Su perspectiva es materialista (pero no está vinculada a la ortodoxia marxista). Su análisis de las formas sociales se dirige a las condiciones materiales, a la gestión de los medios de producción, y al consumo.

Su metodología puede enunciarse como un análisis integral de la industria lítica. Según afirma, el estudio de las industrias de piedra nos informa de:

-    Una captación y consumo de materia prima.
-    La aplicación de unas técnicas, socialmente gestionadas.
-    Un uso de las herramientas, que supone la interacción de la industria lítica con otros ámbitos de producción y de consumo (gestión de las carcasas animales, trabajo de la piel, de la madera, de otros elementos vegetales, de otras rocas…).

Introduce también la que -en mi opinión- es la mayor aportación de su modelo: una reflexión explícita sobre la interdependencia y la interacción: tanto entre la industria lítica y otros ámbitos, como entre los objetivos, necesidades y condicionantes del propio trabajo de la piedra.


En ese sentido, se reflexiona sobre el concepto de cadena operativa, muy usado en los estudios tecnológicos. Se rechaza una interpretación lineal del mismo. Lo fundamental, en el proceso productivo, es la interacción, dinámica y no lineal, de los objetivos y condicionantes.

Ese dinamismo hace imposible que se puedan comprender los distintos elementos de la industria de la piedra de forma aislada. Así, la tipología de los útiles retocados, o la tecnología de talla, sólo cobran verdadero sentido al ser contextualizados en el conjunto del sistema productivo.


Siguiendo ese razonamiento, es necesario un planteamiento integral del estudio de la industria lítica, que abarque todos los elementos y que los sitúe en un contexto dinámico de objetivos y condicionantes.

En la práctica, supone abordar de forma integral:

-    La selección y captación de las diferentes materias primas.
-    La aplicación de sistemas de fabricación a dichas materias primas. En ese aspecto, el autor muestra la importancia de criterios como la idoneidad y la complementariedad de las materias primas - y cómo interaccionan esos criterios con los objetivos de la producción.
-    La selección, utilización y mantenimiento  del utillaje (y su abandono tras el uso).
-    La interacción con otras esferas de la producción y el consumo.
-    La organización de todas las actividades citadas en el espacio, tanto en el ámbito doméstico como en el territorial.

Esto supone que cuestiones como el análisis de las materias primas (para determinar su origen geográfico, pero también sus cualidades mecánicas) o la función del utillaje (a partir de las huellas de uso) no son cuestiones adicionales que enriquecen la información, sino elementos esenciales (junto con el resto) para la comprensión de la industria lítica.

Su tesis doctoral dedica la mayor parte de los capítulos a estudiar toda una serie de yacimientos de Paleolítico medio y superior inicial. En las conclusiones, Ríos Garaizar encuentra una gran variabilidad en los comportamientos, tanto en el Paleolítico medio (Amalda, Axlor) como en el P. superior inicial (Isturitz, Labeko Koba).

Dentro de esa variabilidad, reconoce rasgos de estructuración económica y social, en cuestiones como la planificación cuidadosa de la gestión de las herramientas, la existencia de elementos de diferenciación social, o –en otros casos-  tareas vinculadas con una fuerte solidaridad intra-grupal.

Esos rasgos y sus cambios, permiten al autor proponer la existencia de dinámicas históricas dentro del propio Paleolítico medio de la región, con una transformación importante de la organización y las relaciones sociales, entre h. 50.000 y h. 40.0000 BP.


Precisamente, el artículo al que me refería antes condensa bastante bien los resultados de la aplicación de su programa investigador al Paleolítico medio (neandertales) del Golfo de Vizcaya y Pirineos occidentales. Creo que es una lectura muy asequible y recomendable para cualquiera interesado en el tema.

Sigue leyendo aquí esta serie de posts:  Las herramientas de piedra de los Neandertales IX

Posts anteriores de esta serie

Las herramientas de piedra de los Neandertales VII

Las herramientas de piedra de los Neandertales VI

Las herramientas de piedra de los Neandertales V

Las herramientas de piedra de los Neandertales IV

Las herramientas de piedra de los Neandertales III

Las herramientas de piedra de los Neandertales II

Las herramientas de piedra de los Neandertales I 

lunes, 8 de marzo de 2010

Las herramientas de piedra de los Neandertales VII: Las técnicas de talla de los Neandertales


Para el Paleolítico medio europeo y mediterráneo, asociado al Hombre de Neandertal, se ha demostrado que existe toda una variedad de sistemas técnicos. Es decir, de tecnologías para tallar las rocas.    


Estos sistemas técnicos han sido interpretados por ciertos prehistoriadores como tradiciones culturales. La propuesta es que funcionan como marcadores étnicos, y designan a pueblos distintos.

Esa es la visión histórico-cultural. Fuera de dicha escuela (básicamente francesa), los sistemas técnicos o tecnológicos se interpretan de otras maneras distintas.

Por ejemplo, en algunos enfoques se relacionan con la función de los yacimientos: según el objetivo que tenía el asentamiento (caza intensiva, alto de caza puntual, residencial, cantera de sílex...) se razona que sus ocupantes usaron unas técnicas concretas, para tallar los “soportes” de sus herramientas -ya que los objetivos, en cada caso, son diferentes.

Otras veces, se han interpretado los sistemas técnicos como formas de adaptación a los cambios medioambientales.

El razonamiento sería más o menos así: según evoluciona el clima terrestre (se hace más riguroso, o más benigno para el ser humano) los grupos neandertales "reaccionan" a los cambios en su ecosistema. Entonces modifican sus estrategias de adaptación al medio (para que sean más eficientes en el nuevo medio).

Al cambiar las estrategias de supervivencia,  se cambia todo el sistema económico (la movilidad, la gestión de los recursos…) y por tanto también la forma de obtener, tallar y usar las herramientas de piedra.

Vamos a ver ahora los principales sistemas técnicos o tecnologías, que se han estudiado en yacimientos neandertales: 

- Sistema discoide: Esta tecnología es muy antigua, propia del Paleolítico inferior, pero presente también hasta momentos mucho más recientes de la prehistoria (por ejemplo en los albores del Neolítico). Probablemente, después de “darle unos golpes a una piedra”, el discoide sea el  más antiguo de todos los sistemas técnicos.   

   
La talla discoide permite obtener -sobre todo- lascas espesas, con una planta de forma variable, y una sección triangular.  Lo que se consigue son dorsos espesos, opuestos a filos “robustos”.

Es frecuente una talla discoide sobre cantos rodados. En esos casos, muchas de las lascas tienen dorsos corticales (con la corteza natural del canto) lo que facilita su agarre y uso, sin necesidad de un enmangue.  Otras veces se puede hacer talla discoide sobre una lasca de formato grande.  


Los núcleos, una vez concluida la talla, suelen tener forma piramidal o "bi-piramidal". Para hacernos una idea, sería como si cogemos dos pirámides -de muchas facetas- y las ponemos pegadas por su base. Pueden acabar en punta o no, según las extracciones sean más cubrientes o más cortas.    


Existen varias modalidades de discoide pero, básicamente, se refieren a si se ha explotado una cara del núcleo o ambas, a la dirección hacia donde se extiende la talla, y al tipo de lascas buscadas (más o menos espesas, más o menos triangulares en su sección...).

- Sistema Levallois: Esta tecnología, por lo que sabemos, también es anterior Hombre de Neandertal. Además, también ha sido usada por los humanos "modernos", antes y después de la extinción de los Neandertales. Según recientes estudios, ese es el caso de las industrias Aterienses del Norte de África.  

La talla Levallois es un sistema que se basa en definir una única superficie, ligeramente convexa, sobre la que se hacen extracciones predeterminadas.  


Una vez definida esa superficie, la técnica levallois se diversifica bastante: según se busque sacar una única lasca apuntada o cuadrada, o se quieran obtener láminas recurrentes sobre el mismo eje, o se busque toda una variedad de productos… 

  
En cada una de esas estrategias, se cambia ligeramente la forma de ir sacando "productos" de la "superficie de explotación", para conseguir el objetivo concreto (lascas o láminas con una forma determinada).

Los núcleos Levallois tienen una forma típica de "magdalena" o “suflé”, porque los lados inferiores del núcleo deben mantener una relación determinada con la superficie de explotación (inferior a 90 grados).  


Los productos Levallois son típicamente delgados, con filos muy cortantes. Su forma concreta, como hemos dicho, dependerá de los objetivos de la producción (que por cierto pueden ser varios a la vez, sacando alternativamente uno y otro tipo de lascas). En general, es una técnica mucho más versátil y eficaz de lo que se suele pensar.

- Sistema Quina: Ha sido detectado en el Paleolítico de Europa Occidental (sobre todo Francia y Península Ibérica). En principio, parece ser un sistema asociado en exclusiva con los Neandertales. Ahora bien, como es un sistema de reciente descubrimiento, y complejo de detectar en el registro arqueológico, pienso que puede llegar a aparecer en otros ámbitos.

La talla Quina es un sistema bastante complejo de explicar, aunque sus fundamentos son simples. Se basa en la concepción del núcleo como un volumen a explotar, a partir de la intersección de dos planos.

El sistema se organiza en series cortas de extracciones (lascados) que van alternando los planos de percusión (la superficie donde se golpea para sacar la lasca).

Después de cada serie de lascados, se "gira" el núcleo unos 90 grados, y se utiliza como plano de percusión (recordad, el sitio donde golpeamos) la zona próxima a los negativos de las extracciones anteriores (o los propios negativos).

La idea es alternar entre plano de percusión y plano del que salta la lasca. De este modo, en cada alternancia, lo que era plano de percusión ahora es el plano del que sale la lasca, y viceversa.

 Si no os habéis enterado de nada, mirad los dibujos que aparecen a continuación y después volved a leer los párrafos anteriores. Suele funcionar.


El sistema Quina produce, en general, lascas espesas y cortas, con dorsos corticales o semi-corticales. Y  son lascas bastante parecidas entre sí, excepto porque, según se va reduciendo el núcleo, son cada vez menores.

Los núcleos que quedan tras la talla son poliedros, con cierta tendencia a las formas rectangulares. La talla Quina es un sistema que permite economizar mucho la materia prima, y se puede aplicar sobre toda clase de soportes iniciales.

- Sistema Laminar: Durante mucho tiempo se creyó que la talla laminar era exclusiva del hombre "moderno", y del Paleolítico superior. Hoy sabemos que numerosas industrias laminares africanas son muy anteriores al Paleolítico superior europeo. 

Y también se ha probado que los Neandertales  desarrollaron la talla laminar, en algunos casos muy similar a la del Paleolítico superior. Por ejemplo en el levante mediterráneo (Palestina en sentido amplio) hay talla laminar “volumétrica”, al estilo del Paleolítico superior, en cronologías muy antiguas (entre h. 250.000 y h. 100.000 años).  


También en el Paleolítico medio de Europa del Noroeste, entre h. 200.000 y h. 70.000 años, hay industrias con ese mismo tipo de talla laminar.

La talla laminar implica obtener productos de unas determinadas dimensiones (i.e. alargados y delgados). Pero no sólo esto, sino también supone una forma concreta de gestionar el núcleo de piedra.

En general, la talla laminar comienza por buscar una arista natural, en un lateral del núcleo; o bien se crea una nervadura a propósito, haciendo extracciones controladas (entonces se llama cresta). Una vez tenemos la arista o cresta, se extrae una primera lámina usándola de guía. Y con las nervaduras que deja el negativo de la primera lámina se continúa la explotación (se continúa sacando láminas).

A eso hay que añadirle que, cada cierto tiempo, hay que hacer algunas extracciones especiales para mantener los parámetros de lascado (ángulo, dirección…), y ya tenemos descrita la talla laminar.     


Los núcleos laminares típicos tienen un aspecto alargado y prismático. Además de ese tipo de núcleos, es habitual (en el Paleolítico medio) que sean explotaciones sobre lascas (es decir, fases concretas, dentro de una cadena operativa distinta).

Hay que señalar que mediante la talla Levallois se pueden obtener láminas perfectamente. Pero en estos casos se habla de Levallois laminar, no de talla laminar en sentido estricto. En el Paleolítico medio, tanto en el levante mediterráneo como en Europa se dan ambos tipos de talla: la laminar Levallois y la laminar “volumétrica” de tipo “Paleolítico superior”.

- Método de  talla o  configuración de bifaces: La talla de bifaces también es anterior a los Neandertales. Viene del Paleolítico inferior, y se reconoce en cronologías africanas muy antiguas.

En el Paleolítico medio, tenemos los bifaces Musterienses. En general, son más pequeños, anchos y planos -en su sección- que los bifaces de etapas anteriores, aunque esto también cambia según zonas y cronologías. Algunos son típicamente triangulares. 
 
  
Se suele aceptar que, para tallar un bifaz de Paleolítico medio, es necesario una percusión “blanda” (golpeo con asta de cérvido o con madera), que puede combinarse -o no- con una percusión “dura” (con piedra densa) o “semi-dura” (con piedras poco densas, como la arenisca).

No todos los talladores piensan así (algunos creen que, con la maestría suficiente, toda la talla del bifaz podría hacerse con percutores de piedra) pero el recurso a la percusión "blanda" es la visión más extendida.   

  
La talla del bifaz se divide en desbastado (conseguir una preforma con grandes extracciones) y acabado o rectificaciones. Esta segunda fase busca:

1- Dar un perfil más plano y simétrico al bifaz
2- Corregir las desviaciones de la arista que divide los dos planos o “caras”.
3- Dar la forma final general al útil.
4- Dar un acabado, para fortalecer la robustez y afinar el filo del utensilio.

Podeis ver el proceso de talla de un bifaz en imágenes consecutivas aqui (cortesía del artesano B. Ginelli).

Nota: los dibujos del núcleo discoide y del núcleo Levallois, y la fotografía del bifaz triangular, estan registradas bajo creative commons por su autor Jose-Manuel Benito Álvarez.

Sigue leyendo aquí esta serie de posts:  Las herramientas de piedra de los Neandertales VIII

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domingo, 7 de marzo de 2010

Las herramientas de piedra de los Neandertales VI: La investigación sobre tecnología lítica en el Paleolítico medio

En este post voy a hablar sobre estudios e investigadores que analizan las herramientas de piedra desde la tecnología.

Ese enfoque se pregunta: ¿cómo se fabrican los utensilios?, ¿qué conocimientos se requiere? ¿qué objetivos tiene el tallador cuando coje una piedra en bruto? ¿cómo pone en práctica sus conocimientos y los aplica a la roca?


La tecnología lítica (el estudio tecnológico de las herramientas de piedra) se introdujo en la investigación de la prehistoria desde finales de los 80 y comienzos de los años 90, en el siglo XX.

Algunos pioneros fueron Boëda, Pelegrin o Geneste. Estos investigadores franceses forman parte de la tradición o escuela histórico-cultural. En ese marco, la tecnología lítica ha venido a sustituir a la tipología de F. Bordes, como base del programa investigador en prehistoria.


Si retomamos lo dicho sobre la tipología, podremos recordar que el programa cuaternarista buscaba la ordenación de la prehistoria a partir de conjuntos tipológicos (para el Paleolítico medio, las facies musterienses).

La tecnología histórico-cultural, al tomar el relevo, trata de reconocer y separar distintos sistemas tecnológicos, en la creencia de que cada "cultura" utiliza un sistema propio, distinto de los demás.

Este es el razonamiento: si se pueden identificar diferentes sistemas técnicos y tradiciones "tecnológicas", entonces se puede inferir que cada tradición representa una cultura, una "etnicidad". De ese modo, se puede hacer una reconstrucción de los grupos étnicos del pasado, y estudiar cómo se distribuyen en el tiempo y en el espacio.

A partir de esa idea inicial, de lo que se trata es de documentar la aparición de las distintas tradiciones técnicas, en un momento y un lugar determinado. Después hay que estudiar cómo se expanden y decaen, cómo evolucionan en el tiempo, cómo interactúan con otras tradiciones técnicas.

Todos esos hechos se interpretan en términos de historia étnica, devenir histórico de las gentes que fabricaron esas herramientas.

Es decir, es una reedición del programa fundamental de la tipología histórico-cultural, con una base tecnológica y empírica (el análisis de los sistemas técnicos).

Un concepto fundamental en los análisis de la tecnología ha sido la noción de Cadena Operativa, que viene de la antropología de las técnicas. La Cadena Operativa es el proceso por el que pasan los utensilios, desde su origen como materia prima, hasta que son desechados.


En ese sentido, la tecnología lítica ha aportado una comprensión muy superior de las herramientas de piedra. Al estudiar todas sus fases, se llega a entender mucho mejor qué son, cómo se hacen, y para que sirven los objetos de piedra que se encuentran en los yacimientos.


En un primer momento los análisis de cadenas operativas se centraban exclusivamente en los sistemas de talla. En una segunda fase de la investigación, la noción se ha ampliado: de los gestos técnicos (cómo se fabrica un util) se ha extendido a toda la cadena tecnológica. El concepto ha llegado a abarcar desde la selección de un canto de rio -u otra roca apta para la talla- hasta cómo se decide desechar el útil, después de haberlo "agotado".

Eso ha permitido incorporar los estudios de obtención de materias primas (que ponen las herramientas en relación con el territorio) y los análisis funcionales o traceológicos (que nos dan información sobre el uso concreto de la herramienta).También los análisis espaciales, para estudiar cómo se distribuyen los útiles encontrados en el yacimiento.

Además, se han desarrollado conceptos e ideas complementarios con la cadena operativa, como la idea de la ramificación de la producción (de Bourguignon y otros), la importancia del reciclado del utillaje y de otros materiales como los núcleos, la adaptabilidad de las técnicas a distintos tipos de rocas, etc.


 El resultado ha sido que, desde una perspectiva que sigue siendo histórico-cultural en el fondo, la tecnología lítica ha dotado al conjunto de la investigación prehistórica de unas potentes herramientas. Esas metodologías son muy importantes. Nos ayudan a comprender mejor cómo funcionan los sistemas tecnológicos (y por extensión, económicos) de las sociedades paleolíticas.

En ese sentido, la tecnología ha sido adoptada con entusiasmo por autores dentro de la tradición funcionalista y positivista anglosajona (como Kuhn o Dibble). Y también ha tenido su versión en el materialismo histórico (en la "escuela" de Laplace), el sistema Lógico-analítico.

Lo que no ha conseguido la tecnología, en el marco histórico-cultural, es conseguir una ordenación real y coherente de las industrias a lo largo del tiempo paleolítico. Los principales sistemas técnicos ya están presentes desde momentos muy tempranos.Y excepto casos regionales muy concretos, no parece que se puedan igualar culturas prehistóricas y sistemas de talla (a pesar del empeño puesto en ello). 

En el próximo post: revisaremos los principales sistemas de talla de la piedra que utilizaron los Neandertales.

Sigue leyendo esta serie aquí:  Las herramientas de piedra de los Neandertales VII  

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